DANIEL ALEJANDRO FLORES

16.04. 2 Macabeos y lo sobrenatural - II

Otro intento de explicar estos relatos fabulosos es presentado por un autor católico que, refiriéndose a 2 Macabeos, afirma:

"Pertenece a un género literario entonces popular en el mundo helenístico y conocido como 'historia patética', cuyas características consistían en ser una llamada a la imaginación y a las emociones del lector. Discursos apasionados, lenguaje lleno de fuerza, números enormes, contrastes imaginados, estilo florido; todo forma parte del género y es típico de 2 Macabeos. La intención de conmover al lector y los medios empleados se aceptan como convenciones literarias. Por consiguiente, el autor de 2 Macabeos intenta extraer el significado de los acontecimientos que relata, pero descuida los detalles que exigiría una ciencia histórica. Cronológicamente, cede a la experiencia oratoria y el orador se reserva el derecho de elegir y de engrandecer ciertos aspectos. 'El auxilio que viene del cielo' (1 Mac. 16: 3) adopta aquí la forma de manifestaciones celestiales (2 Mac. 3: 24-26; 10: 29; 11: 8; cf. 12: 22; 15: 11-16). La aparición de dioses venidos en ayuda de los guerreros en la batalla era un rasgo corriente en la historia patética; el autor judío sencillamente sustituye los dioses con ángeles" (Wilfrid J. Harrington, traducción de José María Ruiz y Antonio Parapar, Iniciación a la Biblia [Santander: Sal Terrae, 1967], p. 479).

Acerca de este tipo de narraciones inverosímiles, refiriéndose a 2 Macabeos, tenemos los siguientes comentarios:

"Las manifestaciones divinas . . . entran de lleno en el género patético. Este es el género que preferían ciertos historiadores helenistas, tales como Teopompo de Chíos [o Khíos], Clitarco de Alejandría, Filarco de Naucratis. En tales escritos se ponía de relieve la intervención visible de Dios en el curso de los acontecimientos, complaciéndose en narrar apariciones maravillosas. Se conocen libros enteros escritos con este propósito, como el que lleva por título En torno a la aparición de Júpiter, de Filarco, o Apariciones de Apolo, de Itros de Pafo" (Profesores de Salamanca, Biblia comentada [Madrid: BAC, 1961], t. III, p. 1023-1024).

"Pensemos en un auto sacramental barroco con bastante tramoya y aparato escénico; algo así sería nuestro libro [2 Macabeos en clave narrativa" (Nueva Biblia española para latinoamericanos [Madrid: Ediciones Cristiandad, 1976], p. 673).

"En la escena tienen cabida algunos personajes sobrenaturales, como presencia de la divinidad; también necesitan signos emblemáticos, pero no necesitan nombre; son funciones escénicas, no copias de una realidad" (loc. cit.).

Posiblemente en esa época, las "convenciones literarias", propias de la llamada "historia patética", no resultaban chocantes para los judíos de Alejandría, helenizados. En cambio -y a pesar de que Judas Macabeo y sus valientes hermanos se destacan como magníficos guerreros en la historia hebrea- los escrituristas de Palestina, aunque sin duda cautivados por los relatos de las hazañas referentes a los héroes y paladines de su pueblo, no pudieron menos que reconocer la diferencia entre este libro y los 39 que ellos aceptaron como canónicos.

Hay otro pasaje que llama la atención, aunque en él no hay nada que pueda atribuirse a una intervención sobrenatural que pudiera llamarse exótica. Es el relato de la forma en que murió "Razis" ("Razías" o "Racías" en las demás versiones castellanas que contienen estos libros), "uno de los ancianos de Jerusalén".

Resulta francamente inverosímil que un anciano, después de volver "su espada contra sí mismo" todavía pudiera correr animosamente "hacia lo alto de la muralla" para lanzarse "sobre la tropa" atacante; y que después "todavía respirando, lleno de ardor a pesar de estar gravemente herido, se levantó bañado en sangre, pasó corriendo por entre la tropa, se colocó sobre una alta roca y, casi completamente desangrado, se arrancó las entrañas y, tomándolas con las dos manos, las arrojó sobre la tropa, pidiendo al Señor de la vida que algún día se las devolviera. De este modo murió" (cap. 14: 37, 41-46).

No sólo se trata de algo increíble para un ser humano en las condiciones en que estaba Razis, sino que resulta desconcertante que se ensalce un suicidio (ver. 42).

16.03. 2 Macabeos y lo sobrenatural - I

Es evidente que Jasón de Cirene aceptó con gusto como verídicos algunos relatos asombrosos que indudablemente circulaban en esa época (siglos II y I a. C.) entre los judíos helenizados del noreste del África, y posiblemente en otros círculos hebreos de la Diáspora.

En el resumen de la obra de Jasón - el único elemento de juicio de que disponemos - hay pasajes que comprueban lo que acabamos de afirmar. En este libro se describen varios episodios donde se narran sucesos de orden sobrenatural que presentamos a continuación.

(1) El primero refiere el caso de Heliodoro, funcionario de los crueles y rapaces gobernantes seléucidas opresores de Israel, que decidió confiscar el tesoro del templo de Jerusalén por orden del rey. "Pero cuando él y sus acompañantes se encontraban ya junto al tesoro, el Señor de los espíritus y de todo poder se manifestó con gran majestad, de modo que a todos los que se habían atrevido a entrar los aterró el poder de Dios, y quedaron sin fuerzas ni valor. Pues se les apareció un caballo, ricamente adornado y montado por un jinete terrible, que levantando los cascos delanteros se lanzó con violencia contra Heliodoro. El jinete vestía una armadura de oro. Aparecieron también dos jóvenes de extraordinaria fuerza y gran belleza, magníficamente vestidos. Se colocaron uno a cada lado de Heliodoro, y sin parar lo azotaron descargando golpes sobre él. Heliodoro cayó inmediatamente a tierra sin ver absolutamente nada" (cap. 3:24-27).

En relación con este suceso se cuenta después que "el sumo sacerdote temeroso de que el rey sospechara que los judíos habían atentado contra la vida de Heliodoro, ofreció un sacrificio por su curación. Y al ofrecer el sumo sacerdote el sacrificio por el pecado, los mismos, jóvenes, vestidos con las mismas vestiduras, se aparecieron nuevamente a Heliodoro, se pusieron de pie junto a él y le dijeron: 'Da muchas gracias al sumo sacerdote Onías; por su oración, el Señor te perdona la vida' " (vers. 32-33).

(2) De acuerdo con el segundo episodio, "por aquel tiempo, Antíoco se preparaba para su segunda expedición contra Egipto. Entonces, durante casi cuarenta días, aparecieron en toda la ciudad jinetes con armadura de oro, armados y organizados en escuadrones, que corrían por el aire con las espadas desenvainadas; compañías de caballería en orden de batalla, con ataques y asaltos de una y otra parte, con agitar de escudos y con lanzas innumerables, tiros de flechas, relampaguear de armaduras de oro y corazas de todo tipo. Todos pedían a Dios que estas visiones anunciaran algo bueno" (cap. 5: 1-4).

(3) La tercera de las narraciones de esta índole refiere que estando los judíos "en lo más recio de la batalla, los enemigos vieron en el cielo a cinco hombres majestuosos, montados en caballos con frenos de oro, que, poniéndose a la cabeza de los judíos, se colocaron alrededor de Macabeo, y lo protegían con sus armas y lo defendían para que nadie lo hiriera. También lanzaban flechas y rayos sobre los enemigos, que, ciegos y aturdidos, se dispersaron en gran desorden" (cap. 10: 29-30).

(4) El cuarto relato es el que cuenta la forma en que Judas Macabeo animaba a los suyos para que lucharan contra el ejército de Lisias, gobernante impuesto por los opresores seléucidas.

A fin de que se aumentara el valor de los que combatían por la causa hebrea, "estando todavía cerca de Jerusalén, se apareció, a la cabeza de la tropa, un jinete vestido de blanco, agitando unas armas de oro. Entonces todos alabaron a Dios misericordioso, y tan fortalecidos se sintieron en su ánimo que estaban dispuestos a atacar no sólo a los hombres, sino a las fieras más salvajes y a murallas de hierro" (cap. 11: 8-9).


Todas estas apariciones providenciales de jinetes revestidos de oro; esas flechas y esos rayos, a los que evidentemente se atribuye un origen sobrenatural y que se lanzan para aniquilar a los enemigos del pueblo escogido; esas invencibles armas de oro que parecen salir del arsenal divino para defender al Macabeo, paladín de Israel; el despliegue de esplendor sobrehumano de los personajes, hacen que el lector se pregunte en cuanto a la autenticidad y la verdadera fuente de estas narraciones.

Una respuesta lógica tal vez se halle en las afirmaciones de origen católico, las cuales forman parte de la nota introductoria de 2 Macabeos en una de las nuevas versiones castellanas de la Biblia que llevan el imprimatur. Allí se dice que ese libro "hace frecuentes referencias a epifanías [apariciones de origen celestial] divinas, especialmente en los momentos críticos de la batalla, o a modo de presagio de los hechos futuros. Indudablemente [2 Macabeos], se encuentra en este punto mucho más cerca de la mayor parte de la literatura religiosa del próximo Oriente, y especialmente del mundo helenístico, que del mismo AT. Epifanías como las de los cap. 5:2; 10:29; 11: 8, etc., recuerdan mucho la intervención de los dióscuros y otros seres celestes de la literatura helenística" (Sagrada Biblia de Francisco Cantera Burgos y Manuel Iglesias González [Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1975], p. 1049).

16.02. El autor de 2 Macabeos

Debido a la trascendencia de este libro es necesario aclarar algo en cuanto a su autor. No se conoce su nombre, pero debe de haber sido un judío cuyo "estilo . . . es el de los escritores helenísticos" (BJ, p. 546), que tuvo como principal propósito narrar las hazañas bélicas de Judas Macabeo, héroe nacional de Israel y máximo caudillo de los "guerrilleros" judíos del siglo II a. C.

Para hacerlo se valió de la obra de cierto "Jasón de Cirene" (2 Macabeos 2: 19, 23).

Acerca de Jasón se dice: "se trata probablemente de un judío culto, originario de la ciudad de Cirene, en el norte de África, y que debió escribir allí, o en Alejandría, una obra amplia de cinco volúmenes sobre las actividades bélicas y religiosas de los Macabeos, la cual sirvió de base al autor del libro canónico de los Macabeos, cuya obra se presenta como epítome del extenso original.

"Fuera de este dato suministrado por el abreviador no se sabe nada más de Jasón de Cirene.

"No hay por qué suponer que tal obra fue inspirada, ya que no lo son los documentos escritos ni las fuentes orales de que han podido servirse los autores sagrados. La obra inspirada que forma parte del canon es el libro segundo de los Macabeos en razón precisamente de los juicios que el autor inspirado emite acerca de los datos que le proporcionó la historia de Jasón ... Jasón debió escribir en griego, porque 2 Mac. no alude a tarea alguna de traducción" (César Wau, en Enciclopedia de la Biblia, [Barcelona: Ediciones Garriga, 1963], t. IV, columnas 304-305).

De acuerdo con sus propias palabras, el autor del resumen que conocemos como 2 Macabeos se esforzó "por ofrecer entretenimiento a los que leen por el solo gusto de leer; facilidad a los que quieren aprender de memoria y, en fin, utilidad a todos los que lean este libro" (cap. 2: 25).

Acerca de la forma en que escribió, él mismo nos informa: "Al autor original de una historia le corresponde profundizar en la materia, tratar extensamente los temas, descender a los detalles; pero el que hace un resumen debe ser breve en la expresión y no tratar de hacer una exposición completa de los hechos. Comencemos, pues, nuestra narración, sin añadir más cosas a lo que ya hemos dicho; porque sería absurdo alargarnos en la introducción y luego acortar la historia misma" (vers. 30-32, VP).

Adviértase que este escritor -aquí y en todo su libro-, nunca afirma que está movido por la inspiración de origen divino o que ha recibido una revelación celestial. Tampoco es portavoz de algún profeta o profetas, o del Todopoderoso, pues escribió su obra en el siglo II o I a. C., o sea en pleno período intertestamentario durante el cual -cuatro siglos- no hubo ninguna nueva revelación o instrucción de Dios para su pueblo escogido mediante alguno de sus mensajeros.

Este último hecho está confirmado en 1 Macabeos, donde, al referirse al momento histórico posterior a la muerte de Judas Macabeo, se dice: "Fue un tiempo de grandes sufrimientos para Israel, como no se había visto desde que desaparecieron los profetas" (cap. 9: 27). En otro pasaje de 1 Macabeos, al enumerar los poderes de gobernante civil y religioso dados a Simón (hermano de Judas), se advierte que esa autoridad le iba a corresponder "hasta que apareciera un profeta autorizado" (cap. 14: 41).

Dentro del ambiente peculiar de las Sagradas Escrituras no concuerdan con los motivos que impulsaron al autor de 2 Macabeos al redactar su obra. En la introducción de ese libro -ya se dijo- se ofrece "entretenimiento" a quienes "leen por el solo gusto de leer".

Sus palabras finales también lo muestran como un escritor completamente despreocupado de no ser portavoz del Autor de la Revelación; tampoco dice nada en cuanto a la fidelidad de sus narraciones.

En cambio se manifiesta interesado en haber agradado a sus lectores, pues concluye diciendo: "Yo termino aquí mi narración. Si está bien escrita y ordenada, esto fue lo que me propuse. Si es mediocre y sin valor, sólo es lo que pude hacer. Así como no es agradable beber vino ni agua solos, en tanto que beber vino mezclado con agua es sabroso y agradable al gusto, del mismo modo, en una obra literaria, la variedad del estilo agrada a los oídos de los lectores. Y con esto termino mi relato" (cap. 15: 37-39).

Hay una diferencia abismal entre esta forma de expresarse y la que emplean los autores de los libros que forman el canon hebreo, o sea los 39 llamados "protocanónicos" por los teólogos y escritores católicos.

16.01. Un personaje importante en 1 y 2 Macabeos

El principal personaje siniestro de los dos libros de los Macabeos es el rey tirano Antíoco IV Epífanes, que significa "ilustre".

Reinó de 175-163 a.C., y fue enemigo acérrimo de los judíos, cruel perseguidor del pueblo escogido y tenaz adversario de las leyes y del sistema de culto mosaico.

En estos dos libros hay tres pasajes en los que se relata la forma en que murió Antíoco.

Las tres narraciones son completamente diferentes -especialmente la segunda, que resulta única- y son contradictorias entre sí. En el primer relato (1 Macabeos 6: 8-16, VP) se narra que el rey quedo profundamente apesadumbrado por las malas noticias que le llegaban, "tanto que se enfermó de tristeza y cayó en cama, pues no le habían salido las cosas como él quería. Así estuvo muchos días, continuamente atacado de una profunda tristeza, y hasta pensó que iba a morir" (vers. 8-9).

A continuación se cuenta cómo reconoció que había procedido mal al saquear la ciudad de Jerusalén y "exterminar a todos los habitantes de Judea sin ningún motivo " (vers. 12). Por eso se dice que murió "de terrible tristeza" (vers. 13), después de haber tomado sus últimas disposiciones. En el segundo relato (2 Macabeos 1: 13-16) se refiere que Antíoco trató de apoderarse de las riquezas del templo de la diosa Nanea. Sin embargo, los sacerdotes de ese santuario encerraron a Antíoco y a sus acompañantes en el templo.

El relato continúa de esta manera: "Entonces abrieron una ventana secreta que había en el techo, y a pedradas mataron al rey y a sus amigos. Luego les cortaron la cabeza, los brazos y las piernas, y los echaron a los que estaban fuera" (vers. 16). El autor de 2 Macabeos añade con regocijo: "¡Bendito sea siempre nuestro DIOS que entregó a los impíos a la muerte!" (vers. 17).

En la tercera versión (2 Macabeos 9: 1-29) se refiere que "el Señor Dios de Israel, que todo lo ve, lo castigó con un mal incurable e invisible: . . . le vino un dolor de vientre que con nada se le pasaba, y un fuerte cólico le atacó los intestinos. Esto fue un justo castigo para quien, con tantas y tan refinadas torturas, había atormentado en el vientre a los demás" (vers. 5-6).

A continuación se dice que "comenzó a moderar su enorme arrogancia y a entrar en razón" (vers. 11). Se añade que "entonces este criminal empezó a suplicar al Señor; pero Dios ya no tendría misericordia de él" (vers. 13).

Después figura una supuesta carta conciliatoria que Antíoco dirigió a los judíos. Sigue la narración de esta manera: "Así pues, este asesino, que injuriaba a Dios, terminó su vida con una muerte horrible, lejos de su patria y entre montañas, en medio de atroces sufrimientos, como los que él había hecho sufrir a otros".

Concluye con un detalle que parece ser histórico: "Filipo, su amigo íntimo, transportó el cadáver; pero, como no se fiaba del hijo de Antíoco, se refugió en Egipto, junto al rey Tolomeo Filométor" (vers. 28-29).

Debe destacarse que dos de estos relatos -segundo y tercero- aunque son diametralmente opuestos, están en el mismo libro.

Surgen las preguntas: ¿Cómo puede un solo autor describir de dos maneras tan diferentes un acontecimiento tan importante como es la muerte del enemigo máximo de su pueblo? ¿O se trata acaso de dos versiones dispares incluidas por un imperdonable descuido? ¿Cómo hacer concordar estos relatos discrepantes? Los escrituristas católicos -aunque no lo expresen explícitamente- reconocen que este problema no tiene solución lógica. Aún no han encontrado una respuesta válida. Sólo dan algunas explicaciones o consideraciones que no resuelven esta dificultad.

En la introducción de la BJ a los libros de los Macabeos se reconoce, en cuanto a 2 Macabeos, que en este documento la "intención religiosa se sobrepone al cuidado por la exactitud histórica"; y se añade: "El autor utiliza para su propósito documentos y relatos, sin garantizar con ello su veracidad. La muerte de Antíoco Epífanes se refiere en forma diferente en [2 Mac.] 1: 13-16 y en 9: 1-29 (que se acerca más a 1 Mac. 6: 1-13" (ed. de 1967, p. 546).

En esta misma introducción también se destaca un serio anacronismo: En 2 Macabeos la muerte de Antíoco se sitúa antes de la purificación del templo de Jerusalén, realizada por Judas Macabeo (2 Macabeos 10: 1-8); pero en 1 Macabeos se coloca la muerte del perseguidor después de esa purificación (1 Macabeos 4: 36-59).

Esta extraña divergencia de los tres relatos mencionados y el evidente anacronismo, sin contar las diversas narraciones de un cariz sobrenatural insólito en la Biblia se encuentran precisamente en 2 Macabeos, libro que contiene dos dificultades de orden doctrinal de verdadera importancia:

(1) la supuesta validez de los sufragios presentados en favor de los muertos y

(2) la hipotética eficacia de la intercesión de los difuntos ante Dios, como abogados de los vivos.

15.00. Enseñanzas extrañas

En estos libros hay una cantidad de enseñanzas que son contrarias a los principios bíblicos. Estas discordancias han sido señaladas desde hace varios siglos por los que han estudiado detenidamente este tema.

(1) En el libro de Tobit se afirma que "dar limosna salva de la muerte y purifica de todo pecado" (cap. 12: 9, VP). Esta afirmación se repite en el Eclesiástico: "El dar limosnas consigue el perdón de los pecados" (cap. 3: 30).

Asegurar que las limosnas logran el perdón de los pecados es ir contra una clara enseñanza de las Sagradas Escrituras. Más aún: la enseñanza de que el ser humano puede ganar su salvación o merecerla mediante sus propias obras -siempre incompletas, imperfectas y no siempre debidamente motivadas-, es una doctrinas de origen pagano.

(2) En la parte añadida del cap. 3 de Daniel se cuenta que Azarías, que junto con los otros dos jóvenes hebreos había sido arrojado en un horno por orden de Nabucodonosor, dijo en su oración: "Actualmente no tenemos ni rey ni profeta ni jefe, ni holocausto ni sacrificio ni ofrenda, ni incienso ni lugar donde ofrecerte los primeros frutos y encontrar tu misericordia" (vers. 38).

Lo que dijo Azarías corresponde con la realidad de ese momento excepto que no tenían "profeta", pues en ese tiempo el profeta Ezequiel estaba con los cautivos en Babilonia y Jeremías con los pocos que habían quedado en Palestina. El pueblo de Israel estuvo sin profeta, pero fue durante el período llamado "intertestamentario" cuando, según los eruditos en la materia, se escribieron estas adiciones al libro de Daniel, "entre los años 80 y 50 a.C." (Daniel Hammerly Dupuy, Características de los libros apócrifos [Naña, Perú: CESU], P.20).

Es oportuno destacar aquí que las adiciones en griego al libro de Ester, según los especialistas en el tema, fueron escritas entre los años 180 y 145 a.C. (Id., p.21).

(3) Refiriéndose al autor del libro de Sabiduría, comenta Ausejo: "Extraordinario mérito suyo es el haber sabido aprovecharse de las ideas platónicos sobre la distinción del alma y del cuerpo para resolver definitivamente el gran problema que tanto torturó a los 'sabios' de Israel: el problema de la retribución de ultratumba" (op.cit., p.793-794).

Recurrir a las "ideas platónicas" para distinguir entre los conceptos de "alma" y "cuerpo", es colocarse en el terreno falible y nebuloso de las especulaciones de la filosofía pagana -en este caso la griega- que influyó durante varios siglos en el pensamiento de los maestros judíos de Alejandría, foco de la cultura helenística de la época.

(4) En Sabiduría 10:1-4 se enseña que la sabiduría protegió al primer hombre que fue creado ( se refiere indudablemente a Adán). Después se presenta a Caín sin mencionar su nombre (la VP y La nueva Biblia Latinoamérica sí lo mencionan; otras versiones católicas no, pero hacen una clara alusión a él). Se hace referencia a su fratricidio, y luego se añade que cuando "por su causa [de Caín]" (vers. 4, BJ)¹ vino el diluvio, la sabiduría nuevamente salvó a los hombres mediante el justo Noé.

Esto no armoniza con el relato de Génesis 6: 5-7 donde se describe el grado de maldad generalizada al cual llegaron casi todos los antediluvianos. Esa corrupción total colmó la medida de la perversión humana y atrajo la retribución divina.

Si bien es cierto que en el Génesis no se dice la edad que alcanzó Caín, el primer homicida tuvo que haber muerto varios siglos antes del diluvio, si se toma como pauta la longevidad que alcanzaron los patriarcas, según Génesis cap. 5. Por lo tanto, su crimen no pudo haber sido la causa que desencadenó esa catástrofe de alcance mundial. Si la piedad de los descendientes de Set hubiera prevalecido sobre la impiedad de los descendientes de Caín y, sobre todo, si no se hubieran entrelazado ambas descendencias mediante funestas uniones matrimoniales (Génesis 6: 1-4), muy diferente habría sido la condición moral de los antediluvianos, especialmente en el caso de los pertenecientes al linaje de los diez patriarcas, cuyo último representante fue Noé. Resulta, pues, opuesta al relato bíblico la aseveración de que el pecado de Caín produjo el diluvio.
Diversos comentadores han destacado esta discordancia.

(5) Aarón, el hermano mayor de Moisés, es llamado "hombre irreprochable" (Sabiduría 18: 21). Será suficiente recordar el desventurado episodio del becerro de oro (Éxodo 32; Deuteronomio 9) para mostrar que Aarón estuvo lejos de merecer que se lo llamara "irreprochable".

(6) En Eclesiástico hay una enseñanza que dice: "Cuando hagas el bien, fíjate a quién . . . Haz un favor al bueno, y obtendrás recompensa . . . Dios aborrece a los malvados y les dará su castigo. Debes dar al bueno, pero no al malvado" (cap. 12: 1-2, 67, VP).

La doctrina de Cristo enseña: "Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos" (Mateo 5:44-45).

(7) También en Eclesiástico se enseña: "Al burro, pasto, palos y carga; y al esclavo pan, corrección y trabajo. Da trabajo a tu esclavo, para que no busque el descanso; si levanta la cabeza, se rebelará contra ti. Con yugo y riendas se doblega una bestia, y con duros castigos al mal esclavo" (cap. 33: 25-27).

Enseñar que el esclavo "no busque el descanso" es lo opuesto a lo que enseña el cuarto mandamiento,² tal como se presenta en la repetición del Decálogo: "Para que descanse tu siervo y tu sierva como tú" (Deuteronomio 5:14). Y en este pasaje la revelación divina añade: "Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido ; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo" (vers. 15).

Es cierto que el descanso sabático obedece a una conmemoración del día cuando Dios "reposó de toda la obra que hizo [en la creación]" (Génesis 2: 2), o si se prefiere otra traducción, "En él cesó Dios de toda la tarea creadora que había realizado" (BJ); acontecimiento señalado por Dios cuando promulgó su ley en el Sinaí (Éxodo 20: 11). Este descanso semanal es para toda la humanidad; pero también -de un modo especial para los israelitas- debía ser una ocasión para que recordaran que habían estado esclavizados y que debían dar el debido descanso a sus siervos.

Durante muchos siglos los paganos se habían caracterizado por los castigos -a veces durísimos- con que sancionaban a sus esclavos. En este sentido ha llegado a ser proverbial la crueldad de los romanos. Muy diferente es la enseñanza bíblica.

Pablo exhortaba a los cristianos de sus días: "Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos" (Colosenses 4: 1). También es notable la forma en que el apóstol razona con Filemón respecto a Onésimo, esclavo prófugo de éste: "Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor" (Filemón 15-16).

(8) También se lee en Eclesiástico: "De la ropa sale la polilla, y de la mujer sale la maldad de la mujer" (Eclesiástico 42: 13). Esto es creer que existe generación espontánea.

La Biblia no es un libro de ciencia, pero tampoco apoya los conceptos científicos de los tiempos en que fue escrita, muchos de los cuales sabemos que son erróneos.

(9) Una plegaria muy extraña se registra en Baruc 3: 4. "Señor omnipotente, Dios de Israel, escucha la oración de los muertos de Israel" (BJ). En la VP se lee: "Escucha las súplicas de los israelitas condenados a muerte".

Sin embargo todas las versiones de origen católico (como la BJ, NC, BC, Straubinger, Ausejo, Nieto, Torres Amat, El libro del pueblo de Dios, La nueva Biblia Latinoamérica), traducen: "súplica de los muertos", "plegarias de los muertos" u "oración de los muertos".

Más de un comentador ha señalado esto como otro ejemplo de una aseveración que no concuerda con el conjunto de las enseñanzas de las Escrituras, donde no hay ni la más mínima mención de oraciones elevadas a Dios por los muertos. Por eso un erudito escriturista, Edward J. Young, refiriéndose a este extraño pasaje y a otros que se encuentran en los libros apócrifos, concluye afirmando que "en algunos casos discrepan de la verdad divinamente revelada" y añade, "por lo tanto nunca fueron incorporados en el canon judío" (Revelation and the Bible [El Apocalipsis y la Biblia], [Grand Rapids: Baker Book House, 1967], p. 167).

--------------------------------------------

¹ Esta cita es de la BJ porque en Dios habla hoy se lee "por culpa del hombre". Esta versión no concuerda con ninguna de las traducciones castellanas de origen católico que contienen los libros controvertidos. Desde las más antiguas (como Torres Amat) hasta las más recientes, traducen este pasaje dándole el sentido que le da la BJ. La excepción podría ser La nueva Biblia Latinoamérica, que resulta ambigua.

² Cuarto según la forma de dividir el Decálogo hecha por Orígenes de Alejandría; tercero, de acuerdo con la división propiciada por Agustín de Hipona.

El Texto Bíblico on Facebook