DANIEL ALEJANDRO FLORES

19.00. Pasajes buenos para leerse

Hay en los libros apócrifos varios pasajes que expresan pensamientos provechosos; su lectura a veces resulta edificante.

En el Eclesiástico hay varias enseñanzas o motivos de meditación que pueden ser útiles. Si bien a veces se encuentran algunos conceptos que podrían no ser aceptables -o, por lo menos, discutibles-, hay expresiones que pueden ser edificantes. Presentaremos algunos de sus párrafos, comenzando por el que quizá sea el más interesante:

"Toda la sabiduría viene del Señor y está siempre con él. ¿Quién puede contar los granos de la arena del mar, las gotas de lluvia, o los días de la eternidad? ¿Quién puede medir la altura del cielo, la anchura de la tierra, o la profundidad del abismo? la sabiduría fue creada antes que todo lo demás; la inteligencia para comprender existe desde siempre. ¿Quién ha descubierto la raíz de la sabiduría? ¿Quién conoce sus secretos? Sólo hay uno sabio y muy temible: el Señor que está sentado en su trono. El fue quien creó la sabiduría. La observó, la midió y la derramó sobre todas sus obras" (Eclesiástico 1: 1-9).

"No confíes en tus fuerzas para seguir tus caprichos. No digas: 'Nadie puede contra mí', porque el Señor te pedirá cuentas. No digas: 'Pequé, y nada me sucedió'. Lo que pasa es que Dios es muy paciente. No confíes en su perdón para seguir pecando más y más. No digas: 'Dios es muy compasivo, por más que yo peque, me perdonará'. Porque él es compasivo, pero también se enoja, y castiga con ira a los malvados. No tardes en volverte a él; no lo dejes siempre para el día siguiente. Porque, cuando menos lo pienses, el Señor se enojará, y perecerás el día del castigo" (cap. 5: 2-7).

"No pidas a una mujer consejo sobre su rival; ni al que busca botín, sobre la guerra; ni a un comerciante, sobre negocios; ni a un comprador, sobre la venta; ni a un malvado, sobre la generosidad; ni a un cruel, sobre la bondad; ni al ocioso, sobre el trabajo; ni al guardián de un campo, sobre la cosecha. Pide consejo a uno que respete siempre a Dios, que tú sepas que cumple los mandamientos y tiene sentimientos iguales a los tuyos, de manera que, si tropiezas, sufrirá contigo . . . Y, además de todo esto, pídele a Dios que te mantenga en el camino de la verdad" (cap. 37: 11-12,15).

"Ofrece a Dios sacrificios agradables y ofrendas generosas de acuerdo con tus recursos. Pero llama también al médico; no lo rechaces, pues también a él lo necesitas" (cap. 38: 11-12).

"Siente vergüenza, ante tus padres, de cometer actos inmorales; ante el gobernante, de decir mentiras; ante los amos, de hacer trampas; ante la asamblea, de cometer crímenes; ante un amigo o compañero, de traicionarlos; ante los vecinos, de ser insolente. Avergüénzate de no cumplir los pactos hechos bajo juramento, de meter los codos cuando comes, de no dar nada al que te pide, de no responder al que te saluda, de desear la mujer ajena, de despreciar a un amigo, de impedir que alguien reciba lo que es suyo, de tener relaciones con una mujer casada o con la esclava de ella; no te acerques a su cama. Avergüénzate, ante un amigo, de insultarlo, y de humillar a alguien después de hacerle un regalo; de repetir chismes y rumores y de revelar secretos. Esta es legítima vergüenza; así todos te apreciarán.

"En cambio, no debes avergonzarte de estas cosas, ni dejar de hacerlas por respeto humano: de la ley y los mandatos del Altísimo, y de hacer justicia y condenar al culpable; de hacer cuentas con el socio o el patrón, y de repartir una herencia o propiedad; de usar balanzas exactas, y de no engañar en las pesas y medidas; de llevar cuentas de lo grande y lo pequeño, y de discutir el precio con el comerciante; de corregir a los hijos con frecuencia, y de castigar a un mal esclavo; de guardar bajo sello a una mujer mala, y de echar llave donde hay muchas manos; de contar el dinero que te hayan confiado, y de apuntar todo lo que entregues o recibas; de corregir a los insensatos y los tontos, y al viejo que se junta con prostitutas. Así serás verdaderamente ilustre, y todos te tendrán por prudente" (cap. 41: 17-27; 42: 1-8).

Hay algunas líneas en Sabiduría que muestran que su autor debe haberse inspirado en pasajes de Job, Salmos, Proverbios y Eclesiastés. En Baruc: hay conceptos emanados de los tres primeros de los libros recién enumerados así como de algún pasaje del Pentateuco e Isaías y, por supuesto, de Jeremías (Baruc fue el secretario de este último profeta; cf. Jer. 36: 16-19; etc.). En todos estos casos es evidente que el mérito se halla en haber recurrido oportunamente al texto hebreo.

Es provechoso conocer la opinión de uno de los que acompañaron a Lutero en los agitados días de su lucha por la Reforma. Se trata de Andrés Bodenstein de Karlstadt, generalmente conocido como "Karlstadt", quien en su obra De Canonicis Scripturis Libellus (1521) refiriéndose a Sabiduría, Eclesiástico, Judit, Tobías, y 1 y 2 Macabeos, les reconoce cierto valor, y añade: "Antes de todas las cosas, deben leerse los mejores libros; después, si uno tiene tiempo, puede permitirse examinar los libros controvertidos, siempre que tenga el firme propósito de comparar y cotejar los libros que no son canónicos con los que son verdaderamente canónicos" (citado por Bruce M. Metzger, en An Introduction to the Apocrypha [Una introducción a los apócrifos], [N. York: Oxford University Press, 1963], p.182).

La traducción alemana de toda la Biblia hecha por Lutero se terminó en 1534. Ella contenía los "dudosos" así como los que los autores católicos llaman "apócrifos' y los protestantes "pseudoepigráficos" (menos 1 y 2 Esdras). Estaban en un apéndice al final del AT, con este prefacio: "Apócrifos. Es decir, libros que no son tenidos como iguales con las Sagradas Escrituras, y sin embargo son útiles y buenos para leer". Esta nota existe todavía en muchísimas Biblias, en alemán, editadas dos o tres siglos después del reformador.

El Prof. Bruce M. Metzger se refiere a los apócrifos de esta manera: "No sólo han inspirado homilías, meditaciones y formas litúrgicas, sino que poetas, dramaturgos, compositores y otros artistas se han valido ampliamente de sus temas. Proverbios usuales y nombres familiares se derivan de estos libros" (citado por G. Douglas Young, en Revelation and the Bible [Revelación y la Biblia], [Grand Rapids, Michigan: Baker Book House, 1967], p.185).

Pero reconocer la presencia de algunas enseñanzas moralmente útiles y elevadoras en una obra y, a veces, el relato de ejemplos de lealtad a la voluntad divina, no significa darle una categoría que sólo corresponde con las Escrituras. Sirva de ejemplo un libro difundido en muchos idiomas: El peregrino de Juan Bunyan, extensa alegoría inspirada en los más puros motivos, fiel reflejo, a través de la mentalidad y de los conceptos del autor, de importantes enseñanzas bíblicas referentes a la salvación del hombre por la fe en Cristo. Este libro ha sido, sin duda, un saludable alimento espiritual para muchos; pero nunca ha sido catalogado al mismo nivel que las Sagradas Escrituras, aunque sus páginas le sirvieron de pauta e inspiración.

18.00. Los apócrifos y los códices más antiguos

La presencia de los libros apócrifos en los tres principales códices de la Biblia exige una explicación. Ninguno de ellos es completo, o sea que no contiene los 66 libros "protocanónicos". Sin embargo, juntando el material de los tres tenemos toda la Escritura.

En ninguno de los tres tampoco están todos los libros apócrifos. En el Códice Vaticano (siglo IV d.C.) hay cinco, pero faltan 1 y 2 Macabeos; en el Sinaítico (siglo IV d.C.) también hay cinco, y faltan 2 Macabeos y Baruc; en el Alejandrino (siglo V d.C.) sólo falta Tobit (Tobías). En cuanto al significado de esto último debe destacarse que la inclusión de 4 Macabeos en el Sinaítico y en él Alejandrino, que es un relato ampliado del espantoso martirio y de la muerte sucesiva de siete jóvenes judíos y de su madre, víctimas de la crueldad de Antíoco (2 Macabeos 7: 1-42); y el hecho de que forme parte del Alejandrino I Esdras (denominado Esdras III en la Vulgata) y 2 Esdras (o Esdras el Profeta, o Apocalipsis de Esdras), y la Oración de Manasés así como la inclusión del libro Salmos de Salomón al final del índice, son hechos que demuestran que en los siglos IV y V d.C. existía la costumbre - que hoy nadie emplearía - de colocar dentro de las Escrituras ciertos libros que nunca fueron reconocidos como divinamente inspirados, ni en el canon hebreo ni por ninguna iglesia cristiana a través de los siglos.

Por lo tanto, es natural llegar a la conclusión de que el hecho de que estos libros estén en los códices más importantes descubiertos hasta ahora no es una razón valedera para darles la categoría de libros canónicos.

17.00. Los apócrifos y la Septuaginta (LXX)

Quienes aceptan la canonicidad de estos libros y de las añadiduras a Daniel y Éster, argumentan que se encuentran en la Septuaginta. También existe en muchos la noción de que esta traducción del AT al griego se efectuó en el siglo III a.C. por lo que su antigüedad acrecentaría su valor.

Pero la verdad es que la traducción de la LXX se completó en el siglo I d.C. Así lo confirma la autorizada pluma del jesuita Sebastián Bartina, quien afirma que el proceso de la traducción de los libros hebreos "del canon judío [protocanónicos]" se completó entre la parte final del siglo II a.C. y la primera mitad del siglo I d.C. Según este autor, durante ese lapso de formación de la LXX también se llevó a cabo "la redacción directa en lengua griega de ciertas obras deuterocanónicas [los libros que venimos llamando apócrifos] y apócrifas" (Enciclopedia de la Biblia [Ediciones Garriga], t. VI, columna 612).

Con todo, la mayor o menor antigüedad de esta versión griega no es de importancia decisiva. Lo que sí tiene verdadera trascendencia es que la inclusión de estos libros en la LXX sólo significa que los judíos helenizados de Alejandría (Egipto) tenían un criterio flojo que les permitía poner libros controvertidos junto a los que sí son canónicos por consenso unánime.

No conocemos qué libros incluía la LXX judía helenística, pues sólo nos han llegado manuscritos cristianos de la misma. Es posible que los judíos de Alejandría poseyeran una recopilación de esa versión que los excluyera, o que los incluyera junto con la traducción de los 39 libros hebreos del AT, porque los israelitas consideraban que la traducción de un libro sagrado no era sagrada. La certidumbre de cualquiera de estas posibilidades haría más débil aún el argumento de recurrir a la versión de los LXX para apoyar la canonicidad de los libros apócrifos.

Lo afirmado en el párrafo anterior se comprueba por la presencia en los manuscritos de la LXX de otros libros que hoy día ninguna iglesia cristiana reconoce como canónicos, y son: "I Esdras (denominado III Esra por San Jerónimo), 3 y 4 Macabeos, el Salmo ideográfico de David, los Salmos de Salomón, las Odas de Salomón y la Oración de Manasés" (Luis Gil, catedrático de Filología Griega de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, Id., t. VI, columna 616).

El erudito alemán Alfredo Rahlfs publicó en tres partes (1904, 1907 y 1911) su obra Septuaginta- Studien, que también difundió la Sociedad Bíblica de Stuttgart. En ese amplio comentario, con la excepción de la Oración de Manasés, están incluidos como parte de la LXX todos los otros libros que nadie reconoce como canónicos y que ya enumeramos.

Luis Gil, a quien acabamos de citar, añade a continuación: "Se ha de notar que Job se presenta en la versión griega [la LXX] considerablemente abreviado" (loc. cit.). Apuntamos esto únicamente para que sirva de ejemplo de que no siempre se puede confiar en la exactitud de "la versión griega", pues tiene peculiaridades que crean problemas textuales que no se pueden resolver satisfactoriamente.

También es importante destacar que la práctica rabínica requería abluciones rituales que eran obligatorias para cualquiera que usara los rollos que hoy forman los libros canónicos hebreos. En cambio, esos mismos rabinos enseñaban que ninguna traducción contaminaba las manos. Esta expresión significaba que ellos restaban toda importancia a las traducciones del Texto Sagrado (hebreo o arameo). Por lo tanto, no habrían prestado la debida atención al hecho de que en la Septuaginta - por ser una traducción - se incluyeran libros ajenos al canon bíblico o se hicieran aditamentos en griego a Daniel y a Éster.

16.08. ¿Intercesión de los muertos?

El otro pasaje de evidente importancia doctrinal que corresponde tratar ahora es una narración atribuida a judas Macabeo, en la que cuenta a sus compañeros de armas que había tenido una visión según la cual “el antiguo sumo sacerdote Onías, hombre bueno y excelente, de presencia modesta y carácter amable, de trato digno y dado desde su niñez a la práctica de la virtud, estaba con las manos extendidas, orando por todo el pueblo judío. En seguida apareció otro hombre, que se distinguía por sus cabellos blancos y su dignidad; la majestad que lo rodeaba claramente indicaba que se trataba de un personaje de la más alta autoridad. Onías tomó la palabra y dijo: ‘Este es Jeremías, el profeta de Dios, el amigo de sus hermanos, que ora mucho por el pueblo y por la ciudad santa’. Jeremías extendió la mano derecha, le dio a judas una espada de oro y le dijo: ‘Toma esta espada santa, que Dios te da; con ella destrozarás a los enemigos’ ‘ (cap. 15: 12-17).

Continúa el relato afirmando que de esta manera fueron “reconfortados” los combatientes presididos por el Macabeo, y se sintieron impulsados por un nuevo valor para luchar por su patria.

No sabemos cuánto tiempo había transcurrido desde la muerte del “antiguo sumo sacerdote Onías” hasta el momento cuando Judas contó lo que el autor califica de “una visión digna de crédito” (vers. 11), pero sabemos que el profeta Jeremías desempeñó su ministerio entre los siglos VII y VI a.C. por lo que, en los días de los Macabeos, hacía unos cuatro siglos que había fallecido.

Por lo tanto, con esta “visión” -como se afirma en una nota de la BJ- se da validez a “la intercesión de los muertos” (ed. de 1967, p. 546).

No es de extrañarse que enseñe Ausejo -refiriéndose a “la utilidad de la oración por los difuntos (12:43-46) y la intercesión de los santos (15:12-16)”-que “la importancia doctrinal” de 2 Macabeos “es realmente muy valiosa, por cuanto en él se descubren verdades referentes al más allá, que apenas se vislumbran en los demás escritos del AT” (ed. de 1966, p. 617).

En cuanto al valor que la Iglesia Católica atribuye a este pasaje y al libro de 2 Macabeos, es claro el testimonio de Straubinger cuando afirma: “Vemos aquí señalada la eficacia de la intercesión de los Santos por los que aún somos viadores en la tierra” (Id., p. 1287).

Son diversas las formas rituales que consisten en rezos constantemente repetidos, en los que se recurre a la intercesión ante Dios de la bienaventurada Virgen María o a la de determinados santos.

Todas estas prácticas de culto tienen como origen la creencia que se enseña y difunde -basada en los cap. 12 y 15 de 2 Macabeos- de que los vivos pueden ofrecer sufragios por los difuntos, y éstos, a su vez, pueden interceder por los vivos que les ruegan.

Siglos de historia enseñan que éste es uno de los factores más importantes para oscurecer -y en muchos casos para relegar al olvido- la única obra mediadora reconocida en las Escrituras: la de nuestro Señor Jesucristo, quien constantemente intercede por nosotros.

Juan Calvino (siglo XVI) se ocupó de este tema, y al referirse especialmente a los libros de los Macabeos y otros apócrifos, escribió:

“Citan de un viejo catálogo, llamado canon de la Escritura, que según ellos procede de la determinación de la Iglesia. Pero yo insisto en preguntar en qué concilio se compuso aquel canon. A esto no pueden responder. Aunque también me gustaría saber qué clase de canon es éste, porque en esto no hay acuerdo entre los antiguos. Y si nos atenemos a la autoridad de San Jerónimo, los libros de los Macabeos, de Tobías, el Eclesiástico y otros semejantes se deben tener por apócrifos, en lo cual éstos no pueden en manera alguna consentir” (Institución de la religión cristiana [Países Bajos: Fundación editorial de literatura reformada, 1967], t. II, p. 930).

El lenguaje de Calvino es evidentemente polémico; él estaba en franca pugna con algunas prácticas como éstas.

Los protestantes no se expresan ahora con esta vehemencia. Este contraste se explica, en parte, al recordar que Calvino publicó, por primera vez, su Institución en 1536: a sólo 19 años de 1517 -el año histórico del comienzo de la Reforma, iniciada por Lutero en Wittenberg-, por lo que estaba en todo su calor el motivo que había desencadenado la protesta del monje alemán: la venta de las indulgencias y su aplicación, en muchos casos, como sufragio por los pecados de los difuntos.

El transcurso de casi cinco siglos ha calmado las reacciones de quienes no aceptan esas doctrinas aún vigentes; además, desde hace mucho no se ve la figura de un Tetzel que pregone la eficacia de la compra de beneficios espirituales.

Con todo, sigue en pie el hecho de que el baluarte principal de la creencia en el purgatorio y todo lo que acompaña a esa doctrina, así como la posibilidad de que los difuntos favorezcan a los vivos con su intercesión, se halla en los pasajes que hemos considerado.

16.07. ¿Intercesión por los pecados de los muertos? - II

Si el autor de 2 Macabeos únicamente narrara el sacrificio que mandó efectuar judas Macabeo, podría suponerse que ese valiente caudillo, guiado por un concepto erróneo, ofreció algo ineficaz que se relataba a manera de información, así como se leen en la Biblia varios episodios que se refieren a hechos equivocados.

Pero tal no es el caso con este sacrificio, pues se afirma que judas “hizo una acción noble y justa” y que “su intención era santa y piadosa” (2 Macabeos 12: 43-45).

No es posible suponer que en los días de los Macabeos Dios hubiera dado una nueva revelación como añadidura al sistema ritual mosaico, ordenando que se ofrecieran sacrificios por los pecados de los muertos.

No es lógico imaginarse que el Altísimo dejara pasar más de mil años (período entre Moisés y los Macabeos) sin anunciar la eficacia de esa clase de sacrificios.

Además, habría usado a algún profeta para que comunicara al pueblo escogido esa nueva revelación; pero como ya se indicó, durante el período intertestamentario (unos 400 años separan el AT del NT) “desaparecieron los profetas” (1 Macabeos 9:27), por lo cual los judíos estaban a la expectativa de que “apareciera algún profeta autorizado” (cap. 14: 41).

También corresponde destacar que los autores judíos llamaban a Malaquías “el sello de los profetas”, pues lo consideraban - y siguen considerándolo - como el último de los mensajeros divinamente inspirados del AT.

Los exégetas católicos destacan la importancia doctrinal de este pasaje cuando defienden la enseñanza de que la misa tiene eficacia al aplicarla en sufragio por el alma de un difunto o de varios de ellos; así también tratan de justificar la validez de los responsos o rezos que se repiten en favor de los muertos, o de cualquier indulgencia que puede ganar una persona en este mundo para disminuir el tiempo de la permanencia del difunto en el purgatorio, al cual se aplica el beneficio de la indulgencia.

En el caso de la “indulgencia plenaria” se afirma que su virtud permite que el alma favorecida por ella salga del purgatorio y de sus tormentos, no importa cuanto tiempo le falte permanecer purificándose en él.

Esto se destaca en las notas redactadas por los autores católicos cuando comentan este tema.

En la versión de la Biblia cuya traducción estuvo a cargo de catorce escrituristas católicos presididos por el Dr. Evaristo Martín Nieto, se afirma acerca de este pasaje de 2 Macabeos, que es “el texto bíblico más claro acerca de la existencia del Purgatorio; sólo así puede darse la expiación más allá de la muerte” (ed. de 1964, p.576).

Todavía es más amplio y categórico Roger Le Deaut, director del Séminaire Français de Roma, cuando enseña:

“La creencia en una purificación de las almas después de la muerte, al propio tiempo que la posibilidad concedida a los vivos de ayudar a los difuntos, se halla atestiguada por primera vez en 2 Mac. 12:38-46”.

A continuación explica que la transgresión cometida por los combatientes que estaban bajo las órdenes de judas Macabeo no era “mortal”, pues según el relato ellos murieron “en la piedad” [”piadosamente”, VP] (2 Mac. 12: 45).

Y añade: “por eso, la oración y el sacrificio pueden librarlos de su culpa” (Enciclopedia de la Biblia [Ediciones Garriga], t. V, columna 1352).

Luego continúa el mismo autor:

“El NT no contiene enseñanza directa sobre el purgatorio; pero varios textos se explicarían perfectamente a la luz del segundo libro de los Macabeos” (loc. cit.).

Es difícil exagerar la importancia de esta última afirmación sobre el acto expiatorio hecho por judas Macabeo, la aprobación que le da el autor del relato que lo refiere y la aplicación que se le ha dado para aceptar la creencia en el purgatorio y toda la doctrina - con sus profundas consecuencias - del valor de los sufragios aplicados a los pecados de los difuntos.

Straubinger, citando a Schuster-Holzammer, anota:

“Todo este pasaje es el testimonio más explícito de la existencia de un purgatorio para los que mueren en gracia de Dios, pero no tienen suficientemente pura el alma y de la eficacia de los sacrificios y de las oraciones ofrecidas para su salvación” (El Antiguo Testamento [Buenos Aires: Desclée de Brouwer, 1951], t. III, p. 1284).

Aquí se hace necesario recurrir al fondo histórico de un episodio del siglo XVI y al episodio mismo. Juan de Médicis, hijo del famoso duque Lorenzo de Médicis, destacado protector de las artes y las letras, fue elegido papa en 1513.

Durante su pontificado ordenó la predicación y venta de las indulgencias, pues esperaba reunir los recursos suficientes para llevar a cabo sus grandes obras de embellecimiento de Roma.

Juan Tetzel (1465-1519), dominico alemán, alcanzó celebridad por la forma en que vendía las indulgencias entre los habitantes de su país natal. Esta venta en gran escala fue el origen inmediato o causa desencadenante del movimiento de la Reforma, pues disgustó a Lutero la forma en que se conseguía dinero con la venta de los supuestos beneficios relacionados con los castigos -más allá de la tumba- que correspondían a los pecadores.

La doctrina de la existencia del purgatorio y lo que se puede hacer a favor de las almas sometidas a un fuego purificador, ocupaban un lugar de capital importancia en todo el sistema de las indulgencias. Por eso era natural que estos versículos de 2 Macabeos adquirieran enorme importancia como una prueba en favor de la eficacia de efectuar sufragios por los difuntos.

El pasaje en cuestión implicaba la aceptación del libro donde se encuentra. Y si éste era incluido en el canon, debían incluirse también otros libros controvertidos.

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