DANIEL ALEJANDRO FLORES

39.03. CANTARES - Marco histórico

El Cantar apareció en la edad de oro de la monarquía hebrea. Parece como si el rey hubiera escrito acerca de sus propios amores. Y entonces surge la pregunta en forma espontánea: ¿para cuál de sus muchas esposas compuso esta canción de amor?

Salomón amó a muchas mujeres extranjeras (1 Reyes 11: 1), entre las que se incluyeron 700 esposas, princesas, y 300 concubinas (1 Reyes 11: 3). El número que se da en Cantares 6: 8 es mucho menor: 60 reinas y 80 concubinas.

Si se acepta el Cantar de los Cantares como una unidad y que el casamiento que se celebra es el de Salomón, se tiene la impresión de que éste escribió el Cantar cuando era joven. La novia es descrita como una niña campesina sulamita. Un enlace con una joven de esta clase sería un verdadero "casamiento por amor", sin motivos políticos ni otra clase de conveniencias como otros matrimonios de Salomón.

Una relación de este tipo haría que este relato del casamiento de Salomón fuese una ilustración muy apropiada de la relación entre Cristo y la iglesia, pues por lo menos partes del Cantar se han considerado como símbolo de una asociación tal.

Sulamita (Cantares 6: 13) debería probablemente escribirse sunamita (ver 1 Reyes 1: 3), según lo sugiere la LXX. Si así fuera, la doncella era oriunda de Sunem, pueblo del territorio de Isacar (ver Josué 19: 18), a 11, 2 km. al este de Meguido. Sunem fue el escenario del conmovedor relato registrado en 2 Reyes 4: 8-37, en donde se narra cómo el profeta Eliseo resucitó al hijo de su benefactora sunamita. La aldea moderna de Solem ocupa este antiguo lugar.

39.02. CANTARES - Autor

Tanto el título como la tradición favorecen la paternidad literaria de Salomón. Parece algo extraño que no se hubiese preservado para nosotros ni uno solo de los muchos cantos escritos por Salomón (1 Reyes 4: 32). Algunos atribuyen a éste los Salmos 72 y 127.

Cuatro puntos principales resumen la evidencia interna de que Salomón es el autor:

a. El conocimiento que tiene de las plantas, los animales y otros seres de lanaturaleza está en armonía con lo que se afirma de Salomón en 1 Reyes 4: 33.

b. La demostración de que posee un amplio conocimiento de productos extranjeros,como los que se importaban en tiempos de Salomón.

c. La similitud del Cantar de los Cantares con ciertas partes del libro de los Proverbios:

Cantares 4: 5, cf. Proverbios 5: 19;
Cantares 4: 11, cf. Proverbios 5: 3;
Cantares 4: 14, cf. Proverbios 7: 17;
Cantares 4: 15, cf. Proverbios 5: 15;
Cantares 5: 6, cf. Proverbios 1: 28;
Cantares 6: 9, cf. Proverbios 31: 28;
Cantares 8: 6, 7, cf. Proverbios 6: 34, 35).

d. El lenguaje de los Cantares corresponde con el que podría esperarse del tiempo de Salomón. Pertenece al período de oro de la lengua hebrea. Es eminentemente poético, vigoroso y fresco; no tiene los rasgos del deterioro que se manifestó en el período de la decadencia que sobrevino cuando se separaron Israel y Judá.

Ninguna de estas indicaciones es concluyente por sí misma, pero juntas atestiguan que Salomón es el autor.

39.01. CANTARES - Título

Este libro se conoce comúnmente como el Cantar de Salomón. Su nombre latino es Canticum Canticorum, o sea, el Cantar de los Cantares. En hebreo se llama Shir-hashshirim (Sir hasirim, en la forma moderna hispanizada), "el canto de los cantos" o "el canto por excelencia", tal vez una forma idiomática para significar "el mejor de los muchos cantos de Salomón", así como "Rey de reyes" significa "el Rey supremo".

Salomón "compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco" (1 Reyes 4: 32). En el canon del AT hebreo se ha conservado un libro de sus Proverbios, pero el Cantar de los Cantares parece que fue el único de sus cantos que se incluyó en dicho canon.

38.05. ECLESIASTÉS - Bosquejo


I. Prólogo: La vanidad de la vida, 1: 1 - 1 1.

A. Los vaivenes de las generaciones son aparentemente en vano, 1: 1-4.

B. Los interminables ciclos de la naturaleza parecen carecer de propósito, 1: 5-8.

C. ¿Hay algo "nuevo", algún gran propósito para la existencia? 1: 9-11.


II. Salomón busca la felicidad, 1: 12 a 2: 26.

A. A más conocimiento, más desilusión, 1: 12-18.

B. La vanidad del placer, el regocijo y las posesiones materiales, 2: 1-11.

C. El sabio y el necio son iguales al morir, 2: 12-17.

D. El sabio está insatisfecho con los resultados de sus esfuerzos, 2: 18-23.

E. La satisfacción sólo proviene de Dios, 2: 24-26.


III. Tiempo para todo, 3: 1 a 4: 8.

A. Tiempo para las diversas actividades humanas, 3: 1-15.

B. Tiempo para el juicio divino, 3: 16-22.

C. Tiempo permitido para las injusticias humanas, 4: 1-8.


IV. Cuatro ideales, 4: 9 a 5: 9.

A. El valor del compañerismo, 4: 9-12.

B. El valor de la sabiduría, 4: 13-16.

C. El valor de la reverencia, 5: 1-7.

D. El valor de la justicia, 5: 8, 9.


V. La insensatez de la vida, 5: 10 a 6: 12.

A. La insensatez del materialismo, 5: 10-12.

B. El misterio del sufrimiento, 5: 13-17.

C. La inutilidad del esfuerzo, 5: 18 a 6: 12.


VI. Cosas por las cuales vale la pena vivir, 7: 1-22.

A. La reputación y la formación del carácter, 7: 1-1 0.

B. La sabiduría para entender el proceder de Dios, 7: 11-14.

C. Una perspectiva equilibrada de la vida, 7: 15-18.

D. Nadie es perfecto, 7: 19-22.


VII. La búsqueda de la sabiduría, 7: 23 a 12: 7.

A. Sus fracasos, 7: 23-29.

B. Solución de sus conflictos, 8: 1-15.

C. Los caminos inescrutables de Dios, 8: 16 a 9: 6.

D. El contentamiento en medio de las viscisitudes de la vida, 9: 7 a 10: 6.

E. Cada acción tendrá su recompensa debida, 10: 7 a 1 1: 10.

F. El fin de la vida, 12: 1-7.


VIII. Epílogo. Lo que Dios espera de la humanidad, 12: 8-14.

38.04. ECLESIASTÉS - Tema

Aunque Salomón ocupó un lugar eminente entre los reyes hebreos, tanto en sabiduría como en prosperidad temporal, relata en Eclesiastés la inutilidad de todas estas ventajas para lograr la felicidad verdadera y estable. ¿Y cómo alcanzará el hombre la felicidad? Cooperando con su Creador y cumpliendo así el propósito divino para la existencia humana.

El predicador una vez que medita en la incertidumbre de la felicidad, discurre sobre la desgracia real que llena el mundo. Para un mundo lleno de angustia, el "sabio" no propone una especie de "bienestar social" como la solución de las desigualdades o injusticias humanas. Cuando concluye su presentación, el predicador presenta una serie de sugestiones prácticas. Como individuos, debemos prestar toda la ayuda posible a los pobres y a los dolientes; pero lo más importante es que rindamos a Dios el corazón y los afectos, que le obedezcamos, y así nos prepararemos para el juicio final. El Eclesiastés proporciona así una sana filosofía de la vida, del propósito de la existencia del ser humano, de su deber y de su destino.

Con la exposición de sus experiencias personales, Salomón procura guiar a otros por el camino de la fe en Dios. Describe la tiranía que hay en el mundo, las injusticias, los fracasos que podrían debilitar la fe del ser humano en su Creador. Pero no se puede despreciar ni posponer en forma indefinida el día de la retribución. Aunque persistan por un tiempo las desigualdades, éstas a menudo son medidas esencialmente disciplinarias. Por lo tanto, el deber y la felicidad final de toda persona consisten en hacer frente a la vida con la determinación de aprovechar al máximo sus oportunidades. Dios se encargará del futuro.

En el libro del Eclesiastés se presenta al pueblo de Dios, no como una nación escogida, sino más bien como una asamblea de individuos que se reúnen bajo la dirección del Qohéleth, el Predicador. El debate de la asamblea concierne a los intereses del individuo como miembro del grupo, responsable ante Dios directa y personalmente. El Eclesiastés proporciona así una transición adecuada del Israel según la carne al Israel según el espíritu. La enseñanza de Salomón, rey de Israel, cuyo nombre significa "paz" -pero que él no halló en su propia vida personal hasta bien avanzada su vejez-, fue incluido con toda propiedad por los judíos en la sección final del AT como la culminación adecuada de la filosofía de la vida, ilustrada mediante el trato de Dios con su pueblo en los tiempos antiguos.

Cuando Salomón perdió de vista la fuente de la sabiduría, gloria y poder que el cielo le había otorgado tan bondadosamente, las tendencias naturales le dominaron la razón. La confianza en Dios y en la dirección divina imperceptiblemente cedió el lugar a una creciente confianza propia y a la búsqueda de sus propios caminos. A medida que Salomón subordinaba la razón a su propia inclinación, se le embotaba la sensibilidad moral, se le endurecía la conciencia y se le pervertía el juicio. La duda ateística y la incredulidad que le endurecieron el corazón también debilitaron sus principios morales, degradaron su vida y finalmente lo llevaron a una apostasía completa. Durante años fue acosado por el temor de que su incapacidad para apartarse de la insensatez terminaría en una ruina completa.

Sin embargo, en el ocaso de su vida su conciencia al fin despertó, y Salomón comenzó a comprender la realidad de su insensatez y a verse a sí mismo como Dios lo veía: "un rey viejo y necio" que "no admite consejos" (cap. 4: 13). Se acercaba el tiempo de su muerte, y no hallaba placer en reflexionar en su vida malgastada (cap. 12: 1). Su mente y su cuerpo estaban debilitados por los excesos (vers. 2-5). Completamente arrepentido, se esforzó por reformar su antigua vida extraviada; y con espíritu contrito regresó cansado y sediento de las cisternas rotas de la tierra para saciarse una vez más en el manantial de la vida.

Pero la recuperación del favor de Dios no le restauró en forma milagrosa la fortaleza física y la fuerza mental de los años malgastados. El pecado es un tremendo mal, que ha descompuesto todo el organismo humano, pervertido la mente y corrompido la imaginación, y el arrepentimiento de Salomón no impidió que diese fruto el mal que había sembrado. No podía esperar que escaparía a los resultados agostadores del pecado. Sin embargo, recuperó una medida limitada de la sabiduría que había dilapidado cuando andaba tras la insensatez. Por su propia amarga experiencia, Salomón aprendió cuán vacía es una vida dedicada a buscar las cosas terrenales como el bien más elevado. Gradualmente llegó a comprender la impiedad de su conducta, y buscó la manera de levantar su voz de advertencia que salvara a otros de las amargas experiencias por las que él mismo había pasado, y así contrarrestar, hasta donde fuera posible, la influencia nefanda de su locura.

De esa manera, mediante el Espíritu de la inspiración, Salomón registró para las generaciones futuras la historia de sus años malgastados, con sus lecciones de amonestación. El libró de Eclesiastés es el relato de su insensatez y su arrepentimiento, una descripción de los errores que le habían hecho malgastar inútilmente los dones más preciosos del cielo.

La vida de Salomón rebosa de advertencias y contiene mucho que es presentado por la Inspiración no como un ejemplo para imitar, sino más bien como una amonestación solemne.

Describe en términos muy gráficos cómo Salomón buscó el placer, la popularidad, la riqueza y el poder; pero el pensamiento que unifica esta triste narración es el sincero análisis que hace el autor de los procesos mentales pervertidos con los cuales él había justificado su conducta extraviada.

Las partes de Eclesiastés que relatan la experiencia y el razonamiento de sus años de apostasía no se han de tomar como la expresión del pensamiento y la voluntad del Espíritu Santo; sin embargo, son un registro inspirado de lo que verdaderamente Salomón pensó e hizo durante ese tiempo, y constituye una seria amonestación contra ese tipo de pensamiento y acción equivocados. Por ejemplo: la actitud cínica para con la vida, expresada en los caps. 2: 17; 4: 2; 7: 1, 28, dista mucho de ser un modelo para el cristiano (ver caps. 1: 17; 2: 1, 3, 12; etc.). No hay que desvincular de su contexto pasajes como éstos, para "probar" alguna supuesta verdad que la Inspiración nunca se propuso enseñar.

Por lo tanto, en el estudio del libro de Eclesiastés es sumamente importante diferenciar entre el razonamiento sutil y pervertido al cual se refiere Salomón y el discernimiento más claro que siguió a su arrepentimiento. El contexto de una declaración a menudo demuestra si Salomón se refiere al falso razonamiento de años anteriores, o a las reflexiones depuradas de los días de su arrepentimiento.

El planteamiento del pensar pervertido y de las actitudes de sus años pasados se presenta a menudo mediante expresiones en pasado: "vi","dije", "busqué", "hice", "di mi corazón", etc. (caps. 1: 13 a 2: 26). Por contraste, las solemnes conclusiones extraídas de la experiencia comienzan a menudo con expresiones como éstas: "he conocido" o "he visto" (caps. 3: 10-14;5: 13, 18).

Además, una nota de cinismo e incertidumbre caracterizan por lo general el pensamiento de sus años anteriores (caps. 1: 18; 2: 11, 14-20; 4: 2,3; 6: 12; 7: 1-3, 27, 28; 9: 1 1). En cambio, las conclusiones que reflejan los juicios maduros de la vida posterior tienen un tono positivo (caps. 5: 1, 10; 9: 1 1; 1 1: 1; 12: 1), y los principios enunciados (caps. 5: 10, 13; 6: 7;8: 1 1; 1 1: 9; 12: 7, 13, 14) se confirman en otros pasajes de las Escrituras.

Debe notarse también que Salomón usa la palabra "sabiduría" para referirse tanto a la sabiduría mundana (caps. 1: 18; 7: 12; etc.) como a la verdadera sabiduría (caps. 7: 19; 8: 1; 10: 1; etc.).

Cuando comenzó a buscar deleites y a vivir insensatamente, esperaba disfrutar de todos los placeres del pecado y al mismo tiempo retener su sabiduría y sano juicio (cap. 2: 3). En medio de su necedad, se creía sabio (cap. 2: 9), pero no se daba cuenta de su auto engaño hasta ya pasados muchos años y, como el hijo pródigo (Lucas 15: 17), volvió en sí, pero como un hombre más triste y más sabio (cap. 7: 23). Tal es el engaño del pecado, como lo comprendió Eva para su desazón y amarga desilusión (ver Gén. 3: 5-7).
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