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35.04. JOB - Tema

Es ésta la historia de un hombre que retorna a la vida normal después de una serie de reveses terribles e inexplicables. Los elementos del marco histórico que hacen dramática la situación son:

(1) El contraste entre la prosperidad y la ruina de Job,
(2) Lo repentino de su calamidad,
(3) El problema planteado por la filosofía del sufrimiento, propia de su época,
(4) La crueldad de sus amigos,
(5) La profundidad de su desánimo,
(6) El aumento gradual de su confianza en Dios,
(7) La dramática aparición de Dios,
(8) El arrepentimiento de Job,
(9) La humillación de sus amigos,
(10) La restauración de Job.

Ninguna declaración aislada es suficiente para abarcar la completa enseñanza del libro. Muchos temas menores están comprendidos en el tema mayor, y hacen que el conjunto del libro sea una sinfonía de ideas.

Uno de los mayores beneficios que emanan del libro es el cuadro que presenta de Dios. Nunca se han expresado en forma más elocuente la gloria y la profundidad de Dios, a no ser en la persona de Jesucristo mismo. Satanás trata de impugnar a Dios; las circunstancias tientan a Job para que dude del amor de Dios; los amigos interpretan mal a Dios. Sin embargo, al final Dios se revela en forma tan magnífica que Job dice: "Ahora mis ojos te ven" (cap. 42: 5).

Es significativo que, aun en las profundidades de su dolor, Job se lamenta más porque le parece haber perdido a Dios que por la pérdida de sus propiedades y su familia.

Dios está en el centro del libro, oculto a veces por nubes de incomprensión, pero vindicado al final como Creador justo y amante.

El problema del sufrimiento también ocupa un lugar importante en el libro.

El lector de la narración conoce desde el principio la razón de las desgracias de Job. Job desconocía las maquinaciones de Satanás contra él. Por el contrario, él y sus amigos estaban saturados de una tradición que pretendía que el sufrimiento era siempre un castigo por un pecado específico. Job no hallaba un pecado tal, y se veía frente al trance de buscar una explicación para su infortunio.

Job tenía que abrirse paso de la desesperación a la confianza através de los obstáculos de la incomprensión y la mala interpretación colocados en su senda por la tradición de sus días.

En su enfermedad, Job se halló frente a la muerte. De ese modo fue inducido a meditar en la condición del hombre después de la muerte. El consideraba la muerte como un sueño (cap. 14: 12), con una resurrección futura (vers. 14, 15). La presencia de esta declaración ha sido una piedra de tropiezo para los comentadores que dicen creer en el estado consciente de los muertos. Se han dado muchas interpretaciones antojadizas a las referencias de Job a la vida futura, aunque tales referencias están en plena armonía con la enseñanza de otros pasajes bíblicos.

Otro tema secundario es la personificación de la Sabiduría. Así como Salomón lo hizo más tarde, Job ensalzó la sabiduría como el mayor bien. Ambos escritores asocian la sabiduría con "el temor de Jehová" (Job 28:28; Proverbios 15: 33).

Al interpretar el libro de Job, debe distinguirse entre las ideas que expresan la verdad divina y las declaraciones de sentimientos y opiniones personales de los diversos personajes que intervienen en la narración.

Por ejemplo, no es correcta la filosofía del sufrimiento expuesta por los amigos de Job. Refleja el pensamiento defectuoso de la época. Los amargos discursos no están en armonía con la voluntad de Dios. La inspiración ha registrado las ideas erróneas de ciertos hombres, pero eso no hace correctas dichas ideas. El lector de Job siempre debe distinguir entre las verdades enseñadas por Dios y las ideas imperfectas expresadas a menudo por meros mortales. Por ejemplo, el usar una declaración de Bildad para establecer una doctrina es seguir un principio de interpretación objetable.

No se puede entender bien el libro de Job sin prestar atención a su diseño. Es obvio que es un poema. La base de la poesía hebrea es el paralelismo, una forma poética en la cual se expresa una idea en dos frases cortas. A veces las dos son casi idénticas, como en el cap. 3: 25. A veces la segunda expresión es una ampliación de la primera y aporta un pensamiento adicional, (ver cap. 5: 12).

El libro tiene tres divisiones: prólogo, poema y epílogo.

El poema se divide en tres partes: los diálogos entre Job y sus amigos, el discurso de Eliú y la intervención de Dios. En la discusión de Job con sus amigos hay tres ciclos, cada uno de los cuales contiene tres discursos de Job y uno de cada uno de los amigos (excepto la ausencia de un discurso de Zofar en el tercer ciclo).

En la disertación final de Job hay tres discursos. Se presenta a Dios como pronunciando tres discursos. El epílogo se divide en tres partes. Este plan puede advertirse aun en la construcción de algunos de los discursos individuales del libro. Un arreglo tal no es nada sorprendente; está en perfecta armonía con el genio de la poesía hebrea.

Debe decirse aquí una palabra respecto de las repeticiones que hay en el libro de Job. El lector corriente queda impresionado - y a veces desanimado - por las muchas repeticiones de la misma idea.

Debe recordarse que en todos sus discursos, los amigos de Job se proponían probar una idea: que debía interpretarse la desgracia como un castigo. Eliú también desarrolló un tema central: que debía entenderse el infortunio como disciplina.

Por otra parte Job tenía también una meta: la vindicación de su integridad puesta en duda. En cada caso se emplea todo recurso posible para probar la tesis. Esto lleva a expresar el mismo pensamiento en muchos marcos distintos. Por ejemplo, cada uno de los amigos trata lo mismo, recalca las mismas ideas y con frecuencia emplea las mismas expresiones.

Debe observarse que el predominio de la repetición cesa cuando comienza a hablar Dios. Se han comparado los discursos de los amigos a diversas ruedas que giran sobre el mismo eje. Su unanimidad hace adecuada esta comparación.

El discurso de Eliú representa la emoción reprimida de un joven entusiasmado por lo que considera una gran idea. Los discursos de Dios son diferentes. Forman una clase separada. A través de todas las declaraciones divinas hay progreso. Cada frase está llena de significado. Los discursos de Dios son una revelación del Ser divino, que usa los objetos de la creación como un medio de expresión.

El estudiante de Job debe reconocer estos hechos para poder interpretar correctamente el bosquejo del libro.