DANIEL ALEJANDRO FLORES

32.04.a. 1 y 2 CRÓNICAS - Tema

Los libros de Crónicas se inician con un bosquejo genealógico de la historia antigua desde Adán hasta el tiempo de David. Se pasa por alto la historia dela creación, el jardín del Edén, la caída, los primeros patriarcas, el diluvio, los patriarcas posteriores, la estada en Egipto, el éxodo, el período de los jueces y el reinado de Saúl. El autor tenía poco o nada que añadir al material que ya se hallaba en el Pentateuco y otros libros tales como Josué y Jueces. Para este período antiguo sólo presenta una serie de tablas genealógicas, salpicadas ocasionalmente con breves datos biográficos o notas históricas (1 Crónicas 4: 9, 10, 38-43; 5: 9, 10, 16-26; 6: 31, 32, 48, 49, 54-81; 7: 21-24; 9: 17-34).

Primero el autor traza las generaciones desde Adán hasta Jacob. Sigue a esta genealogía un estudio de las 12 tribus en el que da énfasis a Judá, la tribu de David y a Leví, la tribu de los sacerdotes. Después el horizonte se reduce del Israel completo al reino del sur, Benjamín y Judá, y la ciudad de Jerusalén. Este material introductorio abarca los primeros nueve capítulos del primer libro de Crónicas.

La segunda parte y la principal del libro comienza con un breve relato de la muerte de Saúl (1 Crónicas 10). Luego sigue una historia de David (1 Crónicas 11 a 29) y de sus sucesores en el linaje de Judá hasta Sedequías, la destrucción de Jerusalén, y el cautiverio babilónico (2 Crónicas 1 a 36). Parecería que la tercera sección de la obra original abarcaba el regreso del cautiverio y el restablecimiento de Jerusalén como centro religioso de la comunidad judía restaurada (Esdras-Nehemías).

Se da considerable énfasis al reinado de David, la edad de oro de la historia de Israel. Sin embargo, se omiten muchos detalles referentes a David, tales como su reinado en Hebrón, su pecado contra Urías heteo, la rebelión de Absalón y asuntos similares.

Se trata con mayor brevedad el reinado de Salomón (2 Crónicas 1 a 9), aunque con mayor extensión que cualquier reinado subsiguiente. Se pone mucho énfasis en el templo y sus servicios. Los sucesos pertinentes a la edificación del templo ocupan la mayor parte del relato del reinado de Salomón (caps. 2 a 7).

Muchos de los incidentes registrados en Reyes relativos a este reinado se hallan en Crónicas, tales como el intento de usurpación de Adonías y el ungimiento de Salomón (1 Reyes 1, 2); su casamiento con la hija de Faraón y el culto en los altos (1 Reyes 3: 1, 2); la decisión respecto del niño disputado (1 Reyes 3: 16- 28); los magistrados de Salomón, su sabiduría y sus proverbios (1 Reyes 4); su palacio (1 Reyes 7: 1- 12); su adoración de dioses extraños, y sus adversarios (1 Reyes 11). Se han omitido ciertos datos respecto a la construcción del templo; unos se presentan en forma más breve, otros con las mismas palabras que en Reyes, y también los hay enteramente nuevos.

En la porción restante de la historia el registro es principalmente acerca de Judá, no de Israel. Los detalles concernientes a Israel sólo se presentan en forma incidental. No se dan datos cronológicos referentes a los reyes de Israel, y no figuran los sincronismos de los reyes de Judá respecto al gobernante de ese momento en Israel, con una excepción (2 Crónicas 13: 1). Mientras que se pasa casi enteramente por alto la historia de Israel, se presenta la historia de Judá principalmente desde un punto de vista religioso; los hechos políticos, militares y personales son subordinados a los de interés espiritual.

El motivo de la historia es exponer el propósito de Dios en las vicisitudes del pueblo escogido y mostrar cómo declinó la nación y cómo hasta el templo santo, con su ritual sagrado, fue finalmente destruido como resultado del pecado. Los reinados de los reyes buenos de Judá, buenos por lo menos durante una parte de sus reinados -Josafat, Joás, Ezequías y Josías- resaltan en una forma particular, y se recalcan especialmente los incidentes derivados del interés de los gobernantes en reformas religiosas y en la restauración del templo y sus servicios.

Por lo tanto, es claro que Crónicas no es un mero suplemento histórico de los libros de Reyes, sino más bien una obra distinta e independiente, que tiene su propósito propio, y fue escrita desde un punto de vista peculiar. Después de que se restablecieron los servicios del templo tras el regreso del exilio babilónico, y se restauró a Jerusalén, los judíos fieles acariciaban sin duda la esperanza de que esos servicios nunca más volverían a ser interrumpidos. Confiaban en que, bajo la bendición de Dios, de allí en adelante Israel podría prosperar y avanzar de gloria en gloria. Sin lugar a dudas, el tiempo era particularmente propicio para recordar al pueblo su historia pasada a fin de que Israel pudiera participar de todos los gloriosos privilegios que se le brindaban en las promesas de Dios.

Por lo tanto el cronista introdujo nuevos detalles respecto al templo, su ministerio y las fiestas religiosas. Sin embargo, se interesaba no tanto en el ritual como en la vida, no tanto en el templo como en el corazón de la gente. Israel había de ordenar su vida según la santa ley de Dios, manteniendo fija constantemente su atención en las recompensas y los castigos que serían el resultado de la obediencia y de la transgresión. Había un nuevo énfasis en la rectitud, una presentación más plena de la estrecha relación entre la piedad y la prosperidad, y entre la perversidad y la adversidad.

Se presentan los reinados de los reyes de tal manera que el lector pueda comprender claramente que el camino de la obediencia a las normas divinas es el de la paz y la prosperidad, y que el camino de la impiedad es el de la ruina y la desolación. Cada calamidad y éxito notables se atribuyen de una manera inconfundible a la acción de la Divina Providencia, pues el Señor es quien recompensa a los justos y castiga a los malos. Así "murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová" (1 Crónicas 10: 13); "David iba adelantando y creciendo, y Jehová de los ejércitos estaba con él" (cap. 11:9); "asimismo esto desagradó a Dios, e hirió a Israel" (cap. 21: 7); "y los hijos de Judá prevalecieron, porque se apoyaban en Jehová el Dios de sus padres" (2 Crónicas 13:18; ver también 2 Crónicas 16: 7; 17: 3, 5; 22: 7; 25: 20; 28: 6; 32: 25; 33: 10,11; 36: 15-17).

En Crónicas se trata a Israel como a una nación apóstata, que anda en caminos de maldad y de muerte. A Judá se la presenta como una nación que prospera bajo los reinados de reyes rectos y sufre los castigos de la transgresión bajo reyes que abandonan al Señor.

32.04.a. 1 y 2 CRÓNICAS - Tema

Los libros de Crónicas se inician con un bosquejo genealógico de la historia antigua desde Adán hasta el tiempo de David. Se pasa por alto la historia dela creación, el jardín del Edén, la caída, los primeros patriarcas, el diluvio, los patriarcas posteriores, la estada en Egipto, el éxodo, el período de los jueces y el reinado de Saúl. El autor tenía poco o nada que añadir al material que ya se hallaba en el Pentateuco y otros libros tales como Josué y Jueces. Para este período antiguo sólo presenta una serie de tablas genealógicas, salpicadas ocasionalmente con breves datos biográficos o notas históricas (1 Crónicas 4: 9, 10, 38-43; 5: 9, 10, 16-26; 6: 31, 32, 48, 49, 54-81; 7: 21-24; 9: 17-34).

Primero el autor traza las generaciones desde Adán hasta Jacob. Sigue a esta genealogía un estudio de las 12 tribus en el que da énfasis a Judá, la tribu de David y a Leví, la tribu de los sacerdotes. Después el horizonte se reduce del Israel completo al reino del sur, Benjamín y Judá, y la ciudad de Jerusalén. Este material introductorio abarca los primeros nueve capítulos del primer libro de Crónicas.

La segunda parte y la principal del libro comienza con un breve relato de la muerte de Saúl (1 Crónicas 10). Luego sigue una historia de David (1 Crónicas 11 a 29) y de sus sucesores en el linaje de Judá hasta Sedequías, la destrucción de Jerusalén, y el cautiverio babilónico (2 Crónicas 1 a 36). Parecería que la tercera sección de la obra original abarcaba el regreso del cautiverio y el restablecimiento de Jerusalén como centro religioso de la comunidad judía restaurada (Esdras-Nehemías).

Se da considerable énfasis al reinado de David, la edad de oro de la historia de Israel. Sin embargo, se omiten muchos detalles referentes a David, tales como su reinado en Hebrón, su pecado contra Urías heteo, la rebelión de Absalón y asuntos similares.

Se trata con mayor brevedad el reinado de Salomón (2 Crónicas 1 a 9), aunque con mayor extensión que cualquier reinado subsiguiente. Se pone mucho énfasis en el templo y sus servicios. Los sucesos pertinentes a la edificación del templo ocupan la mayor parte del relato del reinado de Salomón (caps. 2 a 7).

Muchos de los incidentes registrados en Reyes relativos a este reinado se hallan en Crónicas, tales como el intento de usurpación de Adonías y el ungimiento de Salomón (1 Reyes 1, 2); su casamiento con la hija de Faraón y el culto en los altos (1 Reyes 3: 1, 2); la decisión respecto del niño disputado (1 Reyes 3: 16- 28); los magistrados de Salomón, su sabiduría y sus proverbios (1 Reyes 4); su palacio (1 Reyes 7: 1- 12); su adoración de dioses extraños, y sus adversarios (1 Reyes 11). Se han omitido ciertos datos respecto a la construcción del templo; unos se presentan en forma más breve, otros con las mismas palabras que en Reyes, y también los hay enteramente nuevos.

En la porción restante de la historia el registro es principalmente acerca de Judá, no de Israel. Los detalles concernientes a Israel sólo se presentan en forma incidental. No se dan datos cronológicos referentes a los reyes de Israel, y no figuran los sincronismos de los reyes de Judá respecto al gobernante de ese momento en Israel, con una excepción (2 Crónicas 13: 1). Mientras que se pasa casi enteramente por alto la historia de Israel, se presenta la historia de Judá principalmente desde un punto de vista religioso; los hechos políticos, militares y personales son subordinados a los de interés espiritual.

El motivo de la historia es exponer el propósito de Dios en las vicisitudes del pueblo escogido y mostrar cómo declinó la nación y cómo hasta el templo santo, con su ritual sagrado, fue finalmente destruido como resultado del pecado. Los reinados de los reyes buenos de Judá, buenos por lo menos durante una parte de sus reinados -Josafat, Joás, Ezequías y Josías- resaltan en una forma particular, y se recalcan especialmente los incidentes derivados del interés de los gobernantes en reformas religiosas y en la restauración del templo y sus servicios.

Por lo tanto, es claro que Crónicas no es un mero suplemento histórico de los libros de Reyes, sino más bien una obra distinta e independiente, que tiene su propósito propio, y fue escrita desde un punto de vista peculiar. Después de que se restablecieron los servicios del templo tras el regreso del exilio babilónico, y se restauró a Jerusalén, los judíos fieles acariciaban sin duda la esperanza de que esos servicios nunca más volverían a ser interrumpidos. Confiaban en que, bajo la bendición de Dios, de allí en adelante Israel podría prosperar y avanzar de gloria en gloria. Sin lugar a dudas, el tiempo era particularmente propicio para recordar al pueblo su historia pasada a fin de que Israel pudiera participar de todos los gloriosos privilegios que se le brindaban en las promesas de Dios.

Por lo tanto el cronista introdujo nuevos detalles respecto al templo, su ministerio y las fiestas religiosas. Sin embargo, se interesaba no tanto en el ritual como en la vida, no tanto en el templo como en el corazón de la gente. Israel había de ordenar su vida según la santa ley de Dios, manteniendo fija constantemente su atención en las recompensas y los castigos que serían el resultado de la obediencia y de la transgresión. Había un nuevo énfasis en la rectitud, una presentación más plena de la estrecha relación entre la piedad y la prosperidad, y entre la perversidad y la adversidad.

Se presentan los reinados de los reyes de tal manera que el lector pueda comprender claramente que el camino de la obediencia a las normas divinas es el de la paz y la prosperidad, y que el camino de la impiedad es el de la ruina y la desolación. Cada calamidad y éxito notables se atribuyen de una manera inconfundible a la acción de la Divina Providencia, pues el Señor es quien recompensa a los justos y castiga a los malos. Así "murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová" (1 Crónicas 10: 13); "David iba adelantando y creciendo, y Jehová de los ejércitos estaba con él" (cap. 11:9); "asimismo esto desagradó a Dios, e hirió a Israel" (cap. 21: 7); "y los hijos de Judá prevalecieron, porque se apoyaban en Jehová el Dios de sus padres" (2 Crónicas 13:18; ver también 2 Crónicas 16: 7; 17: 3, 5; 22: 7; 25: 20; 28: 6; 32: 25; 33: 10,11; 36: 15-17).

En Crónicas se trata a Israel como a una nación apóstata, que anda en caminos de maldad y de muerte. A Judá se la presenta como una nación que prospera bajo los reinados de reyes rectos y sufre los castigos de la transgresión bajo reyes que abandonan al Señor.

32.03. 1 y 2 CRÓNICAS - Marco histórico

Los libros de Crónicas son básicamente un registro bosquejado de la historia del pueblo de Dios desde la creación hasta el período persa. Sobre todo se pone énfasis en la historia de David y sus sucesores en la nación de Judá.

Si Crónicas, Esdras y Nehemías formaron originalmente una obra escrita por Esdras, que regresó a Judea durante el reinado de Artajerjes I (465- 423), el marco histórico de los libros de Crónicas, en lo que se refiere al tiempo cuando fueron escritos, sería el mismo que el marco histórico de los libros de Esdras y Nehemías. Sin embargo, los libros de Crónicas no se ocupan del período en el cual fueron completados, y sólo parecen extenderse hasta dicho tiempo en pequeños datos genealógicos. Este período es tratado por Esdras y Nehemías.

32.02. 1 y 2 CRÓNICAS - Autor

Un examen cuidadoso del texto hebreo de los libros de Crónicas, Esdras y Nehemías indica que estos tres libros están estrechamente vinculados entre sí en lenguaje, estilo y enfoque general. Estas semejanzas pueden sugerir un autor único.

El hecho de que Crónicas concluya en medio de una frase sin terminar, que se completa en los primeros versículos de Esdras, ha sido motivo para que algunos crean que originalmente ambos libros formaron un solo volumen, sin división alguna entre los dos (2 Crónicas 36: 22, 23; cf. Esdras 1: 1-3).

No hay una verdadera interrupción en la narración entre 2 Crónicas 36 y Esdras 1. Puede ser que cuando se hizo la división, que separó en dos el volumen original, se repitieron los últimos versículos de Crónicas como los primeros versículos de Esdras. Sin embargo, otros ven la posibilidad de que los primeros versículos de Esdras hubiesen sido añadidos a Crónicas a fin de que el libro no terminara con la referencia a la destrucción de Jerusalén.

Los antiguos escritores judíos están de acuerdo, por regla general, en que Esdras escribió Crónicas.

Hay muchos indicios de una estrecha relación entre los libros de Esdras y Nehemías. Los antiguos no los separaban en dos libros como sucede ahora. El Talmud y los padres cristianos Orígenes y Jerónimo, consideraron a Esdras-Nehemías como un solo volumen. Pareciera que a través de los libros de Crónicas, Esdras y Nehemías, pudiese rastrearse una sola mano, y por lo tanto los eruditos modernos los consideran en general como la obra del mismo autor.

Puesto que el tono y el espíritu de la obra indican que los libros fueron escritos por un sacerdote vinculado con el templo de Jerusalén durante la última mitad del siglo V AC, parece muy probable que Esdras, sacerdote y escriba (ver Nehemías 12: 26), fuera el autor. Tanto Esdras (Esdras 7: 1-21) como Nehemías (Nehemías 2: 1; 5: 14) mencionan a Artajerjes, en cuyo tiempo floreció Esdras. Este fue evidentemente Artajerjes I (465-423 AC). Si Esdras es el autor de Crónicas, Esdras y Nehemías, nuestros dos libros actuales de Crónicas deben ubicarse cronológicamente en la última parte del siglo V AC.

La evidencia interna también señala el hecho de que el libro fue escrito, o por lo menos completado, en el período persa, alrededor del 400 AC. Los valores monetarios están calculados en "dracmas", o "dáricos" (1 Crónicas 29: 7, BJ), monedas que se cree fueron introducidas por Darío I (522-486 AC). Se presenta la genealogía de la familia de David, incluyendo varias generaciones más allá de Zorobabel (1 Crónicas 3: 19-24), el cual regresó a Judea durante el reinado de Ciro, 539-530 AC (Esdras 1: 1, 2; cf. 2: 2). Sin embargo, es posible que estos nombres fueran añadidos más tarde. Si nos basamos en el promedio de la descendencia de los reyes hebreos, una generación sería de aproximadamente 23 años. Según este cálculo, seis generaciones después de Zorobabel se extenderían hasta casi el 400 AC.

Puesto que quizá Crónicas estuvo una vez unido con Esdras-Nehemías, por la evidencia interna de dichos libros puede obtenerse también la fecha cuando vivió el cronista. La lista de los sumos sacerdotes dada en Nehemías 12: 10, 11, 22, 23, se extiende hasta Jonatán, o Johanán y Jadúa. Por los papiros de Elefantina se sabe que Jonatán ya era sumo sacerdote por lo menos en 410. Las evidencias señalan así hacia fines del siglo V AC, o alrededor del año 400, como la época cuando se completó Crónicas.

El escritor de Crónicas se refiere repetidas veces a un volumen de historia general hebrea, "el libro de los reyes de Judá e Israel" (ver 2 Crónicas 16: 11;25: 26; 28: 26; cf. 35: 27; 36: 8). Este libro parece haber sido una compilación final de las dos historias tan frecuentemente mencionadas en Reyes: "el libro de las crónicas de los reyes de Israel" (1 Reyes 15: 31; 16: 5,14,20,27; 22: 39; 2 Reyes 10: 34; 14: 28; 15: 21, 26), y "las crónicas de los reyes de Judá" (1 Reyes 14: 29; 15: 7, 23; 2 Reyes 8: 23; 12: 19; 15: 6, 36; 16: 19). Este "libro de los reyes de Judá y de Israel" parece haber sido un volumen completo que contenía todos los registros de los reyes pues narraba sus hechos"primeros y postreros" (ver 2 Crónicas 16: 1 1; 25: 26; 28: 26; 35: 27).

Más aún, frecuentemente se refiere a obras históricas de alcance más limitado, que tratan de individuos o de temas particulares. Entre ellas están "las crónicas del rey David" (1 Crónicas 27: 24), "las crónicas de Samuel vidente", "las crónicas del profeta Natán", "las crónicas de Gad vidente" (ver 1 Crónicas 29:29), "la profecía de Ahías silonita", "las profecías del vidente Iddo contra Jeroboam hijo de Nabat" (2 Crónicas 9: 29), "la historia de Semaya el profeta", el libro de "lddo vidente, en la cuenta de los linajes" (2 Crónicas 12: 15), "la historia de lddo profeta" (2 Crónicas 13: 22), "las palabras de Jehú hijo de Hanani" (2 Crónicas 20: 34), "la historia del libro de los reyes" (2 Crónicas 24:27), "los hechos de Uzías" escritos por el profeta Isaías (2 Crónicas 26: 22), "la profecía de Isaías profeta" (2 Crónicas 32: 32), y "las palabras de los videntes"(2 Crónicas 33: 19).

La lista precedente de obras de referencia demuestra que existía una gran cantidad de testimonios documentales. Hay indicios de que en los días de Esdras y Nehemías existían tales documentos. Si puede confiarse en la declaración de 2 Macabeos 2: 13, Nehemías fundó una biblioteca en la cual "reunió los hechos de los reyes, y los profetas, y de David, y las epístolas de los reyes respecto de los dones santos".

32.01. 1 y 2 CRÓNICAS - Título

Al igual que los libros de Reyes, los dos libros de Crónicas formaban originalmente una obra única y continua, conocida en hebreo como dibre hayyamim, "sucesos de los días".

Este título parece ser una abreviación de sefer dibre hayyamim, literalmente, "libro de los sucesos de los días", diario llevado en las cortes orientales para registrar los acontecimientos diarios (ver 2 Reyes 14: 18, 28; 15: 6, 21, 31; 1 Crónicas 27: 24; Nehemías 12: 23; cf. Ester 6: 1, 2).

Los traductores de la LXX dividieron el libro en dos partes llamadas paraleipómenon a y b, literalmente, "primera y segunda parte de asuntos omitidos". Este título de los traductores griegos indica que consideraban al libro como una especie de suplemento de los libros de Samuel y Reyes, escrito para proporcionar detalles que habían sido omitidos en historias anteriores.

El título "Crónicas", se deriva del término Chronicon, empleado por Jerónimo para representar adecuadamente la designación hebrea del libro, y este término, en la forma plural de Chronica o Chronicorum liber, "Crónicas", o "Libro de Crónicas", se empleó en algunas ediciones de la Vulgata, de donde fue tomado por los traductores.

Una nota masorética al final del texto hebreo indica que Crónicas fue originalmente un libro único, indiviso. Declara que 1 Crónicas 27: 25 es el versículo de en medio del libro. Más aún, Josefo, Orígenes, Jerónimo y el Talmud, consideraron el libro como uno solo. La división de la LXX en dos libros, adoptada en la Vulgata, pasó a otras versiones, y a las ediciones impresas modernas de la Biblia hebrea.

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