DANIEL ALEJANDRO FLORES

23.05. ÉXODO - Bosquejo

I. El éxodo de Egipto, 1: 1 a 19: 2.

A. La permanencia en Egipto, 1: 1-22.
1. Nombres de los hijos de Jacob, 1: 1-6.
2. Crecimiento y opresión de los hijos de Israel en Egipto, 1: 7-22.

B. La preparación de Moisés para el liderazgo, 2: 1 a 4: 31.
1. Nacimiento, preservación y juventud de Moisés, 2: 1-10.
2. Asesinato, huida, y estada en Madián, 2: 11-22.
3. Muerte de Faraón, tiempo oportuno para el éxodo, 2: 23-25.
4. El llamamiento de Moisés, 3: 1 a 4: 17.
5. Moisés vuelve a Egipto, 4: 18-31.

C. Las diez plagas y el éxodo, 5: 1 a 13: 16.
1. Moisés y Aarón aparecen por primera vez delante de Faraón, 5: 1-18.
2. Renovación de la promesa de Dios de libertar a Israel, 5: 19 a 6:12.
3. Genealogías de Rubén, Simeón y Leví, 6: 13-26.
4. Moisés y Aarón comparecen por segunda vez ante Faraón, 6: 27 a 7:13.
5. La primera plaga: el agua transformada en sangre, 7: 14-25.
6. La segunda plaga: ranas, 8: 1-15.
7. La tercera plaga: piojos, 8: 16-19.
8. La cuarta plaga: moscas, 8: 20-32.
9. La quinta plaga: enfermedad en el ganado, 9: 1-7.
10. La sexta plaga: úlceras, 9: 8-12.
11. La séptima plaga: granizo, 9: 13-35.
12. La octava plaga: langostas, 10: 1-20.
13. La novena plaga: tinieblas, 10: 21-29.
14. El anuncio de la décima plaga y la institución de la pascua, 11: 1 a 12: 28.
15. La décima plaga: todos los primogénitos son muertos, 12: 29, 30.
16. El éxodo, 12: 31-42.
17. Instrucciones referentes a la pascua y a los primogénitos, 12: 43 a 13: 16.

D. Desde Egipto hasta el Sinaí, 13: 17 a 19: 2.
1. Cruce del mar Rojo, 13: 17 a 14: 31.
2. El cántico de Moisés, 15: 1-21.
3. Mara y Elim, 15: 22-27.
4. Codornices y maná en el desierto de Sin, 16: 1-36.
5. Masah y Meriba, 17: 1-7.
6. La victoria sobre Amalec, en Refidim, 17: 8-16.
7. La visita de Jetro, 18: 1-27.
8. Llegada al Sinaí, 19: 1, 2.

II. Israel en el Sinaí, 19: 3 a 40: 38.

A. La promulgación del Decálogo, 19: 3 a 20: 21.
1. La manifestación divina, 19: 3-25.
2. El Decálogo, 20: 1-17.
3. Israel se llena de terror, 20: 18-21.

B. El libro del pacto, 20: 22 a 23: 33.
1. Leyes concernientes al altar, 20: 22-26.
2. Derechos de los esclavos hebreos, 21: 1-11.
3. Leyes concernientes a la v0ida y la propiedad, 21: 12 a 22: 17.
4. Leyes concernientes a diversos pecados, 22: 18-20.
5. Leyes concernientes a la ayuda al necesitado, 22: 21-27.
6. Leyes misceláneas, 22: 28 a 23: 33.

C. Ratificación del pacto, 24: 1-18.

D. Instrucciones respecto al tabernáculo y sus muebles, 25:1 a 31: 17.
1. La ofrenda para el tabernáculo, 25: 1-9.
2. El arca, 25: 10-22.
3. La mesa del pan de la proposición, 25: 23-30.
4. El candelero, 25: 31-40.
5. Las cortinas y tablas, 26: 1-37.
6. El altar del holocausto, 27: 1-8.
7. El atrio, 27: 9-19.
8. Aceite para las lámparas, 27: 20, 21.
9. Las vestiduras sagradas, 28: 1-43.
10. Reglamentos concernientes a la investidura de los sacerdotes, 29: 1-37.
11. Los sacrificios diarios de la mañana y de la tarde, 29: 38-46.
12. El altar del incienso, 30: 1-10.
13. Leyes concernientes al rescate de personas, 30: 11-16.
14. La fuente, 30: 17-21.
15. El aceite de la unción, 30: 22-33.
16. El incienso santo, 30: 34-38.
17. Llamamiento de Bezaleel y de Aholiab, 31: 1-11.
18. Exhortación a guardar el sábado, 31: 12-17.

E. Se le dan a Moisés las dos tablas de piedra, 31: 18.

F. La apostasía y la renovación del pacto, 32: 1 a 34: 35.
1. El becerro de oro, 32: 1 a 33: 11.
2. La súplica de Moisés y su éxito, 33: 12-23.
3. Las nuevas tablas de piedra, 34: 1-35.

G. La construcción del tabernáculo y de sus muebles, 35: 1 a 40: 38.
1. Nueva exhortación a guardar el sábado, 35: 1-3.
2. Ofrendas para el tabernáculo, 35: 4-29.
3. Son designados Bezaleel y Aholiab, 35: 30 a 36: 7.
4. Las cortinas y las cubiertas, 36: 8-38.
5. El arca, 37: 1-9.
6. La mesa del pan de la proposición, 37: 10-16.
7. El candelero, 37: 17-24.
8. El altar del incienso, 37: 25-28.
9. El aceite de la unción y el incienso, 37: 29.
10. El altar del holocausto, 38: 1-7.
11. La fuente, 38: 8.
12. El atrio, 38: 9-20.
13. Las cuentas de las ofrendas del pueblo, 38: 21-31.
14. Las vestiduras santas, 39: 1-31
15. Moisés inspecciona el trabajo y erige el tabernáculo, 39: 32 a 40:38.

23.04. ÉXODO - Tema

El propósito principal de Moisés al escribir el Éxodo fue describir la maravillosa intervención de Dios a favor de su pueblo escogido al librarlo de la esclavitud, y su bondadosa condescendencia al realizar un pacto con ellos.

El tema que atraviesa todo el libro como un hilo de oro es el propósito de demostrar que ni la repetida infidelidad del pueblo escogido ni la oposición de la mayor nación de la tierra podían desbaratar el plan de Dios para él.

Los relatos del Éxodo hablan a la imaginación de los jóvenes y fortalecen la fe de los mayores. Demandan confianza en la dirección de Dios hoy día, y nos ordenan seguir humildemente dondequiera él nos guíe.

23.03. ÉXODO - Marco histórico

El Génesis, primer libro de Moisés, presenta un breve bosquejo de la historia de los escogidos de Dios desde la creación del mundo hasta el fin de la era patriarcal, un período de muchos siglos. En cambio, en sus dos primeros capítulos, el Exodo, la continuación del Génesis, abarca sólo unos 80 años, y en el resto del libro sólo un año aproximadamente.

Aunque la ausencia de evidencias arqueológicas impide que dogmaticemos sobre diversos puntos de la historia de los israelitas en Egipto, parece haber evidencia suficiente para justificar la conclusión de que José y Jacob entraron en Egipto durante el tiempo de los hicsos. Esos gobernantes semíticos fueron amistosos con sus hermanos de raza, los hebreos, y bajo ellos José se elevó al honor y a la fama. Sin embargo, como invasores y gobernantes extranjeros, los hicsos eran aborrecidos por los egipcios autóctonos aunque los gobernaron con mano suave y trabajaron para el bien de sus súbditos.

Cuando los hicsos habían gobernado sobre Egipto durante unos 150 años (c. 1730-1580 AC), Sekenenre se sublevó. Era un príncipe egipcio de una jurisdicción del Alto Egipto y vasallo de los hicsos. La narración de esa rebelión aparece en un relato legendario de fecha posterior y no revela si tuvo buen éxito o fracasó la tentativa de restaurar la independencia de Egipto. Su momia muestra terribles heridas en la cabeza, quizá recibidas en el campo de batalla mientras luchaba contra los hicsos.

La verdadera lucha por la independencia comenzó con Kamosis, el hijo y sucesor de Sekenenre. El consiguió expulsar a los hicsos tanto del Alto como del Medio Egipto, y limitó el poder de ellos a la región oriental del delta del Nilo. Sin embargo, Kamosis no vivió para ver la expulsión final de los hicsos. Esta fue realizada por Amosis, su hermano menor, quien derrotó a los odiados enemigos y obligó a que se rindiera su ciudad capital, Avaris. Con la caída de Avaris, los hicsos perdieron su último baluarte en Egipto. Entonces se retiraron a Saruhen -en el sur de Palestina-, ciudad que, a su vez, fue conquistada por Amosis después de una campaña de tres años. La pérdida de Saruhen, y la consiguiente retirada de los hicsos hacia el norte, señaló el fin de su poder y su desaparición de la historia.

Habiendo derrotado a los hicsos, los gobernantes de Tebas se convirtieron en los indiscutibles monarcas de Egipto. Como reyes de la decimoctava dinastía, no sólo libraron a Egipto sino que también subyugaron a Nubia y a Palestina y formaron un imperio fuerte y rico. Resultó natural que esos nuevos reyes que no conocían "a José" (Éxodo 1: 8) vieran con desconfianza a esos extranjeros, los israelitas, que ocupaban la tierra de Gosén, en la parte oriental del delta. No podía esperarse que les tuvieran confianza los egipcios autóctonos, pues habían sido establecidos allí por los hicsos, estaban emparentados racialmente con ellos y habían sido favorecidos por ellos.

La cronología de los reyes de la decimoctava dinastía no ha sido fijada definidamente. Las fechas siguientes, aunque basadas sobre las mejores pruebas disponibles, tan sólo son aproximadamente correctas. Amosis fue seguido por Amenhotep I (1546-1525 AC), que emprendió campañas militares en el sur y en el oeste. Su hijo, Tutmosis I (1525-1508 AC), que llevó a cabo una campaña militar en Siria hasta el Eufrates, fue el primer rey en registrar el hecho de que empleó esclavos asiáticos en la construcción de sus templos. Es posible que se refiera a los hebreos. Fue seguido por su débil hijo, Tutmosis II (1508-1504 AC), después de cuya muerte, Hatshepsut, una hija de Tutmosis I, gobernó pacíficamente a Egipto durante 22 años (1504- 1482 AC). Es probable que ella fuera la que adoptó a Moisés como hijo, puesto que los primeros 40 años de la vida de él abarcaron los reinados de Tutmosis I, Tutmosis II y Hatshepsut. Moisés huyó de Egipto unos pocos años antes de que reinara Tutmosis III como único rey.

En los comienzos del reinado de Hatshepsut, una revolución de los sacerdotes la había obligado a aceptar la corregencia de su sobrino, Tutmosis III. Más tarde, la súbita desaparición de ella puede haberse debido a un acto de violencia o a causas naturales. Como parece verosímil que Hatshepsut fue la princesa que adoptó a Moisés, esta revuelta puede haberse producido como consecuencia del rechazo de Moisés de formar parte de la casta sacerdotal.

Tan pronto como Tutmosis III quedó como único gobernante (1482-1450 AC), marchó hacia Palestina en una campaña militar y derrotó a una coalición de príncipes sirios y palestinos en Meguido. Su imperio asiático se mantuvo unido gracias a una demostración de fuerza por medio de campañas anuales. Al igual que su abuelo, declara que empleó esclavos asiáticos en su programa de edificación de templos. Probablemente él fue el faraón de quien huyó Moisés.

Después de Tutmosis III, ocupó el trono su hijo Amenhotep II (1450-1425 AC). El comenzó a gobernar sus posesiones extranjeras con un despliegue de terror sistemático que concuerda notablemente bien con el papel del faraón del éxodo. Por alguna razón, que no se menciona en los registros extrabíblicos, no fue el príncipe heredero sino otro hijo de Amenhotep II, Tutmosis IV (1425-1412 AC), quien lo sucedió en el trono. La desaparición del príncipe heredero puede haberse debido a la muerte de todos los primogénitos durante la décima plaga de Egipto.

Tal es el marco histórico de los dramáticos acontecimientos tan vívidamente descritos en el libro del Exodo. No existe ningún registro contemporáneo del éxodo que no sea bíblico, pues los egipcios nunca registraban los acontecimientos que les eran desfavorables.

23.02. ÉXODO - Autor

La cuestión de quién es el autor del libro del Éxodo está estrechamente relacionada con la de todos los libros del Pentateuco, y del Génesis en particular, del cual es la continuación.

El libro del Éxodo es muy importante en el problema de identificar al autor del Pentateuco, dado que algunas de sus declaraciones designan a Moisés como el autor de partes específicas de él. Por ejemplo, Moisés debía registrar la batalla contra los amalecitas "en un libro" (cap. 17: 14). Esto, junto con Números 33: 2, demuestra que Moisés llevaba un diario.

Es evidente por Éxodo 24: 4 que él anotó los ritos contenidos en la parte comprendida entre Éxodo 20: 21 a 23: 33, o sea en "el libro del pacto" (cap. 24: 7). De acuerdo con cap. 34: 27, él es el autor de la revelación registrada en vers. 11-26.

De modo que la evidencia preservada en el mismo libro del Éxodo señala específicamente a Moisés como el autor de las informaciones históricas y de otra índole que se encuentran en él. Con la excepción de Moisés, no se menciona a ningún individuo en el Pentateuco como que hubiera escrito alguna parte de él.


El uso de muchas palabras egipcias y la descripción exacta de la vida y las costumbres egipcias que aparecen en la primera parte del libro sugieren con mucho énfasis que el autor había sido educado en Egipto y estaba íntimamente relacionado con el país y su cultura. Ningún otro hebreo conocido después del tiempo de José estuvo capacitado para escribir el relato del éxodo. Sólo Moisés parece haber sido "enseñado ... en toda la sabiduría de los egipcios"(Hechos 7: 22).

Sin embargo, la prueba más firme de que Moisés es el autor se encuentra en el Nuevo Testamento. En Marcos 12: 26, Cristo cita de Éxodo 3: 6 y se refiere a su fuente como "el libro de Moisés". Estas tres consideraciones - el testimonio directo del libro mismo, la evidencia indirecta de que el autor fue educado en Egipto y el testimonio de Cristo - garantizan en su conjunto la exactitud de la tradición judía de que Moisés escribió el libro del Exodo.

23.01. ÉXODO - Título

Como ocurre con cada uno de los otros cuatro libros del Pentateuco, el libro del Éxodo es llamado por los judíos de acuerdo con la primera frase del texto hebreo, We'eleh shemoth: "Y estos son los nombres".

El nombre Exodo está compuesto de dos palabras griegas que significan "camino de salida" o "salida" (de los israelitas de Egipto), y fue tomado de la Vulgata por los que hicieron la traducción de ella a los idiomas modernos. A su vez Jerónimo lo tomó de la LXX. Por supuesto, este término se refiere al tema central del libro. Las palabras "El segundo libro de Moisés" no aparecen en el texto hebreo, sino que fueron añadidas posteriormente.

22.05. GÉNESIS - Bosquejo

I. Desde la creación del mundo hasta Abrahán, 1: 1 a 11: 26.

A. La creación de los cielos y la tierra, 1: 1 a 2: 25.
1. Los seis días de la creación, 1: 1-31.
2. La institución del sábado, 2: 1-3.
3. Detalles de la creación del hombre y el huerto del Edén, 2:4-25.

B. La historia de la caída y sus resultados inmediatos, 3: 1 a 5: 32.
1. La tentación y la caída, 3: 1-8.
2. La expulsión del huerto, 3: 9-24.
3. Caín y Abel, 4: 1-15.
4. Los cainitas, 4: 16-24.
5. La generación desde Adán hasta Noé, 4: 25 a 5: 32.

C. El diluvio, 6: 1 a 9: 17.
1. La degeneración de los antediluvianos, 6: 1-13.
2. La construcción del arca, 6: 14-22.
3. La narración del diluvio, 7: 1 a 8: 14.
4. El pacto hecho con Noé, 8: 15 a 9: 17.

D. Desde Noé hasta Abrahán, 9: 18 a 11: 26.
1. El destino de los hijos de Noé, 9: 18-29.
2. El cuadro de las naciones, 10: 1-32.
3. La confusión de las lenguas en Babel, 11: 1-9.
4. Las generaciones desde Sem a Abrahán, 11: 10-26.


II. Los patriarcas Abrahán e Isaac, 11: 27 a 26: 35.

A. Abram, 11: 27 a 16: 16.
1. Llamado y viaje a Canaán, 11: 27 a 12: 9.
2. Experiencia en Egipto, 12: 10-20.
3. Separación de Lot, 13: 1-18.
4. Rescate de Lot, encuentro con Melquisedec, 14: 1-24.
5. Pacto con Dios, 15: 1-21.
6. Casamiento con Agar, nacimiento de Ismael, 16: 1-16.

B. Abrahán, 17: 1 a 25: 18.
1. Renovación del pacto, Abram se convierte en Abrahán, se introduce la circuncisión, 17: 1-27.
2. Abrahán y los ángeles, destrucción de Sodoma y ciudades vecinas, 18:1 a 19: 38.
3. Incidentes en Gerar, nacimiento de Isaac, expulsión de Ismael, 20:1 a 21:34.
4. La prueba suprema de Abrahán, 22: 1-24.
5. Muerte de Sara y su sepultura, 23: 1-20.
6. Casamiento de Isaac con Rebeca, 24: 1-67.
7. Descendientes de Abrahán, 25: 1-18.

C. Isaac, 25: 19 a 26: 35.
1. Hijos de Isaac, 25: 19-34.
2. Isaac y Abimelec de Gerar, 26: 1-35.


III. El patriarca Jacob, 27: 1 a 36: 43.

A. Jacob, el suplantador, 27: 1 a 31: 55.
1. Jacob recibe una bendición mediante un engaño, 27: 1-46.
2. Jacob huye y la visión en Bet-el, 28: 1-22.
3. Jacob trabaja por sus esposas y forma una familia, 29: 1 a 30: 43.
4. Jacob huye de Labán, 31: 1-55.

B. Israel, príncipe de Dios, 32: 1 a 36: 43.
1. Jacob vuelve a Canaán, incidente en Peniel, 32: 1 a 33: 20.
2. Deshonra de Siquem, problemas familiares, 34: 1 a 35: 29.
3. Descendientes de Esaú, 36: 1-43.


IV. José, un salvador, 37: 1 a 50: 26.

A. José y sus hermanos, 37: 1-36.

B. La caída de Judá, 38: 1-30.

C. José se mantiene fiel a sus principios, 39: 1 a 40: 23.

D. José llega a ser el salvador de Egipto, 41: 1-57.

E. José y sus hermanos, 42: 1 a 45: 28.

F. Jacob va a Egipto, 46: 1 a 47: 31.

G. Las bendiciones de Jacob, 48: 1 a 49: 33.

H. La muerte de Jacob y de José, 50: 1-26.

22.04. GÉNESIS - Tema

Todo estudiante atento del Génesis conoce el tema principal del libro: primero la narración del trato de Dios con los pocos fieles que lo amaron y sirvieron, y segundo, la profundidad de la depravación en la cual cayeron los que habían dejado a Dios y sus preceptos.

El libro del Génesis es el primer registro permanente de la revelación divina concedida a los hombres.

El libro tiene también importancia doctrinal:

Registra la creación de este mundo y de todas sus criaturas vivientes, la entrada del pecado y la promesa de Dios acerca de la salvación.

Enseña que el hombre es un ser moral libre, poseedor de una voluntad libre y que la transgresión de la ley de Dios es la fuente de toda la desgracia humana.

Da instrucción respecto a la observancia del santo sábado como día de descanso y adoración, la santidad del matrimonio y el establecimiento del hogar, la recompensa de la obediencia, y el castigo del pecado.

El libro está escrito en un estilo interesante que atrae la imaginación de los jóvenes. Sus elevados temas morales son alimento para los mayores, y sus enseñanzas son instructivas para todos.

Este es el libro del Génesis, cuyo estudio ningún cristiano puede darse el lujo de descuidar y cuyos brillantes héroes puede imitar todo hijo de Dios.

22.03. GÉNESIS - Marco histórico

El libro del Génesis fue escrito alrededor de 1.500 años AC, mientras los hebreos estaban aún en esclavitud en Egipto. Contiene un boceto de la historia de este mundo que abarca muchos siglos. Los primeros capítulos del Génesis no pueden ser colocados en un marco histórico, según la concepción corriente de lo que es historia. No tenemos historia del mundo antediluviano, salvo la que fue escrita por Moisés. No tenemos registros arqueológicos, sino sólo el testimonio mudo y a menudo oscuro de los fósiles.

Después del diluvio la situación es diferente. La pala del arqueólogo ha sacado a luz muchos registros de los pueblos, sus costumbres y formas de gobierno durante el período abarcado en los capítulos siguientes del Génesis.

El período de Abrahán, por ejemplo, puede ahora ser conocido bastante bien; y la historia de Egipto durante el período de la esclavitud de Israel puede ser reconstruida con bastante exactitud. Durante esta era, desde Abrahán hasta el éxodo, florecieron destacadas civilizaciones, particularmente en el valle de Mesopotamia y a lo largo de las márgenes del Nilo. Hacia el norte los hititas crecían en poder. En Palestina habitaban pueblos guerreros bajo la dirección de reyezuelos. Costumbres groseras reflejaban el oscuro paganismo de todos estos pueblos.

Fuertes vínculos raciales relacionaban a los patriarcas del Génesis con las tribus semitas de la baja y alta Mesopotamia. Se describe en detalle el papel de los patriarcas en algunos de los grandes sucesos de esos primeros tiempos, tales como la batalla de los reyes en el valle de Sidim (cap. 14), la destrucción de las ciudades de la llanura (caps. 18, 19), y la conservación de la población egipcia durante un hambre extraordinaria (cap. 41). Los hombres del Génesis son conocidos como pastores y guerreros, como moradores de la ciudad y nómadas, como estadistas y fugitivos. Los relatos acerca de sus experiencias ponen a los lectores del libro en contacto con algunas de las grandes naciones de venerable antigüedad, como también con algunos de los pueblos menos prominentes con los cuales se relacionaron los hebreos de tiempo en tiempo.

No son descritas en el Génesis las grandes civilizaciones que habían surgido en Egipto como también en Mesopotamia, pero su existencia se advierte claramente en las experiencias de los patriarcas. El pueblo de Dios no vivía en el magnífico aislamiento de un vacío político o social. Era parte de una sociedad de naciones, y su civilización y cultura no diferían marcadamente de las de los pueblos que lo rodeaban, salvo en lo que su religión crease una diferencia. Por cuanto era el remanente más importante de los verdaderos adoradores de Jehová, por tanto formaba el centro del mundo del autor inspirado. Esta observación obvia lleva naturalmente a la pregunta: ¿Cuál fue el propósito principal de Moisés al escribir el libro?

22.02. GÉNESIS - Autor

Judíos y cristianos por igual han considerado a Moisés, el gran legislador y dirigente de los hebreos en ocasión del éxodo, como el autor del libro de Génesis. Esta convicción fue disputada algunas veces por opositores paganos en el período inicial del cristianismo, pero nunca fue puesta en duda seriamente por ningún cristiano ni judío hasta mediados del siglo XVIII. Desde hace más de dos siglos, se han puesto en duda creencias y opiniones tradicionales en todo aspecto del pensamiento humano. El hombre fue llevado a realizar descubrimientos en esferas desconocidas y a inventar cosas que cambiaron mucho la vida de este mundo. Sin embargo, el mismo espíritu de investigación llevó a hombres de mentalidad crítica a poner en duda la autenticidad de las Escrituras como base de la creencia cristiana.

El libro del Génesis fue el primero que fuera sometido a un examen crítico en esta era moderna, y ese examen comenzó la etapa de la alta crítica de la Biblia. En 1753, un médico de la corte de Francia, Jean Astruc, publicó su libro Conjectures, en el cual pretendía que los diferentes nombres de la Deidad que aparecen en el Génesis muestran que el libro es una colección de materiales de diversas fuentes. Astruc siguió creyendo que Moisés fue el coleccionador de esas fuentes y recopilador del libro, pero sus seguidores pronto eliminaron a Moisés como el editor del Génesis.

Desde hace más de dos siglos, teólogos con mentalidad crítica han trabajado para separar las supuestas fuentes del Génesis y asignarlas a diferentes autores o, por lo menos, a períodos en los cuales se supone que fueron compuestas, reunidas, cambiadas, editadas y, finalmente, compiladas en un libro.

Aceptando esos puntos de vista críticos, algunos eruditos concordaron en un principio que consideraron importante, a saber que el libro consiste en muchos documentos de diferente valor, autor y tiempo de su origen. Sin embargo, difieren ampliamente en sus opiniones acerca de qué partes han de ser atribuidas a cierto período y cuáles a otro. La gran variedad de opiniones de las diferentes escuelas críticas muestra cuán defectuoso es el fundamento de sus hipótesis.

La falacia de muchos argumentos críticos ha quedado expuesta por los descubrimientos arqueológicos de los últimos siglos. Los críticos han tenido que cambiar continuamente sus teorías y declaraciones. Sin embargo, muchos de ellos mantienen su rechazo de que Moisés sea el autor del Génesis, por varias razones de las cuales enumeraremos unas pocas aquí:

a. El uso de tres diferentes nombres para Dios.
Con uno de ellos indudablemente preferido en una cierta sección y un nombre diferente en otra, se pretende que ello prueba que más de un autor es responsable por la composición del libro. De ahí que algunos eruditos críticos hayan sostenido que aquellas secciones donde Yahveh (Heb. YHWH o JHWH), "Jehová", se usa frecuentemente, fueron escritas por un autor que ellos llaman el Jehovista, abreviado J; las secciones donde se usa principalmente el nombre 'Elohim, "Dios", por un hombre que ellos denominan elohísta, abreviado E. Otros autores antiguos, que se supone que trabajaron con el Génesis, fueron un escritor sacerdotal (P, [de "priestly" en inglés]), un editor o redactor (R) y otros.

b. De acuerdo con las escuelas críticas, las muchas repeticiones de relatos contenidos en el libro muestran que se usaron fuentes paralelas y que fueron unidas sin mucho esmero por un editor posterior para que formaran una sola narración. Ese editor no pudo ocultar el hecho de que había usado materiales de diversos orígenes.

c. Se aduce que las condiciones reflejadas en el Génesis no concuerdan con los períodos descritos sino con tiempos muy posteriores.

d. Se dan nombres de lugares de un período muy posterior a localidades cuyos nombres anteriores habían sido diferentes.

e. Las tradiciones en cuanto a la creación, el diluvio y los patriarcas, tal como existen en la antigua Babilonia, son tan similares con el registro bíblico de ellas, que la mayoría de los teólogos modernos aseguran que los escritores hebreos tomaron esos relatos de los babilonios durante el exilio y los prepararon después con un estilo monoteísta para que no fueran chocantes para sus lectores hebreos.

El cristiano conservador no puede concordar con estos puntos de vista por las siguientes razones:

a. Ve que los nombres sagrados de Dios, el Señor y Jehová, se usan más o menos indiscriminadamente a través de toda la Biblia hebrea y no indican diferentes autores como sostienen los críticos. La LXX y los más antiguos manuscritos de la Biblia hebrea, incluyendo los rollos de Isaías descubiertos cerca del mar Muerto, muestran que el nombre "Dios" encontrado en cierto pasaje en una copia es presentado en otro manuscrito como "Señor" o "Jehová" y viceversa.

b. Las repeticiones frecuentemente halladas en los relatos no son una indicación segura de que haya diferentes fuentes para una obra literaria. Los defensores de la unidad de los libros mosaicos han demostrado, mediante muchos ejemplos que no son bíblicos, que repeticiones similares se encuentran en varias obras antiguas de uno y el mismo autor, así como en obras modernas.

c. Un mayor conocimiento de la historia antigua y de las condiciones de vida en la antigüedad ha revelado que el autor del Génesis estuvo bien informado en cuanto a los tiempos que describe y que el relato de los patriarcas encuadra exactamente en el marco del tiempo de ellos.

d. Los nombres de los lugares han sido modernizados en ciertos casos por los copistas para que sus lectores pudieran seguir el relato.

e. El hecho de que los babilonios tuvieran tradiciones similares en cierta medida con los registros hebreos no es una prueba de que una nación tomó la narración de la otra, sino que encuentra su explicación en un origen común de ambos registros. El libro inspirado del Génesis transmite información divinamente impartida en una forma pura y elevada, al paso que los registros babilonios narran los mismos acontecimientos dentro de un marco pagano envilecido.

No es el propósito de nuestro estudio refutar las muchas pretensiones de la alta crítica formuladas para sostener sus teorías. Más importante es mostrar la evidencia de que Moisés es el autor.

El autor del Exodo debe haber sido el autor del Génesis, porque el segundo libro del Pentateuco es una continuación del primero y evidentemente manifiesta el mismo espíritu y la misma intención. Puesto que la paternidad literaria del libro del Exodo está claramente afirmada por Cristo mismo, quien lo llamó "el libro de Moisés" (Mar. 12: 26), el volumen precedente, el Génesis, también debe haber sido escrito por Moisés. El uso de expresiones y palabras egipcias, y el minucioso conocimiento de la vida egipcia y sus costumbres desplegados en la historia de José, armonizan con la educación y experiencia de Moisés. Aunque la evidencia a favor del origen mosaico del Génesis es menos explícita y directa que la de los siguientes libros del Pentateuco, las peculiaridades lingüísticas comunes a todos los cinco libros de Moisés son una prueba de que la obra es de un solo autor y el testimonio del Nuevo Testamento indica que escribió bajo la inspiración del Espíritu Santo.

El testimonio de Jesucristo, que citó varios textos del Génesis, indica claramente que consideró el libro como una parte de las Sagradas Escrituras. Al citar Gén. 1: 27 y 2: 24, Jesús usó la fórmula introductoria "¿No habéis leído?" (Mat. 19: 4, 5) para indicar que esas citas contenían una verdad que todavía estaba en vigencia y era válida. El contexto de la narración (Mar. 10:2-9), que relata la disputa de Jesús con los fariseos en cuanto a la sanción del divorcio, aclara que él atribuyó a Moisés las citas tomadas del Génesis. Cuando sus antagonistas le preguntaron si tenían derecho a divorciarse de sus esposas, Jesús los rechazó con la pregunta: "¿Qué os mandó Moisés?" En su réplica, los fariseos se refirieron a una medida ordenada por Moisés, que se encuentra en Deut. 24: 1-4, un pasaje del quinto libro del Pentateuco. A esto repuso Jesús que Moisés les había dado ese precepto debido a la dureza del corazón de ellos, pero que las disposiciones anteriores habían sido diferentes,y afirmó su declaración con otras dos citas de Moisés (Gén. 1: 27; 2: 24).

En varias otras ocasiones, Cristo aludió a sucesos descritos sólo en el libro del Génesis, revelando que lo consideraba como un registro histórico fidedigno (Luc. 17: 26-29; Juan 8: 37; etc.).

Las numerosas citas del Génesis que se encuentran en los escritos de los apóstoles muestran claramente que estaban convencidos de que Moisés había escrito el libro y que era inspirado (Rom. 4: 17; Gál. 3: 8; 4: 30; Heb. 4: 4; Sant. 2: 23).

En vista de esta evidencia, el cristiano puede creer confiadamente que Moisés fue el autor del libro del Génesis.

22.01. GÉNESIS - Título

Los judíos designan el libro de Génesis según la primera palabra del texto hebreo, Bereshith, "en el principio".

Sin embargo, el Talmud judío lo llama el "Libro de la creación del mundo".

El nombre Génesis, que significa "origen" o"fuente", ha sido tomado de la LXX, donde este término fue usado por primera vez, para indicar el contenido del libro.

El subtítulo, "El primer libro de Moisés", no formaba parte del texto original hebreo, sino que fue agregado siglos más tarde.

21.00. En conclusión

Los libros apócrifos podrían editarse en un volumen aparte. La lectura de algunos de sus párrafos y de alguna de sus páginas puede ser provechosa. Como lo hemos comprobado repetidas veces, ese fue el parecer de diversos Padres de la iglesia y de otros expositores del cristianismo a través de los siglos.

En el siglo II d. C., Hermas, cristiano que habitaba en Roma, escribió una obra de carácter principalmente alegórico que, así lo afirmaba él, era fruto de una revelación proveniente de un ángel que decía llamarse "Pastor". El relato es una narración de las supuestas visiones sobrenaturales causadas por ese llamado mensajero celestial, así como una exposición de preceptos y parábolas. El propósito de ese libro, denominado El Pastor (y más comúnmente El Pastor de Hermas), es exponer la necesidad, la eficacia y los requisitos propios de la penitencia.

En el caso de este antiguo libro que no es divinamente inspirado, bien cabe aplicar la exhortación de Pablo: "Examinadlo todo; retened lo bueno" (1 Tes. 5: 21).

Los libros "apócrifos" pueden leerse como documentos interesantes que revelan ciertos aspectos de la vida y el pensamiento de los judíos del período intertestamentario; pero tales libros no deben incluirse en el canon hebreo del AT, y lo mejor sería que en caso de editárselos se lo hiciera en un libro aparte.

20.00. Biblias editadas por organizaciones protestantes

En 1827 la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, fundada en 1804, resolvió no incluir más los apócrifos en la Biblias que imprimía. La Sociedad Bíblica Americana, fundada en 1816, siguió esa misma norma de conducta desde 1828.

Es cierto que los libros cuestionados se incluyeron en antiguas Biblias de origen protestante, como la alemana de Lutero, de 1537, la inglesa de Miles Coverdale, de 1535, y la de Reina-Valera de 1602. Pero en las ediciones inglesas y alemanas se los colocó en sección aparte. Durante dos siglos, aproximadamente, en esas Biblias tenían el título general de "Apócrifos" (Apocrypha, en inglés; Apokryphische Bücher, en alemán).

Juan Wiclef (1324-1384) había declarado siglos antes que "cualquier libro que esté en el Antiguo Testamento, además de estos veinticinco [hebreos], sea puesto entre los apócrifos [Apocrypha]; esto es, sin autoridad para las creencias" (The Encyclopedia Britannica [La enciclopedia británica], [ed. de 1893], t. II, p.183). La cifra '25" empleada por Wiclef, depende de la forma de computar los 39 libros del AT hebreo: los 12 profetas menores considerados como un solo libro; el mismo criterio se aplica para los de Samuel, Reyes, etc.

Asimismo la Confesión Anglicana de Westminster declaró terminantemente en 1647 que estos libros controvertidos no "han de ser aprobados o usados sino como cualquier otro escrito de origen humano" (Ibíd., p.184).

El Dr. Justo C. Anderson, del Seminario Bautista de Buenos Aires, en su monografía titulada Los libros apócrifos (Buenos Aires, s/f, que debe corresponder a 1969 ó 1970) se refiere al tratamiento de Juan Calvino, Los decretos del Concilio de Trento con el antídoto, obra en la cual "niega la autoridad de los apócrifos y critica severamente a los Padres conciliares (Trento 1546) por declararlos canónicos. Dice: 'Se proveen de puntales nuevos cuando autorizan los apócrifos. En II Macabeos sostendrán el Purgatorio y el culto a los santos; con Tobit, la satisfacción, los exorcismos, y ¿qué sé yo? . . . No soy uno que desacredite la lectura de estos libros, pero al darles una autoridad que nunca antes poseían, ¿qué [cuál] es el fin de ellos sino querer usarlos como un esmalte espurio para hermosear sus errores?' '.

Andrés Bodenstein, colaborador de Lutero, en su obra que ya hemos citado, que también se publicó en alemán, sostenía que los "apócrifos" no son iguales a los "canónicos"; aunque algunos de los primeros puedan servir como una lectura interesante, pero sin darles la categoría de libros divinamente inspirados.

Juan Hausschein -Heussgen o Hussgen- (1482-1531), conocido con el nombre de Ecolampadio, teólogo suizo, uno de los principales personajes de la Reforma en su patria, afirmaba en 1530: "No despreciamos a Judit, Tobit, Eclesiástico, Baruc, los dos últimos libros de Esdras, los tres libros de los Macabeos, las adiciones a Daniel; pero no les concedemos autoridad divina con los otros".

Philip Schaff -reconocido erudito del mundo protestante- afirma en cuanto a este tema: "Para las iglesias griega y romana la cuestión del canon está cerrada, aunque ningún concilio estrictamente ecuménico, que represente a la iglesia entera, se ha pronunciado en cuanto a esto. Pero el protestantismo reclama la libertad de la era antenicena y el derecho de una investigación renovada en cuanto al origen y la historia de cada libro de la Biblia. Sin esta libertad no puede haber un verdadero progreso de la teología exegética" (History of the Christian Church [Historia de la iglesia cristiana], [Grand Rapids, Michigan: Eerdmans, 1962], t. II, p. 524).

En cuanto a la iglesia "griega" u ortodoxa, he aquí este comentario: "Los ortodoxos que conservaron durante siglos el canon completo [con los apócrifos], bajo la influencia de la crítica protestante se han ido inclinando por el canon corto que excluye los deuterocanónicos del Antiguo Testamento" (Profesores de Salamanca, Biblia Comentada [Madrid: BAC, 1962], t. IV, p. 977).

Respecto a la forma en que el Concilio de Trento (1545-1563) dio autoridad canónica a los libros que no están en el canon hebreo, este mismo autor llama "fatal" al decreto que se redactó con ese fin, y añade que esa decisión "fue ratificada por 53 prelados entre los cuales no había ningún alemán, ningún erudito que se distinguiera por su conocimiento de historia, nadie que estuviera capacitado por un estudio especial para el examen de un tema en el cual la verdad sólo podía ser determinada por la voz de la antigüedad" (loc. cit.).

El autor G. Douglas Young, en su obra Revelation and the Bible (Revelación y la Biblia), p. 109, al definir su posición adversa a la inclusión de los apócrifos en el AT, cita a Merril F. Unger, de esta manera: " 'Ciertamente, un libro que contiene lo que de hecho es falso, erróneo en doctrina o defectuoso en moral, es indigno de Dios y no puede ser inspirado por él, juzgados por este criterio, los libros apócrifos [Apocrypha] se condenan a sí mismos' " (Introductory Guide to the Old Testament [Guía introductoria al AT],[Grand Rapids, Michigan: Carl F. Henry, editor, Baker Book House, 1967], p. 172).

El mismo Young concluye con estas palabras: "La evidencia histórica es definida; la conclusión extraída de la historia es que los apócrifos [Apocrypha] no merecen un lugar en las Escrituras si hemos de limitar la Biblia a lo que Jesús, los judíos y la iglesia primitiva usaron y aprobaron como Escritura" (Id., pp. 184-185).

En su enumeración Young incluye a "los judíos", con lo que evidentemente se refiere a los que respetaban el canon hebreo del AT. En cuanto a los otros, eruditos en el tema de la helenización de los judíos del noreste de África nos explican que, en Egipto, esos hebreos "no eran tan estrictos como los judíos de Palestina. Los judíos egipcios tenían un templo propio en el cual se ofrecían sacrificios contrarios a la ley de Moisés; en ese templo oficiaban un sumo sacerdote y un sacerdote rivales [de los de Jerusalén]. Cuando la iglesia cristiana perdió su contacto con los judíos se hizo raro el conocimiento del hebreo, y por eso muchos de los padres llegaron a creer que todos los libros incluidos en la Septuaginta griega pertenecían a las Sagradas Escrituras. Sin embargo, nuestros reformadores pronto volvieron a la fe de la iglesia primitiva y rehusaron reconocer cualesquiera libros del AT que no hubieran sido reconocidos por Cristo y sus apóstoles " (A Protestant Dictionary [Un diccionario protestante], [Detroit: Charles H. H. Wright y Charles Neil, Gale Researcher Company, 1972], p. 30).

Todo lo que hasta aquí hemos expuesto en favor de los libros "protocanónicos" del AT concuerda con el veredicto de los escrituristas judíos de largos siglos (excepto los influidos por la cultura griega de Alejandría), con las listas canónicas cristianas de los siglos II a IV y con el fallo de los reformadores y de muy destacados portavoces del protestantismo.

19.00. Pasajes buenos para leerse

Hay en los libros apócrifos varios pasajes que expresan pensamientos provechosos; su lectura a veces resulta edificante.

En el Eclesiástico hay varias enseñanzas o motivos de meditación que pueden ser útiles. Si bien a veces se encuentran algunos conceptos que podrían no ser aceptables -o, por lo menos, discutibles-, hay expresiones que pueden ser edificantes. Presentaremos algunos de sus párrafos, comenzando por el que quizá sea el más interesante:

"Toda la sabiduría viene del Señor y está siempre con él. ¿Quién puede contar los granos de la arena del mar, las gotas de lluvia, o los días de la eternidad? ¿Quién puede medir la altura del cielo, la anchura de la tierra, o la profundidad del abismo? la sabiduría fue creada antes que todo lo demás; la inteligencia para comprender existe desde siempre. ¿Quién ha descubierto la raíz de la sabiduría? ¿Quién conoce sus secretos? Sólo hay uno sabio y muy temible: el Señor que está sentado en su trono. El fue quien creó la sabiduría. La observó, la midió y la derramó sobre todas sus obras" (Eclesiástico 1: 1-9).

"No confíes en tus fuerzas para seguir tus caprichos. No digas: 'Nadie puede contra mí', porque el Señor te pedirá cuentas. No digas: 'Pequé, y nada me sucedió'. Lo que pasa es que Dios es muy paciente. No confíes en su perdón para seguir pecando más y más. No digas: 'Dios es muy compasivo, por más que yo peque, me perdonará'. Porque él es compasivo, pero también se enoja, y castiga con ira a los malvados. No tardes en volverte a él; no lo dejes siempre para el día siguiente. Porque, cuando menos lo pienses, el Señor se enojará, y perecerás el día del castigo" (cap. 5: 2-7).

"No pidas a una mujer consejo sobre su rival; ni al que busca botín, sobre la guerra; ni a un comerciante, sobre negocios; ni a un comprador, sobre la venta; ni a un malvado, sobre la generosidad; ni a un cruel, sobre la bondad; ni al ocioso, sobre el trabajo; ni al guardián de un campo, sobre la cosecha. Pide consejo a uno que respete siempre a Dios, que tú sepas que cumple los mandamientos y tiene sentimientos iguales a los tuyos, de manera que, si tropiezas, sufrirá contigo . . . Y, además de todo esto, pídele a Dios que te mantenga en el camino de la verdad" (cap. 37: 11-12,15).

"Ofrece a Dios sacrificios agradables y ofrendas generosas de acuerdo con tus recursos. Pero llama también al médico; no lo rechaces, pues también a él lo necesitas" (cap. 38: 11-12).

"Siente vergüenza, ante tus padres, de cometer actos inmorales; ante el gobernante, de decir mentiras; ante los amos, de hacer trampas; ante la asamblea, de cometer crímenes; ante un amigo o compañero, de traicionarlos; ante los vecinos, de ser insolente. Avergüénzate de no cumplir los pactos hechos bajo juramento, de meter los codos cuando comes, de no dar nada al que te pide, de no responder al que te saluda, de desear la mujer ajena, de despreciar a un amigo, de impedir que alguien reciba lo que es suyo, de tener relaciones con una mujer casada o con la esclava de ella; no te acerques a su cama. Avergüénzate, ante un amigo, de insultarlo, y de humillar a alguien después de hacerle un regalo; de repetir chismes y rumores y de revelar secretos. Esta es legítima vergüenza; así todos te apreciarán.

"En cambio, no debes avergonzarte de estas cosas, ni dejar de hacerlas por respeto humano: de la ley y los mandatos del Altísimo, y de hacer justicia y condenar al culpable; de hacer cuentas con el socio o el patrón, y de repartir una herencia o propiedad; de usar balanzas exactas, y de no engañar en las pesas y medidas; de llevar cuentas de lo grande y lo pequeño, y de discutir el precio con el comerciante; de corregir a los hijos con frecuencia, y de castigar a un mal esclavo; de guardar bajo sello a una mujer mala, y de echar llave donde hay muchas manos; de contar el dinero que te hayan confiado, y de apuntar todo lo que entregues o recibas; de corregir a los insensatos y los tontos, y al viejo que se junta con prostitutas. Así serás verdaderamente ilustre, y todos te tendrán por prudente" (cap. 41: 17-27; 42: 1-8).

Hay algunas líneas en Sabiduría que muestran que su autor debe haberse inspirado en pasajes de Job, Salmos, Proverbios y Eclesiastés. En Baruc: hay conceptos emanados de los tres primeros de los libros recién enumerados así como de algún pasaje del Pentateuco e Isaías y, por supuesto, de Jeremías (Baruc fue el secretario de este último profeta; cf. Jer. 36: 16-19; etc.). En todos estos casos es evidente que el mérito se halla en haber recurrido oportunamente al texto hebreo.

Es provechoso conocer la opinión de uno de los que acompañaron a Lutero en los agitados días de su lucha por la Reforma. Se trata de Andrés Bodenstein de Karlstadt, generalmente conocido como "Karlstadt", quien en su obra De Canonicis Scripturis Libellus (1521) refiriéndose a Sabiduría, Eclesiástico, Judit, Tobías, y 1 y 2 Macabeos, les reconoce cierto valor, y añade: "Antes de todas las cosas, deben leerse los mejores libros; después, si uno tiene tiempo, puede permitirse examinar los libros controvertidos, siempre que tenga el firme propósito de comparar y cotejar los libros que no son canónicos con los que son verdaderamente canónicos" (citado por Bruce M. Metzger, en An Introduction to the Apocrypha [Una introducción a los apócrifos], [N. York: Oxford University Press, 1963], p.182).

La traducción alemana de toda la Biblia hecha por Lutero se terminó en 1534. Ella contenía los "dudosos" así como los que los autores católicos llaman "apócrifos' y los protestantes "pseudoepigráficos" (menos 1 y 2 Esdras). Estaban en un apéndice al final del AT, con este prefacio: "Apócrifos. Es decir, libros que no son tenidos como iguales con las Sagradas Escrituras, y sin embargo son útiles y buenos para leer". Esta nota existe todavía en muchísimas Biblias, en alemán, editadas dos o tres siglos después del reformador.

El Prof. Bruce M. Metzger se refiere a los apócrifos de esta manera: "No sólo han inspirado homilías, meditaciones y formas litúrgicas, sino que poetas, dramaturgos, compositores y otros artistas se han valido ampliamente de sus temas. Proverbios usuales y nombres familiares se derivan de estos libros" (citado por G. Douglas Young, en Revelation and the Bible [Revelación y la Biblia], [Grand Rapids, Michigan: Baker Book House, 1967], p.185).

Pero reconocer la presencia de algunas enseñanzas moralmente útiles y elevadoras en una obra y, a veces, el relato de ejemplos de lealtad a la voluntad divina, no significa darle una categoría que sólo corresponde con las Escrituras. Sirva de ejemplo un libro difundido en muchos idiomas: El peregrino de Juan Bunyan, extensa alegoría inspirada en los más puros motivos, fiel reflejo, a través de la mentalidad y de los conceptos del autor, de importantes enseñanzas bíblicas referentes a la salvación del hombre por la fe en Cristo. Este libro ha sido, sin duda, un saludable alimento espiritual para muchos; pero nunca ha sido catalogado al mismo nivel que las Sagradas Escrituras, aunque sus páginas le sirvieron de pauta e inspiración.

18.00. Los apócrifos y los códices más antiguos

La presencia de los libros apócrifos en los tres principales códices de la Biblia exige una explicación. Ninguno de ellos es completo, o sea que no contiene los 66 libros "protocanónicos". Sin embargo, juntando el material de los tres tenemos toda la Escritura.

En ninguno de los tres tampoco están todos los libros apócrifos. En el Códice Vaticano (siglo IV d.C.) hay cinco, pero faltan 1 y 2 Macabeos; en el Sinaítico (siglo IV d.C.) también hay cinco, y faltan 2 Macabeos y Baruc; en el Alejandrino (siglo V d.C.) sólo falta Tobit (Tobías). En cuanto al significado de esto último debe destacarse que la inclusión de 4 Macabeos en el Sinaítico y en él Alejandrino, que es un relato ampliado del espantoso martirio y de la muerte sucesiva de siete jóvenes judíos y de su madre, víctimas de la crueldad de Antíoco (2 Macabeos 7: 1-42); y el hecho de que forme parte del Alejandrino I Esdras (denominado Esdras III en la Vulgata) y 2 Esdras (o Esdras el Profeta, o Apocalipsis de Esdras), y la Oración de Manasés así como la inclusión del libro Salmos de Salomón al final del índice, son hechos que demuestran que en los siglos IV y V d.C. existía la costumbre - que hoy nadie emplearía - de colocar dentro de las Escrituras ciertos libros que nunca fueron reconocidos como divinamente inspirados, ni en el canon hebreo ni por ninguna iglesia cristiana a través de los siglos.

Por lo tanto, es natural llegar a la conclusión de que el hecho de que estos libros estén en los códices más importantes descubiertos hasta ahora no es una razón valedera para darles la categoría de libros canónicos.

17.00. Los apócrifos y la Septuaginta (LXX)

Quienes aceptan la canonicidad de estos libros y de las añadiduras a Daniel y Éster, argumentan que se encuentran en la Septuaginta. También existe en muchos la noción de que esta traducción del AT al griego se efectuó en el siglo III a.C. por lo que su antigüedad acrecentaría su valor.

Pero la verdad es que la traducción de la LXX se completó en el siglo I d.C. Así lo confirma la autorizada pluma del jesuita Sebastián Bartina, quien afirma que el proceso de la traducción de los libros hebreos "del canon judío [protocanónicos]" se completó entre la parte final del siglo II a.C. y la primera mitad del siglo I d.C. Según este autor, durante ese lapso de formación de la LXX también se llevó a cabo "la redacción directa en lengua griega de ciertas obras deuterocanónicas [los libros que venimos llamando apócrifos] y apócrifas" (Enciclopedia de la Biblia [Ediciones Garriga], t. VI, columna 612).

Con todo, la mayor o menor antigüedad de esta versión griega no es de importancia decisiva. Lo que sí tiene verdadera trascendencia es que la inclusión de estos libros en la LXX sólo significa que los judíos helenizados de Alejandría (Egipto) tenían un criterio flojo que les permitía poner libros controvertidos junto a los que sí son canónicos por consenso unánime.

No conocemos qué libros incluía la LXX judía helenística, pues sólo nos han llegado manuscritos cristianos de la misma. Es posible que los judíos de Alejandría poseyeran una recopilación de esa versión que los excluyera, o que los incluyera junto con la traducción de los 39 libros hebreos del AT, porque los israelitas consideraban que la traducción de un libro sagrado no era sagrada. La certidumbre de cualquiera de estas posibilidades haría más débil aún el argumento de recurrir a la versión de los LXX para apoyar la canonicidad de los libros apócrifos.

Lo afirmado en el párrafo anterior se comprueba por la presencia en los manuscritos de la LXX de otros libros que hoy día ninguna iglesia cristiana reconoce como canónicos, y son: "I Esdras (denominado III Esra por San Jerónimo), 3 y 4 Macabeos, el Salmo ideográfico de David, los Salmos de Salomón, las Odas de Salomón y la Oración de Manasés" (Luis Gil, catedrático de Filología Griega de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, Id., t. VI, columna 616).

El erudito alemán Alfredo Rahlfs publicó en tres partes (1904, 1907 y 1911) su obra Septuaginta- Studien, que también difundió la Sociedad Bíblica de Stuttgart. En ese amplio comentario, con la excepción de la Oración de Manasés, están incluidos como parte de la LXX todos los otros libros que nadie reconoce como canónicos y que ya enumeramos.

Luis Gil, a quien acabamos de citar, añade a continuación: "Se ha de notar que Job se presenta en la versión griega [la LXX] considerablemente abreviado" (loc. cit.). Apuntamos esto únicamente para que sirva de ejemplo de que no siempre se puede confiar en la exactitud de "la versión griega", pues tiene peculiaridades que crean problemas textuales que no se pueden resolver satisfactoriamente.

También es importante destacar que la práctica rabínica requería abluciones rituales que eran obligatorias para cualquiera que usara los rollos que hoy forman los libros canónicos hebreos. En cambio, esos mismos rabinos enseñaban que ninguna traducción contaminaba las manos. Esta expresión significaba que ellos restaban toda importancia a las traducciones del Texto Sagrado (hebreo o arameo). Por lo tanto, no habrían prestado la debida atención al hecho de que en la Septuaginta - por ser una traducción - se incluyeran libros ajenos al canon bíblico o se hicieran aditamentos en griego a Daniel y a Éster.

16.08. ¿Intercesión de los muertos?

El otro pasaje de evidente importancia doctrinal que corresponde tratar ahora es una narración atribuida a judas Macabeo, en la que cuenta a sus compañeros de armas que había tenido una visión según la cual “el antiguo sumo sacerdote Onías, hombre bueno y excelente, de presencia modesta y carácter amable, de trato digno y dado desde su niñez a la práctica de la virtud, estaba con las manos extendidas, orando por todo el pueblo judío. En seguida apareció otro hombre, que se distinguía por sus cabellos blancos y su dignidad; la majestad que lo rodeaba claramente indicaba que se trataba de un personaje de la más alta autoridad. Onías tomó la palabra y dijo: ‘Este es Jeremías, el profeta de Dios, el amigo de sus hermanos, que ora mucho por el pueblo y por la ciudad santa’. Jeremías extendió la mano derecha, le dio a judas una espada de oro y le dijo: ‘Toma esta espada santa, que Dios te da; con ella destrozarás a los enemigos’ ‘ (cap. 15: 12-17).

Continúa el relato afirmando que de esta manera fueron “reconfortados” los combatientes presididos por el Macabeo, y se sintieron impulsados por un nuevo valor para luchar por su patria.

No sabemos cuánto tiempo había transcurrido desde la muerte del “antiguo sumo sacerdote Onías” hasta el momento cuando Judas contó lo que el autor califica de “una visión digna de crédito” (vers. 11), pero sabemos que el profeta Jeremías desempeñó su ministerio entre los siglos VII y VI a.C. por lo que, en los días de los Macabeos, hacía unos cuatro siglos que había fallecido.

Por lo tanto, con esta “visión” -como se afirma en una nota de la BJ- se da validez a “la intercesión de los muertos” (ed. de 1967, p. 546).

No es de extrañarse que enseñe Ausejo -refiriéndose a “la utilidad de la oración por los difuntos (12:43-46) y la intercesión de los santos (15:12-16)”-que “la importancia doctrinal” de 2 Macabeos “es realmente muy valiosa, por cuanto en él se descubren verdades referentes al más allá, que apenas se vislumbran en los demás escritos del AT” (ed. de 1966, p. 617).

En cuanto al valor que la Iglesia Católica atribuye a este pasaje y al libro de 2 Macabeos, es claro el testimonio de Straubinger cuando afirma: “Vemos aquí señalada la eficacia de la intercesión de los Santos por los que aún somos viadores en la tierra” (Id., p. 1287).

Son diversas las formas rituales que consisten en rezos constantemente repetidos, en los que se recurre a la intercesión ante Dios de la bienaventurada Virgen María o a la de determinados santos.

Todas estas prácticas de culto tienen como origen la creencia que se enseña y difunde -basada en los cap. 12 y 15 de 2 Macabeos- de que los vivos pueden ofrecer sufragios por los difuntos, y éstos, a su vez, pueden interceder por los vivos que les ruegan.

Siglos de historia enseñan que éste es uno de los factores más importantes para oscurecer -y en muchos casos para relegar al olvido- la única obra mediadora reconocida en las Escrituras: la de nuestro Señor Jesucristo, quien constantemente intercede por nosotros.

Juan Calvino (siglo XVI) se ocupó de este tema, y al referirse especialmente a los libros de los Macabeos y otros apócrifos, escribió:

“Citan de un viejo catálogo, llamado canon de la Escritura, que según ellos procede de la determinación de la Iglesia. Pero yo insisto en preguntar en qué concilio se compuso aquel canon. A esto no pueden responder. Aunque también me gustaría saber qué clase de canon es éste, porque en esto no hay acuerdo entre los antiguos. Y si nos atenemos a la autoridad de San Jerónimo, los libros de los Macabeos, de Tobías, el Eclesiástico y otros semejantes se deben tener por apócrifos, en lo cual éstos no pueden en manera alguna consentir” (Institución de la religión cristiana [Países Bajos: Fundación editorial de literatura reformada, 1967], t. II, p. 930).

El lenguaje de Calvino es evidentemente polémico; él estaba en franca pugna con algunas prácticas como éstas.

Los protestantes no se expresan ahora con esta vehemencia. Este contraste se explica, en parte, al recordar que Calvino publicó, por primera vez, su Institución en 1536: a sólo 19 años de 1517 -el año histórico del comienzo de la Reforma, iniciada por Lutero en Wittenberg-, por lo que estaba en todo su calor el motivo que había desencadenado la protesta del monje alemán: la venta de las indulgencias y su aplicación, en muchos casos, como sufragio por los pecados de los difuntos.

El transcurso de casi cinco siglos ha calmado las reacciones de quienes no aceptan esas doctrinas aún vigentes; además, desde hace mucho no se ve la figura de un Tetzel que pregone la eficacia de la compra de beneficios espirituales.

Con todo, sigue en pie el hecho de que el baluarte principal de la creencia en el purgatorio y todo lo que acompaña a esa doctrina, así como la posibilidad de que los difuntos favorezcan a los vivos con su intercesión, se halla en los pasajes que hemos considerado.

16.07. ¿Intercesión por los pecados de los muertos? - II

Si el autor de 2 Macabeos únicamente narrara el sacrificio que mandó efectuar judas Macabeo, podría suponerse que ese valiente caudillo, guiado por un concepto erróneo, ofreció algo ineficaz que se relataba a manera de información, así como se leen en la Biblia varios episodios que se refieren a hechos equivocados.

Pero tal no es el caso con este sacrificio, pues se afirma que judas “hizo una acción noble y justa” y que “su intención era santa y piadosa” (2 Macabeos 12: 43-45).

No es posible suponer que en los días de los Macabeos Dios hubiera dado una nueva revelación como añadidura al sistema ritual mosaico, ordenando que se ofrecieran sacrificios por los pecados de los muertos.

No es lógico imaginarse que el Altísimo dejara pasar más de mil años (período entre Moisés y los Macabeos) sin anunciar la eficacia de esa clase de sacrificios.

Además, habría usado a algún profeta para que comunicara al pueblo escogido esa nueva revelación; pero como ya se indicó, durante el período intertestamentario (unos 400 años separan el AT del NT) “desaparecieron los profetas” (1 Macabeos 9:27), por lo cual los judíos estaban a la expectativa de que “apareciera algún profeta autorizado” (cap. 14: 41).

También corresponde destacar que los autores judíos llamaban a Malaquías “el sello de los profetas”, pues lo consideraban - y siguen considerándolo - como el último de los mensajeros divinamente inspirados del AT.

Los exégetas católicos destacan la importancia doctrinal de este pasaje cuando defienden la enseñanza de que la misa tiene eficacia al aplicarla en sufragio por el alma de un difunto o de varios de ellos; así también tratan de justificar la validez de los responsos o rezos que se repiten en favor de los muertos, o de cualquier indulgencia que puede ganar una persona en este mundo para disminuir el tiempo de la permanencia del difunto en el purgatorio, al cual se aplica el beneficio de la indulgencia.

En el caso de la “indulgencia plenaria” se afirma que su virtud permite que el alma favorecida por ella salga del purgatorio y de sus tormentos, no importa cuanto tiempo le falte permanecer purificándose en él.

Esto se destaca en las notas redactadas por los autores católicos cuando comentan este tema.

En la versión de la Biblia cuya traducción estuvo a cargo de catorce escrituristas católicos presididos por el Dr. Evaristo Martín Nieto, se afirma acerca de este pasaje de 2 Macabeos, que es “el texto bíblico más claro acerca de la existencia del Purgatorio; sólo así puede darse la expiación más allá de la muerte” (ed. de 1964, p.576).

Todavía es más amplio y categórico Roger Le Deaut, director del Séminaire Français de Roma, cuando enseña:

“La creencia en una purificación de las almas después de la muerte, al propio tiempo que la posibilidad concedida a los vivos de ayudar a los difuntos, se halla atestiguada por primera vez en 2 Mac. 12:38-46”.

A continuación explica que la transgresión cometida por los combatientes que estaban bajo las órdenes de judas Macabeo no era “mortal”, pues según el relato ellos murieron “en la piedad” [”piadosamente”, VP] (2 Mac. 12: 45).

Y añade: “por eso, la oración y el sacrificio pueden librarlos de su culpa” (Enciclopedia de la Biblia [Ediciones Garriga], t. V, columna 1352).

Luego continúa el mismo autor:

“El NT no contiene enseñanza directa sobre el purgatorio; pero varios textos se explicarían perfectamente a la luz del segundo libro de los Macabeos” (loc. cit.).

Es difícil exagerar la importancia de esta última afirmación sobre el acto expiatorio hecho por judas Macabeo, la aprobación que le da el autor del relato que lo refiere y la aplicación que se le ha dado para aceptar la creencia en el purgatorio y toda la doctrina - con sus profundas consecuencias - del valor de los sufragios aplicados a los pecados de los difuntos.

Straubinger, citando a Schuster-Holzammer, anota:

“Todo este pasaje es el testimonio más explícito de la existencia de un purgatorio para los que mueren en gracia de Dios, pero no tienen suficientemente pura el alma y de la eficacia de los sacrificios y de las oraciones ofrecidas para su salvación” (El Antiguo Testamento [Buenos Aires: Desclée de Brouwer, 1951], t. III, p. 1284).

Aquí se hace necesario recurrir al fondo histórico de un episodio del siglo XVI y al episodio mismo. Juan de Médicis, hijo del famoso duque Lorenzo de Médicis, destacado protector de las artes y las letras, fue elegido papa en 1513.

Durante su pontificado ordenó la predicación y venta de las indulgencias, pues esperaba reunir los recursos suficientes para llevar a cabo sus grandes obras de embellecimiento de Roma.

Juan Tetzel (1465-1519), dominico alemán, alcanzó celebridad por la forma en que vendía las indulgencias entre los habitantes de su país natal. Esta venta en gran escala fue el origen inmediato o causa desencadenante del movimiento de la Reforma, pues disgustó a Lutero la forma en que se conseguía dinero con la venta de los supuestos beneficios relacionados con los castigos -más allá de la tumba- que correspondían a los pecadores.

La doctrina de la existencia del purgatorio y lo que se puede hacer a favor de las almas sometidas a un fuego purificador, ocupaban un lugar de capital importancia en todo el sistema de las indulgencias. Por eso era natural que estos versículos de 2 Macabeos adquirieran enorme importancia como una prueba en favor de la eficacia de efectuar sufragios por los difuntos.

El pasaje en cuestión implicaba la aceptación del libro donde se encuentra. Y si éste era incluido en el canon, debían incluirse también otros libros controvertidos.

16.06. ¿Intercesión por los pecados de los muertos? - I

En 2 Macabeos hay dos pasajes a los que se reconoce una gran importancia:

(1) en un caso se refiere a la expiación de los pecados dentro del sistema levítico;

(2) en el otro, a las posibilidades que tienen los difuntos de interceder ante Dios.


El primero de ellos se refiere a un relato que dice:

“Judas [Macabeo] reunió su ejército y fue a la ciudad de Adulam. Al acercarse el séptimo día de la semana, se purificaron según su costumbre y celebraron el día de reposo. Y como el tiempo urgía, los soldados de Judas fueron al día siguiente a recoger los cadáveres de los caídos en el combate, para enterrarlos junto a sus parientes en los sepulcros familiares. Pero debajo de la ropa de todos los muertos encontraron objetos consagrados a los ídolos de Jabnia, cosas que la ley no permite que tengan los judíos. Esto puso en claro a todos la causa de su muerte. Todos alabaron al Señor, justo juez, que descubre las cosas ocultas, e hicieron una oración para pedir a Dios que perdonara por completo el pecado que habían cometido. El valiente judas recomendó entonces a todos que se conservaran limpios de pecado, ya que habían visto con sus propios ojos lo sucedido a aquellos que habían caído a causa de su pecado. Después recogió unas dos mil monedas de plata y las envió a Jerusalén, para que se ofreciera un sacrificio por el pecado. Hizo una acción noble y justa, con miras a la resurrección. Si él no hubiera creído en la resurrección de los soldados muertos, hubiera sido innecesario e inútil orar por ellos. Pero, como tenía en cuenta que a los que morían piadosamente les aguardaba una gran recompensa, su intención era santa y piadosa. Por esto hizo ofrecer ese sacrificio por los muertos, para que Dios les perdonara su pecado” (cap. 12: 38- 45).

Si “el valiente Judas” ordenó que se hiciera un sacrificio expiatorio en Jerusalén por los muertos en batalla, y debido a su pecado, entonces nos encontramos frente a un hecho que no tiene paralelo ninguno en toda la Biblia. Esta ofrenda intercesora es algo completamente desconocido, ajeno a todo antecedente en la Palabra Santa.

Dios ordenó diferentes clases de sacrificios por medio de Moisés, los cuales debían ofrecerse de acuerdo a las varias clases de faltas y también según las diversas clases de personas que las cometían: individuos, o la congregación de Israel en conjunto.

En las Sagradas Escrituras se dieron exactas indicaciones en cuanto a esas ofrendas expiatorias.

Se detallan pecados

(1) “por yerro” del “sacerdote ungido” (Lev. 4: 2-12);
(2) de “toda la congregación” (vers. 13-21);
(3) de “un jefe” (vers. 22-26);
(4) de “alguna persona del pueblo” (vers. 27-35).

En los casos de que “alguno... llamado a testificar” no lo hacía (Lev. 5: 1), o que alguien hubiera tocado “cosa inmunda” (vers. 2-3) o que hubiere “jurado a la ligera” (vers. 4) se prescribían los mismos sacrificios y expiaciones (vers. 5-13).

Por “yerro en las cosas santas de Jehová” (vers. 15-16) y por pecado cometido no “a sabiendas”, se ordenaba la misma ofrenda (vers. 17-19).

Después se enumeran pecados más graves: “prevaricación” al robar, calumniar o jurar en falso, que requerían no sólo expiación sino también restitución (Lev. 6:2-7).

El resto del cap. 6 está dedicado a detallar minuciosamente cómo debían efectuarse los holocaustos, ofrendas y sacrificios por “el pecado” y por “la culpa”.

A continuación, la ley “del sacrificio por la culpa” es llamada “cosa muy santa’ (Lev. 7: 1); luego hay otras explicaciones formales siempre referentes a “una misma ley” (vers. 7) para los sacrificios por el pecado y por la culpa (vers. 2-20).

Los cap. 18, 19 y 20 de Levítico están destinados a especificar diversas clases de culpas, denominadas a veces “abominaciones”, que en algunos casos demandaban la muerte del culpable o de los culpables.

La minuciosidad en toda esta enumeración tenía el propósito de mostrar que el Dios Eterno había establecido todo un sistema ritual para que los transgresores pudieran hacer frente al problema del pecado, a fin de que se allegaran al “trono de la gracia” para obtener perdón.

Esta es la razón de las instrucciones y reglamentos exactos y minuciosos para todas las clases de sacrificios expiatorios que debían ofrecerse. Dios tuvo en cuenta personas, tipos de yerros, faltas, pecados, delitos y transgresiones más graves; así como también los días a veces señalados para ofrecerlos.

En todo este amplio sistema no hay una sola alusión a ceremonias o sacrificios de intercesión por los pecados de los muertos.

Sin excepción alguna, todo corresponde con el problema del pecado y las personas vivas. El propio pecador, fuera “jefe” o cualquier ‘persona del pueblo”, debía degollar con su mano la víctima expiatorio (Lev. 4: 22, 24, 27, 29).

El culpable debía demostrar - él y no otro - su arrepentimiento al efectuar lo que ordenaba el ritual de los sacrificios. Asimismo debía depositar su fe en la sangre de una víctima inocente, símbolo adecuado del perfecto Salvador venidero.

Esta realidad excluye toda posibilidad de que fuera eficaz un sacrificio - hecho por mano ajena - para expiar los pecados de los difuntos.

16.05. La popularidad de 2 Macabeos

Todos los que a través de los siglos han creído en el derecho que tienen los pueblos de ser independientes y han apreciado mucho lo que significa la libertad de conciencia, han simpatizado vivamente con los Macabeos, pues esos cinco varones hijos del adón (jefe de comunidad) Matatías se constituyeron en el núcleo de la resistencia de los hasidim, o judíos piadosos, contra el programa de paganización que se trató de imponer en Judea, en el siglo II a. C.

Además de su heroísmo, esos hasidim han dejado bellos ejemplos de fidelidad a sus principios religiosos en medio de largas persecuciones y tormentos.

La forma en que se describe el martirio del anciano Eleazar (segunda mitad del cap. 6) no sólo despierta aversión contra sus torturadores, sino también admiración por ese maestro de la ley que estuvo dispuesto a morir bajo los azotes de un verdugo, "dejando con su muerte, no sólo a los jóvenes sino a la nación entera, un ejemplo de valentía y un recuerdo de virtud" (vers. 31).

Ha alcanzado una difusión mucho mayor el relato registrado en el cap. 7 dedicado al martirio, uno tras otro, de siete hermanos judíos y su piadosa madre.

No se registran los nombres de esos mártires; sin embargo, siglos después, el nombre de "Shamuni" ha sido atribuido a esa mujer, tal como se registra en el "Calendario de mártires" de la Iglesia Siria, preservado en un manuscrito que data de 441 d. C.

La Iglesia Ortodoxa posteriormente escribió en sus libros de liturgia los nombres de los siete hijos. Es evidente que la imaginación ha suplido lo que no consta en ningún documento.

La verdad es que el relato -completamente cierto o no- de la firme lealtad a la voluntad divina demostrada por esos jóvenes hebreos en medio de sus martirios, ha sido a través de los siglos un motivo de inspiración para millones de lectores, tanto cristianos como israelitas.

Más todavía: hasta se ha forjado toda una leyenda acerca de las reliquias de estos mártires. Según esta leyenda, esos restos humanos fueron llevados de Antioquía de Siria a Constantinopla y, posteriormente, a Roma.

Más tarde, durante la Edad Media, surgió una rivalidad entre Roma y la ciudad alemana de Colonia, pues en un convento de esta última -y bajo la advocación de los "Santos Macabeos"-se afirmaba que se conservaban las cabezas de esos testigos de la fe, conservadas en receptáculos de oro.

Todo esto ha ido perdiendo su influencia en nuestro siglo, pero en amplios sectores de la cristiandad existió una gran corriente de simpatía por un libro catalogado como edificante por narrar notables ejemplos de sacrificio en defensa del respeto que se debe a la voluntad divina.

El fondo histórico de los emocionantes relatos que se leen en ambos libros de los Macabeos también es una fuente valiosa de informaciones en cuanto a la situación religiosa de los judíos durante el período intertestamentario, del cual no hay datos procedentes de los cronistas inspirados del pueblo de Israel.

Asimismo es digno de saber que la purificación del templo de Jerusalén -que había sido objeto de profanaciones ordenadas por Antíoco Epífanes- hecha por Judas Macabeo, después de vencer a los opresores en 168 a. C., ha dado lugar a la fiesta hebrea de Hunukkah, llamada "de la dedicación" en Juan 10: 22, y también denominada "fiesta de las luces" debido a la iluminación especial de las sinagogas y los hogares de los judíos en ese día.

Hasta hoy es una gozosa festividad hebrea dedicada al recuerdo de la historia y las leyendas referentes a los Macabeos, restauradores del culto sagrado de Israel.

16.04. 2 Macabeos y lo sobrenatural - II

Otro intento de explicar estos relatos fabulosos es presentado por un autor católico que, refiriéndose a 2 Macabeos, afirma:

"Pertenece a un género literario entonces popular en el mundo helenístico y conocido como 'historia patética', cuyas características consistían en ser una llamada a la imaginación y a las emociones del lector. Discursos apasionados, lenguaje lleno de fuerza, números enormes, contrastes imaginados, estilo florido; todo forma parte del género y es típico de 2 Macabeos. La intención de conmover al lector y los medios empleados se aceptan como convenciones literarias. Por consiguiente, el autor de 2 Macabeos intenta extraer el significado de los acontecimientos que relata, pero descuida los detalles que exigiría una ciencia histórica. Cronológicamente, cede a la experiencia oratoria y el orador se reserva el derecho de elegir y de engrandecer ciertos aspectos. 'El auxilio que viene del cielo' (1 Mac. 16: 3) adopta aquí la forma de manifestaciones celestiales (2 Mac. 3: 24-26; 10: 29; 11: 8; cf. 12: 22; 15: 11-16). La aparición de dioses venidos en ayuda de los guerreros en la batalla era un rasgo corriente en la historia patética; el autor judío sencillamente sustituye los dioses con ángeles" (Wilfrid J. Harrington, traducción de José María Ruiz y Antonio Parapar, Iniciación a la Biblia [Santander: Sal Terrae, 1967], p. 479).

Acerca de este tipo de narraciones inverosímiles, refiriéndose a 2 Macabeos, tenemos los siguientes comentarios:

"Las manifestaciones divinas . . . entran de lleno en el género patético. Este es el género que preferían ciertos historiadores helenistas, tales como Teopompo de Chíos [o Khíos], Clitarco de Alejandría, Filarco de Naucratis. En tales escritos se ponía de relieve la intervención visible de Dios en el curso de los acontecimientos, complaciéndose en narrar apariciones maravillosas. Se conocen libros enteros escritos con este propósito, como el que lleva por título En torno a la aparición de Júpiter, de Filarco, o Apariciones de Apolo, de Itros de Pafo" (Profesores de Salamanca, Biblia comentada [Madrid: BAC, 1961], t. III, p. 1023-1024).

"Pensemos en un auto sacramental barroco con bastante tramoya y aparato escénico; algo así sería nuestro libro [2 Macabeos en clave narrativa" (Nueva Biblia española para latinoamericanos [Madrid: Ediciones Cristiandad, 1976], p. 673).

"En la escena tienen cabida algunos personajes sobrenaturales, como presencia de la divinidad; también necesitan signos emblemáticos, pero no necesitan nombre; son funciones escénicas, no copias de una realidad" (loc. cit.).

Posiblemente en esa época, las "convenciones literarias", propias de la llamada "historia patética", no resultaban chocantes para los judíos de Alejandría, helenizados. En cambio -y a pesar de que Judas Macabeo y sus valientes hermanos se destacan como magníficos guerreros en la historia hebrea- los escrituristas de Palestina, aunque sin duda cautivados por los relatos de las hazañas referentes a los héroes y paladines de su pueblo, no pudieron menos que reconocer la diferencia entre este libro y los 39 que ellos aceptaron como canónicos.

Hay otro pasaje que llama la atención, aunque en él no hay nada que pueda atribuirse a una intervención sobrenatural que pudiera llamarse exótica. Es el relato de la forma en que murió "Razis" ("Razías" o "Racías" en las demás versiones castellanas que contienen estos libros), "uno de los ancianos de Jerusalén".

Resulta francamente inverosímil que un anciano, después de volver "su espada contra sí mismo" todavía pudiera correr animosamente "hacia lo alto de la muralla" para lanzarse "sobre la tropa" atacante; y que después "todavía respirando, lleno de ardor a pesar de estar gravemente herido, se levantó bañado en sangre, pasó corriendo por entre la tropa, se colocó sobre una alta roca y, casi completamente desangrado, se arrancó las entrañas y, tomándolas con las dos manos, las arrojó sobre la tropa, pidiendo al Señor de la vida que algún día se las devolviera. De este modo murió" (cap. 14: 37, 41-46).

No sólo se trata de algo increíble para un ser humano en las condiciones en que estaba Razis, sino que resulta desconcertante que se ensalce un suicidio (ver. 42).

16.03. 2 Macabeos y lo sobrenatural - I

Es evidente que Jasón de Cirene aceptó con gusto como verídicos algunos relatos asombrosos que indudablemente circulaban en esa época (siglos II y I a. C.) entre los judíos helenizados del noreste del África, y posiblemente en otros círculos hebreos de la Diáspora.

En el resumen de la obra de Jasón - el único elemento de juicio de que disponemos - hay pasajes que comprueban lo que acabamos de afirmar. En este libro se describen varios episodios donde se narran sucesos de orden sobrenatural que presentamos a continuación.

(1) El primero refiere el caso de Heliodoro, funcionario de los crueles y rapaces gobernantes seléucidas opresores de Israel, que decidió confiscar el tesoro del templo de Jerusalén por orden del rey. "Pero cuando él y sus acompañantes se encontraban ya junto al tesoro, el Señor de los espíritus y de todo poder se manifestó con gran majestad, de modo que a todos los que se habían atrevido a entrar los aterró el poder de Dios, y quedaron sin fuerzas ni valor. Pues se les apareció un caballo, ricamente adornado y montado por un jinete terrible, que levantando los cascos delanteros se lanzó con violencia contra Heliodoro. El jinete vestía una armadura de oro. Aparecieron también dos jóvenes de extraordinaria fuerza y gran belleza, magníficamente vestidos. Se colocaron uno a cada lado de Heliodoro, y sin parar lo azotaron descargando golpes sobre él. Heliodoro cayó inmediatamente a tierra sin ver absolutamente nada" (cap. 3:24-27).

En relación con este suceso se cuenta después que "el sumo sacerdote temeroso de que el rey sospechara que los judíos habían atentado contra la vida de Heliodoro, ofreció un sacrificio por su curación. Y al ofrecer el sumo sacerdote el sacrificio por el pecado, los mismos, jóvenes, vestidos con las mismas vestiduras, se aparecieron nuevamente a Heliodoro, se pusieron de pie junto a él y le dijeron: 'Da muchas gracias al sumo sacerdote Onías; por su oración, el Señor te perdona la vida' " (vers. 32-33).

(2) De acuerdo con el segundo episodio, "por aquel tiempo, Antíoco se preparaba para su segunda expedición contra Egipto. Entonces, durante casi cuarenta días, aparecieron en toda la ciudad jinetes con armadura de oro, armados y organizados en escuadrones, que corrían por el aire con las espadas desenvainadas; compañías de caballería en orden de batalla, con ataques y asaltos de una y otra parte, con agitar de escudos y con lanzas innumerables, tiros de flechas, relampaguear de armaduras de oro y corazas de todo tipo. Todos pedían a Dios que estas visiones anunciaran algo bueno" (cap. 5: 1-4).

(3) La tercera de las narraciones de esta índole refiere que estando los judíos "en lo más recio de la batalla, los enemigos vieron en el cielo a cinco hombres majestuosos, montados en caballos con frenos de oro, que, poniéndose a la cabeza de los judíos, se colocaron alrededor de Macabeo, y lo protegían con sus armas y lo defendían para que nadie lo hiriera. También lanzaban flechas y rayos sobre los enemigos, que, ciegos y aturdidos, se dispersaron en gran desorden" (cap. 10: 29-30).

(4) El cuarto relato es el que cuenta la forma en que Judas Macabeo animaba a los suyos para que lucharan contra el ejército de Lisias, gobernante impuesto por los opresores seléucidas.

A fin de que se aumentara el valor de los que combatían por la causa hebrea, "estando todavía cerca de Jerusalén, se apareció, a la cabeza de la tropa, un jinete vestido de blanco, agitando unas armas de oro. Entonces todos alabaron a Dios misericordioso, y tan fortalecidos se sintieron en su ánimo que estaban dispuestos a atacar no sólo a los hombres, sino a las fieras más salvajes y a murallas de hierro" (cap. 11: 8-9).


Todas estas apariciones providenciales de jinetes revestidos de oro; esas flechas y esos rayos, a los que evidentemente se atribuye un origen sobrenatural y que se lanzan para aniquilar a los enemigos del pueblo escogido; esas invencibles armas de oro que parecen salir del arsenal divino para defender al Macabeo, paladín de Israel; el despliegue de esplendor sobrehumano de los personajes, hacen que el lector se pregunte en cuanto a la autenticidad y la verdadera fuente de estas narraciones.

Una respuesta lógica tal vez se halle en las afirmaciones de origen católico, las cuales forman parte de la nota introductoria de 2 Macabeos en una de las nuevas versiones castellanas de la Biblia que llevan el imprimatur. Allí se dice que ese libro "hace frecuentes referencias a epifanías [apariciones de origen celestial] divinas, especialmente en los momentos críticos de la batalla, o a modo de presagio de los hechos futuros. Indudablemente [2 Macabeos], se encuentra en este punto mucho más cerca de la mayor parte de la literatura religiosa del próximo Oriente, y especialmente del mundo helenístico, que del mismo AT. Epifanías como las de los cap. 5:2; 10:29; 11: 8, etc., recuerdan mucho la intervención de los dióscuros y otros seres celestes de la literatura helenística" (Sagrada Biblia de Francisco Cantera Burgos y Manuel Iglesias González [Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1975], p. 1049).

16.02. El autor de 2 Macabeos

Debido a la trascendencia de este libro es necesario aclarar algo en cuanto a su autor. No se conoce su nombre, pero debe de haber sido un judío cuyo "estilo . . . es el de los escritores helenísticos" (BJ, p. 546), que tuvo como principal propósito narrar las hazañas bélicas de Judas Macabeo, héroe nacional de Israel y máximo caudillo de los "guerrilleros" judíos del siglo II a. C.

Para hacerlo se valió de la obra de cierto "Jasón de Cirene" (2 Macabeos 2: 19, 23).

Acerca de Jasón se dice: "se trata probablemente de un judío culto, originario de la ciudad de Cirene, en el norte de África, y que debió escribir allí, o en Alejandría, una obra amplia de cinco volúmenes sobre las actividades bélicas y religiosas de los Macabeos, la cual sirvió de base al autor del libro canónico de los Macabeos, cuya obra se presenta como epítome del extenso original.

"Fuera de este dato suministrado por el abreviador no se sabe nada más de Jasón de Cirene.

"No hay por qué suponer que tal obra fue inspirada, ya que no lo son los documentos escritos ni las fuentes orales de que han podido servirse los autores sagrados. La obra inspirada que forma parte del canon es el libro segundo de los Macabeos en razón precisamente de los juicios que el autor inspirado emite acerca de los datos que le proporcionó la historia de Jasón ... Jasón debió escribir en griego, porque 2 Mac. no alude a tarea alguna de traducción" (César Wau, en Enciclopedia de la Biblia, [Barcelona: Ediciones Garriga, 1963], t. IV, columnas 304-305).

De acuerdo con sus propias palabras, el autor del resumen que conocemos como 2 Macabeos se esforzó "por ofrecer entretenimiento a los que leen por el solo gusto de leer; facilidad a los que quieren aprender de memoria y, en fin, utilidad a todos los que lean este libro" (cap. 2: 25).

Acerca de la forma en que escribió, él mismo nos informa: "Al autor original de una historia le corresponde profundizar en la materia, tratar extensamente los temas, descender a los detalles; pero el que hace un resumen debe ser breve en la expresión y no tratar de hacer una exposición completa de los hechos. Comencemos, pues, nuestra narración, sin añadir más cosas a lo que ya hemos dicho; porque sería absurdo alargarnos en la introducción y luego acortar la historia misma" (vers. 30-32, VP).

Adviértase que este escritor -aquí y en todo su libro-, nunca afirma que está movido por la inspiración de origen divino o que ha recibido una revelación celestial. Tampoco es portavoz de algún profeta o profetas, o del Todopoderoso, pues escribió su obra en el siglo II o I a. C., o sea en pleno período intertestamentario durante el cual -cuatro siglos- no hubo ninguna nueva revelación o instrucción de Dios para su pueblo escogido mediante alguno de sus mensajeros.

Este último hecho está confirmado en 1 Macabeos, donde, al referirse al momento histórico posterior a la muerte de Judas Macabeo, se dice: "Fue un tiempo de grandes sufrimientos para Israel, como no se había visto desde que desaparecieron los profetas" (cap. 9: 27). En otro pasaje de 1 Macabeos, al enumerar los poderes de gobernante civil y religioso dados a Simón (hermano de Judas), se advierte que esa autoridad le iba a corresponder "hasta que apareciera un profeta autorizado" (cap. 14: 41).

Dentro del ambiente peculiar de las Sagradas Escrituras no concuerdan con los motivos que impulsaron al autor de 2 Macabeos al redactar su obra. En la introducción de ese libro -ya se dijo- se ofrece "entretenimiento" a quienes "leen por el solo gusto de leer".

Sus palabras finales también lo muestran como un escritor completamente despreocupado de no ser portavoz del Autor de la Revelación; tampoco dice nada en cuanto a la fidelidad de sus narraciones.

En cambio se manifiesta interesado en haber agradado a sus lectores, pues concluye diciendo: "Yo termino aquí mi narración. Si está bien escrita y ordenada, esto fue lo que me propuse. Si es mediocre y sin valor, sólo es lo que pude hacer. Así como no es agradable beber vino ni agua solos, en tanto que beber vino mezclado con agua es sabroso y agradable al gusto, del mismo modo, en una obra literaria, la variedad del estilo agrada a los oídos de los lectores. Y con esto termino mi relato" (cap. 15: 37-39).

Hay una diferencia abismal entre esta forma de expresarse y la que emplean los autores de los libros que forman el canon hebreo, o sea los 39 llamados "protocanónicos" por los teólogos y escritores católicos.

16.01. Un personaje importante en 1 y 2 Macabeos

El principal personaje siniestro de los dos libros de los Macabeos es el rey tirano Antíoco IV Epífanes, que significa "ilustre".

Reinó de 175-163 a.C., y fue enemigo acérrimo de los judíos, cruel perseguidor del pueblo escogido y tenaz adversario de las leyes y del sistema de culto mosaico.

En estos dos libros hay tres pasajes en los que se relata la forma en que murió Antíoco.

Las tres narraciones son completamente diferentes -especialmente la segunda, que resulta única- y son contradictorias entre sí. En el primer relato (1 Macabeos 6: 8-16, VP) se narra que el rey quedo profundamente apesadumbrado por las malas noticias que le llegaban, "tanto que se enfermó de tristeza y cayó en cama, pues no le habían salido las cosas como él quería. Así estuvo muchos días, continuamente atacado de una profunda tristeza, y hasta pensó que iba a morir" (vers. 8-9).

A continuación se cuenta cómo reconoció que había procedido mal al saquear la ciudad de Jerusalén y "exterminar a todos los habitantes de Judea sin ningún motivo " (vers. 12). Por eso se dice que murió "de terrible tristeza" (vers. 13), después de haber tomado sus últimas disposiciones. En el segundo relato (2 Macabeos 1: 13-16) se refiere que Antíoco trató de apoderarse de las riquezas del templo de la diosa Nanea. Sin embargo, los sacerdotes de ese santuario encerraron a Antíoco y a sus acompañantes en el templo.

El relato continúa de esta manera: "Entonces abrieron una ventana secreta que había en el techo, y a pedradas mataron al rey y a sus amigos. Luego les cortaron la cabeza, los brazos y las piernas, y los echaron a los que estaban fuera" (vers. 16). El autor de 2 Macabeos añade con regocijo: "¡Bendito sea siempre nuestro DIOS que entregó a los impíos a la muerte!" (vers. 17).

En la tercera versión (2 Macabeos 9: 1-29) se refiere que "el Señor Dios de Israel, que todo lo ve, lo castigó con un mal incurable e invisible: . . . le vino un dolor de vientre que con nada se le pasaba, y un fuerte cólico le atacó los intestinos. Esto fue un justo castigo para quien, con tantas y tan refinadas torturas, había atormentado en el vientre a los demás" (vers. 5-6).

A continuación se dice que "comenzó a moderar su enorme arrogancia y a entrar en razón" (vers. 11). Se añade que "entonces este criminal empezó a suplicar al Señor; pero Dios ya no tendría misericordia de él" (vers. 13).

Después figura una supuesta carta conciliatoria que Antíoco dirigió a los judíos. Sigue la narración de esta manera: "Así pues, este asesino, que injuriaba a Dios, terminó su vida con una muerte horrible, lejos de su patria y entre montañas, en medio de atroces sufrimientos, como los que él había hecho sufrir a otros".

Concluye con un detalle que parece ser histórico: "Filipo, su amigo íntimo, transportó el cadáver; pero, como no se fiaba del hijo de Antíoco, se refugió en Egipto, junto al rey Tolomeo Filométor" (vers. 28-29).

Debe destacarse que dos de estos relatos -segundo y tercero- aunque son diametralmente opuestos, están en el mismo libro.

Surgen las preguntas: ¿Cómo puede un solo autor describir de dos maneras tan diferentes un acontecimiento tan importante como es la muerte del enemigo máximo de su pueblo? ¿O se trata acaso de dos versiones dispares incluidas por un imperdonable descuido? ¿Cómo hacer concordar estos relatos discrepantes? Los escrituristas católicos -aunque no lo expresen explícitamente- reconocen que este problema no tiene solución lógica. Aún no han encontrado una respuesta válida. Sólo dan algunas explicaciones o consideraciones que no resuelven esta dificultad.

En la introducción de la BJ a los libros de los Macabeos se reconoce, en cuanto a 2 Macabeos, que en este documento la "intención religiosa se sobrepone al cuidado por la exactitud histórica"; y se añade: "El autor utiliza para su propósito documentos y relatos, sin garantizar con ello su veracidad. La muerte de Antíoco Epífanes se refiere en forma diferente en [2 Mac.] 1: 13-16 y en 9: 1-29 (que se acerca más a 1 Mac. 6: 1-13" (ed. de 1967, p. 546).

En esta misma introducción también se destaca un serio anacronismo: En 2 Macabeos la muerte de Antíoco se sitúa antes de la purificación del templo de Jerusalén, realizada por Judas Macabeo (2 Macabeos 10: 1-8); pero en 1 Macabeos se coloca la muerte del perseguidor después de esa purificación (1 Macabeos 4: 36-59).

Esta extraña divergencia de los tres relatos mencionados y el evidente anacronismo, sin contar las diversas narraciones de un cariz sobrenatural insólito en la Biblia se encuentran precisamente en 2 Macabeos, libro que contiene dos dificultades de orden doctrinal de verdadera importancia:

(1) la supuesta validez de los sufragios presentados en favor de los muertos y

(2) la hipotética eficacia de la intercesión de los difuntos ante Dios, como abogados de los vivos.

15.00. Enseñanzas extrañas

En estos libros hay una cantidad de enseñanzas que son contrarias a los principios bíblicos. Estas discordancias han sido señaladas desde hace varios siglos por los que han estudiado detenidamente este tema.

(1) En el libro de Tobit se afirma que "dar limosna salva de la muerte y purifica de todo pecado" (cap. 12: 9, VP). Esta afirmación se repite en el Eclesiástico: "El dar limosnas consigue el perdón de los pecados" (cap. 3: 30).

Asegurar que las limosnas logran el perdón de los pecados es ir contra una clara enseñanza de las Sagradas Escrituras. Más aún: la enseñanza de que el ser humano puede ganar su salvación o merecerla mediante sus propias obras -siempre incompletas, imperfectas y no siempre debidamente motivadas-, es una doctrinas de origen pagano.

(2) En la parte añadida del cap. 3 de Daniel se cuenta que Azarías, que junto con los otros dos jóvenes hebreos había sido arrojado en un horno por orden de Nabucodonosor, dijo en su oración: "Actualmente no tenemos ni rey ni profeta ni jefe, ni holocausto ni sacrificio ni ofrenda, ni incienso ni lugar donde ofrecerte los primeros frutos y encontrar tu misericordia" (vers. 38).

Lo que dijo Azarías corresponde con la realidad de ese momento excepto que no tenían "profeta", pues en ese tiempo el profeta Ezequiel estaba con los cautivos en Babilonia y Jeremías con los pocos que habían quedado en Palestina. El pueblo de Israel estuvo sin profeta, pero fue durante el período llamado "intertestamentario" cuando, según los eruditos en la materia, se escribieron estas adiciones al libro de Daniel, "entre los años 80 y 50 a.C." (Daniel Hammerly Dupuy, Características de los libros apócrifos [Naña, Perú: CESU], P.20).

Es oportuno destacar aquí que las adiciones en griego al libro de Ester, según los especialistas en el tema, fueron escritas entre los años 180 y 145 a.C. (Id., p.21).

(3) Refiriéndose al autor del libro de Sabiduría, comenta Ausejo: "Extraordinario mérito suyo es el haber sabido aprovecharse de las ideas platónicos sobre la distinción del alma y del cuerpo para resolver definitivamente el gran problema que tanto torturó a los 'sabios' de Israel: el problema de la retribución de ultratumba" (op.cit., p.793-794).

Recurrir a las "ideas platónicas" para distinguir entre los conceptos de "alma" y "cuerpo", es colocarse en el terreno falible y nebuloso de las especulaciones de la filosofía pagana -en este caso la griega- que influyó durante varios siglos en el pensamiento de los maestros judíos de Alejandría, foco de la cultura helenística de la época.

(4) En Sabiduría 10:1-4 se enseña que la sabiduría protegió al primer hombre que fue creado ( se refiere indudablemente a Adán). Después se presenta a Caín sin mencionar su nombre (la VP y La nueva Biblia Latinoamérica sí lo mencionan; otras versiones católicas no, pero hacen una clara alusión a él). Se hace referencia a su fratricidio, y luego se añade que cuando "por su causa [de Caín]" (vers. 4, BJ)¹ vino el diluvio, la sabiduría nuevamente salvó a los hombres mediante el justo Noé.

Esto no armoniza con el relato de Génesis 6: 5-7 donde se describe el grado de maldad generalizada al cual llegaron casi todos los antediluvianos. Esa corrupción total colmó la medida de la perversión humana y atrajo la retribución divina.

Si bien es cierto que en el Génesis no se dice la edad que alcanzó Caín, el primer homicida tuvo que haber muerto varios siglos antes del diluvio, si se toma como pauta la longevidad que alcanzaron los patriarcas, según Génesis cap. 5. Por lo tanto, su crimen no pudo haber sido la causa que desencadenó esa catástrofe de alcance mundial. Si la piedad de los descendientes de Set hubiera prevalecido sobre la impiedad de los descendientes de Caín y, sobre todo, si no se hubieran entrelazado ambas descendencias mediante funestas uniones matrimoniales (Génesis 6: 1-4), muy diferente habría sido la condición moral de los antediluvianos, especialmente en el caso de los pertenecientes al linaje de los diez patriarcas, cuyo último representante fue Noé. Resulta, pues, opuesta al relato bíblico la aseveración de que el pecado de Caín produjo el diluvio.
Diversos comentadores han destacado esta discordancia.

(5) Aarón, el hermano mayor de Moisés, es llamado "hombre irreprochable" (Sabiduría 18: 21). Será suficiente recordar el desventurado episodio del becerro de oro (Éxodo 32; Deuteronomio 9) para mostrar que Aarón estuvo lejos de merecer que se lo llamara "irreprochable".

(6) En Eclesiástico hay una enseñanza que dice: "Cuando hagas el bien, fíjate a quién . . . Haz un favor al bueno, y obtendrás recompensa . . . Dios aborrece a los malvados y les dará su castigo. Debes dar al bueno, pero no al malvado" (cap. 12: 1-2, 67, VP).

La doctrina de Cristo enseña: "Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos" (Mateo 5:44-45).

(7) También en Eclesiástico se enseña: "Al burro, pasto, palos y carga; y al esclavo pan, corrección y trabajo. Da trabajo a tu esclavo, para que no busque el descanso; si levanta la cabeza, se rebelará contra ti. Con yugo y riendas se doblega una bestia, y con duros castigos al mal esclavo" (cap. 33: 25-27).

Enseñar que el esclavo "no busque el descanso" es lo opuesto a lo que enseña el cuarto mandamiento,² tal como se presenta en la repetición del Decálogo: "Para que descanse tu siervo y tu sierva como tú" (Deuteronomio 5:14). Y en este pasaje la revelación divina añade: "Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido ; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo" (vers. 15).

Es cierto que el descanso sabático obedece a una conmemoración del día cuando Dios "reposó de toda la obra que hizo [en la creación]" (Génesis 2: 2), o si se prefiere otra traducción, "En él cesó Dios de toda la tarea creadora que había realizado" (BJ); acontecimiento señalado por Dios cuando promulgó su ley en el Sinaí (Éxodo 20: 11). Este descanso semanal es para toda la humanidad; pero también -de un modo especial para los israelitas- debía ser una ocasión para que recordaran que habían estado esclavizados y que debían dar el debido descanso a sus siervos.

Durante muchos siglos los paganos se habían caracterizado por los castigos -a veces durísimos- con que sancionaban a sus esclavos. En este sentido ha llegado a ser proverbial la crueldad de los romanos. Muy diferente es la enseñanza bíblica.

Pablo exhortaba a los cristianos de sus días: "Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos" (Colosenses 4: 1). También es notable la forma en que el apóstol razona con Filemón respecto a Onésimo, esclavo prófugo de éste: "Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor" (Filemón 15-16).

(8) También se lee en Eclesiástico: "De la ropa sale la polilla, y de la mujer sale la maldad de la mujer" (Eclesiástico 42: 13). Esto es creer que existe generación espontánea.

La Biblia no es un libro de ciencia, pero tampoco apoya los conceptos científicos de los tiempos en que fue escrita, muchos de los cuales sabemos que son erróneos.

(9) Una plegaria muy extraña se registra en Baruc 3: 4. "Señor omnipotente, Dios de Israel, escucha la oración de los muertos de Israel" (BJ). En la VP se lee: "Escucha las súplicas de los israelitas condenados a muerte".

Sin embargo todas las versiones de origen católico (como la BJ, NC, BC, Straubinger, Ausejo, Nieto, Torres Amat, El libro del pueblo de Dios, La nueva Biblia Latinoamérica), traducen: "súplica de los muertos", "plegarias de los muertos" u "oración de los muertos".

Más de un comentador ha señalado esto como otro ejemplo de una aseveración que no concuerda con el conjunto de las enseñanzas de las Escrituras, donde no hay ni la más mínima mención de oraciones elevadas a Dios por los muertos. Por eso un erudito escriturista, Edward J. Young, refiriéndose a este extraño pasaje y a otros que se encuentran en los libros apócrifos, concluye afirmando que "en algunos casos discrepan de la verdad divinamente revelada" y añade, "por lo tanto nunca fueron incorporados en el canon judío" (Revelation and the Bible [El Apocalipsis y la Biblia], [Grand Rapids: Baker Book House, 1967], p. 167).

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¹ Esta cita es de la BJ porque en Dios habla hoy se lee "por culpa del hombre". Esta versión no concuerda con ninguna de las traducciones castellanas de origen católico que contienen los libros controvertidos. Desde las más antiguas (como Torres Amat) hasta las más recientes, traducen este pasaje dándole el sentido que le da la BJ. La excepción podría ser La nueva Biblia Latinoamérica, que resulta ambigua.

² Cuarto según la forma de dividir el Decálogo hecha por Orígenes de Alejandría; tercero, de acuerdo con la división propiciada por Agustín de Hipona.

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