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11.04. Los "padres" y los apócrifos

En favor de la aceptación de los libros apócrifos se ha argumentado que a veces fueron citados por algunos "padres" de la iglesia, o sea, por aquellos que cronológicamente vienen después de los apóstoles.

Esta afirmación pierde su valor cuando se piensa en que hubo casos cuando ciertos "padres" recurrieron a autores paganos para apoyar algunas de sus afirmaciones.

Por ejemplo, Justino Mártir (muerto c. 165) se valió de los llamados "Oráculos sibilinos".

Estos antiquísimos escritos gozaban "de gran prestigio y autoridad entre las gentes incultas y supersticiosas" (Luis M. De Cádiz, Historia de la literatura patrística [Buenos Aires: Editorial Nova, 1954], p. 295).

Este autor también refiere que se apoyaron en el texto de las "sibilas": Hermas (padre apostólico de mediados del siglo II) y Teófilo de Antioquía (fines del siglo II).

Además de recurrir a los "Oráculos" ya mencionados, Justino dependió alguna vez del astrólogo Hystaspes; lo hizo en su Primera apología, cap. 20; asimismo citó los llamados Hechos de Poncio Pilato como si hubiera sido un auténtico relato de la muerte de Cristo (Id., cap. 25, 35, 48).

También es verdad que algunos de los escritores cristianos de los primeros siglos algunas veces citaron de los libros apócrifos, dando así la impresión de que los consideraban como parte esencial de las Sagradas Escrituras.

Sin embargo, este hecho debe considerarse teniendo en cuenta que también citaban como escritos divinamente inspirados algunos libros que no son reconocidos como tales ni por los católicos ni por los protestantes.

Clemente de Alejandría (muerto c. 220) es un destacado ejemplo de esta realidad. El utilizó los libros de Tobit (Tobías), Eclesiástico, Baruc, Judit y Sabiduría como si fueran inspirados por Dios.

Pero, dándoles la misma validez, utilizó también la Epístola de Bernabé, el Pastor de Hermas, la Epístola de Clemente Romano, la Predicación de Pedro, las Tradiciones de Mateo, el Evangelio según los Egipcios, el Cuarto Libro de Esdras, la Disciplina del Señor, el Evangelio a los Hebreos, el Apocalipsis de Pedro y los Dichos de Cristo a Salomé.

El mismo Clemente reconoció que mezclaba deliberadamente las enseñanzas paganas y cristianas. Dice en cuanto a su libro Strómata (literalmente, "tapices", en sentido figurado, "misceláneas"): "Nuestro libro no se quedará corto en usar de lo que es mejor en filosofía y otras instrucciones preparatorias".

Luego añade:

"Strómata contendrá la verdad mezclada con los dogmas de la filosofía, o más bien cubierta y oculta como la parte comestible de la nuez en la cáscara" (Strómata, lib. 1, cap. 1, citado en The Ante-Nicene Fathers [Los padres antenicenos], [Grand Rapids, Michigan: Eerdmans Publishing Company, 1956], t. II, pp. 302-303).

Lo que reconoce Clemente nos muestra cómo las enseñanzas de algunos de los escritores cristianos de los primeros siglos habían recibido la influencia del paganismo, y especialmente del pensamiento griego que tanto penetraría en el cristianismo.