DANIEL ALEJANDRO FLORES

5.13. Segundo de los Macabeos

Este libro no es una continuación de 1 Macabeos, sino que también comienza con la entronización de Antíoco IV Epífanes y narra las luchas de los judíos para liberarse de los sirios.

Su relato sólo llega hasta la victoria de Judas Macabeo sobre el general sirio Nicanor en Bet-horón (1 62/161 a. C.).

Aunque abarca un período mucho más corto que 1 Macabeos, en algunos lugares da más detalles, lo que determina que a veces parezca ser sólo literatura y no una historia seria.

En 2 Macabeos se introducen nuevos conceptos doctrinales que no se hallan en el primer libro, pues se registra la forma en que judas Macabeo presentó una ofrenda por los pecados de los muertos y oró para que fueran liberados de sus pecados con la esperanza de la resurrección (cap. 12:43-45).

Por su introducción este libro parece haber sido escrito en Palestina alrededor del año 124 a. C. (cap. 1: 10), y es un compendio de una obra mayor escrita por un tal Jasón de Cirene (cap. 2:23).

5.12. Primero de los Macabeos

En contraste con el carácter mayormente fabuloso de los libros hasta aquí descritos, 1 Macabeos se considera como un documento primario que abarca la historia de las luchas de los judíos por su independencia en el siglo II a. C.

Traza la historia del período desde el encumbramiento de Antíoco IV Epífanes al trono seléucida en 175 a. C., hasta el comienzo del reinado del rey-sacerdote asmoneo Juan Hircano en 135 a. C.

Se desconoce el autor de 1 Macabeos; pero los eruditos están convencidos de que fue un saduceo palestino muy familiarizado con los sucesos de los cuales escribió.

El libro fue escrito en hebreo quizá alrededor del año 100 a. C.

5.11. Oración de Manasés

Esta corta obra de sólo 15 versículos asegura que es una oración del rey Manasés de Judá cuando estuvo prisionero en Babilonia (2 Crón. 33:9-13).

No está entre los libros aceptados por la Iglesia Católica en el Concilio de Trento, y en las ediciones autorizadas de la Vulgata se la coloca como un apéndice de los apócrifos.

Originalmente la incluían tanto la Biblia alemana de Lutero como la KJV. Esta obrita parece ser un salmo penitencial escrito quizá en el siglo I a. C.

5.10. Añadiduras a Daniel

En la LXX hay varias añadiduras al libro canónico de Daniel, y son: el “Cántico de los tres jóvenes”, la “Historia de Susana” y la “Historia de la destrucción de Bel y el dragón”.

El “Cántico de los tres jóvenes” consta de dos partes principales. La primera es una oración atribuida a Azarías (es decir, Abed-nego) mientras caminaba en el “horno de fuego ardiendo” (cf. Dan. 3:19-25); la segunda es un canto de alabanza atribuido - sin base alguna - por el autor anónimo a los tres hebreos mientras estaban en el horno, y que se parece mucho al Salmo 148.

En la “Historia de Susana” se narra que dos jueces judíos vieron a una bella y virtuosa mujer, Susana, que se bañaba en su jardín, y se enamoraron de ella. Cuando ella rechazó sus proposiciones, ellos, en venganza, la hicieron comparecer ante un tribunal donde la acusaron falsamente de adulterio. Susana fue condenada a muerte; pero cuando se encaminaba al lugar de su ejecución, la encontró Daniel, y éste pidió que se examinara de nuevo el juicio. Daniel interrogó por separado a los dos jueces, y demostró la inocencia de Susana debido a las contradicciones de ellos. Los dos fueron ejecutados y Daniel fue muy ensalzado.

La “Historia de la destrucción de Bel y el dragón” consta de dos relatos.
En el primero, como en el caso de Susana, se alaba a Daniel por haber demostrado un engaño. Cuenta cómo él puso en evidencia que un ídolo del dios babilonio Bel (Marduk) no comía alimento alguno como se pensaba que lo hacía. Esparció ceniza en el piso del santuario de Bel, y demostró a la mañana siguiente - por las huellas de pisadas en la ceniza - que los sacerdotes habían entrado en el templo del ídolo por la noche y se habían comido el alimento dedicado al ídolo. Entonces el rey mandó matar a los sacerdotes e hizo destruir el templo.

El segundo relato habla de la forma en que Daniel aniquiló a una serpiente (dragón) que era adorada por los babilonios. Le dio a comer una mezcla de brea, grasa y pelos que hizo que la serpiente reventara y muriera. Como venganza, el pueblo de Babilonia arrojó a Daniel en un foso de leones, pero las fieras no le hicieron daño, y el profeta Habacuc le trajo alimento, el cual fue transportado milagrosamente por el aire, desde Judea, por un ángel. Tan impresionado quedó el rey ante estos milagros, que liberó a Daniel y aniquiló a sus perseguidores.

Los eruditos católicos y protestantes están de acuerdo en que estas añadiduras originalmente no formaban parte del libro canónico de Daniel.

5.09. Epístola de Jeremías

Aunque esta epístola es una obra aparte en la LXX, en la Vulgata y en las versiones castellanas de la Biblia (Bj, Bover-Cantera, Nácar-Colunga Straubinger, etc.) aparece como un apéndice de Baruc o último capítulo de este libro.

Es una corta exhortación que consta de un breve preámbulo y 72 versículos (en las versiones castellanas).

Afirma que la epístola fue escrita por el profeta jeremías a los judíos que serían llevados cautivos a Babilonia, y es mayormente una amonestación contra la idolatría.

Este libro da evidencias de haber sido escrito originalmente en griego, probablemente entre los siglos IV y II a. C.

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