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33.03. ESDRAS Y NEHEMÍAS - Marco histórico

Además de Ester, Esdras y Nehemías son los únicos libros históricos del período postexílico, y son de gran importancia para reconstruir la historia de los judíos de dicho período. Sin embargo, no registran la historia del pueblo de Dios en una secuencia ininterrumpida correspondiente al período abarcado por los dos libros, sino sólo ciertas partes de ella. Hay grandes vacíos para los cuales se tiene poca información.

En primer lugar, Esdras registra el regreso de los judíos del exilio bajo la dirección de Zorobabel, la reorganización del servicio de sacrificios y el comienzo de la reconstrucción del templo. Todos, estos sucesos ocurrieron en el lapso de unos dos años, a principios del reinado de Ciro.

Durante los siguientes 13 años, la obra progresó lentamente por causa de la oposición. Luego aparece un relato de la reanudación de la construcción del templo y su terminación y dedicación en tiempos de Darío I. Esdras no deja registro de casi 60 años siguiente.

Después, en 457 AC, Esdras fue enviado de vuelta a Judea por el rey Artajerjes, con amplia autoridad para reorganizar la administración de la nación según la ley mosaica. Relata su regreso y algunas de sus reformas, pero nuevamente interrumpe, el hilo de su narración durante más de diez años, hasta que aparece Nehemías en el escenario como gobernador, e informa de sus actividades en el libro que lleva su nombre.

Todos los sucesos descritos en Esdras y Nehemías ocurrieron durante la primera mitad del período del Imperio Persa, que duró desde 539 AC, cuando Babilonia cayó ante las fuerzas victoriosas de Ciro, hasta que -con la muerte de Darío III en 331 AC- el imperio dejó de existir y fue seguido por el de Alejandro Magno.

La historia postexílica de los judíos comienza "en el primer año de Ciro rey de Persia" (Esdras 1:1).

El Imperio Persa se extendía desde los desiertos de Irán en el este hasta la costa del Asia Menor en el oeste, y desde las altiplanicies de Armenia en el norte hasta la frontera de Egipto en el sur. Ciro, su fundador, fue un monarca prudente y humano. En armonía con su política de apaciguar a las naciones subyugadas por Babilonia, les permitió regresar a sus antiguos lares y restauró sus lugares de culto. De acuerdo con esta generosa política, se permitió que los judíos regresaran a su antigua patria y reconstruyeran su templo.

En su mayor parte, los reyes de Persia procuraron regir su imperio con equidad y magnanimidad. Se instaba a sus funcionarios para que practicaran la honradez y para que trabajaran en bien de los pueblos a quienes gobernaban.

La religión monoteísta de Zoroastro, que fue la religión del Estado por lo menos desde Darío I en adelante, era muy superior a la de los predecesores politeístas e idólatras de los persas: el pueblo de Babilonia.

Cuando Ciro tomó a Babilonia, llegó a conocer al anciano Daniel, consejero de confianza del gran Nabucodonosor de una época previa, y aprendió a apreciar sus consejos. Por intermedio de Daniel, Ciro debe haber conocido las profecías de Isaías respecto a él y su papel señalado a favor del pueblo de Dios (Isaías 44:21 a 45: 13), al que concedió su restauración.

La gran obra de pacificar su nuevo y extenso imperio requirió la plena dedicación del rey. Perdió la vida en una campaña contra las revoltosas tribus orientales después de un reinado de unos nueve años, contados desde la caída de Babilonia.

A su regreso a Judea, los judíos hallaron vecinos hostiles, y fueron hostigados continuamente por los samaritanos, pueblo de origen racial y religioso mixto. Siendo que Ciro estaba ocupado en unificar su vasto imperio, estos enemigos tuvieron éxito en estorbar a los judíos y en causarles incontables dificultades que retrasaron la obra de reconstrucción del templo.

Cambises, el hijo mayor de Ciro, reinó menos de ocho años. Su mayor hazaña fue la conquista de Egipto. Un documento judío hallado en Egipto demuestra que tuvo buena voluntad para con los judíos, pero no tenemos una prueba de que los hubiera ayudado activamente en la reconstrucción de su templo.

El corto reinado del falso Esmerdis resultó ser un gran revés para los judíos. Bajo este rey, descrito por Darío como destructor de templos, se detuvo la obra en Jerusalén. La detención puede haberse debido en parte a enemigos samaritanos pues hubo que poner un nuevo fundamento tan pronto como las condiciones estables del fuerte gobierno de Darío I permitieron la reanudación del trabajo.

Durante el reinado de Darío el Grande hubo prosperidad y orden. Los judíos, como otras naciones, se beneficiaron con su gobierno sabio y sólido. Bajo la dirección espiritual de los profetas Hageo y Zacarías, terminaron el templo y lo dedicaron en el 6.º año del reinado de Darío, en 515 AC.

Sin embargo, comenzó una era de agitación cuando, a fines de su reinado, Darío decidió invadir a Grecia. De allí en adelante el imperio experimentó repetidos reveses en Grecia, en Egipto y en otras partes. Así se perturbaron la paz interna y la estabilidad del imperio.

Los dos reyes siguientes, Jerjes yArtajerjes I, fueron débiles, oportunistas y de carácter inestable, y debieron su trono a la mano fuerte de consejeros poderosos. Campañas desastrosas en Grecia y rebeliones en Egipto y en otras partes del imperio causaron gran agitación y provocaron medidas vacilantes en la política interna y externa.

Durante una seria rebelión en Egipto (462-454 AC), Esdras recibió grandes concesiones para los judíos, cuya buena voluntad necesitaba Artajerjes en ese período crucial pues Judea se hallaba sobre el camino hacia Egipto. Más tarde, cuando se rebeló la satrapía a la cual pertenecía Judea (después de 450 AC), es evidente que Artajerjes apoyó a los samaritanos que pretendían ser leales. Esto se debió a la suposición errónea y al temor de que los judíos pudiesen unirse a la rebelión. Por lo tanto, Artajerjes autorizó a los samaritanos para que detuvieran la reconstrucción del muro de Jerusalén, que se había estado realizando durante algún tiempo.

Cuando fue restaurado el orden en la satrapía, Nehemías, un funcionario Judío de confianza en la corte, consiguió un nombramiento real como gobernador de Judea, y completó la reconstrucción del muro de la ciudad. Hizo esto bajo continuas amenazas de violencia.

Sirvió como gobernador durante dos períodos, y demostró ser un hábil organizador y un capaz dirigente religioso. Puso un fundamento político, social y moral comparativamente sólido que resultó de gran valor en los tiempos turbulentos que siguieron.