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13.00. La "escoria" mencionada por Jerónimo

En estos libros hay diferentes clases de errores. Algunos de ellos son graves anacronismos, y otros son datos geográficos que no corresponden con la realidad.

Uno de esos notorios errores -quizá el más grave- se encuentra en el libro de Judit: "Cuando Nabucodonosor estaba en el año doce de su reinado sobre los asirios en Nínive, su capital, Arfaxad era rey de los medos en Ecbatana" (cap. 1: 1). El Nabucodonosor histórico gobernó en Babilonia de 605-562 a.C., y Nínive fue destruida por Nabopolasar (padre de Nabucodonosor) en 612 a.C., por lo tanto, nos encontramos frente a una afirmación completamente equivocada.

Y se afronta un problema histórico de igual magnitud cuando se intenta identificar a ese "Arfaxad . . . rey de los medos", pues para esta declaración no hay una solución aceptable.

Por esta razón Serafín de Ausejo, conocido escriturista contemporáneo, sacerdote católico autor de la versión de la Biblia que lleva su nombre, dice en su introducción al libro de Judit, 6.a edición (Barcelona: Herder, 1966), pp. 549-550:

"El difícil encuadramiento de la historia aquí narrada en la historia universal, la nada fácil identificación de sus personajes, y, por consiguiente, la historia misma de la heroína del libro, Judit, son cuestiones muy discutidas hoy entre los exégetas, incluso católicos . . .

"Otro problema es saber la época histórica a que se refiere el relato del libro. ¿Quién fue ese 'Nabucodonosor, rey de Asiria, que reinaba en Nínive (1: 5)'? Porque este célebre rey lo fue de Babilonia cuando ya no existía Nínive, destruida precisamente por su padre (año 612 a.C.) . . .

"La geografía y, sobre todo, la cronología presentan también serias dificultades. Israel ha vuelto ya del cautiverio y ha restaurado el templo de Jerusalén (la vuelta fue en el año 538 a.C.).¹ Si los hechos narrados en el libro sucedieron antes de la destrucción de Nínive, ¿cuántos años vivió Judit?. . . "No tendríamos, pues, aquí historia en sentido estricto. . . sino un fondo histórico, muy difícil de determinar hoy, revestido de ropaje novelesco".

En la BJ, ed. de 1967, p. 500, leemos en cuanto al libro de Judit: "Parece como si el autor hubiese multiplicado adrede los dislates de la historia para distraer la atención de cualquier contexto histórico concreto y llevarla por entero al drama religioso y a su desenlace".

En la Introducción del libro de Judit, presentada en La nueva Biblia Latinoamérica [no "Latinoamericana"], traducción del sacerdote Bernardo Hurault y colaboradores (Madrid: Ediciones Paulinas, 1972), p. 859, se afirma que "el libro de Judit es una corta novela".

En la Biblia, también de origen católico, titulada: El libro del pueblo de Dios, cuya traducción fue presidida por los presbíteros argentinos Armando J. Levoratti y Alfredo B. Trusso (Madrid: Ediciones Paulinas, 1980), p. 1681, se dice que el libro de Judit es "un relato didáctico, con un marco histórico completamente imaginario".

Es evidente que Jerónimo captó muy bien y hace mucho tiempo la magnitud de los errores que aquí exponemos, pues cuando tradujo al latín el libro de Judit, para la Vulgata, lo hizo, según sus mismas palabras, "en una sola noche" en que se sintió desvelado. Este último dato también lo presenta Ausejo.

El libro de Judit tiene 16 capítulos, con un total de 346 versículos. El hecho de que Jerónimo tradujera todo ese material en un tiempo tan breve, nos permite comprobar que él distinguía entre los libros realmente canónicos y los que no lo son.

En cuanto a Tobías (o Tobit), afirma Ausejo: "El problema principal en torno a este libro es saber si en él tenemos una verdadera historia o una especie de novela piadosa". Y añade: "Hay no pocos detalles literarios que delatan cómo esa historia ha sido novelada con fines didácticos. La geografía y la cronología no parecen ser sino relleno; porque tomadas al pie de la letra difícilmente se salvan. Tobías era ya hombre maduro cuando fue deportado de Israel a Nínive (hacia el año 734 a.C.), y aún vive cuando Nínive fue destruida (año 612 a. C.). Tendría, pues, más de ciento cincuenta años" (Id., p. 536).

Otro escritor católico observa en cuanto a este mismo libro:
"Llevado el autor por una preocupación didáctica, no se preocupa mayormente de la fidelidad con los detalles de la historia y de la geografía. Partiendo de un núcleo histórico, ha recurrido a su imaginación para elaborar una narración encaminada a lograr la finalidad didáctica que se propuso como fin. Sería tarea inútil querer trazar una línea de separación entre la historia verdadera y el relato ficticio. Incluso algunos autores católicos declaran que no sería impertinente plantearse la cuestión de si el autor quiso proponer sus enseñanzas bajo el velo de una ficción" (Luis Aldarnich, bibliotecario de la Pontificia Universidad de Salamanca, en Enciclopedia de la Biblia, [Barcelona: Ediciones Garriga, S. A.], t. VI, columnas 1039-1040).

En La nueva Biblia Latinoamérica se dice que "el libro de Tobías es una corta novela" (p. 851). En la Biblia titulada El libro del pueblo de Dios se afirma que Tobías "pertenece al género de los relatos 'edificantes' o narraciones elaboradas con el fin de transmitir una enseñanza de carácter moral y religioso" (p. 1705).

En cuanto al libro de Sabiduría, resulta claro que su autor procuró que se entendiera que la obra fue escrita por el rey Salomón, pues afirma: "Tú me has escogido por rey de tu pueblo y por juez de tus hijos y tus hijas; me ordenaste construir un templo en tu santo monte y un altar en la ciudad en donde vives" (cap. 9: 7-8); y añade más adelante: "Mis obras serán entonces de tu agrado, gobernaré a tu pueblo con justicia y seré digno del trono de mi padre" (cap. 9:12).

Refiriéndose a Salomón como el supuesto autor de este libro, comenta Ausejo que esa paternidad literaria "es imposible"; y prosigue: "Ya lo advirtieron algunos santos padres, particularmente San Agustín y San Jerónimo. El nombre de Salomón no es aquí sino simple artificio literario" (Sagrada Biblia [Barcelona: Editorial Herder, 1966], p. 793). En la introducción de la BJ que corresponde con este libro, también se emplea la frase "evidente artificio literario" cuando se describe el hecho de que el autor del libro de Sabiduría intentó que sus lectores creyeran que Salomón fue el que lo escribió.

Se añade en esa introducción:
"El autor es ciertamente un judío lleno de fe . . ., pero judío helenizado . . . que vivía en Alejandría" (ed. 1967, p. 877). Rolando E. O. Murphy, profesor de AT en la Catholic University of America, de Washington, D.C., define así al libro de Sabiduría: "Libro deuterocanónico, que escribió un judío alejandrino desconocido, en los alrededores del siglo I a.C." (op. cit. [Ediciones Garriga], tomo VI, columna 301).

Además, versiones católicas ya antiguas, como Torres Amat, y las más recientes: Straubinger, Nácar-Colunga, Bover-Cantera, Nieto, La nueva Biblia Latinoamérica, El libro del pueblo de Dios, unánimemente reconocen que el libro de Sabiduría fue escrito en griego, en Egipto, por algún judío helenizado desconocido, y quizá en el siglo I a.C. (aunque hay diferencias en la asignación de esta fecha).

Estamos, pues, ante un caso extraño que es difícil calificar como de un mero artificio literario" (como sería cuando legítimamente se usa un seudónimo reconocido como tal). Es evidente que se ha recurrido a un "artificio" para dar realce o mayor autoridad a una obra.

Tal fue el caso de la llamada Epístola de Bernabé, escrita entre 96-98 d.C, o entre 117-131 (d.C.), cuyo autor pretendió que se lo reconociera como al Bernabé, fiel compañero de actividades misioneras de Pablo. La autenticidad de esta epístola es unánimemente rechazada porque fue escrita décadas después de la muerte de Bernabé. Con mayor razón, es obvio que quien escribió en griego -y un griego no exento de "cierta elegancia", como se lee en Bover-Cantera-, no muy lejos del comienzo de la era cristiana, no pudo ser el Salomón del siglo X a. C.

En cuanto al libro de Baruc se afirma en la Versión de Ausejo: "Su origen es muy oscuro . . . Aun reconociendo que originalmente fue escrito en hebreo y que, después de la traducción al griego, se perdió el original, las ideas y la contextura de la obra delatan una época bastante más tardía que la de Jeremías y Baruc". Por eso reconoce Ausejo que "si bien algunos católicos, actualmente pocos, admiten aún su autenticidad, como obra de Baruc, y fijan su origen, por consiguiente, en el siglo VI [a.C.], hoy son más, siempre dentro del campo católico, los que lo retrasan hasta el siglo III, y algunos al siglo I a.C.".

Añade: "La atribución a Baruc se debería a la fuerte personalidad de aquellos dos grandes hombres, Jeremías y su secretario [Baruc], con quienes fácilmente relacionó el judaísmo todo lo referente a la ruina de Jerusalén y al comienzo de la cautividad babilónica" (ed. 1966, p. 997).

La BJ se refiere a la "colección heterogénea que lleva el nombre de Baruc" (ed. 1967, p. 990).

El escriturista autor de la versión llamada "Nieto" (su nombre completo es Evaristo Martín Nieto), consigna: "Resulta difícil determinar el autor del conjunto y de cada una de las partes del libro. Ni siquiera entre los críticos católicos son unánimes las opiniones: no pocos siguen la línea tradicional y atribuyen el libro a Baruc; otros, por motivo de examen interno de cada una de las partes, datos históricos, forma literaria, contenido doctrinal, etc., fijan su composición entre los siglos III-II antes de Cristo. No parece sostenible la opinión de varios acatólicos que retrasan la composición de algunas partes (II y III) hasta el siglo I de nuestra era" (ed. de 1966, p. 992).

Bover-Cantera afirma: "No se conserva el original hebreo [de Baruc]; la versión griega es algo imperfecta" (ed. 1957, p. 1033).

Todos estos hechos-reconocidos por autores católicos eruditos en el tema, como los citados- crean en torno a este libro la aureola de ser una obrita cuya "atribución a Baruc" (Ausejo) debe haberse hecho intencionalmente con el propósito de darle mayor autoridad debido a la "fuerte personalidad" -diríamos, prestigio- del secretario de Jeremías. Quizá no haya mucha distancia entre esto y una obra reconocida como pseudoepigráfica.

Hay una carta de Jeremías a los cautivos, registrada en el cap. 29 de su libro. Ella no tiene ninguna relación con otra "carta de Jeremías" que constituye el cap. 6 de Baruc en la Vulgata, que es como un apéndice, y que forma una parte separada en la LXX. Acerca de esta segunda "carta", Ausejo registra que "ya San Jerónimo no la consideraba auténtica" (loc. cit.).
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¹ El último decreto de los reyes persas para la restauración de Jerusalén corresponde, en realidad, al año 457 a.C. Se terminó de construir el templo en el año 408 a.C. Estas fechas fidedignas acentúan más el error del relato en cuestión.