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5.10. Añadiduras a Daniel

En la LXX hay varias añadiduras al libro canónico de Daniel, y son: el “Cántico de los tres jóvenes”, la “Historia de Susana” y la “Historia de la destrucción de Bel y el dragón”.

El “Cántico de los tres jóvenes” consta de dos partes principales. La primera es una oración atribuida a Azarías (es decir, Abed-nego) mientras caminaba en el “horno de fuego ardiendo” (cf. Dan. 3:19-25); la segunda es un canto de alabanza atribuido - sin base alguna - por el autor anónimo a los tres hebreos mientras estaban en el horno, y que se parece mucho al Salmo 148.

En la “Historia de Susana” se narra que dos jueces judíos vieron a una bella y virtuosa mujer, Susana, que se bañaba en su jardín, y se enamoraron de ella. Cuando ella rechazó sus proposiciones, ellos, en venganza, la hicieron comparecer ante un tribunal donde la acusaron falsamente de adulterio. Susana fue condenada a muerte; pero cuando se encaminaba al lugar de su ejecución, la encontró Daniel, y éste pidió que se examinara de nuevo el juicio. Daniel interrogó por separado a los dos jueces, y demostró la inocencia de Susana debido a las contradicciones de ellos. Los dos fueron ejecutados y Daniel fue muy ensalzado.

La “Historia de la destrucción de Bel y el dragón” consta de dos relatos.
En el primero, como en el caso de Susana, se alaba a Daniel por haber demostrado un engaño. Cuenta cómo él puso en evidencia que un ídolo del dios babilonio Bel (Marduk) no comía alimento alguno como se pensaba que lo hacía. Esparció ceniza en el piso del santuario de Bel, y demostró a la mañana siguiente - por las huellas de pisadas en la ceniza - que los sacerdotes habían entrado en el templo del ídolo por la noche y se habían comido el alimento dedicado al ídolo. Entonces el rey mandó matar a los sacerdotes e hizo destruir el templo.

El segundo relato habla de la forma en que Daniel aniquiló a una serpiente (dragón) que era adorada por los babilonios. Le dio a comer una mezcla de brea, grasa y pelos que hizo que la serpiente reventara y muriera. Como venganza, el pueblo de Babilonia arrojó a Daniel en un foso de leones, pero las fieras no le hicieron daño, y el profeta Habacuc le trajo alimento, el cual fue transportado milagrosamente por el aire, desde Judea, por un ángel. Tan impresionado quedó el rey ante estos milagros, que liberó a Daniel y aniquiló a sus perseguidores.

Los eruditos católicos y protestantes están de acuerdo en que estas añadiduras originalmente no formaban parte del libro canónico de Daniel.