DANIEL ALEJANDRO FLORES

8.01. La Septuaginta

En 4.07. se estudia el origen y la historia de esta versión, la más antigua traducción del Antiguo Testamento.

Hay varias características que distinguen a la LXX cuando se compara con el texto masorético del Antiguo Testamento hebreo.

Una de ellas es la presencia de parejas o sinónimos colocados juntos para traducir una sola palabra hebrea.

Otra es que la LXX repetidas veces evita la representación antropomórfica de Dios. Esta tendencia era muy característica de algunos judíos de Alejandría de mentalidad más filosófica.

Otra diferencia entre la LXX y el texto masorético es la disposición de algunas secciones.

Hay una secuencia diferente en el material de Éxodo 35-39, 1 Reyes 4-11 [3 Reyes en la LXX], la última parte de Jeremías y el final de Proverbios.

Esta tendencia de la LXX también se extiende a la disposición de los libros, que difiere del orden tradicional hebreo de la Ley, los Profetas y los Salmos .

Aunque los manuscritos de la LXX varían algo en detalles en cuanto a su orden, por lo general siguen la disposición que se conserva en las Biblias actuales en castellano.

En cuanto a los libros apócrifos, 1 Esdras precede a Esdras; Sabiduría, Eclesiástico, Judit y Tobías preceden a Isaías; Baruc sigue a Jeremías, y los libros Primero y Segundo de los Macabeos siguen a Malaquías. Job se halla entre Cantares y Sabiduría; Ester, con sus añadiduras apócrifas, está entre Eclesiástico y Judit, y Daniel está acompañado por Susana, y Bel y el dragón.

La diferencia más interesante de todas entre la LXX y el texto tradicional hebreo es, quizá, que algunos pasajes que aparecen en griego no existen en hebreo, mientras que otros que se han conservado en hebreo no aparecen en griego.

La extensión de esas variantes difiere: en el Pentateuco los dos textos son muy similares, pero en el libro de Daniel la LXX es muy diferente del texto masorético hebreo.

Debido a esta gran discrepancia, la iglesia primitiva rechazó la traducción de la LXX de Daniel y en su lugar colocó la traducción hecha por Teodoción en la última parte del siglo II d. C.

El libro de Daniel en la LXX se usaba tan poco, que hoy sólo han quedado dos manuscritos griegos: una copia entre los papiros de Chester Beatty, del siglo II o III, y el manuscrito o Códice Quisiano, aproximadamente del siglo X.

La presencia en la LXX de material que no está en el texto hebreo tradicional comprende no sólo pasajes aislados sino también libros, pues la LXX contiene los libros que ahora los protestantes conocen generalmente como apócrifos (ver posteos 5.01. a 5.13).

Sin embargo, la inclusión de esos libros añadidos al parecer no se debe a un canon hebreo diferente del masorético, sino a que los judíos helenísticos aceptaron los libros que fueron rechazados por sus hermanos de Palestina que eran más conservadores.

Los descubrimientos de manuscritos en Khirbet Qumrán han despertado un nuevo interés en el estudio de la LXX, pues allí se encontraron varios fragmentos hebreos del Antiguo Testamento, cuyo texto está mucho más cerca de la LXX que del texto tradicional hebreo conservado en otros Rollos del Mar Muerto y por los masoretas.

Si bien es cierto que todavía debe determinarse el significado pleno de estos hallazgos de textos hebreos semejantes a la LXX, esto parece indicar que por lo menos algunas de las diferencias entre los textos griego y hebreo hasta ahora conocidas no son meramente el resultado de malas traducciones o de una tarea hecha con descuido, sino que más bien se basan en originales hebreos diferentes.

Es evidente que por lo menos ya en el siglo I a. C. circulaba más de una clase de textos hebreos. Esto hace suponer, además, que uno de ellos representaba el que se conserva en la LXX, y otro, al que se encuentra en la mayoría de los Rollos del Mar Muerto y en el texto masorético; sin embargo, las conclusiones finales acerca de la relación de estos textos deben esperar una investigación más amplia.

8.00. La Septuaginta (LXX), Filón y Josefo

Además de algunos de los apócrifos y seudoepigráficos que fueron escritos originalmente en griego, y que son representantes del judaísmo helenístico, hay otras obras judías importantes en idioma griego.

Entre éstas son especialmente importantes la Septuaginta -conocida con el símbolo LXX - y las obras de Filón y Josefo.

7.09. Los documentos del Qumrám

presentan las instrucciones en cuanto a los rituales de la ceremonia de iniciación, cuando se pronunciaban fuertes maldiciones contra quienes se desviaran de lo reglamentado, pero también se pronunciaba una bendición basada en Números 6:24-26: "Te bendiga él con todo lo bueno y te guarde de todo mal. Ilumine él tu corazón con prudencia vivificadora, y te conceda conocimiento eterno. Levante él su amante rostro a ti para paz eterna" (Manual de disciplina ii. 2-4).

Los miembros de la secta debían purificarse mediante la inmersión en agua, comer juntos, estudiar la ley constantemente y vivir una vida santa y piadosa.

Entre los manuscritos de Qumrán se han encontrado todos los libros del AT, excepto Ester, y de varios hay más de una copia. Esto, más el número de comentarios bíblicos, subraya la importancia que la comunidad le daba al estudio de la Biblia.

Los reglamentos del Manual de disciplina son similares a los que, según Filón (Que todo hombre probo sea libre 75-91), y Josefo (Antigüedades xviii. l. 18-22; Guerra de los judíos ii. 8.2), tenían los esenios. Por lo tanto, se ha aceptado que la secta de Qumrán era esenia o tenía alguna relación con los esenios.

Puesto que Juan el Bautista vivió en las cercanías de Qumrán, y vivió una vida de ascetismo y practicó el bautismo por inmersión, algunos eruditos han sugerido que los esenios influyeron en él. También se han señalado algunas relaciones entre la literatura de Qumrán y el Evangelio de Juan.

Es notable el contraste entre "el espíritu de verdad y el del error" y "entre la luz y las tinieblas" que aparecen tanto en el Manual de disciplina como en el cuarto Evangelio (Manual iii. 13-iv. 26; Juan 8:12; 11:10; 12:35; 14:17; 15:26; 16:13).

Se han visto otros paralelos entre los escritos de Qumrán y los de Pablo. De especial interés es el uso de los términos "misterio" y "conocimiento", palabras importantes en el vocabulario de Pablo, que anteriormente se creía que eran de origen gentil (ver Manual de disciplina iii. 2. 6; xi. 3. 6; Rom. 16:25; 1 Cor. 2:7; Efe. 3:3).

Ahora se sabe que estos términos se usaban en el culto entre los judíos, lo cual arroja luz sobre el uso que Pablo les dio.

Aunque ya han pasado décadas desde que comenzaron a aparecer los materiales de Qumrán y de las cuevas vecinas, no se ha completado el estudio y la publicación de todos los fragmentos; sin embargo, el gran volumen de material ya estudiado ha proporcionado valiosa información sobre la secta de Qumrán, y, por lo tanto, sobre el judaísmo de los tiempos de Cristo y ha sugerido interesantes relaciones con el NT.

7.08. El Rollo de cobre - Rollo del templo - Misceláneos

El Rollo de cobre

En este rollo de delgada hoja de cobre aparece una larga inscripción que describe los escondites de grandes tesoros de incienso y metal precioso. Se discute si este documento es un registro histórico o una ficción.

Rollo del templo

Este manuscrito se divide en cuatro secciones. La primera tiene que ver con la pureza ritual; la segunda, con las fiestas religiosas; la tercera, con la construcción del templo - de donde obtuvo su nombre -, y la cuarta, tiene por tema el rey y el ejército de Israel.

Misceláneos

Entre los documentos misceláneas se encuentran obras de carácter litúrgico, proverbios, una obra que se refiere a la rotación de las familias sacerdotales en su servicio, y horóscopos. Además de los elementos ya mencionados, han aparecido cartas, ostracones inscritos y contratos.

7.07. Apócrifos y seudoepigráficos

Entre los documentos apócrifos se han encontrado copias fragmentarias de Tobit, Eclesiástico y la Epístola de Jeremías.

Entre los seudoepigráficos, han aparecido copias del libro de jubileos, del libro de Enoc y del Testamento de los doce patriarcas.

También puede clasificarse como seudoepigráfico al Génesis apócrifo, que es una versión legendaria y elaborada de los relatos de los patriarcas.

Otra obra de la cual se han encontrado fragmentos de diversos manuscritos, describe la Jerusalén celestial.

En otra obra hay salmos de Josué.

También aparecen una visión de Amram (padre de Moisés) y una oración de Nabonido, en la cual agradece al Dios Altísimo por haberlo sanado de una enfermedad de siete años de duración.

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