DANIEL ALEJANDRO FLORES

4.09. EL TESTIMONIO DE CRISTO Y LOS APÓSTOLES - I

Cristo no sólo testificó de la existencia de la triple división de la Biblia Hebrea (Luc. 24:44) sino también de que conocía el orden de sucesión de los libros.

El orden de los libros en la Biblia hebrea es muy diferente del de nuestras Biblias modernas. De acuerdo con la triple división de la Biblia Hebrea, la sección Escritos viene al final, con los dos libros de Crónicas (uno en el canon hebreo) al fin del Antiguo Testamento.

Cuando Jesús dijo a los fariseos que se les pediría cuenta por los crímenes cometidos “desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo” (Luc. 11:51; cf. Mat. 23:35), hizo referencia a Abel, el primer mártir, mencionado en el primer libro de la Biblia (Gén. 4:8) y a Zacarías, cuyo martirio se describe en el último libro de la Biblia hebrea (2 Crón. 24:20-22).

Si Jesús hubiera mencionado la palabra “hasta” en un sentido cronológico, habría mencionado al profeta Urías que fue muerto por Joacim más de un siglo después de Zacarías (Jer. 26: 20-23). La declaración de Cristo proporciona pues una clara evidencia de que en sus días el orden de la Biblia hebrea ya estaba firmemente establecido.

Que Zacarías sea llamado el “hijo de Berequías” en Mat. 23:35, pero “hijo” de “Joiada” en 2 Crón. 24:20, no debiera explicarse - como lo hacen algunos comentadores - como resultado de la confusión de Mateo, o de algún copista posterior, con el profeta “Zacarías hijo de Berequías”, que vivió siglos después en el tiempo de Darío I (Zac. 1:1). Joiada, padre de Zacarías, puede haber tenido un segundo nombre, como lo tenían muchos judíos, o Berequías puede haber sido el abuelo materno de Zacarías o bien su verdadero padre y Joiada el abuelo más famoso. La palabra “hijo”, con el significado de “nieto”, era común en la usanza hebrea (ver 2 Rey. 9:2, 20).

Cualquiera sea la interpretación correcta de esta aparente dificultad, los comentadores desde Jerónimo en adelante casi unánimemente han reconocido en el Zacarías mencionado por Jesús al hombre de 2 Crón. 24:20.

4.08. DESDE LOS MACABEOS HASTA CRISTO

En el siglo II AC, el rey seléucida Antíoco Epífanes procuró helenizar a los judíos y aplastar su espíritu nacionalista. Eliminó sus ritos religiosos, cambió sus formas de vida y trató de destruir su literatura sagrada.

Después de una descripción de los esfuerzos hechos en ese tiempo para introducir ritos paganos, 1 Mac. 1:56, 57 dice lo siguiente acerca de este punto:


“Rompían y echaban al fuego los libros de la Ley que podían hallar. Al que encontraban con un ejemplar de la Alianza en su poder, o bien descubrían que observaba los preceptos de la Ley, le condenaban a muerte en virtud del decreto real” (traducción de la BJ).


Fue probablemente durante este período, mientras estaba prohibida la lectura de los libros del Pentateuco, cuando comenzó la práctica de leer en los servicios religiosos pasajes de los profetas en lugar de pasajes de la ley. Estos pasajes de los libros proféticos fueron llamados más tarde haftarot, y se leían en relación con secciones de la ley tan pronto como se levantaron las restricciones (cf. Luc. 4:16, 17; Hech. 13:15, 27).


Muchos libros se salvaron de la destrucción durante ese período de desgracia nacional, cuando toda la vida religiosa de los judíos estuvo en peligro. La tradición judía sostiene que la preservación de muchos libros se debió al valor y a los esfuerzos de Judas Macabeo. En el segundo libro de los Macabeos, escrito en los comienzos del siglo I AC, se declara que Judas Macabeo “reunió todos los libros dispersos a causa de la guerra que sufrimos, los cuales están en nuestras manos” (2 Mac. 2:14).


Por el año 132 AC, el nieto de Jesús Ben Sirá tradujo al griego la obra hebrea de su abuelo, llamada Eclesiástico. Le añadió un prólogo histórico en el cual se menciona tres veces la triple división del canon del Antiguo Testamento.


Por este tiempo también se escribió el libro apócrifo primero de los Macabeos. En él se cita el libro de los Salmos (1 Mac. 7:17). Daniel es mencionado (1 Mac. 2: 60), así como sus tres amigos, junto con Abrahán, José, Josué, David, Elías y otros antiguos varones de Dios. Aquí se tiene la impresión clara de que el autor de 1 Macabeos consideraba el libro de donde recibió la información acerca de Daniel como una de las obras antiguas, y no como una nueva adición del siglo de los Macabeos, como lo pretende la alta crítica.


El primer testimonio de la expresión “Escritura” usada para designar ciertas partes de la Biblia es la Carta de Aristeas. (secciones 155 y 168 de Apocrypha and Pseudepigrapha, de Charles, t. 2.) Esa carta fue escrita posiblemente entre 96 y 63 AC. Ese término, usado regularmente por los últimos escritores del Nuevo Testamento al referirse a los libros del Antiguo Testamento, es empleado por Aristeas para designar el Pentateuco.

4.07. La Septuaginta (LXX)

La traducción de la Septuaginta fue preparada por los judíos de habla griega de Egipto, pero pronto alcanzó una circulación considerable entre los judíos que estaban ampliamente dispersos.

Las fuentes para conocer su origen están en:
(1) La reputada Carta de Aristeas, escrita posiblemente entre 96 y 63 AC;

(2) Una declaración de Filón, filósofo judío alejandrino del tiempo de Cristo (Filón, Vida de Moisés II. 5-7),

(3) Los libros de Josefo, escritos poco después (Antigüedades xii. 2; Contra Apión II. 4).

En estas obras se narra un relato legendario en cuanto a la traducción del Pentateuco por 72 eruditos judíos, en 72 días, durante el reinado del rey Tolomeo II de Egipto (285-247 AC). El relato nos dice que esos hombres trabajaron independientemente, pero produjeron 72 ejemplares de una traducción en la cual concordaba cada palabra, lo que mostraba que su traducción había sido realizada bajo la inspiración del Espíritu Santo.

Aunque este relato fue urdido con el propósito de conseguir una pronta aceptación de la traducción griega entre los judíos y de colocarla en pie de igualdad con el texto hebreo, fuera de duda contiene algunos hechos históricos. Uno de ellos es que la traducción comenzó con el Pentateuco y que se llevó a cabo bajo Tolomeo II. No se sabe cuándo se completó la traducción de todo el Antiguo Testamento. Esto puede haber sucedido en el siglo III AC o a comienzos del siglo II.

Sin embargo, la Septuaginta completa es mencionada por el traductor del Eclesiástico de Jesús Ben Sirá, en el prólogo que añadió a este libro apócrifo. El prólogo fue escrito por el año 132 AC, y se refiere a la Biblia griega como algo que ya existía. Al hacer referencia al libro del Eclesiástico, o Sabiduría de Jesús Ben Sirá, que fue compuesto en hebreo por el año 180 AC, vale la pena señalar de paso que su autor tenía acceso a la mayoría de los libros del Antiguo Testamento. Esto se advierte porque cita, o se refiere, a 19 de los 24 libros de la Biblia hebrea.

4.06. ENTRE NEHEMÍAS Y LOS MACABEOS

Apenas si hay registros existentes de la historia de los judíos durante los siglos IV y III AC. Sólo se conocen dos registros de este período que tengan alguna relación con la historia de la Biblia:

(1) La tradición de la visita de Alejandro a Jerusalén y
(2) la preparación de la traducción griega del Antiguo Testamento hecha en Egipto y llamada la Septuaginta (generalmente se abrevia LXX).

De acuerdo con Josefo, la visita de Alejandro a Jerusalén se efectuó después de la caída de Gaza, en noviembre del año 332 AC.

Según el relato, cuando fue a castigar a los judíos por haber rehusado ayudarle con tropas en su guerra contra los persas, fuera de las murallas de Jerusalén vino a su encuentro una procesión de sacerdotes presididos por el sumo sacerdote Jadúa. Se dice que entonces el rey fue llevado al templo, donde se le dio la oportunidad de ofrecer sacrificios y se le mostró, en el libro de Daniel, que uno de los griegos - presumiblemente Alejandro - estaba designado por las profecías divinas para destruir el imperio persa. Esto complació tanto a Alejandro que confirió favores a los judíos (Josefo, Antigüedades, xi. 8. 4, 5).

El relato, tal como lo presenta Josefo, ha sido considerado como ficticio por la mayoría de los eruditos. Su aceptación requeriría la existencia del libro de Daniel en el tiempo de Alejandro Magno, al paso que ellos sostienen que el libro no fue escrito antes del período de los Macabeos, en el siglo II AC.

Sin embargo, hay abundantes evidencias internas a favor de la verdad de este relato. Si es verdadero, el relato proporciona una prueba más de que los judíos no sólo poseían el libro de Daniel sino que también estudiaban las profecías que contenía.

4.05. EN EL TIEMPO DE ESDRAS / NEHEMÍAS - II

El historiador judío Josefo es otro escritor que coloca la terminación del canon del Antiguo Testamento en el tiempo de Esdras y Nehemías. Poco después de la caída de Jerusalén, en 70 DC, Josefo hizo la siguiente declaración importante:
“Desde el imperio de Artajerjes hasta nuestra época, todos los sucesos se han puesto por escrito; pero no merecen tanta autoridad y fe como los libros mencionados anteriormente, pues ya no hubo una sucesión exacta de profetas. Esto evidencia por qué tenemos en tanta veneración a nuestros libros. A pesar de los siglos transcurridos, nadie se ha atrevido a agregarles nada, o quitarles o cambiarles” (Josefo, Contra Apión, i. 8)

Esta declaración muestra que los judíos en el tiempo de Cristo estaban convencidos de que el canon había sido fijado en el tiempo de Esdras y Nehemías, que trabajaron bajo Artajerjes I.

Los judíos estaban mal dispuestos a anular esa decisión, o a añadir a las Escrituras tales como habían sido fijadas 500 años antes, especialmente porque nadie claramente reconocido como profeta se había levantado desde los días de Malaquías.
La importante declaración de Josefo concuerda bien con las observaciones que puede hacer el lector cuidadoso en el mismo Antiguo Testamento. Los últimos libros históricos - Crónicas, Esdras, Nehemías y Ester -, por ejemplo, consignan la historia de Israel hasta el período que sigue al exilio.
Las Crónicas y su continuación, Esdras-Nehemías, registran acontecimientos que sucedieron durante los siglos VI y V, pero no después.
Por lo tanto, la redacción del Antiguo Testamento, tal como lo conocemos ahora, se debe haber completado hacia el fin del siglo V AC, pues la continuación posterior de la historia no fue añadida al registro anterior. Ni aun se preservó junto con las Escrituras canónicas. Por consiguiente, debe haber estado cerrado el canon.

4.04. EN EL TIEMPO DE ESDRAS / NEHEMÍAS - I

En los libros del Antiguo Testamento que fueron escritos después del exilio, tales como los de Esdras y Nehemías, se hace referencia, ya sea por nombre o por alguna cita, a varios de los libros más antiguos de la Biblia.
También se habla de ciertos libros que han sido incorporados parcialmente a los libros de las Escrituras posteriores al exilio, o se han perdido.
Los 5 libros de Moisés - bajo los nombres de “libros de Moisés”, “ley de Jehová”, “libro de la ley de Jehová”, etc.- aparecen mencionados 7 veces en 1 y 2 de Crónicas; 17 veces en Esdras y Nehemías y una vez en Malaquías.

Que el libro de la ley (torah) era considerado como inspirado y “canónico” en el siglo V AC, se ve por la gran reverencia que mostraba el pueblo cuando era abierto el libro (Neh. 8: 5, 6). Parecería que la expresión “libro de la ley” (torah) abarcara más que el “Pentateuco”, pues el mismo término es usado una vez por Jesús al referirse a los Salmos, cuando introduce citas de Sal. 35: 19 y 69: 4 con las palabras: “escrita en su ley” (Juan 15:25).

Muchos libros de origen anterior al exilio sobrevivieron a la destrucción de Jerusalén y al cautiverio de Babilonia. Esto se ve porque Daniel usó el libro de Jeremías durante el exilio de Babilonia (Dan. 9:2) y porque unos 20 libros diferentes se mencionan en los libros de Crónicas ya sea como habiendo proporcionado el material original para el contenido de esa obra, o como libros donde podía conseguirse información adicional acerca de muchos puntos que sólo fueron tocados superficialmente en las Crónicas.
El cronista posterior al exilio (2 Crón. 36:22) se refirió a muchos libros, tales como “el libro de las crónicas de Samuel vidente” (1 Crón. 29:29) las “crónicas” o “libros del profeta Natán” (1 Crón. 29:29; 2 Crón. 9: 29) y “la historia de lado profeta” (2 Crón. 13: 22).

La tradición judía indica que Esdras y Nehemías tuvieron una parte evidente en la colección de los libros sagrados.
El apócrifo segundo libro de los Macabeos, escrito durante los comienzos del siglo I AC, contiene una carta supuestamente escrita por los judíos palestinos y Judas Macabeo al filósofo, judío Aristóbulo y a otros judíos de Egipto (2 Mac. 1:10). Esta carta se refiere a “los archivos y ... Memorias del tiempo de Nehemías” y declara también que Nehemías fundó “una biblioteca” y “reunió los libros referentes a los reyes y a los profetas, los de David” (2 Mac. 2:13, traducción de la BJ).

4.03. ANTES DEL EXILIO EN BABILONIA

El origen de muchos de los libros del Antiguo Testamento, tomados por separado, puede rastrearse yendo hacia sus autores. (Trataré de la paternidad literária de cada livro más adelante.) Sin embargo, no hay información disponible en cuanto a colecciones más grandes de los libros del Antiguo Testamento antes del exilio en Babilonia. Las referencias preexílicas a los libros bíblicos aluden al Pentateuco.

Dios advirtió a Josué que “nunca se apartará de tu boca este libro de la ley” (Jos. 1:8), y Josué, el sucesor de Moisés, animó al pueblo a “hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés” (cap. 23:6). También celebró una gran reunión donde públicamente se leyeron instrucciones del “libro de la ley” (cap. 8:34).

David también conocía el Pentateuco y trató de vivir de acuerdo con sus preceptos, como se puede deducir por el consejo que dio a su hijo Salomón, de que guardara los estatutos, mandamientos, decretos y testimonios del Señor “de la manera que está escrito en la ley de Moisés” (1 Rey. 2:3).

También el rey Amasías de Judá recibió alabanza por seguir ciertos requisitos como estaban escritos “en el libro de la ley de Moisés” (2 Rey. 14:6).

Estos aislados testimonios de la Biblia muestran que el Pentateuco era conocido desde el tiempo de Moisés hasta el período de los reyes de Judá. Sin embargo, hubo tiempos, especialmente durante el reinado de reyes impíos, cuando apenas si eran conocidas las Escrituras y, por así decirlo, tuvieron que ser redescubiertas.

Por ejemplo, esto sucedió en el tiempo del rey Josías, cuando durante la reparación del templo, fue encontrado “el libro de la ley” y leído, y sus requisitos fueron puestos en práctica una vez más (2 Rey. 22:8 a 23:24).

4.02. DIVISIÓN ANTIGUA Y MODERNA DEL ANTIGUO TESTAMENTO

La expresión “canon del Antiguo Testamento” sencillamente significa los 39 libros del Antiguo Testamento aceptados por los protestantes que fueron escritos por profetas, historiadores y poetas inspirados en tiempos precristianos.

La división actual en tres secciones - históricos, poéticos y proféticos - que contiene 39 libros, se ha originado en las traducciones griegas y latinas de la Biblia donde se halla tal división.

El Antiguo Testamento hebreo consistía en 24 libros, que eran divididos en las siguientes tres divisiones principales:


1. La ley (torah) que contiene los cinco libros de Moisés, o Pentateuco.
2. Los profetas (nebi’im) subdivididos en:

(a) Cuatro “anteriores”, Josué, Jueces, (1 y 2) Samuel y (1 y 2) Reyes, y
(b) Cuatro “posteriores”, Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores en un solo libro.

3. Los escritos (ketubim), constituidos por los once libros restantes, de los cuales Esdras, Nehemías y 1 y 2 de Crónicas forman cada uno un solo libro.

La triple división del Antiguo Testamento hebreo en el tiempo de Cristo es confirmada por sus propias palabras: “Era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en [1] la ley de Moisés, en [2] los profetas y en [3] los salmos [el primer libro de la tercera división]” (Luc. 24: 44).

4.01. El Canon

La palabra canon fue usada por los griegos para designar una regla investida de autoridad. El apóstol Pablo usa la palabra en ese sentido en Gálatas 6: 16.

Desde el siglo II en adelante, continuamente se recurrió a la regla de las enseñanzas cristianas con frases como “canon de la iglesia”, el “canon de la verdad”, o el “canon de la fe” (ver Brooke Foss Westcott, History of the Canon, 7ª ed., pág. 514).

Orígenes (185?-254?), uno de los padres de la iglesia, usó por primera vez la palabra canon para designar la colección de los libros de la Biblia reconocida como una regla de fe y práctica. Dijo que “nadie debiera usar para probar la doctrina libros no incluidos entre las Escrituras canonizadas” (Commentary on Matt., sec. 28).

Atanasio (293?-373 DC) luego llamó “canon” a toda la colección de libros sancionados por la iglesia, y éste es el significado con el cual se introdujo la palabra en el lenguaje de la iglesia (Westcott, History of the Canon, págs. 518, 519).

4.00. LA HISTORIA DEL CANON DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Una comprensión correcta de la historia de la Biblia y de la colección de sus libros no sólo es de gran interés para el lector de la Palabra de Dios sino que es necesaria para refutar las falsas denuncias de los que están influidos en su pensamiento por la alta crítica.

Puesto que a veces se ha afirmado que la colección de los libros del Antiguo Testamento fue hecha poco antes del ministerio de Jesucristo, o en el concilio judío de Jamnia, después de la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70 DC, es necesario conocer los hechos para ver la falacia de tales afirmaciones.

3.06. MANUSCRITOS EXISTENTES DEL TEXTO MASORÉTICO

Con la excepción de los rollos Mar Muerto, todos nuestros manuscritos más antiguos de la Biblia hebrea son de la parte final del período masorético.

Probablemente el más antiguo es una copia del Pentateuco, del siglo IX, que está en el Museo Británico. Sin embargo, la fecha no es completamente segura puesto que se la ha establecido a base del estilo de su escritura.

El manuscrito de la Biblia hebrea conceptuado como más antiguo es una copia de los “profetas posteriores”; está en Leningrado y fue escrito en 916 DC.

Otras copias famosas de la Biblia hebrea son el Códice Laudiano de Oxford, del siglo X, contiene casi todo el Antiguo Testamento, y el Códice Ben Aser de Alepo, también del siglo X, el que lamentablemente fue dañado durante un motín antijudío en 1948*.

Otros manuscritos antiguos de la Biblia hebrea fueron encontrados en una sinagoga del Cairo, donde habían escapado a la destrucción. La mayor parte de ellos están ahora en colecciones rusas y en la biblioteca de la Universidad de Cambridge, Inglaterra.

La razón de la escasez de antiguos manuscritos de la Biblia hebrea es una ley judía que prohibe el uso de Biblias desgastadas y arruinadas. Tenían que ser enterradas o destruidas de otra manera para evitar cualquier profanación del divino nombre de Dios que contenían. Por lo tanto, si un manuscrito envejecía y se desgastaba, era puesto en un cuarto de la sinagoga, llamado geniza, para ser destruido después. Hasta ahora sólo se ha encontrado una geniza que contuviera manuscritos antiguos; la del Cairo.

Hasta donde sepamos, se han perdido todos los otros manuscritos bíblicos del primer milenio de la era cristiana. Sin embargo, el extremo cuidado con que fueron escritos los manuscritos por los escribas judíos es una garantía de la exactitud de las copias existentes de la Biblia. El descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto que ha proporcionado textos que son mil años más antiguos que las copias más antiguas de la Biblia hebrea conocidas hasta entonces, ha demostrado que el texto del Antiguo Testamento nos ha sido transmitido prácticamente en la misma forma como lo conoció Cristo.
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* El Códice fue recuperado de entre las ruinas de la sinagoga de Alepo (1948), fue escondido por varios años y luego enviado a Israel y se conserva en el Instituto Ben-Zví de Jerusalén. Aproximadamente la cuarta parte de sus páginas fueron destruidas. Sólo se han conservado 11 páginas del Pentateuco (Deut. 26:37 - 34:12), más una página del Génesis, secretamente fotografiada en el siglo XIX, y publicada en 1887.

3.05. LA OBRA DE LOS MASORETAS

Los eruditos judíos de los primeros cinco siglos de la era cristiana completaron la tarea de dividir el texto de la Biblia en párrafos, grandes y pequeños, tal como se encuentran todavía hoy en los textos de la Biblia hebrea. Estas divisiones no se debieran confundir con los capítulos y versículos que se encuentran en nuestro Antiguo Testamento en castellano, que son de un origen posterior.

Los rabinos judíos también introdujeron una cantidad de marcas diacríticas para señalar la ubicación de pasajes difíciles que se explicaban en sus escritos. Puesto que no existen manuscritos de la Biblia escritos durante este período, nuestra información acerca de la obra de estos eruditos judíos en lo que atañe a la Biblia hebrea procede del Talmud.

Aproximadamente desde el año 500 D.C., los eruditos judíos que perpetuaron la tradición concerniente al texto del Antiguo Testamento han sido llamados masoretas, de Masora, el término técnico hebreo para la “tradición remota en cuanto a la forma correcta del texto de las Escrituras”. Estos hombres se esforzaron por asegurar la transmisión exacta del texto a las generaciones futuras y consignaron los resultados de sus labores en monografías y en anotaciones hechas a la Biblia.

Puesto que el hebreo había sido una lengua muerta durante siglos - reemplazada completamente por el arameo como lengua viva - existía el peligro de que su pronunciación se perdiera enteramente con el correr del tiempo. Por esa razón los masoretas inventaron un sistema de signos vocálicos que se añadieron a las consonantes hebreas. Así se simplificó la lectura de la Biblia hebrea y se garantizó la conservación de la pronunciación que existía entonces. Sin embargo, no debiera pasarse por alto que la pronunciación conocida a través del texto común de la Biblia hebrea es la de los masoretas del siglo VII de la era cristiana que, como lo sabemos ahora, varía algo de la del período del Antiguo Testamento.

Los masoretas también inventaron dos complicados sistemas de acentos, uno para los libros en prosa y otro para los Salmos y Job. Los acentos consisten en mucho signos diferentes añadidos al texto con el propósito de indicar los diversos matices de pronunciación y énfasis.

Cada vez que los masoretas creyeron que algo debía leerse en forma diferente de la que estaba escrita en el texto, colocaron en el margen los cambios sugeridos, pero no cambiaron el texto mismo.

Un ejemplo es la lectura del nombre de Dios - que consiste en las cuatro consonantes hebreas YHWH (llamado el tetragrámaton) - que probablemente se pronunciaba Yahwéh en la antigüedad. Pero durante siglos lo judíos piadosos, temiendo profanar el nombre santo, no lo habían pronunciado. En cambio, cuando llegaban a la palabra YHWH, decían ‘Adonai: Señor.
Los masoretas fieles a su principio de no cambiar las Escrituras, dejaron las cuatro consonante hebreas YHWH cada vez que las encontraron, pero les añadieron las vocales de la palabra ‘Adonai. Por lo tanto, cada lector judío experto al llegar a esta palabra, leía ‘Adonai, aunque sólo estaban las vocales de la palabra ‘adonai añadidas a las consonantes YHWH. Puesto que los cristianos de la primera época de la Reforma no conocía la práctica explicada, se limitaron a transliterar como Jehová el divino nombre de Dios.

Los masoretas establecieron, además, reglas detalladas y exactas que debían aplicarse en la producción de nuevas copias de la Biblia. Nada se dejó a la decisión de lo escribas, ni el largo de las líneas y columnas, ni el color de la tinta a emplearse. Se contaban las palabras de cada libro y se fijaba la palabra que quedaba a la mitad a fin de poder comprobar la exactitud de las nuevas copias. Al final de cada libro se añadía una nota que daba la cantidad total de palabras contenida en el libro, que decía cuál era la palabra que estaba en la mitad y que además daba otras informaciones estadísticas.

3.04. LOS MANUSCRITOS DEL MAR MUERTO - III

Durante los primeros años después de su descubrimiento, los eruditos entablaron una acalorada batalla en torno a su autenticidad y a su edad; pero ya hace mucho que se han silenciado las voces de la duda.

Cuando los arqueólogos profesionales encontraron en sus exploraciones y excavaciones la misma clase de rollos descubiertos anteriormente por los beduinos, se tornó sumamente claro, aun para los incrédulos más recalcitrantes, que los rollos del Mar Muerto no eran un producto de falsificaciones modernas o medievales, sino auténticos manuscritos antiguos.

Se acepta en general que los Manuscritos del Mar Muerto fueron escritos durante un período comprendido entre el siglo III AC y el siglo I D.C.

Los manuscritos encontrados en otras zonas ya mencionadas proceden de los siglos I y II D.C.

Estos descubrimientos han puesto a nuestra disposición manuscritos bíblicos que tienen una antigüedad de mil años más que los textos bíblicos hebreos conocidos antes del descubrimiento de esos rollos.

Esto reviste una gran importancia porque nos ha proporcionado muestras de todos los libros del Antiguo Testamento, menos uno, en la forma como existían durante la época del ministerio de Cristo. En otras palabras, ahora sabemos cómo era la Biblia de los tiempos de Cristo.

Hemos descubierto que su texto contiene tan sólo escasas diferencias con el texto que nuestros traductores modernos han utilizado. Aunque los Manuscritos del Mar Muerto contienen numerosas variantes lingüísticas, tales como variaciones en la ortografía o en formas gramaticales, estas diferencias son tan insignificantes que difícilmente se aprecian en las distintas traducciones hechas de esos rollos si se compara su texto con el de traducciones hechas a partir de otras fuentes.

En esta forma los rollos dan un testimonio elocuente de la fiel transmisión del texto de la Biblia hebrea a lo largo de los siglos cuando la Biblia se copiaba a mano. El descubrimiento de los Manuscritos del Mar Muerto nos ha proporcionado una prueba de que en el Antiguo Testamento todavía poseemos la Biblia de Jesucristo en la misma forma que él conocía y que recomendó.

3.03. LOS MANUSCRITOS DEL MAR MUERTO - II

Khirbet Qumran, unas ruinas ubicadas en las proximidades de la primera caverna, yacen cerca de la desembocadura del Wadi Qumran, que entra en el mar Muerto a unos trece kilómetros al sur de Jericó.

Cuando se excavaron esas ruinas, se descubrió que había existido allí la parte principal de una comunidad constituida por una secta judía sumamente estricta, probablemente los esenios. Las excavaciones arrojaron mucha luz acerca de la vida de la secta, cuyos miembros habían sido los propietarios de los rollos encontrados en el vecindario. En esta especie de monasterio los miembros de la secta trabajaban, comían, llevaban a cabo sus rituales religiosos y adoraban juntos a su Dios, aunque vivían en las cavernas circundantes.

Los edificios de Qumran fueron destruidos en la primera guerra entre los judíos y los romanos (años 66-76 DC). Probablemente los miembros de esa secta perecieron en esos años, porque a partir de entonces el grupo desapareció. Al parecer muchos de los rollos fueron ocultados en las cavernas ante la amenaza de destrucción. Los dueños nunca regresaron en busca de ese material.

Los manuscritos encontrados son de naturaleza variada.

En la primera caverna se encontró una copia completa y otra incompleta del libro de Isaías, una parte de un comentario sobre Habacuc y fragmentos del Génesis, Deuteronomio, Jueces y Daniel - todos escritos en el estilo de la escritura hebrea utilizada después del exilio en Babilonia - y fragmentos del Levítico en escritura preexílica.

En otras cavernas se encontraron grandes porciones de los Salmos, Samuel y Levítico. Con el tiempo se descubrieron en estas cavernas fragmentos de todos los libros del Antiguo Testamento, con excepción de Ester. Otros libros hebreos representados por los rollos y fragmentos son obras apócrifas y seudoepigráficas que ya se conocían, libros de naturaleza sectaria desconocidos hasta entonces y algunas obras de carácter secular. La escritura usada en estas obras es consonántica, puesto que en esa época los hebreos todavía no usaban las vocales.

El estudio de estos rollos ha originado una nueva rama de las ciencias bíblicas. Aún hoy, décadas después del descubrimiento de la primera caverna de Qumran, no han sido publicados todos los manuscritos descubiertos. Sin embargo los artículos y libros que tratan de los rollos del Mar Muerto se cuentan por miles, y la bibliografía correspondiente al material que se ha publicado ya constituye varios volúmenes. Una revista erudita, la Revue de Qumran, se dedica exclusivamente al estudio de estos rollos. Esto constituye una muestra del interés que los eruditos y especialistas en los asuntos bíblicos tienen en los rollos del Mar Muerto.

3.02. LOS MANUSCRITOS DEL MAR MUERTO - I

Antes de 1947, el manuscrito de la Biblia hebrea más antiguo conocido era un fragmento de hoja de papiro que contiene el Decálogo y las palabras de Deut. 6:4, 5. Este documento, llamado el "Papiro Nash", proviene aproximadamente del año 100 AC, y fue hasta 1947 unos mil años más antiguo que cualquier otro manuscrito conocido de la Biblia hebrea.

En 1947 se efectuó el mayor descubrimiento de manuscritos bíblicos de los tiempos modernos, cuando algunos beduinos hallaron varios rollos de cuero y fragmentos en una cueva cerca de la orilla noroeste del mar Muerto. Puesto que nunca antes se habían encontrado rollos tales, sus propietarios árabes tuvieron algunas dificultades para venderlos. Los compradores temían que pudieran ser falsificaciones.

Sin embargo, finalmente una parte de los rollos llegó a manos del Prof. E. L. Sukenik de la Universidad Hebrea y una parte quedó en posesión del monasterio sirio de Jerusalén. El Dr. John C. Trever, que entonces era director interino de la Escuela Norteamericana de Investigaciones Orientales de Jerusalén, fue el primer erudito que reconoció su antigüedad, y llamó la atención de los expertos norteamericanos para que estudiaran los rollos.

En la primavera de 1948, cuando las primeras noticias de su descubrimiento llegaron al mundo occidental, los Manuscritos del Mar Muerto inflamaron la imaginación de cristianos y judíos por igual, en una forma como no lo había logrado ningún otro descubrimiento arqueológico desde los días del descubrimiento de la tumba inviolada del rey Tutankamón en Egipto, unos 25 años antes.

Se inició una activa búsqueda para encontrar nuevos rollos cuando se comprendió que el clima seco del desierto de Judea había preservado materiales antiguos perecederos, tales como rollos de piel, los que se habrían desintegrado ya hace mucho en otros lugares de la Tierra Santa debido a los inviernos húmedos. No tardaron en descubrirse nuevas cavernas que contenían rollos y miles de fragmentos de rollos.

En la zona de Qumran, donde se descubrió la primera caverna, posteriormente algunos beduinos y arqueólogos encontraron otras once cavernas que contenían manuscritos.
Este material, ha sido denominado Rollos de Qumran, pero la expresión "Manuscritos del Mar Muerto" incluye, además, los que proceden de otras zonas del desierto de Judea, cerca del mar Muerto. Parte de este material se encontró en el Wadi Murabba'at, en el sureste de Belén, otra parte se descubrió en el Wadi Hever, y otra parte procedió de las excavaciones de las ruinas de la fortaleza judía de Massada, destruida por los romanos en el año 73 DC.

3.01. ANTIGUO MATERIAL DE ESCRITURA

Los antiguos usaban diferentes clases de materiales de escritura, tales como arcilla, tablillas de madera, pedacitos de piedra caliza o fragmentos de alfarería, cueros curtidos de animales, o papiros. El último material mencionado, precursor de nuestro papel moderno, se hacía de la planta del papiro que crece en pantanos. Para los documentos más largos, probablemente éste fue el material de escritura más antiguo usado en Egipto. Puesto que los primeros libros de la Biblia han sido escritos en rollos de papiro, corresponde dar una explicación de este material de escritura.

El tallo de la planta de papiro se cortaba en tiras angostas, de unos 22 a 25 cm de largo. Las tiras eran colocadas a lo largo, lado a lado, y una segunda capa era pegada transversalmente sobre ella mediante presión. Las hojas que así se producían eran martilladas y frotadas con piedra pómez para que quedara una superficie pareja y lisa. Las hojas, que generalmente no medían más de unos 65 cm2, eran pegadas en forma de rollos que no medían más de unos 10 m, aunque se conocen rollos mucho más largos; el famoso papiro Harris, del Museo Británico, tiene unos 50 m de largo. Generalmente se escribía sólo sobre la capa horizontal (anverso), pero ocasionalmente también sobre la capa vertical (reverso).

Los papiros escritos más antiguos conocidos proceden de la quinta dinastía egipcia, que ha sido ubicada en la mitad del tercer milenio antes de Cristo. Egipto era un país que producía mucho papiro y exportaba grandes cantidades de este material de escritura. Puesto que Moisés, el autor de los primeros libros de la Biblia, había recibido su educación en Egipto y escribió en las proximidades de Egipto, es posible que los primeros libros de la Biblia fueran escritos en rollos de papiro.

Por Jeremías sabemos que los documentos eran guardados en vasijas: "Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Toma estas cartas, esta carta de venta sellada, y esta carta abierta, y ponlas en una vasija de barro, para que se conserven muchos días" Jer. 32:14). Ésta declaración ha sido corroborada por muchos documentos antiguos hallados en vasijas durante las excavaciones de ciudades de antaño.

Mediante evidencia documental se sabe que del siglo XV en adelante se usaban rollos de cuero en Egipto. Los manuscritos de cuero más antiguos proceden del siglo V AC. Se usaban rollos de cuero en los casos cuando se necesitaba un material de escritura más durable. De ahí que sean de cuero los Rollos del Mar Muerto, y que posiblemente provienen de la biblioteca de una sinagoga.

La vitela (o pergamino fino), se preparaba con pieles de animales jóvenes - ganado vacuno, cabras, ovejas o venados - trabajadas y pulidas con mucho esmero. No se empleó mucho hasta el siglo II AC. Era el más caro de los materiales de escritura y se usaba sólo para los manuscritos muy valiosos - como los manuscritos de la Biblia de la iglesia cristiana del siglo IV, la que para ese tiempo disfrutaba de honores y riquezas.

Las plumas para escribir en los papiros eran de cañas golpeadas hasta convertirlas en pinceles finos; pero se usaban plumas de punta aguzada para escribir en cuero. La mayor parte de la tinta empleada por los escribas antiguos era hecha de hollín con una solución de goma; pero las muestras de tinta que se han hallado, que datan hasta del siglo VI AC, contienen algo de hierro, el que probablemente provenía de agallas de roble.

2.00. EL ARAMEO BÍBLICO

Unos pocos capítulos de los libros de Esdras (caps. 4:8 a 6:18; 7:12-26) y Daniel (caps. 2:4 a 7:28), un versículo de Jeremías (cap. 10:11) y una palabra en el Génesis (cap. 31:47) no fueron escritos en hebreo antiguo sino en arameo. El arameo se parece al hebreo más o menos en la misma forma como el castellano se parece al portugués. Con todo, las diferencias entre el arameo y el hebreo no son dialectales, y se consideran como dos idiomas separados.

La diseminación del arameo
Mesopotamia fue el hogar original del arameo. Algunas tribus arameas, los caldeos, vivían en el sur de Babilonia, en la comarca de Ur; otras moraban en la alta Mesopotamia, entre el río Quebar (Khabur) y el gran codo del Eufrates, con Harán como su centro. El hecho de que los patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob estuvieran relacionados con Harán, probablemente explica la declaración hecha por Moisés de que Jacob era "arameo" (Deut. 26:5).

Desde su cuna en el norte de Mesopotamia, el arameo se esparció hacia el sur por toda Siria. Cuando las ciudades-estados de Siria, cuya población hablaba arameo, fueron destruidas por los asirios, en el siglo VIII AC, sus pobladores fueron trasplantados a diferentes partes del imperio asirio. Esto originó una gran difusión del arameo que era mucho más simple para aprender que la mayoría de los otros idiomas del antiguo Cercano Oriente. Finalmente, el arameo se convirtió en la lengua común, el idioma internacional, del mundo civilizado, y llegó a ser primero el idioma oficial del imperio neobabilonio y luego del imperio persa.

Las secciones arameas de la Biblia
El hecho de que el arameo hubiera llegado a ser un idioma internacional bajo los babilonios y persas, fue la razón para que algunas partes de la Biblia se escribieran en arameo. Magistrados que vivían bajo los babilonios que hablaban arameo - como Daniel - o los que trabajaban para los persas - como Esdras – eran hombres que empleaban el arameo verbalmente y por escrito con tanta fluidez como su hebreo materno.

El libro de Daniel refleja claramente la capacidad bilingüe de su autor. Al consignar la experiencia de Daniel relacionada con el sueño de Nabucodonosor, él comenzó su narración en hebreo, pero cuando llegó al lugar donde presentó el discurso de los sabios, que hablaban "lengua aramea" (Dan. 2:4), pasó - quizá inconscientemente - al idioma de esos hombres y continuó escribiendo en él durante varios capítulos antes de volver a su hebreo materno.

Hubo un tiempo cuando la existencia de las porciones arameas en los libros de Daniel y Esdras se tomaba como una prueba de que habían sido escritos en una fecha muy posterior. Sin embargo, desde el hallazgo de numerosos documentos arameos de las épocas de Daniel y de Esdras, en numerosos lugares del antiguo Cercano Oriente, se puede mostrar que no tiene nada de extraño que esos hombres insertaran en sus libros documentos arameos - como lo hizo Esdras - o relataran sucesos históricos en arameo como lo hicieron tanto Daniel como Esdras.

El arameo, idioma de Cristo
Como resultado del cautiverio babilónico, los judíos adoptaron el arameo en lugar del hebreo durante los últimos siglos de la era precristiana. Por el tiempo de Cristo, el arameo había llegado a ser la lengua materna de la población de Palestina. Una cantidad de expresiones arameas en el Nuevo Testamento muestran claramente que ése era el idioma de Jesús. "Talita cumi" (Mar. 5:41), "efata" (Mar. 7:34) y "Eloi, Eloi, ¿lema sabactani?" (Mar. 15:34) son algunas de las expresiones arameas de Cristo.

Todavía se leía la Biblia en hebreo en los servicios de la sinagoga en el tiempo de Cristo, pero muchas personas, especialmente las mujeres, no podían entenderlo. Por lo tanto, se había hecho costumbre que los lectores de la sinagoga tradujeran al arameo pasajes de las Escrituras. Posteriormente se hicieron traducciones escritas del Antiguo Testamento en arameo: los llamados targumin.

El hebreo se había convertido en una lengua muerta en los tiempos precristianos, y ha experimentado reavivamientos sólo artificiales; pero el arameo continuamente se ha mantenido como una lengua viva hasta hoy, y todavía se usa en ciertas partes del Cercano Oriente donde es conocido como siriaco.

1.06. LA REFORMA REVIVIÓ EL ESTUDIO DEL IDIOMA HEBREO

Los cristianos, durante muchos siglos, no tuvieron interés en el Antiguo Testamento en hebreo, ni hicieron muchas tentativas para dominar ese idioma. Sólo dos de los padres de la iglesia, Orígenes y Jerónimo, se empeñaron en aprender hebreo. Desde la era apostólica hasta la Reforma protestante, los eruditos judíos fueron casi los únicos guardianes del idioma arcaico en que se escribió el Antiguo Testamento.

Siendo los reformadores vehementes estudiosos de la Palabra de Dios, auspiciaron y produjeron nuevas traducciones de la Biblia. Sin embargo, insistían en que cada traducción debía basarse en los idiomas originales y no en una traducción previa, ya fuera del griego o del latín. Como esto requería un profundo conocimiento del hebreo de parte de los traductores y eruditos protestantes, la Reforma dio un gran impulso a los estudios hebreos. Por ejemplo, en los siglos XVI y XVII, los eruditos cristianos publicaron 152 gramáticas hebreas; en cambio los eruditos judíos publicaron únicamente 18.

Durante los últimos ciento treinta años se han descubierto numerosas inscripciones hebreas, cananeas y en otros idiomas semíticos antiguos. Su contenido ha iluminado muchos pasajes del Antiguo Testamento, ha esclarecido incontables expresiones hebreas oscuras y ha proporcionado ejemplos que han ayudado a comprender mejor la gramática del idioma del Antiguo Testamento.

Con todo, debiera afirmarse que el conocimiento del hebreo antiguo de ninguna manera garantiza una comprensión correcta de las Sagradas Escrituras. Algunos de los mayores hebraístas de las últimas décadas han sido los críticos más destructores de la Biblia; en cambio, numerosos hombres y mujeres de Dios han explicado con solidez y vigor las páginas sagradas del Antiguo Testamento, sin saber hebreo, y han conducido a la gente al conocimiento de la verdad. Por supuesto, para el ministro de la Palabra el conocimiento del hebreo es deseable y útil. Sin embargo, las traducciones modernas generalmente están bien hechas y transmiten con bastante exactitud los pensamientos de los escritos originales. De ahí que el mejor expositor de las Escrituras no es necesariamente el hebraísta erudito, sino el hombre que tiene la medida mayor del Espíritu Santo, mediante el cual escudriña "lo profundo de Dios" (1 Cor. 2:10).

1.05. DIFERENCIAS LINGÜÍSTICAS

También se pueden observar leves diferencias dialectales entre los diversos escritores de la Biblia. La existencia de tales diferencias entre las diversas tribus de Israel era bien conocida en los tiempos bíblicos. Esto se sabe por el relato de los efraimitas que no podían articular el sonido consonántico sh. Por eso pronunciaban "Shibolet" como "Sibolet" (Juec. 12:5,6).

Sin embargo, en su conjunto el hebreo del Antiguo Testamento muestra gran uniformidad. Son muy pequeñas las diferencias lingüísticas entre los primeros escritores y los posteriores. Este hecho ha sido explicado por los eruditos de la alta crítica como una evidencia de que todos los libros del Antiguo Testamento fueron escritos en un período comparativamente corto. Sin embargo, es más razonable deducir que el hebreo en tiempos remotos se había fijado como idioma literario. Es decir, experimentó sólo leves cambios con el correr de los siglos cuando se escribieron los libros del Antiguo Testamento.

Con todo, hay señaladas diferencias entre la prosa y la poesía del Antiguo Testamento. A esta última pertenecen no sólo los Salmos y Job sino también muchas partes de los libros proféticos, como Isaías. La poesía hebrea difiere de la prosa por su uso de un vocabulario poético y de paralelismos. Los lectores de la versión Reina -Valera - antes de la revisión del 60 - no siempre advertían ese paralelismo puesto que esa versión estaba impresa como si toda la Biblia hubiera estado escrita en prosa. Pero si uno abre una traducción moderna, como la Biblia de Jerusalén, inmediatamente advierte el paralelismo, porque las secciones poéticas del Antiguo Testamento están impresas como poesía. Esto se puede apreciar en el siguiente ejemplo tomado de los Salmos:

"Escucha mi ley, oh pueblo mío,
tiende tu oído a las palabras de mi boca;
voy a abrir mi boca en parábolas,
a evocar los misterios del pasado.
Lo que hemos oído y que sabemos,
lo que nuestros padres nos contaron,
no se lo callaremos a sus hijos,
a la futura generación lo contaremos.
Las laudes de Yahvéh y su poderío,
las maravillas que hizo" (Sal. 78: 1-4, BJ).

Los libros poéticos abundan en sinónimos, los que casi constituyen un vocabulario poético especial del hebreo antiguo. Job 4:10,11 puede servir como una ilustración de esto. En estos dos versículos se encuentran cinco términos diferentes para "león", que por falta de un equivalente mejor se han traducido en la VVR con términos tan prosaicos como "león", "rugiente", "leoncillos", "león viejo" y "leona". Se puede entender fácilmente que la riqueza de expresiones en los libros poéticos del Antiguo Testamento haya sido con frecuencia un motivo de desesperación para el novicio en hebreo.

Puesto que el hebreo antiguo ha sido una lengua muerta por muchos siglos, pocas personas lo aprenden como para que puedan usarlo tan fluidamente como un idioma moderno. Sin embargo, los que se empeñan en dominar completamente el hebreo antiguo, descubren en él inesperadas bellezas. El idioma hebreo, debido a su fuerza, a su intensidad de expresión y a su belleza, es un medio incomparable como vehículo de la poesía religiosa.

1.04. LA INFLEXIÓN VERBAL HEBREA

La inflexión verbal hebrea expresa sólo acción en términos de ser ésta completa o incompleta, nunca en el sentido de presente, pasado o futuro, como los verbos en español. El tiempo es tácito y no explícito. Los verbos que denotan una acción completa, comúnmente llamada "perfecta", se traducen generalmente con el tiempo pasado, al paso que los que denotan una acción incompleta se dice que corresponden con el "imperfecto" y usualmente se traducen como si fueran futuros.

En términos generales, este proceder puede ser comparativamente exacto, pero a veces es completamente engañoso. Para determinar si la acción señalada por el verbo ocurrió realmente cuando se escribía o hablaba, o antes o después de ese tiempo, es necesario descubrir con ayuda del contexto el punto de vista del escritor.

Además el autor podía cambiar su enfoque temporal dentro de un mismo pasaje, yendo al futuro o al pasado, sin anunciarlo. De modo que si su enfoque está en el futuro lejano, puede tratar otros acontecimientos futuros como si estuvieran en el pasado. Pero en la declaración siguiente puede volver al tiempo pasado y describir acontecimientos pasados o presentes como si estuvieran en el futuro.

Como para complicar más el asunto, la construcción con vau consecutiva, que conecta las partes que componen una narración, algo así como lo hace nuestro sistema de dividir en párrafos, con frecuencia requiere que un "imperfecto" se entienda como "perfecto" y viceversa.

Cuando se hicieron las primeras traducciones de la Biblia al inglés, se entendía imperfectamente esta peculiaridad de los verbos hebreos, lo que resultó en frecuentes diferencias entre el inglés y el hebreo.

En términos generales, las traducciones más recientes tienden a reflejar el elemento temporal de los verbos hebreos más exactamente que las traducciones previas. Por otro lado, las traducciones modernas quizá no siempre representen el verdadero punto de vista temporal del escritor.

Esto se debe a que con frecuencia una decisión en cuanto al enfoque del autor, particularmente en la predicción profético, depende del concepto de la inspiración que tenga el lector.

El que cree en el don de profecía, da por sentado que el profeta proyecta su mente hacia el futuro, con frecuencia el futuro remoto. Pero el que niega el valor productivo de la profecía, dirá que el profeta sencillamente está describiendo sucesos pasados.

Por lo dicho es obvio que, a fin de determinar con cierto grado de exactitud el elemento temporal preciso en una declaración profético dada, el lector debe:
(1) tener un concepto válido de la inspiración;
(2) descubrir el enfoque temporal del autor en términos del concepto que el propio lector tiene acerca de la inspiración;
(3) interpretar los tiempos de los verbos en armonía con los requisitos de la gramática hebrea y con el enfoque temporal del autor.

Un ejemplo de este problema se presenta en la última parte del libro de Isaías - a la que comúnmente la alta crítica llama "Déutero-Isaías" - pues supone la existencia de un segundo escritor anónimo como su autor.

En parte considerando que Isaías habla de los sufrimientos de los judíos durante el cautiverio en Babilonia como si estuvieran en el pasado (Isa. 40:1,2, etc.), esos críticos concluyen que los caps. 40 a 66 fueron escritos por otro autor, o autores, después del cautiverio. Sin embargo, el hecho de que las formas verbales denoten acción completada, no implica necesariamente, ni mucho menos, que los sucesos descritos allí ya habían ocurrido en el tiempo cuando escribió el profeta. Evidentemente, a Isaías se le habían mostrado el cautiverio y la restauración mediante inspiración profética, y habiendo ya visto esos sucesos, habló de ellos como si hubieran estado en el pasado.

En Isa. 53 se encuentra otro ejemplo de la forma en que la mente del profeta se proyecta hacia el futuro. En el hebreo de los vers. 1 a 9 (y así también en la Biblia de Jerusalén o BJ), Isaías proyecta su mente hacia el futuro profético y habla de los sufrimientos de Cristo como si estuvieran en el pasado. Pero en el vers. 10 su enfoque temporal vuelve a sus propios días, y continúa describiendo los mismos sucesos como si estuvieran en el futuro. Una comparación de las diferencias en el elemento temporal de los verbos de Isa. 53 - como se traducen en la VVR y en la BJ - hace resaltar el problema de la traducción de los "tiempos" de los verbos hebreos.

1.03. CARACTERÍSTICAS DEL HEBREO - II

La estructura de la oración hebrea es muy simple. Generalmente las oraciones son cortas y están relacionadas entre sí por la conjunción "y", que también puede traducirse "así", "pero", "aun", "entonces".

Un ejemplo característico de un gran número de oraciones cortas está en Génesis 12, donde la palabra "y" se halla 28 veces en los primeros 9 versículos de la versión de Valera revisada y 29 veces en la versión inglesa. En el texto hebreo respectivo, la palabra "y" aparece 32 veces. La diferencia se debe a que los traductores vertieron la palabra varias veces mediante palabras equivalentes.

Otra característica del idioma hebreo es la falta de ciertas formas gramaticales. No tiene vocablos compuestos, con excepción de los nombres propios, y una palabra como "terrateniente" sólo se puede expresar por la forma genitiva "tenedor de la tierra".

El idioma hebreo también es pobre en adjetivos y casi no tiene adverbios, lo cual era un inconveniente para los escritores antiguos cuando expresaban pensamientos abstractos.

El idioma hebreo tiene en común con otros idiomas semíticos, una cantidad de sonidos que no existen en las lenguas indoeuropeas.

Tiene dos sonidos de h [aspirada] los que se representan con dos caracteres, generalmente transliterados como h y j. También tiene varios sonidos derivados de s, como s, z, sh, (ts) y s (s suave). Los dos sonidos hebreos 'alef (transliterado ') y 'ayin (transliterado ') no tienen equivalentes en español ni en inglés. El idioma hebreo originalmente tenía otros sonidos más que posiblemente fueron abandonados antes de la invención de la escritura alfabética hebrea.

Uno de ellos era un segundo 'ayin, llamado ghayin, que todavía existe en árabe. La existencia de este último sonido en hebreo se puede reconocer porque los nombres "Gaza" y "Gomorra" comienzan ambos con la misma consonante 'ayin, como también el nombre de Elí, el sumo sacerdote.

Sólo mediante las antiguas traducciones de la Biblia (la Septuaginta griega y la Vulgata latina) sabemos que el nombre de la ciudad condenada donde vivió Lot se pronunciaba "Gomorra" y no "Omorra", y que el nombre del sumo sacerdote del tiempo de Samuel era "Elí" y no "Guelí".

1.02. CARACTERÍSTICAS DEL HEBREO - I

El hebreo es una rama de la gran familia de antiguos idiomas semíticos que se hablaban en Mesopotamia, Siria, Palestina y Arabia. Está muy estrechamente relacionado con los idiomas hablados por los antiguos cananeos, fenicios y sirios, y es casi idéntico a los de los moabitas, edomitas y amonitas.

El idioma hablado por los naturales de Canaán apenas si se diferenciaba del hebreo bíblico. Una característica interesante que el hebreo comparte con todos los idiomas semíticos es que la mayoría de sus palabras básicas contienen tres consonantes.

El hebreo escrito de los tiempos bíblicos consistía sólo en consonantes. Las vocales se añadieron cuando el hebreo ya se había convertido en lengua muerta, varios siglos después de Cristo, en un esfuerzo para preservar el conocimiento de cómo se había hablado el idioma. Esas vocales, conocidas como puntos vocálicos, eran puntos y signos añadidos sobre las letras consonantes, debajo y en el centro de las mismas. Las variaciones en las formas verbales son producidas generalmente por un cambio en la vocalización, es decir en el sonido de las vocales.

Por ejemplo, en español el tiempo presente del verbo cantar, canto, se puede transformar en el pasado canté y en el imperativo canta, meramente por el cambio de la vocalización.

El verbo escribir en hebreo, contiene tres consonantes: k-t-b.

Los ejemplos que siguen mostrarán cómo se generan diversas formas verbales mediante el uso de vocales, sin necesidad de alterar las tres consonantes básicas:

katab, (él) ha escrito
ketob, ¡escribe! (imperativo)
koteb, escribiendo
katub, está escrito
katob, escribir.

En la mayoría de los casos, los pronombres personales se añaden al verbo como prefijos o sufijos. Así la forma "he escrito", katab-ti, consiste en la raíz básica katab y la terminación -ti, que representa el pronombre; y "escribiré",'e-ktob, en el prefijo 'e - y la raíz ktob.

Estas formas gramaticales cortas son la razón para que las oraciones hebreas sean breves, compactas y expresivas.

Por ejemplo, el séptimo mandamiento, "No cometerás adulterio" (Éxodo 20: 14), consiste en tres palabras en castellano, pero sólo dos en hebreo: lo' tin'af.

Esta brevedad de las expresiones en hebreo se advierte especialmente en las partes poéticas del Antiguo Testamento.

En la mayoría de los casos, el texto hebreo emplea la mitad de las palabras usadas en la traducción inglesa. Por ejemplo, el Salmo 23 tiene 57 palabras en la Biblia hebrea, pero tiene 103 en español (versión Valera revisada) y 122 en inglés (versión King James); Job 30: 22 tiene sólo seis palabras en hebreo, pero tiene 14 en la versión en español y 18 en inglés.

1.01. El idioma hebreo antiguo

La mayor parte del Antiguo Testamento se escribió en hebreo, generalmente llamado hebreo antiguo para distinguirlo del hebreo mishnaico y del hebreo moderno.

El hebreo mishnaico corresponde con la era cristiana. Es un idioma restaurado artificialmente, usado por los rabinos en sus obras eruditas y que ahora se emplea como idioma oficial del Estado de Israel.

La expresión idioma "hebreo" que se encuentra por primera vez en el prólogo del libro apócrifo del Eclesiástico (escrito en el año 132 AC), también es usada por el historiador judío Josefo en el siglo I de la era cristiana y aparece posteriormente en los escritos rabínicos.

La expresión "lengua hebrea", empleada por Lucas, se refiere al arameo y no al hebreo:

"Pablo, estando en pie en las gradas, hizo señal con la mano al pueblo. Y hecho gran silencio, habló en lengua hebrea,... " (Hechos 21: 40).

"Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón" (Hechos 26: 14)

El arameo era el idioma común hablado en los tiempos del Nuevo Testamento.

Las expresiones bíblicas usadas para el idioma hablado por los israelitas del Antiguo Testamento son:

1. Lengua de Canaán
"En aquel tiempo habrá cinco ciudades en la tierra de Egipto que hablen la lengua de Canaán, y que juren por Jehová de los ejércitos; una será llamada la ciudad de Herez" (Isaías 19: 18).

2. Lengua de Judá
"Entonces dijo Eliaquim hijo de Hilcías, y Sebna y Joa, al Rabsaces: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros en lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre el muro.Entonces el Rabsaces se puso en pie y clamó a gran voz en lengua de Judá, y habló diciendo: Oíd la palabra del gran rey, el rey de Asiria". (2 Reyes 18: 26, 28).

3. Judaico
"Y la mitad de sus hijos hablaban la lengua de Asdod, porque no sabían hablar judaico, sino que hablaban conforme a la lengua de cada pueblo" (Nehemías 13: 24).
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