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Maaser

Sustantivo Masculino

"décima parte", "diezmo"*
32 veces




(1) Génesis 14:20
y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.

(2) Levítico 27:30
Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová.

(3) Levítico 27:31
Y si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de su precio por ello.

(4) Levítico 27:32
Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová.

(5) Números 18:21
Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión.

(6) Números 18:24
Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad.

(7, 8, 9) Números 18:26
Así hablarás a los levitas, y les dirás: Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida a Jehová el diezmo de los diezmos.

(10) Números 18:28
Así ofreceréis también vosotros ofrenda a Jehová de todos vuestros diezmos que recibáis de los hijos de Israel; y daréis de ellos la ofrenda de Jehová al sacerdote Aarón.

(11) Deuteronomio 12:6
Y allí llevaréis vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de vuestras manos, vuestros votos, vuestras ofrendas voluntarias, y las primicias de vuestras vacas y de vuestras ovejas;

(12) Deuteronomio 12:11
Y al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para poner en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, las ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido de los votos que hubiereis prometido a Jehová.

(13) Deuteronomio 12:17
Ni comerás en tus poblaciones el diezmo de tu grano, de tu vino o de tu aceite, ni las primicias de tus vacas, ni de tus ovejas, ni los votos que prometieres, ni las ofrendas voluntarias, ni las ofrendas elevadas de tus manos;

(14) Deuteronomio 14:23
Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para poner allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días.

(15) Deuteronomio 14:28
Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades.

(16, 17) Deuteronomio 26:12
Cuando acabes de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda; y comerán en tus aldeas, y se saciarán.

(18) 2 Crónicas 31:5
Y cuando este edicto fue divulgado, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra; trajeron asimismo en abundancia los diezmos de todas las cosas.

(19, 20) 2 Crónicas 31:6
También los hijos de Israel y de Judá, que habitaban en las ciudades de Judá, dieron del mismo modo los diezmos de las vacas y de las ovejas; y trajeron los diezmos de lo santificado, de las cosas que habían prometido a Jehová su Dios, y los depositaron en montones.

(21) 2 Crónicas 31:12
Y en ellas depositaron las primicias y los diezmos y las cosas consagradas, fielmente; y dieron cargo de ello al levita Conanías, el principal, y Simei su hermano fue el segundo.

(22) Nehemías 10:37
que traeríamos también las primicias de nuestras masas, y nuestras ofrendas, y del fruto de todo árbol, y del vino y del aceite, para los sacerdotes, a las cámaras de la casa de nuestro Dios, y el diezmo de nuestra tierra para los levitas; y que los levitas recibirían las décimas de nuestras labores en todas las ciudades;

(23, 24) Nehemías 10:38
y que estaría el sacerdote hijo de Aarón con los levitas, cuando los levitas recibiesen el diezmo; y que los levitas llevarían el diezmo del diezmo a la casa de nuestro Dios, a las cámaras de la casa del tesoro.

(25) Nehemías 12:44
En aquel día fueron puestos varones sobre las cámaras de los tesoros, de las ofrendas, de las primicias y de los diezmos, para recoger en ellas, de los ejidos de las ciudades, las porciones legales para los sacerdotes y levitas; porque era grande el gozo de Judá con respecto a los sacerdotes y levitas que servían.

(26) Nehemías 13:5
y le había hecho una gran cámara, en la cual guardaban antes las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del grano, del vino y del aceite, que estaba mandado dar a los levitas, a los cantores y a los porteros, y la ofrenda de los sacerdotes.

(27) Nehemías 13:12
Y todo Judá trajo el diezmo del grano, del vino y del aceite, a los almacenes.

(28) Ezequiel 45:11
El efa y el bato serán de una misma medida: que el bato tenga la décima parte del homer, y la décima parte del homer el efa; la medida de ellos será según el homer.

(29) Ezequiel 45:14
La ordenanza para el aceite será que ofreceréis un bato de aceite, que es la décima parte de un coro; diez batos harán un homer; porque diez batos son un homer.

(30) Amós 4:4
Id a Bet-el, y prevaricad; aumentad en Gilgal la rebelión, y traed de mañana vuestros sacrificios, y vuestros diezmos cada tres días.

(31) Malaquías 3:8
¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.

(32) Malaquías 3:10
Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.


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* El diezmo, de una u otra forma, era practicado entre diversos pueblos de la antigüedad, tanto para propósitos religiosos como seculares, y por los adoradores del verdadero Dios en una época muy temprana.

Una vez que el hombre pecó, fue sentenciado a ganar su sustento mediante el sudor de su frente (Génesis 3:17-19), con el peligro de que dijera en su corazón: "Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza" (Deut. 8:17), cuando en realidad era Dios quien se los daba para conseguirlos (vers. 18).  De acuerdo con ello, cuando los israelitas estaban por entrar en Canaán, Dios les advirtió que al obtener cierto grado de prosperidad debían ser cuidadosos en no olvidarlo (vers. 7-11;  cf. Rom. 1:19-21).  Devolviendo el diezmo, el hombre reconoce que es un mayordomo de Dios, el dueño de todo.

El Señor no necesita el apoyo financiero del hombre, porque de él es el mundo y su plenitud (véase Sal. 50:10-12).  Pero el hombre, particularmente en su estado pecaminoso, tiene una necesidad urgente y constante de recordar que Dios es la fuente de "toda buena dádiva y todo don perfecto" (Stg. 1:17).

Aun antes de la entrada del pecado, el peligro del olvido estaba latente en el carácter del hombre, y Dios le prohibió comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal como una prueba para él 
(Gén. 2:17); lo reclamó como suyo.  Porque con la obediencia este mandato, Adán y Eva reconocían que Dios era el dueño del hermoso hogar confiado a su cuidado.  Dios le dio a Adán el dominio sobre todo el mundo y sobre todas las formas de vida sobre él (1:28), pero retuvo para sí este solo árbol como señal de que era el Señor de todo.  Así, el separar la décima parte de las ganancias es un reconocimiento de la misma verdad eterna.



Que Abrahán entregara los diezmos a Melquisedec como sacerdote de Dios (Gén. 14:18-20), quien al bendecir a Abrahán lo llamara siervo "del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra" (vers. 19), demuestra que quienes adoraban al verdadero Dios comprendieron desde muy temprano el principio de la devolución del diezmo.

Jacob prometió dedicar "un décimo" a Dios (Gén. 28:22). La práctica del diezmo se incorporó al código levítico en el monte Sinaí, cuando Dios explicó a Moisés que "el diezmo de la tierra... es cosa dedicada a Jehová" (Lev. 27:30), y que el "diezmo de vacas o de ovejas" también lo es (vers. 32).

Y se hizo una provisión: "Si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte" (vers. 31).  Algunos han interpretado esto como un permiso para retener temporariamente del diezmo para uso personal, sujeto al pago de una multa del 20% cuando se lo devuelva finalmente.  El contexto, sin embargo, deja muy en claro que esa no era la intención de esta regla (cf. vers. 33).

Esa generosa provisión, que permitía al hombre cambiar -nunca retener- una clase de semillas "de la tierra como del fruto de los árboles" (Lv. 27:30; si era necesario, por ejemplo, como semilla para la siguiente cosecha), estaba decretada para evitar infligir penurias a los agricultores.  No había necesidad de la misma exención en el caso de los animales de los rebaños (vers. 32, 33).



Bajo el sistema levítico, Dios ordenó que los diezmos de Israel se dedicaran al sostén de los levitas (Núm. 18:24), en vista de que éstos no habían recibido territorio como herencia, y con el fin de que pudieran emplear todo su tiempo a ministrar en el templo y a instruir a la gente acerca de la ley de Dios (Núm. 18:21; cf. 1 Cor. 9:13; Deut. 25:4).  Los levitas, a su vez, devolvían un diezmo de lo que ellos recibían del pueblo (Núm. 18:26-28).

El diezmo de Deut. 14:23-29 (cf 12:5-11, 17-19), consistente en productos del suelo, del rebaño y del ganado, y que podía ser "comido delante de Jehová" en compañía de los levitas, de los pobres y de otros invitados, era aparentemente un 2º diezmo.

El diezmo se debía calcular cada año (14:22).  Los que vivían a gran distancia del templo y tendrían dificultades para llevarlo en especies, debían cambiarlo por dinero (vers. 24, 25).  Se hacía provisión para que cada 3er año el diezmo se usara para los levitas y los pobres (Deut. 14:28; cf. Amós 4:4).

La negligencia en la devolución del diezmo condujo a Ezequías a estimular al pueblo a no descuidar su deber (2 Crón. 31:4-12).  Su respuesta fue tan entusiasta que fue necesario preparar lugar adicional en el templo para almacenar los diezmos  que traía el pueblo (vers. 10, 11).

El 2º templo también tuvo almacenes para ello (Neh.10:38; 13:10-14; cf. Mal. 3:10).

El profeta Malaquías reprendió la tendencia de Israel al descuido en la devolución del diezmo (Mal. 3:8-11). Retenerlo, dijo, es robar a Dios, y caer bajo una maldición.  Inversamente, sobre los que fielmente lo devuelven, Dios promete abrir "las ventanas de los cielos" y derramar "bendición hasta que sobreabunde" (vers. 10).



El mandato de devolver el diezmo no fue repetido explícitamente por ningún escritor del NT.  Pero en vista de que Abrahán, como algo normal, lo devolvió siglos antes de la  formación del código levítico, y que su principio estaba implícito aun antes que el hombre pecara, es evidente que el deber y la práctica del diezmo existía mucho antes del sistema levítico, y no era exclusivo de él.  Por lo tanto, la obligación no fue puesta a un lado automáticamente cuando el código levítico caducó en la cruz.

La amonestación de nuestro Señor en Mat. 23:23 constituye una aprobación tácita, aunque no un mandato explícito.  Ni Cristo ni ningún escritor del NT disminuyó en lo más mínimo la obligación de devolver el diezmo.  Jesús claramente no estaba en contra de su práctica, sino contra el espíritu hipócrita de los escribas y los fariseos, cuya religión consistía principalmente en la observancia escrupulosa de las formas exteriores de la ley; en este caso, de la ley del diezmo.  El principio también está tácitamente aprobado por el autor de Hebreos (véase 7:8).