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4.03. ANTES DEL EXILIO EN BABILONIA

El origen de muchos de los libros del Antiguo Testamento, tomados por separado, puede rastrearse yendo hacia sus autores. (Trataré de la paternidad literária de cada livro más adelante.) Sin embargo, no hay información disponible en cuanto a colecciones más grandes de los libros del Antiguo Testamento antes del exilio en Babilonia. Las referencias preexílicas a los libros bíblicos aluden al Pentateuco.

Dios advirtió a Josué que “nunca se apartará de tu boca este libro de la ley” (Jos. 1:8), y Josué, el sucesor de Moisés, animó al pueblo a “hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés” (cap. 23:6). También celebró una gran reunión donde públicamente se leyeron instrucciones del “libro de la ley” (cap. 8:34).

David también conocía el Pentateuco y trató de vivir de acuerdo con sus preceptos, como se puede deducir por el consejo que dio a su hijo Salomón, de que guardara los estatutos, mandamientos, decretos y testimonios del Señor “de la manera que está escrito en la ley de Moisés” (1 Rey. 2:3).

También el rey Amasías de Judá recibió alabanza por seguir ciertos requisitos como estaban escritos “en el libro de la ley de Moisés” (2 Rey. 14:6).

Estos aislados testimonios de la Biblia muestran que el Pentateuco era conocido desde el tiempo de Moisés hasta el período de los reyes de Judá. Sin embargo, hubo tiempos, especialmente durante el reinado de reyes impíos, cuando apenas si eran conocidas las Escrituras y, por así decirlo, tuvieron que ser redescubiertas.

Por ejemplo, esto sucedió en el tiempo del rey Josías, cuando durante la reparación del templo, fue encontrado “el libro de la ley” y leído, y sus requisitos fueron puestos en práctica una vez más (2 Rey. 22:8 a 23:24).