DANIEL ALEJANDRO FLORES

32.05. 1 y 2 CRÓNICAS - Bosquejo

I. Tablas genealógicas, 1 Crón. 1 a 9: 44.

A. Desde Adán hasta Israel y Edom, 1: 1 a 2: 2.

1. Los patriarcas desde Adán a Noé, 1: 1-4.

2. Los descendientes de Noé, 1: 4-54.
a. Los descendientes de Jafet, 1: 5-7.
b. Los descendientes de Cam, 1: 8-16.
c. Los descendientes de Sem, 1: 17-54.
(1) Sem a Abrahán, 1: 17-27.
(2) Los descendientes de Abrahán, 1: 28 a 2: 2.
(a) Los hijos de Ismael, 1: 28-3 1.
(b) Los hijos y descendientes de Abrahán y Cetura, 1: 32, 33.
(c) Los descendientes de Isaac, 1: 34 a 2: 2.
1) Los descendientes de Esaú, 1: 34-54.
2) Los hijos de Israel, 2: 1, 2.

B. Los descendientes de Israel, 2: 3 a 7: 40.

1. La posteridad de Judá, 2: 3 a 4: 23.
a. Judá a Isaí, 2: 3-12.
b. Los hijos y nietos de Isaí, 2: 13-17.
c. Los hijos de Caleb, 2: 18-20.
d. Los descendientes de Hezrón, 2: 21-41.
e. Los descendientes de Caleb, 2: 42-55.
f. La posteridad de David, 3: 1-24.
(1) Los hijos de David, 3: 1-9.
(2) El linaje real desde Salomón a Sedequías, 3: 10-16.
(3) Los hijos de Jeconías, 3: 17-24.
g. Clanes de Judá, 4: 1-23.
(1) Los descendientes de Judá, 4: 1.
(2) Los descendientes de Hur, 4: 2-4.
(3) Los descendientes de Asur, 4: 5-7.
(4) Los hijos de Cos, 4: 8.
(5) Jabes y su oración, 4: 9, 10.
(6) Los hijos de Quelub, 4: 11, 12.
(7) Los hijos de Cenaz, 4: 13-15.
(8)Los hijos de Caleb y otros, 4: 15-20.
(9)Los hijos de Sela, 4: 21-23.

2. La posteridad de Simeón, 4: 24-43.
a. Los hijos de Simeón, 4: 24-27.
b. Las habitaciones de los simeonitas, 4: 28-33.
c. La emigración de los simeonitas, 4: 34-43.
(1) Los príncipes de Simeón, 4: 34-38.
(2) La conquista en Gedor, 4: 39-43.

3. La posteridad de Rubén, 5: 1-10.
4. La posteridad de Gad, 5: 11-17.
5. Las conquistas de los hijos de Rubén, Gad y Manasés, 5: 18-22.
6. La herencia de la media tribu de Manasés, 5: 23-26.
7. La posteridad de Leví, 6: 1-81.
a. La familia de Aarón trazada desde Leví hasta la autividad de Babilonia, 6: 1-15.
b. Las tres ramas de Leví, 6: 16-48.
c. Los descendientes sacerdotales de Aarón, 6: 49-53.
d. Las ciudades de los levitas, 6: 54-81.

8. Los clanes de Isacar, 7: 1-5.
9. Los clanes de Benjamín, 7: 6-12.
10. Los hijos de Neftalí, 7: 13.
11. La posteridad de Manasés, 7: 14-19.
12. La posteridad de Efraín, 7: 20-29.
13. La posteridad de Aser, 7: 30-40.

C. Genealogías de Benjamín, 8: 1-40.
1. Genealogías de jefes principales de familia que habitaban en Jerusalén, 8: 1-28.
2. Las familias de Gabaón y la casa real de Saúl, 8: 29-40.

D. Genealogía de los habitantes de Jerusalén, 9: 1-34.

E. Los habitantes de Gabaón; los antepasados y descendientes de Saúl, 9: 35-44.


II.La historia de los reyes de Jerusalén, 1 Crón. 10: 1 a 2 Crón. 36: 23.

A. La muerte de Saúl, 1 Crón. 10: 1-14.
1. Muerte de Saúl en el monte Gilboa, 10: 1-7.
2. El triunfo de los filisteos sobre Saúl, 10: 8-10.
3. Sepultura de Saúl en Jabes de Galaad, 10: 11, 12.
4. Muerte de Saúl a causa de su transgresión, 10: 13, 14.

B. David, 1 Crón. 11: 1 a 29: 30.

1. El ungimiento en Hebrón, 11: 1-3.
2. La captura de Jerusalén, 11: 4-9.
3. Nómina de los guerreros de David, 11 : 10 a 12: 40.
4. Se trae el arca desde Quiriat-jearim, 13: 1-14.
5. La casa y la familia de David, 14: 1-7.
6. La victoria de David sobre los filisteos, 14: 8-17.
7. Se trae el arca a Jerusalén, 15: 1 a 16: 43.
8. David se propone edificar el templo, 17: 1-27.
9. Guerras de David, 18: 1 a 20: 8.
10. David censa al pueblo, 21: 1-30.
11. Preparativos de David para el reinado de Salomón, 22: 1 a 29: 25.
a. Preparación del material, 22: 1-5.
b. Directivas a Salomón, 22: 6-19.
c. Salomón hecho rey por primera vez, 23: 1.
d. División de los levitas, 23: 2-32.
e. División de los sacerdotes, 24: 1-19.
f. División de otros levitas, 24: 20-31.
g. División de los cantores, 25: 1-31.
h. División de los porteros y otros funcionarios, 26: 1-32.
i. Capitanes y gobernadores, 27: 1-34.
j. Instrucciones finales concernientes al templo, 28: 1-21.
k. Ofrendas para el templo, 29: 1-21.
l. Salomón hecho rey por segunda vez, 29: 22-25.

12. La muerte de David, 29: 26-30.

C. Salomón, 2 Crón. 1:1 a 9: 31.

1. Salomón sacrifica en Gabaón, 1: 1-6.
2. Salomón escoge la sabiduría, 1: 7-12.
3. Carros y riquezas de Salomón, 1: 13-17.

4. El templo, 2: 1 a 7: 22.
a. Preparativos de Salomón para edificar el templo, 2: 1-18.
b. El sitio y la fecha de edificación, 3: 1, 2.
c. El pórtico y el lugar santo, 3: 3-7.
d. El lugar santísimo, 3: 8-14.
e. Los pilares de bronce del pórtico, 3: 15-17.
f. Los objetos de bronce y oro, 4: 1-22.
g. El templo completado, 5: 1.
h. La dedicación del templo, 5: 2 a 7: 22.
(1) Se trae el arca al templo, 5: 2-10.
(2) La manifestación de la gloria de Dios, 5: 11-14.
(3) La oración de consagración de Salomón, 6: 1-42.
(4) Fuego enviado del cielo, 7: 1-3.
(5) Los sacrificios y la fiesta, 7: 4-11.
(6) El mensaje de Dios a Salomón, 7: 12-22.

5. Obras públicas de Salomón, 8: 1-6.
6. Los funcionarios y siervos de Salomón, 8: 7-10.
7. La casa de la hija de Faraón, 8: 11.
8. Ofrendas y deberes sacerdotales, 8: 12-16.
9. Las naves de Salomón, 8: 17,18.
10. La visita de la reina de Sabá, 9: 13-28.
11. Oro y gloria de Salomón, 9: 13-28.
12. El fin del reinado de Salomón, 9: 29-31.

D. Los reyes de Judá, 2 Crón. 10:1 a 36: 21.

1. Roboam, 10: 1 a 12: 16.
a. Rebelión de las diez tribus, 10: 1 a 11: 4.
b. Consolidación de las defensas de Judá, 11: 5-12.
c. La deserción de los sacerdotes y levitas de Israel a Roboam, 11: 13-17
d. La familia de Roboam, 11: 18-23.
e. La invasión de Sisac, 12: 1-12.
f. El fin del reinado de Roboam, 12: 13-16.

2. Abías, 13: 1-22.
a. Guerra de Abías contra Jeroboam, 13: 1-20.
b. La familia de Abías y su registro, 13: 21,22.

3. Asa, 14:1 a 16:14.
a. Esfuerzos en contra de la idolatría, 14: 1-5.
b. Medidas tomadas para fortalecer el reino, 14: 6-8.
c. Victoria sobre Zera el etíope, 14: 9-15.
d. La profecía de Azarías, 15: 1-7.
e. Obra de reforma de Asa, 15: 8-19.
f. Guerra con Baasa, 16: 1-6.
g. Hanani reprende a Asa y es encarcelado, 16: 7-10.
h. El fin del reino de Asa, 16:11-14.

4. Josafat, 17: 1 a 21: 3.
a. Prosperidad y buenas obras de Josafat, 17: 1-12.
b. jefes y hombres de guerra de Josafat, 17: 13-19.
c. Alianza con Acab y guerra contra Siria, 18: 1-34.
d. Jehú reprende a Josafat, 19: 1-3.
e. Josafat instruye a los jueces y sacerdotes, 19: 4-11.
f. Derrota de Amón, Moab y los del monte de Seir, 20: 1-30.
g. Un resumen del reinado de Josafat, 20: 31 a 21: 3.

5. Joram, 21: 4-20.
a. Joram mata a sus hermanos, 21: 4.
b. Los malos caminos de Joram y la rebelión de Edom y Libna, 21: 5-11.
c. Castigos divinos contra Joram a cansa de sus malos caminos, 21: 12-20.

6. Ocozías, 22: 1-9.

7. Atalía, 22: 10 a 23: 21.
a. Atalía usurpa el gobierno, 22: 10-12.
b. Joiada destrona a Atalía y hace rey a Joás, 23: 1-21

8. Joás, 24: 1-27.
a. La reparación del templo, 24: 1-14.
b. Muerte de Joíada y apostasía nacional, 24: 15-22.
c. La invasión siria y el asesinato de Joás, 24: 23-27.

9. Amasías, 25: 1-28.
a. El buen comienzo de Amasías, 25: 1-4.
b. Victoria sobre Edom, 25: 5-13.
c. Desastrosa derrota de Amasías a manos de Joás de Israel, 25: 14-24.
d. El fin del reinado de Amasías, 25: 25-28.

10. Uzías, 26: 1-23.
a. Los buenos hechos de Uzías, 26: 1-5.
b. Proezas militares de Uzías, 26: 6-15.
c. La presunción y lepra de Uzías, 26: 16-23.

11. Jotán, 27: 1-9.

12. Acaz, 28: 1-27.
a. La iniquidad de Acaz, 28: 1-4.
b. Acaz es entregado en manos del rey de Siria e Israel, 28: 5-8.
c. Se libera a los israelitas cautivos de Israel, 28: 9-15.
d. Acaz pide ayuda a Asiria, 28: 16-21.
e. Se fomenta la idolatría y se cierra el templo, 28: 22-27.

13. Ezequías, 29: 1 a 32: 33.
a. Ezequías limpia y repara el templo, 29: 1-36.
b. Israel y Judá invitados a celebrar la pascua, 30: 1-12.
c. La celebración de la pascua, 30: 13-27.
d. Reforma religiosa de Ezequías, 31: 1-21.
e. Invasión de Senaquerib, 32: 1-23.
f. Enfermedad, orgullo, prosperidad y muerte de Ezequías, 32: 24-33.

14. Manasés, 33: 1-20.
a. Manasés fomenta la idolatría, 33: 1-10.
b. Su cautividad y arrepentimiento, 33: 11-20.

15. Amón, 33: 21-25.

16. Josías, 34: 1 a 35: 27.
a. Reforma religiosa, 34: b. Se repara el templo, 34: 8-13.
c. Se halla el libro de la ley, 34: 14-19.
d. La profecía de Hulda, 34: 20-28.
e. La lectura de la ley y la renovación del pacto, 34: 29-33.
f. Se observa la pascua, 35: 1-19.
g. Muerte de Josías, 35: 20-27.

17. Joacaz, 36: 1-4.

18. Joacim, 36: 5-8.

19. Joaquín, 36: 9, 10.

20. Sedequías y la caída de Judá, 36: 11-21.
a. Pecado y rebelión, 36: 11-13.
b. Transgresión de los gobernantes y el pueblo, 36:14-16.
c. La cautividad en Babilonia, 36: 17-21.

E. Epílogo; Ciro pone fin al cautiverio, 36: 22, 23.

32.04.c. 1 y 2 CRÓNICAS - Tema - III

A través de todo su libro, el cronista magnifica a los profetas y su obra. Se da información adicional respecto a algunos de los profetas prominentes que nose halla en otro lugar del AT. Hay también información acerca de profetas queno se mencionan en ninguna otra parte de la Biblia.

Se dice que esos mensajeros divinos daban amonestaciones y exhortaciones en ocasiones críticas. Así Semaías informa a Roboam que la invasión de Sisac se debe al hecho de que el pueblo abandonó al Señor (2 Crónicas 12: 5); Azarías anima a Asa (cap. 15:1-8); Hanani reprende a Asa por pedir la ayuda de Siria (cap. 16: 7- 10); Jehú reprende a Josafat por unirse con Acab (cap. 19: 2); Jahaziel anima a Josafat en su encuentro con las fuerzas de Moab, Amón y el monte Seir (cap. 20: 14-17); Eliezer reprende a Josafat por unirse con Ocozías (cap. 20: 37); Zacarías informa al pueblo en los días de Joás que no puede haber prosperidad a causa de la transgresión (cap. 24: 20); y Obed reconviene a Israel en los días de Peka y Acaz (cap. 28: 9-11).

Por estas observaciones puede verse que el registro de Crónicas no es tanto mera historia como un sermón, y que el cronista no es un mero narrador de sucesos sino un predicador. Cuando su relato de un incidente difiere del ques e halla en Reyes, no estamos ante una prueba de que haya un desacuerdo básico entre los dos relatos, sino de que se hace resaltar un punto distinto.

El cronista se muestra inclinado a moralizar. Dice lo que tiene que decir porque enseña alguna lección o presenta una amonestación. Completó su obra después de la caída y el cautiverio de Judá, y después de la reconstrucción de Jerusalén y la restauración de los servicios del templo.

Sin duda tuvo la ferviente esperanza de que el pecado no volviera a penetrar para hundir a la nación en la ruina. Pero éste es exactamente el peligro que amenazaba. El pecado se estaba manifestando nuevamente (Esdras 9: 1-15; 10: 1-19; Nehemías 5: 1-13; 13: 3-11, 15-30), y existía el peligro de que la ira de Dios cayera otra vez sobre su pueblo. Por todos los medios, procuraría evitar esto.

Es razonable conjeturar que se escribió el gran libro de Crónicas, Esdras-Nehemías con el objeto de evitar una segunda apostasía y la desolación de Judá.

32.04.b. 1 y 2 CRÓNICAS - Tema - II

Hay algunas notables diferencias en la manera en que se presentan los mismos incidentes en Reyes y Crónicas. En Reyes no se dice nada digno de elogio respecto a Roboam, pero en Crónicas se presenta un registro aprobatorio, a fin de que sus caminos puedan destacarse en agudo contraste con los males de Jeroboam (2 Crónicas 11: 13-17). Cuando más adelante Roboam "dejó la ley de Jehová", se da la explicación de que se produjo el ataque de Sisac a Jerusalén porque "se habían rebelado contra Jehová" (2 Crónicas 12: 1, 2).

En el registro de Reyes prácticamente no se dice nada de Abiam, fuera de que,"anduvo en todos los pecados que su padre había cometido antes de él" (1 Reyes 15: 3). Pero Crónicas menciona también algunos hechos encomiables. Se lo presenta reprendiendo a Jeroboam por su rebelión contra el Señor y por haber establecido un sacerdocio falso en Israel. El registro declara que obtuvo una gran victoria sobre el reino del norte porque confió en el Señor (2 Crónicas 13:4-18).

De Asa, Crónicas registra una gran victoria sobre Zera el etíope, respecto a la cual Reyes guarda silencio. Informa también que se volvieron a Judá muchos del pueblo de Israel cuando vieron que el Señor estaba con ellos, y cuenta de una gran reunión religiosa en la cual se renovó el pacto con Dios (2 Crónicas 14: 915; 15: 1-15).

Reyes menciona que Josafat fue un buen gobernante pero da un registro breve de su reinado (1 Reyes 22: 42-50). Crónicas da un registro más largo del caso cuando Josafat oró a Dios en un momento de crisis nacional y recibió de Dios una victoria maravillosa, cuando las fuerzas del enemigo fueron inducidas a destruirse entre sí (2 Crónicas 20: 1-30).

Del impío reinado de Joram se trata brevemente en Reyes (2 Reyes 8: 16- 24); en Crónicas se relatan los castigos que envió el Señor sobre él a causa de sus malos caminos (2 Crónicas 21: 8- 19).

Reyes menciona brevemente la muerte de Ocozías a manos de Jehú (2 Reyes 9: 27,28); Crónicas da un relato más extenso, atribuye la "perdición" de Ocozías a los malos consejos que siguió, y dice que su destrucción "venía de Dios" (2 Crónicas 22: 4- 9).

Reyes informa de la muerte de Joás a manos de sus propios siervos (2 Reyes 12:20, 21). Crónicas añade estos detalles significativos: (1) que después de la muerte de Joiada los de Judá "desampararon la casa de Jehová el Dios de sus padres, y sirvieron a los símbolos de Asera y a las imágenes esculpidas. Entonces la ira de Dios vino sobre Judá y Jerusalén por este su pecado"; (2)que por el mandato del rey fue muerto el hijo de Joiada, por atreverse a recordar al pueblo que a causa de su transgresión contra el Señor no podrían prosperar, porque él los había abandonado así como ellos lo habían abandonado a él; (3) que como consecuencia de esto, una gran hueste de Judá fue entregada en manos de una compañía pequeña de sirios, "por cuanto habían dejado a Jehová el Dios de sus padres"; (4) que fue mientras yacía en la cama recuperándose de las heridas recibidas en este encuentro, cuando Joás fue muerto por sus siervos (2 Crónicas 24: 17- 25).

Reyes informa de la victoria de Amasías contra Edom y de la consiguiente derrota del rey a manos de Joás de Israel (2 Reyes 14: 7-14), pero Crónicas añade el detalle revelador de que después que Amasías hubo regresado de su victoria, "trajo también consigo los dioses de los hijos de Seir, y los puso ante sí por dioses, y los adoró, y les quemó incienso. Por esto se encendió la ira de Jehová contra Amasías", y que el Señor había determinado destruirlo a causa de la conducta que había seguido (2 Crónicas 25: 14-16).

En relación con el breve relato del reinado de Azarías (Uzías) según aparece en Reyes (2 Reyes 15: 1- 7), se menciona su lepra, pero no se da la causa. Sin embargo, en Crónicas hay un relato mucho más largo del reinado de Azarías (2 Crónicas 26: 1- 23), y se da lisa y llanamente la razón de su lepra: que cuando se fortaleció, "su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso" por lo cual fue reprendido por los sacerdotes por su prevaricación e inmediatamente se volvió leproso, "porque Jehová lo había herido".

También el registro del reinado del buen rey Jotam en Reyes es breve (2 Reyes 15: 32-38), pero el registro más extenso de Crónicas nos relata su victoria contra los amonitas, quienes le fueron tributarios, y dice cómo "preparó sus caminos delante de Jehová su Dios" (2 Crónicas 27: 5, 6).

Según Reyes, Acaz fue atacado por los reyes de Israel y Siria, indudablemente sin consecuencias serias, porque procuró la ayuda de Tiglat-pileser, quien tomó Damasco y mató a su rey (2 Reyes 16: 1- 9). Sin embargo, según Crónicas, a causa de la idolatría de Acaz el Señor "lo entregó en manos del rey de los sirios", quien lo hirió y se llevó una gran multitud de cautivos; refiere que también fue "entregado en manos del rey de Israel, el cual lo batió con gran mortandad" y llevó en cautividad "doscientas mil mujeres, muchachos ymuchachas", junto con mucho botín; también narra que cuando recurrió a Tiglat-pileser, vino y "lo redujo a estrechez, y no lo fortificó", porque"Jehová había humillado a Judá por causa de Acaz... por cuanto él había actuado desenfrenadamente en Judá, y había prevaricado gravemente contra Jehová" (2 Crónicas 28: 3-20).

Reyes da un relato extenso del reinado del buen rey Ezequías (2 Reyes 18 a 20), pero Crónicas magnífica en gran manera el registro de las buenas acciones de Ezequías, con un relato detallado de su limpieza del templo, la restauración que hizo de sus servicios, y la invitación al pueblo de todo Israel para que asistiera a una gran pascua en Jerusalén, a la cual respondieron muchísimos de las tribus septentrionales de Aser, Manasés y Zabulón. Crónicas informa que al servicio de la pascua siguió una destrucción de las imágenes, los bosques y altos, no sólo en todo Judá y Benjamín, sino también en Efraín y Manasés, y una restauración de las diversas ofrendas, oblaciones y servicios sacerdotales (2 Crónicas 29 a 31).

Reyes da detalles de las iniquidades de Manasés (2 Reyes 21: 1-18), pero Crónicas no sólo menciona sus iniquidades sino que también describe cómo fue atado con grillos por el rey de Asiria para ser llevado a Babilonia, donde en su aflicción "oró ante Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres", por lo cual el Señor escuchó su súplica y permitió su regreso a Jerusalén, donde quitó los dioses ajenos, "reparó luego el altar de Jehová, y sacrificó sobre él sacrificios de ofrendas de paz y de alabanza; y mandó a Judá que sirviesen a Jehová Dios de Israel" (2 Crónicas 33: 11-16).

De Amón el registro de Reyes declara que hizo "lo malo ante los ojos de Jehová, como había hecho Manasés su padre" (2 Reyes 21: 20), mientras que Crónicas añade que "nunca se humilló delante de Jehová, como se humilló Manasés su padre" (2 Crónicas 33: 23).

Reyes relata con algunos detalles cómo Josías restauró el culto de Jehová y tomó medidas para instituir una reforma general, y termina el registro de su reinado diciendo lacónicamente que halló la muerte a manos del rey egipcio Necao (2 Reyes 22; 23: 1- 30); Crónicas narra más ampliamente sus esfuerzos de restauración y reforma, y en lo que atañe a su encuentro con Necao, añade el detalle de que Necao procuró disuadir a Josías de su propósito de luchar contra él, pero que Josías "no atendió a las palabras de Necao, que eran de boca de Dios", y por lo tanto halló la muerte en este encuentro (2 Crónicas 34, 35).

Reyes trata con alguna amplitud los reinados de los últimos cuatro reyes malos de Judá y la caída de Jerusalén (2 Reyes 23: 30-37; 24: 1-20; 25: 1-30), y registra sólo una breve declaración en cuanto a que por "la ira de Jehová" Jerusalén y Judá fueron arrojadas de su presencia (cap. 24: 20), mientras que Crónicas sólo da un relato muy breve de estos últimos cuatro reinados (2 Crónicas 36: 1-13), pero presenta las razones específicas de la caída de Judá, porque los sacerdotes y el pueblo "aumentaron la iniquidad, siguiendo todas las abominaciones de las naciones, y contaminando la casa de Jehová, la cual él había santificado en Jerusalén", haciendo escarnio de los mensajeros enviados por Dios y burlándose de sus profetas, "hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio" (cap. 36: 14-16).

32.04.a. 1 y 2 CRÓNICAS - Tema

Los libros de Crónicas se inician con un bosquejo genealógico de la historia antigua desde Adán hasta el tiempo de David. Se pasa por alto la historia dela creación, el jardín del Edén, la caída, los primeros patriarcas, el diluvio, los patriarcas posteriores, la estada en Egipto, el éxodo, el período de los jueces y el reinado de Saúl. El autor tenía poco o nada que añadir al material que ya se hallaba en el Pentateuco y otros libros tales como Josué y Jueces. Para este período antiguo sólo presenta una serie de tablas genealógicas, salpicadas ocasionalmente con breves datos biográficos o notas históricas (1 Crónicas 4: 9, 10, 38-43; 5: 9, 10, 16-26; 6: 31, 32, 48, 49, 54-81; 7: 21-24; 9: 17-34).

Primero el autor traza las generaciones desde Adán hasta Jacob. Sigue a esta genealogía un estudio de las 12 tribus en el que da énfasis a Judá, la tribu de David y a Leví, la tribu de los sacerdotes. Después el horizonte se reduce del Israel completo al reino del sur, Benjamín y Judá, y la ciudad de Jerusalén. Este material introductorio abarca los primeros nueve capítulos del primer libro de Crónicas.

La segunda parte y la principal del libro comienza con un breve relato de la muerte de Saúl (1 Crónicas 10). Luego sigue una historia de David (1 Crónicas 11 a 29) y de sus sucesores en el linaje de Judá hasta Sedequías, la destrucción de Jerusalén, y el cautiverio babilónico (2 Crónicas 1 a 36). Parecería que la tercera sección de la obra original abarcaba el regreso del cautiverio y el restablecimiento de Jerusalén como centro religioso de la comunidad judía restaurada (Esdras-Nehemías).

Se da considerable énfasis al reinado de David, la edad de oro de la historia de Israel. Sin embargo, se omiten muchos detalles referentes a David, tales como su reinado en Hebrón, su pecado contra Urías heteo, la rebelión de Absalón y asuntos similares.

Se trata con mayor brevedad el reinado de Salomón (2 Crónicas 1 a 9), aunque con mayor extensión que cualquier reinado subsiguiente. Se pone mucho énfasis en el templo y sus servicios. Los sucesos pertinentes a la edificación del templo ocupan la mayor parte del relato del reinado de Salomón (caps. 2 a 7).

Muchos de los incidentes registrados en Reyes relativos a este reinado se hallan en Crónicas, tales como el intento de usurpación de Adonías y el ungimiento de Salomón (1 Reyes 1, 2); su casamiento con la hija de Faraón y el culto en los altos (1 Reyes 3: 1, 2); la decisión respecto del niño disputado (1 Reyes 3: 16- 28); los magistrados de Salomón, su sabiduría y sus proverbios (1 Reyes 4); su palacio (1 Reyes 7: 1- 12); su adoración de dioses extraños, y sus adversarios (1 Reyes 11). Se han omitido ciertos datos respecto a la construcción del templo; unos se presentan en forma más breve, otros con las mismas palabras que en Reyes, y también los hay enteramente nuevos.

En la porción restante de la historia el registro es principalmente acerca de Judá, no de Israel. Los detalles concernientes a Israel sólo se presentan en forma incidental. No se dan datos cronológicos referentes a los reyes de Israel, y no figuran los sincronismos de los reyes de Judá respecto al gobernante de ese momento en Israel, con una excepción (2 Crónicas 13: 1). Mientras que se pasa casi enteramente por alto la historia de Israel, se presenta la historia de Judá principalmente desde un punto de vista religioso; los hechos políticos, militares y personales son subordinados a los de interés espiritual.

El motivo de la historia es exponer el propósito de Dios en las vicisitudes del pueblo escogido y mostrar cómo declinó la nación y cómo hasta el templo santo, con su ritual sagrado, fue finalmente destruido como resultado del pecado. Los reinados de los reyes buenos de Judá, buenos por lo menos durante una parte de sus reinados -Josafat, Joás, Ezequías y Josías- resaltan en una forma particular, y se recalcan especialmente los incidentes derivados del interés de los gobernantes en reformas religiosas y en la restauración del templo y sus servicios.

Por lo tanto, es claro que Crónicas no es un mero suplemento histórico de los libros de Reyes, sino más bien una obra distinta e independiente, que tiene su propósito propio, y fue escrita desde un punto de vista peculiar. Después de que se restablecieron los servicios del templo tras el regreso del exilio babilónico, y se restauró a Jerusalén, los judíos fieles acariciaban sin duda la esperanza de que esos servicios nunca más volverían a ser interrumpidos. Confiaban en que, bajo la bendición de Dios, de allí en adelante Israel podría prosperar y avanzar de gloria en gloria. Sin lugar a dudas, el tiempo era particularmente propicio para recordar al pueblo su historia pasada a fin de que Israel pudiera participar de todos los gloriosos privilegios que se le brindaban en las promesas de Dios.

Por lo tanto el cronista introdujo nuevos detalles respecto al templo, su ministerio y las fiestas religiosas. Sin embargo, se interesaba no tanto en el ritual como en la vida, no tanto en el templo como en el corazón de la gente. Israel había de ordenar su vida según la santa ley de Dios, manteniendo fija constantemente su atención en las recompensas y los castigos que serían el resultado de la obediencia y de la transgresión. Había un nuevo énfasis en la rectitud, una presentación más plena de la estrecha relación entre la piedad y la prosperidad, y entre la perversidad y la adversidad.

Se presentan los reinados de los reyes de tal manera que el lector pueda comprender claramente que el camino de la obediencia a las normas divinas es el de la paz y la prosperidad, y que el camino de la impiedad es el de la ruina y la desolación. Cada calamidad y éxito notables se atribuyen de una manera inconfundible a la acción de la Divina Providencia, pues el Señor es quien recompensa a los justos y castiga a los malos. Así "murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová" (1 Crónicas 10: 13); "David iba adelantando y creciendo, y Jehová de los ejércitos estaba con él" (cap. 11:9); "asimismo esto desagradó a Dios, e hirió a Israel" (cap. 21: 7); "y los hijos de Judá prevalecieron, porque se apoyaban en Jehová el Dios de sus padres" (2 Crónicas 13:18; ver también 2 Crónicas 16: 7; 17: 3, 5; 22: 7; 25: 20; 28: 6; 32: 25; 33: 10,11; 36: 15-17).

En Crónicas se trata a Israel como a una nación apóstata, que anda en caminos de maldad y de muerte. A Judá se la presenta como una nación que prospera bajo los reinados de reyes rectos y sufre los castigos de la transgresión bajo reyes que abandonan al Señor.

32.04.a. 1 y 2 CRÓNICAS - Tema

Los libros de Crónicas se inician con un bosquejo genealógico de la historia antigua desde Adán hasta el tiempo de David. Se pasa por alto la historia dela creación, el jardín del Edén, la caída, los primeros patriarcas, el diluvio, los patriarcas posteriores, la estada en Egipto, el éxodo, el período de los jueces y el reinado de Saúl. El autor tenía poco o nada que añadir al material que ya se hallaba en el Pentateuco y otros libros tales como Josué y Jueces. Para este período antiguo sólo presenta una serie de tablas genealógicas, salpicadas ocasionalmente con breves datos biográficos o notas históricas (1 Crónicas 4: 9, 10, 38-43; 5: 9, 10, 16-26; 6: 31, 32, 48, 49, 54-81; 7: 21-24; 9: 17-34).

Primero el autor traza las generaciones desde Adán hasta Jacob. Sigue a esta genealogía un estudio de las 12 tribus en el que da énfasis a Judá, la tribu de David y a Leví, la tribu de los sacerdotes. Después el horizonte se reduce del Israel completo al reino del sur, Benjamín y Judá, y la ciudad de Jerusalén. Este material introductorio abarca los primeros nueve capítulos del primer libro de Crónicas.

La segunda parte y la principal del libro comienza con un breve relato de la muerte de Saúl (1 Crónicas 10). Luego sigue una historia de David (1 Crónicas 11 a 29) y de sus sucesores en el linaje de Judá hasta Sedequías, la destrucción de Jerusalén, y el cautiverio babilónico (2 Crónicas 1 a 36). Parecería que la tercera sección de la obra original abarcaba el regreso del cautiverio y el restablecimiento de Jerusalén como centro religioso de la comunidad judía restaurada (Esdras-Nehemías).

Se da considerable énfasis al reinado de David, la edad de oro de la historia de Israel. Sin embargo, se omiten muchos detalles referentes a David, tales como su reinado en Hebrón, su pecado contra Urías heteo, la rebelión de Absalón y asuntos similares.

Se trata con mayor brevedad el reinado de Salomón (2 Crónicas 1 a 9), aunque con mayor extensión que cualquier reinado subsiguiente. Se pone mucho énfasis en el templo y sus servicios. Los sucesos pertinentes a la edificación del templo ocupan la mayor parte del relato del reinado de Salomón (caps. 2 a 7).

Muchos de los incidentes registrados en Reyes relativos a este reinado se hallan en Crónicas, tales como el intento de usurpación de Adonías y el ungimiento de Salomón (1 Reyes 1, 2); su casamiento con la hija de Faraón y el culto en los altos (1 Reyes 3: 1, 2); la decisión respecto del niño disputado (1 Reyes 3: 16- 28); los magistrados de Salomón, su sabiduría y sus proverbios (1 Reyes 4); su palacio (1 Reyes 7: 1- 12); su adoración de dioses extraños, y sus adversarios (1 Reyes 11). Se han omitido ciertos datos respecto a la construcción del templo; unos se presentan en forma más breve, otros con las mismas palabras que en Reyes, y también los hay enteramente nuevos.

En la porción restante de la historia el registro es principalmente acerca de Judá, no de Israel. Los detalles concernientes a Israel sólo se presentan en forma incidental. No se dan datos cronológicos referentes a los reyes de Israel, y no figuran los sincronismos de los reyes de Judá respecto al gobernante de ese momento en Israel, con una excepción (2 Crónicas 13: 1). Mientras que se pasa casi enteramente por alto la historia de Israel, se presenta la historia de Judá principalmente desde un punto de vista religioso; los hechos políticos, militares y personales son subordinados a los de interés espiritual.

El motivo de la historia es exponer el propósito de Dios en las vicisitudes del pueblo escogido y mostrar cómo declinó la nación y cómo hasta el templo santo, con su ritual sagrado, fue finalmente destruido como resultado del pecado. Los reinados de los reyes buenos de Judá, buenos por lo menos durante una parte de sus reinados -Josafat, Joás, Ezequías y Josías- resaltan en una forma particular, y se recalcan especialmente los incidentes derivados del interés de los gobernantes en reformas religiosas y en la restauración del templo y sus servicios.

Por lo tanto, es claro que Crónicas no es un mero suplemento histórico de los libros de Reyes, sino más bien una obra distinta e independiente, que tiene su propósito propio, y fue escrita desde un punto de vista peculiar. Después de que se restablecieron los servicios del templo tras el regreso del exilio babilónico, y se restauró a Jerusalén, los judíos fieles acariciaban sin duda la esperanza de que esos servicios nunca más volverían a ser interrumpidos. Confiaban en que, bajo la bendición de Dios, de allí en adelante Israel podría prosperar y avanzar de gloria en gloria. Sin lugar a dudas, el tiempo era particularmente propicio para recordar al pueblo su historia pasada a fin de que Israel pudiera participar de todos los gloriosos privilegios que se le brindaban en las promesas de Dios.

Por lo tanto el cronista introdujo nuevos detalles respecto al templo, su ministerio y las fiestas religiosas. Sin embargo, se interesaba no tanto en el ritual como en la vida, no tanto en el templo como en el corazón de la gente. Israel había de ordenar su vida según la santa ley de Dios, manteniendo fija constantemente su atención en las recompensas y los castigos que serían el resultado de la obediencia y de la transgresión. Había un nuevo énfasis en la rectitud, una presentación más plena de la estrecha relación entre la piedad y la prosperidad, y entre la perversidad y la adversidad.

Se presentan los reinados de los reyes de tal manera que el lector pueda comprender claramente que el camino de la obediencia a las normas divinas es el de la paz y la prosperidad, y que el camino de la impiedad es el de la ruina y la desolación. Cada calamidad y éxito notables se atribuyen de una manera inconfundible a la acción de la Divina Providencia, pues el Señor es quien recompensa a los justos y castiga a los malos. Así "murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová" (1 Crónicas 10: 13); "David iba adelantando y creciendo, y Jehová de los ejércitos estaba con él" (cap. 11:9); "asimismo esto desagradó a Dios, e hirió a Israel" (cap. 21: 7); "y los hijos de Judá prevalecieron, porque se apoyaban en Jehová el Dios de sus padres" (2 Crónicas 13:18; ver también 2 Crónicas 16: 7; 17: 3, 5; 22: 7; 25: 20; 28: 6; 32: 25; 33: 10,11; 36: 15-17).

En Crónicas se trata a Israel como a una nación apóstata, que anda en caminos de maldad y de muerte. A Judá se la presenta como una nación que prospera bajo los reinados de reyes rectos y sufre los castigos de la transgresión bajo reyes que abandonan al Señor.
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