DANIEL ALEJANDRO FLORES

59.02. La Poesía en los profetas

Los libros proféticos del Antiguo Testamento presentan una contribución única en su género a la literatura universal con su fusión de prosa y poesía en secuencia continua.

En estos libros están entremezclados la historia profética, el discurso oratorio y la celebración poética.

El profeta escribe las palabras de profecía divina; habla con vibrantes períodos y frases equilibradas de la oratoria sublime, reprendiendo, suplicando, amonestando, consolando a su pueblo extraviado y entreteje en la obra literaria inspirada melodías de poesías líricas: en conjunto su obra forma un tipo literario totalmente desconocidos en otras literaturas del mundo.

Los primeros 39 capítulos de Isaías están formados por pasajes entremezclados de prosa y poesía; pero los capítulos 40-66 de este libro profético son casi exclusivamente poesías.

Los capítulos 1-31 y 46-51 de Jeremías presentan una combinación de prosa y poesía.

Hay unos pocos casos de poesías en Ezequiel y Daniel.

La mayoría de los profetas conocidos como menores también consisten, total o parcialmente en poesía. A menudo la vehemente elocuencia de los profetas halla su expresión en las excelsas cadencias de la poesía lírica.

59.01. La Poesía en los libros históricos

En todos los libros históricos del Antiguo Testamento hay casos en que se emplea poesía para ilustrar el relato y para hacer vivida la narración. Una de las características típicas de la literatura bíblica consiste en que aparecen lado a lado la narración en prosa y la celebración poética del suceso histórico.

Por ejemplo, inmediatamente después del relato descriptivo del cruce del mar Rojo por los hijos de Israel aparece la celebración lírica de la destrucción de los egipcios y la liberación de Israel el cántico de Moisés y de María (Éxodo 14, 15). Esta oda está entre los más antiguos cantos de victoria.

A continuación de la narración en prosa de la derrota de Sísara, capitán de los ejércitos del rey cananeo Jabín, a manos de los israelitas comandados por Débora y Barac, aparece la oda bélica llamada generalmente el canto de Débora y Barac (Jueces 4, 5).

Después del relato de la muerte de Jonatán y Saúl a manos de los filisteos, aparece el conmovedor lamento de David (1 Samuel 31; 2 Samuel 1). Por su gusto refinado, su delicadeza y perfección de la estructura, pocas elegías de la literatura universal pueden estar al nivel de este bello fragmento de poesía elegíaca.

En todos los libros del Pentateuco, excepto Levítico, hay pasajes poéticos.

Hay seis en Génesis:
(1) El canto de Lamec, 4: 23, 24.
(2) La maldición de Noé sobre Canaán y la bendición para Jafet, 9: 25-27.
(3) La profecía de Dios a Rebeca, 25: 23.
(4) La bendición de Isaac, para Jacob, 27: 27-29.
(5) La bendición de Isaac para Esaú, 27: 39, 40.
(6) La bendición de Jacob para sus hijos, 49: 2-27.

El único ejemplo de poesía en Éxodo es el soberbio cántico de Moisés y María, 15: 1-18, 21.

Números tiene los siguientes ejemplos:
(1) La bendición aarónica, 6: 24-26;
(2) Fórmulas para levantar y asentar el arca, 10: 35, 36.
(3) El canto del valle, 21: 14, 15.
(4) El canto del pozo, 21: 17, 18.
(5) La caída de Hesbón, 21: 27-30.
(6) Los oráculos de Balaam, 23: 7-10, 18-24; 24: 3-9, 15-24.

Deuteronomio presenta
(1) Las maldiciones, 27: 15-26.
(2) El canto de Moisés, 32: 1-43.
(3) La bendición de Moisés para las doce tribus, 33: 2-29.

El único pasaje en verso de Josué es la orden de Josué al sol y a la luna, 10: 12, 13.

Jueces tiene
(1) El canto de Débora y Barac, 5: 1-31.
(2) Los enigmas de Sansón, 14: 14, 18; 15: 16.

Rut incluye el pacto de Rut con Noemí, 1: 16, 17,

1 Samuel tiene
(1) El agradecimiento de Ana, 2: 1-10 y
(2) Trozos de canciones populares para alabar a David, 18: 7; 21: 11.

2 Samuel tiene
(1) El lamento de David 1: 19-27.
(2) La elegía de David por la muerte de Abner, 3: 33, 34.
(3) El canto de victoria de David, 22: 2-51 (ver. Salmo 18).
(4) Las últimas palabras de David, 23: 1-7.

En 1 Crónicas aparece el cántico de David para la instalación de arca, 16: 8-36.

En 2 Crónicas hay
(1) Coros poéticos en 5: 13; 6: 1, 2; 7: 3; 20: 21.
(2) La parte final de la oración de Salomón, 6: 41, 42.

59.00. La Poesía de la Biblia - Introducción

Alrededor del 40 por ciento del Antiguo Testamento es poesía.

Para el lector común de la Biblia esto constituye un descubrimiento sorprendente. Está acostumbrado a ver la poesía impresa en forma de versos y estrofas escandidos, que generalmente se caracterizan por un ritmo y una rima marcados y regulares, mientras que en la mayoría de las versiones bíblicas comunes se hace poca distinción tipográfica entre el verso y la prosa. Sólo algunos de los revisores de las traducciones han presentado la poesía de la Biblia en la forma versificada que nos resulta familiar.

La mayor parte de la poesía bíblica aparece en el Antiguo Testamento en fragmentos de los libros históricos, en pasajes entremezclados con las porciones en prosa de los profetas, y en seis libros que son poéticos en su totalidad o en gran parte. En el Nuevo Testamento sólo aparece poesía en unos pocos casos aislados, principalmente en citas del Antiguo Testamento.

La importancia de la poesía y la música entre los hebreos se advierte en el hecho de que el idioma hebreo tiene una cantidad de sinónimos para la palabra "canto".

58.15. Valores monetarios - III

El dinero acuñado primero apareció en el Asia Menor en el siglo VII AC.

Tradicionalmente se considera a Lidia como el país donde se originó el dinero acuñado. Cuando el Asia Menor se convirtió en una posesión persa, los persas adoptaron el uso del dinero acuñado y lo aplicaron por todo su imperio que, pocos años después de la conquista de Lidia, comprendía todo el CercanoOriente.

Las monedas de oro eran acuñadas solamente por el rey, las monedas de plata también por las provincias. Darío I introdujo la moneda de oro patrón, que fue llamada por su nombre, el dareikos.

Esdras 8: 27 menciona el dareikos, o "dracma":

"Además, veinte tazones de oro de mil dracmas, y dos vasos de bronce bruñido muy bueno, preciados como el oro".

El autor de Crónicas convirtió el dinero davídico en dareikos [dracmas] para la mejor comprensión de sus lectores:

"Y dieron para el servicio de la casa de Dios cinco mil talentos y diez mil dracmas de oro, diez mil talentos de plata, dieciocho mil talentos de bronce, y cinco mil talentos de hierro" (1 Crónicas 29: 7).

En Esdras 2: 69 y Nehemías 7: 70-72 los valores monetarios están expresados en dracmas griegas.

"Según sus fuerzas dieron al tesorero de la obra sesenta y un mil dracmas de oro, cinco mil libras de plata, y cien túnicas sacerdotales" (Esdras 2: 69).

"Y algunos de los cabezas de familias dieron ofrendas para la obra. El gobernador dio para el tesoro mil dracmas de oro, cincuenta tazones, y quinientas treinta vestiduras sacerdotales. Los cabezas de familias dieron para el tesoro de la obra veinte mil dracmas de oro y dos mil doscientas libras de plata. Y el resto del pueblo dio veinte mil dracmas de oro, dos mil libras de plata, y sesenta y siete vestiduras sacerdotales" (Nehemías 7: 70-72).

El hebreo establece una clara distinción entre las unidades monetarias griegas y persas.

En Esdras 2: 69 y Nehemías 7: 70-72 se usa la palabra darkemen, "dracma", y en Esdras 8: 27 y 1 Crónicas 29: 7 se emplea la palabra 'adarkon, que significa dareikos.

Hasta hace pocos años algunos eruditos críticos negaban la posibilidad de que se hubieran podido usar dracmas griegas en Palestina al principio del período persa, y consideraban los textos que mencionaban las dracmas como prueba del origen posterior de los libros de Esdras y Nehemías.

Sin embargo, las excavaciones de Beth-zur en Palestina han sacado a luz dracmas áticas de principios del siglo V, demostrando que estas monedas griegas eran usadas entonces en Palestina. Las dracmas de oro áticas eran de aproximadamente el mismo valor que el dareikos persa.

Desde el siglo IV AC se permitió a los judíos que acuñaran sus propias monedas. Estas eran una imitación de las monedas áticas como lo demuestran algunos especímenes que se han hallado recientemente.

58.14. Valores monetarios - II

A menos que se descubra alguna evidencia positiva en contra será acertado calcular las declaraciones del Antiguo Testamento en cuanto a monedas usando sus equivalentes babilónicos conocidos.

La dificultad es que los babilonios trabajaban con siclos, minas y talentos livianos y pesados, pero los escritores del Antiguo Testamento no indican si usaban los valores monetarios livianos o pesados. Por eso hay incertidumbre respecto a cuál debe entenderse en un caso dado.

La diferencia entre los dos sistemas era del 100 por ciento. Si cierto valor monetario se da según el sistema de peso pesado, debe recordarse que el precio puede haber sido de acuerdo al más liviano, lo que lo disminuiría a la mitad. Los valores de la tabla que aparece más abajo representan el peso liviano.

Puede resultar útil señalar la relación de los diversos valores metálicos en Babilonia durante los tiempos del Antiguo Testamento. En la época patriarcal, el valor del oro respecto al de la plata era alrededor de 1 a 4. Pero el valor del oro aumentó de tal manera, que durante el primer milenio AC la proporción era generalmente de 1 a 13½, con pequeñas fluctuaciones. El valor de la plata respecto al cobre era generalmente de 1 a 60.

Es engañoso simplemente convertir el dinero antiguo en valores monetarios por medio de una comparación hecha según el poder adquisitivo del dinero antiguo. No existen ejemplos aplicables al Antiguo Testamento, pero para Babilonia, tenemos los siguientes ejemplos:

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