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39.04. CANTARES - Tema

El Cantar de los Cantares es una bella canción amorosa oriental, escrita en forma de diálogo lírico con cierta distribución o movimiento dramático.

Algunos consideran este libro como una antología de canciones de amor, quizá de diferentes autores, y no como una obra con un plan unificado, basados en la dificultad para encontrar la relación debida entre las distintas partes del poema.

Otros abogan por su unidad. A favor de esta opinión se presentan las siguientes consideraciones:

(1) el nombre de Salomón ocupa un lugar destacado en todo el libro (caps. 1: 1, 5; 3: 7, 9, 11; 8: 11, 12).

(2) se repiten palabras, ilustraciones y figuras similares (cap. 2: 16, cf, cap. 6: 3; cap. 2: 5, cf. cap. 5: 8).

(3) las referencias a la familia de la novia sonconsecuentes; sólo se mencionan la madre y los hermanos, nunca al padre (ver caps. 1: 6; 3: 4; 8: 2).

Hay mucha diferencia de opinión en cuanto al plan exacto o desarrollo de la narración, y cualquier sistema que se adopte es artificial en el mejor de los casos (ver el bosquejo).

Aunque todo el Cantar es aparentemente una historia de amor entre Salomón y una doncella campesina del norte de Palestina con quien el rey se casó sólo por amor, sirve como una hermosa ilustración del amor de Cristo por la iglesia, tomada en conjunto e individualmente.

Tanto el AT como el NT ilustran la tierna unión entre Dios y su pueblo mediante la relación de un esposo con su esposa (ver Isaías 54: 4, 5; Jeremías 3: 14; 2 Corintios 11: 2).

Ahora una palabra de precaución. El Cantar de los Cantares ha sido objeto de muchas alegorías a través de los siglos. El inicio de la alegorización de las Escrituras en la iglesia cristiana se remonta hasta la escuela alejandrina de Egipto, y especialmente hasta Orígenes (c. 184-c. 254 DC) como primer gran exponente de este método. Este sistema surgió como resultado de la fusión de la filosofía griega con el cristianismo. Desde entonces, dicho método ha persistido con diversos grados de intensidad.

Como ilustración de los extremos a los cuales tienden tales métodos de interpretación están los siguientes ejemplos extraídos de varios intérpretes alegóricos del Cantar de los Cantares:

(1) el beso de Cristo, la encarnación;

(2) las mejillas de la esposa, el cristianismo exterior y las buenas obras;

(3) las cadenas de oro de ella, la fe;

(4) el nardo, la humanidad redimida;

(5) el cabello de la novia como un rebaño de cabras, las naciones convertidas al cristianismo;

(6) las 80 esposas de Salomón, la admisión de las naciones gentiles al cristianismo;

(7) el ombligo de la sulamita, la copa con la cual la iglesia refresca a los que tienen sed de salvación;

(8) los dos pechos, el Antiguo y el Nuevo Testamento.

La insensatez de este método es que permite hacer interpretaciones figuradas sin proporcionar un criterio para controlarlas. La única base de interpretación es la imaginación de su exponente. Es verdad que puede existir la intención general de lograr que las conclusiones se conformen a la analogía de las Escrituras, pero esa intención es demasiado débil para mantener a raya la imaginación del intérprete.

Una regla segura de exégesis es permitir que sólo los escritores inspirados -y nadie más- interpreten los simbolismos de la profecía, los caracteres de una parábola, el valor espiritual de los incidentes históricos y el significado espiritual de las ilustraciones y figuras para la enseñanza, tales como el santuario y sus servicios. Sólo cuando un escritor bíblico destaca específicamente el significado de un símbolo, podemos saber con certeza su significado. Las otras interpretaciones por más plausibles o aun acertadas que sean, deben considerarse como personales, sin respaldo de un "así dice Jehová".

Puesto que el Cantar es un poema oriental, muchas de sus figuras resultan extrañas para la mente occidental, lo que debe tenerse en cuenta al estudiarlo. También hay que tener presente el mundo oriental antiguo en que se escribió el poema, pues en dicho mundo y época la gente hablaba en forma más directa acerca de muchos asuntos íntimos, de lo que se hace en nuestro mundo occidental moderno.