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18.00. Los apócrifos y los códices más antiguos

La presencia de los libros apócrifos en los tres principales códices de la Biblia exige una explicación. Ninguno de ellos es completo, o sea que no contiene los 66 libros "protocanónicos". Sin embargo, juntando el material de los tres tenemos toda la Escritura.

En ninguno de los tres tampoco están todos los libros apócrifos. En el Códice Vaticano (siglo IV d.C.) hay cinco, pero faltan 1 y 2 Macabeos; en el Sinaítico (siglo IV d.C.) también hay cinco, y faltan 2 Macabeos y Baruc; en el Alejandrino (siglo V d.C.) sólo falta Tobit (Tobías). En cuanto al significado de esto último debe destacarse que la inclusión de 4 Macabeos en el Sinaítico y en él Alejandrino, que es un relato ampliado del espantoso martirio y de la muerte sucesiva de siete jóvenes judíos y de su madre, víctimas de la crueldad de Antíoco (2 Macabeos 7: 1-42); y el hecho de que forme parte del Alejandrino I Esdras (denominado Esdras III en la Vulgata) y 2 Esdras (o Esdras el Profeta, o Apocalipsis de Esdras), y la Oración de Manasés así como la inclusión del libro Salmos de Salomón al final del índice, son hechos que demuestran que en los siglos IV y V d.C. existía la costumbre - que hoy nadie emplearía - de colocar dentro de las Escrituras ciertos libros que nunca fueron reconocidos como divinamente inspirados, ni en el canon hebreo ni por ninguna iglesia cristiana a través de los siglos.

Por lo tanto, es natural llegar a la conclusión de que el hecho de que estos libros estén en los códices más importantes descubiertos hasta ahora no es una razón valedera para darles la categoría de libros canónicos.