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29.04. RUT - Tema

Hay una narración que es histórica y otra que es épica.

La palabra épica se aplica a la narración que en primer lugar no satisface nuestro sentido de información sino nuestra imaginación creadora y las emociones.

Una epopeya generalmente se escribe en forma poética. Sin embargo, una peculiaridad de la poesía hebrea es que su sistema de versos se basa en el paralelismo de pensamiento más bien que en el metro y la rima exactos. En la prosa hebrea esta característica aparece en menor grado. Por lo tanto, en el hebreo la clasificación de la literatura depende más de la naturaleza del pensamiento que de la forma de la expresión. Las epopeyas hebreas son porciones de la historia nacional ubicadas en sus correspondientes lugares de la narración. Para apreciar la Biblia como obra literaria es necesario reconocer las distintas formas de narración usadas por los escritores bíblicos.

El propósito principal del libro de Rut es informar respecto de los antecesores inmediatos de David, el más grande de los reyes de Israel, de cuyo linaje debía venir el Mesías. Cristo ha de ser finalmente el gobernante del reino de Israel según el espíritu, el dirigente de la teocracia eterna. Cristo habló de su reino como el reino de los cielos, para distinguirlo de los reinos de este mundo presente. El libro de Rut proporciona, pues, un eslabón alentador en la narración inspirada del reino que Cristo vino a establecer.

Al mismo tiempo Rut presenta un cuadro sumamente llamativo de las bendiciones del hogar ideal. Hay dos instituciones que nos han llegado desde antes de la caída del hombre: el sábado y el hogar. El hogar fue establecido por Dios mismo en el sexto día de la primera semana de tiempo, y el sábado en el séptimo día de la misma semana. El sábado no es judío, porque como lo dijo el Creador mismo, "También les dijo: El sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado" (Marcos 2: 27 RV-1995). Tanto el sábado como el hogar han sido el objeto especial de los ataques de Satanás.

La relación entre suegra y nuera es tema de diversión para muchos. Pero no ocurre así con la relación de Rut y su suegra Noemí. Después de una permanencia de diez años en la tierra de Moab, Noemí, cuyo esposo e hijos habían muerto, supo que nuevamente había abundancia en la tierra de Judá, y decidió regresar. Rut, con una devoción que casi habla tanto en favor de Noemí como de Rut misma, rompió todos los vínculos de hogar y de parentela para acompañarla.

Con una última mirada a los fértiles campos de su patria, Moab, y con una apasionada exclamación dirigida a Noemí, "tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios", entró en una tierra extraña, se unió con el verdadero pueblo de Dios, y se convirtió en adoradora del Dios de los cielos. Esta lealtad a su suegra resultó finalmente en que llegó a ser una de las progenitoras de David, el dulce salmista de Israel; de Salomón, el más sabio de los hijos de los hombres; de Zorobabel, el Moisés posterior; y del Mesías, el hijo de David.

Finalmente el relato está repleto de ejemplos notables de fe, piedad, humildad, laboriosidad y bondad reveladas en los sucesos de la vida diaria.

Así tenemos en la historia de Rut, no sólo una joya encantadora de la literatura hebrea, sino también un comentario importante sobre una parte de la genealogía de Cristo.

Mediante el estudio de esta narración, Israel debería haber estado preparado para entender el plan de Dios para la salvación de individuos de todas las naciones que hiciesen lo que hizo Rut la moabita: aceptar al Dios cuyo carácter les había sido representado por sus siervos. Era el plan de Dios que muchos fuesen transformados de tal manera en su carácter, que pudieran estar preparados individualmente para llegar a ser ciudadanos del eterno reino de Cristo.