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37.03. PROVERBIOS - Marco histórico

Salomón fue el tercer rey de Israel. El pueblo había rechazado la dirección de Dios cuando desechó a Samuel, juez sabio y piadoso, y cuando pidió un rey (1 Samuel 8: 4-7). El motivo de esta decisión fue el deseo del pueblo de tener un rey visible que lo dirigiera en la lucha contra el poder creciente de las naciones que lo rodeaban, y los pueblos del mar que se habían establecido en Palestina (1 Samuel 8: 20).

En los comienzos de su reinado, Saúl logró someter a los enemigos de Israel. Su prosperidad pudo haber continuado si el mismo espíritu de exaltación propia que había hecho que el pueblo pidiera un rey, no lo hubiera hecho rebelde ante las reprensiones de Dios (ver 1 Samuel 15: 22, 23).

David comenzó a reinar con buenas perspectivas de éxito. Más tarde su incondicional confianza en Dios, que lo había caracterizado al principio de su carrera, se echó a perder porque el rey imitó algunas de las costumbres de otros monarcas y cayó en grave pecado. Su fe del principio, su caída y su arrepentimiento sincero, todo tuvo su influencia sobre Salomón. En los últimos años de su vida, David procuró fortalecer a Salomón contra los pecados que le habían acarreado consecuencias tan trágicas a él y a su pueblo (1 Reyes 2: 1-4).

Salomón comenzó su reinado con humildad y consagración, por lo cual el Señor lo bendijo con una prosperidad sin par (1 Reyes 3: 5-15). Sin duda, ésa fue la edad de oro de la monarquía hebrea. La fama de Salomón se extendió por gran parte del mundo, y muchos quisieron escuchar su sabiduría (1 Reyes 4: 31-34; 10: 1-13). La poligamia fue uno de sus grandes errores. Muchas de sus esposas eran idólatras (1 Reyes 11: 1-4). La influencia de esas mujeres lo apartó de Dios.