DANIEL ALEJANDRO FLORES

27.05. JOSUÉ - Bosquejo

I. La conquista de Canaán, 1: 1 a 12: 24.

A. El cruce del Jordán, 1: 1 a 4: 24.

1. El encargo del Señor a Josué, 1: 1-9.

2. Preparativos para cruzar el Jordán, 1:10- 18.

a. Anuncio del cruce, 1: 10, 11.
b. Un recordativo para las dos tribus y media, 1: 12-18.

3. El envío de los espías, 2: 1-24.

4. El cruce del Jordán, 3: 1 a 4: 24.

a. Instrucciones preparatorias, 3:1-13.
b. Las aguas del Jordán se separan, el pueblo cruza, 3:14-17.
c. Se levanta un recordativo del cruce, 4: 1-24.

B. La caída de Jericó, 5: 1 a 6: 27.

1. Preparativos para tomar a Jericó, 5:1-15.

a. Rumores de desánimo entre los amorreos y cananeos, 5: 1.
b. El pueblo de Israel circuncidado, 5:2-9.
c. Se observa la pascua, 5: 10-12.
d. La visión de Josué, 5: 13-15.

2. Jericó cercada y destruida, 6: 1-21.

3. Rahab salvada, 6: 22-27.

C. La toma de Hai, 7: 1 a 8: 35.

1. Derrota preliminar y retiro, 7: 1-5.

2. Humillación de Josué e instrucciones del Señor, 7: 6-15.

3. La transgresión de Acán, 7: 16-26.

4. La conquista final de Hai, 8: 1-29.

5. La lectura de las bendiciones y maldiciones, 8: 30-35.

D. El pacto con los gabaonitas, 9: 1-27.

E. La confederación cananea, 10: 1-27.

1. El sitio de Gabaón, 10: 1-5.

2. Josué derrota a los cananeos, 10:6-27.

F. Conquistas de Josué, 10: 28 a 12: 24.

1. Conquistas al sur del país, 10: 28-43.

2. Conquistas al norte del país, 11: 1-15.

3. La conquista completada, 11: 16 a 12: 24.

II. La repartición de la tierra, 13: 1 a 22: 34.

A. Tierras asignadas a las distintas tribus, 13: 1 a 19: 51.

B. Se señalan las ciudades de refugio, 20: 1-9.

C. Ciudades asignadas a los levitas, 21: 1-45.

D. Las tribus de la Transjordania, 22: 1-34.

1. Su retorno al hogar, 22: 1-9.

2. Su altar ofensivo, 22: 10-20.

3. Su defensa del altar, 22: 21-34.

III. Despedida de Josué, 23: 1 a 24: 33.

A. Su discurso a Israel, 23: 1 a 24: 28.

B. Su muerte, 24: 29-32.

C. La muerte de Eleazar, 24: 33.

27.04. JOSUÉ - Tema

Al considerar el libro de Josué en su conjunto, el lector cuidadoso queda impresionado al seguir la continuación de los hechos registrados en el Pentateuco, contados aquí por un testigo ocular.

El gran tema es la fidelidad de Jehová en el cumplimiento de sus promesas (cap. 21: 43-45), bajo la hábil dirección de Josué, el elegido por Dios para realizar el propósito divino.

El libro de Josué es una parte importantísima del AT, y no debe considerárselo en forma separada del Pentateuco, del cual es la continuación y conclusión. En cierto modo, este libro se relaciona con los cinco libros de Moisés así como el libro de los Hechos se relaciona con los cuatro Evangelios.

Los Evangelios relatan el ministerio de Jesucristo, el Legislador cristiano, así como los libros del Pentateuco dan, en su mayor parte, un relato del ministerio de Moisés, el representante de Dios y legislador para el pueblo de Israel de sus días.

Mientras los hombres estuvieron dispuestos a permanecer bajo la dirección del Espíritu Santo, la iglesia primitiva prosperó; mientras Josué y el pueblo de Israel dependieron plenamente de Dios, progresó la conquista de Canaán.

Dios obra siempre mediante instrumentos humanos, capacitados como dirigentes por años de preparación, y que sin embargo son conscientes de su propia indignidad. Cuando tales hombres confían en su propia sabiduría y dejan de depender totalmente de Dios, ocurren muchos errores, como en los casos de Hai y de Gabaón. Se pierden vidas y se atrasa la obra del Señor. Pero cuando se siente una humildad profunda y se manifiesta valor para tratar con el pecado, entonces la victoria es segura.

27.03. JOSUÉ - Marco histórico

Si aceptamos la paternidad literaria de Josué, y el año 1445 AC como la fecha del éxodo, es claro que el libro de Josué fue escrito en la primera parte del siglo XIV AC. Algunas porciones del mismo pueden haber sido registradas en los últimos años del siglo XV. Como se mencionó anteriormente, es posible que copistas posteriores, pero dificilmente después de los primeros reyes, hubieran añadido breves explicaciones. Israel estaba entrando entonces en la tierra de los amorreos, al oeste del Jordán, para poseerla según la promesa hecha a Abrahán en Génesis 15: 16. La iniquidad de los amorreos había alcanzado su culminación.

Las excavaciones modernas nos han proporcionado mucha información respecto de Palestina y de las naciones circunvecinas de la época de Josué. Durante varios siglos Palestina había estado en forma intermitente bajo la influencia, y a veces el control, de Egipto. Tutmosis III, que murió alrededor de 1450 AC, dirigió 17 campañas en Palestina o a través de ella para sofocar lo que había llegado a ser una rebelión general contra Egipto. Esas campañas continuaron por un período de 18 años. Aun después de eso hubo campañas menores adicionales, y se levantaron varias fortalezas nuevas. En ciertas épocas del año se trasladaban en forma constante soldados y provisiones a lo largo de la carretera costera, llamada en la Biblia "el camino de la tierra de los Filisteos" (Éxodo 13: 17). Esto quizá fue justamente antes del tiempo del éxodo, si como parece probable, el éxodo ocurrió alrededor de 1445. (ver Las reuniones en Gilgal y Silo; también El éxodo de la dinastía decimoctava).

Después del éxodo, el poderío de Egipto comenzó a menguar. Sin embargo, continuaron las guerras entre Egipto y las naciones de Canaán hasta el reinado de Tutmosis IV (c. 1425-1412 AC). Un nuevo poder enemigo, el de los hititas, comenzó a amenazar a los mitanios, anteriores enemigos de Egipto. Poco antes de 1400 AC Tutmosis IV concertó la paz con los mitanios, por causa de su nuevo enemigo común, y llegaron a su fin las hostilidades que permanentemente había habido entre ellos. En los días de su sucesor, Amenhotep III (c. 1412-1375 AC), el auge del poder egipcio comenzó a disminuir. Sin embargo, Amenhotep III reinó con seguridad y esplendor sin paralelo. Egipto disfrutaba de las riquezas que había obtenido en las conquistas pasadas. Su poderío militar estaba terminando; y como lo revelan las Cartas de Tell el-Amarna, que son correspondencia de príncipes vasallos de Siria y Palestina con Amenhotep III y su sucesor, Iknatón (c. 1387-1366 AC), Siria y Palestina hervían de intrigas internas mientras se hallaban sometidas a ataques del exterior. Sin embargo, no aparecía ayuda procedente de Egipto. Algunos sellos en forma de escarabajos de Amenhotep III, los últimos hallados en las tumbas en las afueras de Jericó, son considerados por algunos eruditos como una prueba de que la ciudad cayó durante su reinado. Las condiciones que había entonces en Palestina eran tales, que hicieron posible la conquista israelita sin que tuvieran que hacer frente al poderío del imperio egipcio.

Los hititas (heteos), mencionados en Josué 1: 4, estaban llegando a ser poderosos en esa época, pero no tenían autoridad en Palestina (ver El imperio hitita desde c. 1400-c. 1200 AC). Esto ayudó a refrenar el poder de los mitanios en el norte. Asiria, en un período de decadencia, estaba débil. Los kasitas gobernaban en Babilonia, pero a causa de la incertidumbre de su posición -debida a su temor de los mitanios, a la presión de los asirios, y a la lucha constante por la preeminencia en Mesopotamia- ellos tampoco escatimaban esfuerzos por ganar la amistad de Egipto. La oleada principal de inmigrantes filisteos, quienes después afianzaron su poder en la región costera (ver Los pueblos del mar), no había llegado aún a Palestina. Por lo tanto, el mundo político no se había estabilizado, y ningún poder exterior se hallaba en condiciones de acudir en auxilio de los pueblos de Canaán.

La tierra de Canaán estaba dividida entre muchos reinos pequeños y un Estado autónomo, Gabaón, con sus ciudades dependientes, Cafira, Beerot y Quiriat-jearim. Al oriente del Jordán estaban los reinos de Sehón y Og. La tierra ya era cultivada. Los habitantes vivían en ciudades, pero cultivaban la tierra fuera de los muros y plantaban olivares y viñedos. Conocían la escritura, como lo prueba el significado del nombre original de Debir: Quiriat-sefer, "ciudad de libros" (cap. 15: 15). Los habitantes de Canaán poseían carros y caballos (caps. 11: 4; 17: 18), pero estaban muy degradados religiosa y moralmente (Deuteronomio 12: 29-31; 18: 9-12), y practicaban casi toda suerte de arte supersticioso y de inmoralidad.

¿Cuándo se realizó el cruce del Jordán? Los datos cronológicos del libro son limitados. Desafortunadamente, no se dispone aún de datos históricos o arqueológicos para cotejar ninguna parte de la narración de Josué con acontecimientos conocidos de la historia secular. Según el cap. 4: 19, fue el día décimo del primer mes (Abib) cuando el pueblo "subió del Jordán". Por lo tanto, el cruce del Jordán ocurrió en la primavera [del hemisferio norte] de ese año (ver también cap. 3: 15). Si el éxodo se realizó en 1445 AC -según parecen indicarlo las pruebas- esto habría sucedido en la primavera [del hemisferio norte] de 1405 AC.

La siguiente pregunta que surge es: ¿Cuánto tiempo se requirió para la conquista de Canaán? La respuesta se halla en los caps. 11: 18; 14: 7, 10, 11; 23: 1; 24: 29. En el cap. 11: 18 simplemente se declara que Josué tuvo guerra "mucho tiempo". Según el cap. 14: 7, 10, 11, Caleb tenía 40 años cuando Moisés lo envió de Cades-barnea a explorar la tierra de Canaán, y habían pasado 45 años desde entonces. Ya se consideraba completa la conquista de la tierra para este tiempo, según lo indican los caps. 11: 23 y 14: 5. Esto no significa que cada parte de la tierra estaba bajo el control israelita, porque Dios sólo había prometido una conquista gradual, para que la tierra no se convirtiera en un desierto (Éxodo 23: 29, 30). Puesto que la misión de los espías coincidió con el segundo año del éxodo (Deuterenomio 2: 14) y la peregrinación en el desierto duró 38 años, la conquista llevó unos 6 ó 7 años (45-38=7). Por el contrario, Josefo da la duración de la conquista como de sólo cinco años. Algunos eruditos modernos tienden a estar de acuerdo con esto (ver Las reuniones en Gilgal y Silo).

La tercera pregunta es la siguiente: ¿Durante cuánto tiempo, en total, ejerció el gobierno Josué? En otras palabras, ¿qué período abarca el libro? El cap. 23: 1 habla vagamente de "muchos días", después de lo cual Josué, que era ya viejo y avanzado en años, reunió a la nación (vers. 2). Según el cap. 24: 29, Josué tenía 110 años cuando murió. No hay otras referencias para este período aquí ni en otro lugar. Josefo (Antigüedades v. 1. 29) divide la vida de Josué en tres partes: 45 años antes del éxodo, 40 años con Moisés y 25 años como gobernante único. Escritores posteriores, tales como Teófilo, Clemente y Eusebio, dan 27 años en vez de 25, porque según se explica, calculan el período de la conquista en 7 años. Esto simplemente lo haría dos años menor en ocasión del éxodo, lo cual no afecta en absoluto la exactitud histórica de la declaración del cap. 24: 29.

27.02. JOSUÉ - Autor

Los comentadores y críticos no están todos de acuerdo acerca de si el libro fue realmente compilado por Josué. Los críticos insisten en que el libro no es una unidad literaria, compuesta por un autor, sino compilado a partir de varios documentos. Pero la unidad interna del libro es tan evidente por su narración bien hilada, que tal análisis documental no merece una consideración seria.

Los que niegan que Josué sea el autor arguyen que se mencionan en él tanto nombres como transacciones que no existieron hasta un período muy posterior al tiempo de Josué. Las expresiones "hasta este día" o "hasta el día de hoy", que se hallan en cerca de una docena de pasajes -dicen ellos- indican que fue escrito mucho después del tiempo de Josué. Sin embargo, por lo menos uno de esos textos prueba justamente lo contrario. En Josué 6: 25, hablando de Rahab dice: "y habitó ella entre los israelitas hasta hoy". No hay razón por la cual Josué no pudiese haber escrito esto. No podría haber sido escrito tanto tiempo después como arguyen los críticos modernos, pues es obvio que lo fue durante la vida de Rahab.

Ninguno de los 12 pasajes a que se hace referencia, con la posible excepción del cap. 15: 63, puede ubicarse definidamente como escrito después del tiempo de Josué. Según este versículo, "ha quedado el jebuseo en Jerusalén con los hijos de Judá hasta hoy". En Jueces 1: 21, después de la muerte de Josué (vers.1), se dice que Benjamín no echó a los habitantes de Jerusalén sino que permitió que habitasen allí "hasta hoy". Pero esto era tan cierto antes de la muerte de Josué como lo fue después.

Tal vez un problema más difícil es el relato de la captura de Lesem (cap 19: 47) por los hijos de Dan. Una comparación con Jueces 18: 27-29 puede posiblemente implicar que la captura de Lesem ocurrió mucho después del tiempo de Josué. Pero no hay pruebas para demostrar que fue así.

Se mencionan otras objeciones, tales como nombres de lugares que no fueron asignados hasta tiempos posteriores -Cabul (Josué 19: 27; cf. 1 Reyes 9: 13), Jocteel (Josué 15: 38; cf. 2 Reyes 14: 7) y unos pocos más. Por lo tanto, muchos hombres piadosos han supuesto que el libro fue escrito por alguna persona inspirada después del tiempo de Josué pero antes que hubiesen reinado muchos reyes en Israel. Sin embargo, Josué 6: 25 no permite una fecha de composición tan tardía como podría inferirse por el cap. 19: 47, ni tan tardía como lo indica el argumento de los nombres mencionados previamente. ¿Cuál es, entonces, la solución?

El hecho de que el libro está escrito en tercera persona no tiende en ningún sentido a excluir a Josué como su autor: Moisés también escribió en tercera persona, y conservó un registro exacto de todos los acontecimientos que ocurrieron bajo su dirección, hasta su muerte. Es ciertamente razonable suponer que Josué, principal ayudante de Moisés, seguiría el ejemplo dado por su gran predecesor.

Las evidentes dificultades mencionadas previamente pueden explicarse razonablemente sobre la base de que cuando el libro fue transcrito en años posteriores, particularmente hasta el tiempo de los reyes, se hicieron ciertos cambios menores, tales como el empleo de nombres de la época para algunos lugares, en sustitución de los que eran más antiguos y menos familiares. Al referirnos a Nueva Amsterdam usamos el nombre moderno de esa ciudad: Nueva York, a fin de lograr claridad. Pueden haberse añadido otras explicaciones menores, como por ejemplo la expresión "hasta hoy"; pero tales modificaciones de ningún modo afectaban la autenticidad del libro como obra de Josué, preparado bajo dirección inspirada.

Hay acuerdo general de que el registro de la muerte de Josué, en el cap. 24: 29-33, como la de Eleazar, fue registrada por alguna otra persona. Pero aun esto no afecta de ningún modo la inspiración ni la paternidad literaria del libro. A menudo los libros contienen hoy notas introductorias o biográficas preparadas por otra persona que no es el autor mismo.

Con pocas excepciones, hasta los tiempos modernos los judíos y cristianos han reconocido de modo uniforme a Josué como autor del libro que lleva su nombre. El Talmud judío (Baba Bathra 14b) afirma en forma específica que esto es así, y añade que Eleazar, hijo de Aarón el sumo sacerdote, añadió la conclusión (cap. 24: 29-32), y Finees agregó el vers. 33 (Baba Bathra 15a, 15b).

27.01. JOSUÉ - Título

El título del libro lleva el nombre del sucesor de Moisés, Josué, hijo de Nun, de la tribu de Efraín. Se lo llamó primeramente Hoshea', que se ha transliterado como Oseas (Deuteronomio 32: 44; Números 13: 8, 16), que significa"salvador" o "salvación".

Según Números 13: 16, Moisés le cambió el nombre por el de Yehoshua', Jehoshua, poniendo como prefijo la forma abreviada de Jehová (Yahvéh) al nombre anterior de Josué. De ese modo significó "salvación de [o por] Jehová". Josué es sólo una forma acortada de Jehoshua, la forma que siempre aparece en el AT hebreo. En la versión la LXX (Septuaginta o de los Setenta) se lo llama Iesous huios Naue, "Jesús, hijo de Naue [Nun]". En el texto griego del NT se lo llama expresamente Iesous, Jesús (Hechos 7: 45; Hebreos 4: 8). Las versiones RVR y BJ tienen "Josué" en ambas referencias.

Cristo y los judíos reconocieron tres divisiones en el AT: la ley, los profetas y los salmos, o escritos (Lucas 24: 44). Josué es el primer libro de la segunda división, llamada "los profetas" en las Biblias hebreas, pues su autor tuvo la misión de profeta.

En las Biblias hebreas la sección titulada "los profetas" está dividida en dos partes: los profetas anteriores: Josué, Jueces, Samuel y Reyes; y los profetas posteriores: los que comúnmente conocemos como profetas. Por lo tanto, Josué aparece como el primer libro de los profetas, aunque su contenido está estrechamente relacionado con el Pentateuco, conocido por los judíos como la ley.

26.05. DEUTERONOMIO - Bosquejo

I. Título e introducción, 1: 1-5.

II. Primer discurso: Moisés anuncia su destitución, 1: 6 a 4: 43.

A. Sucesos desde el Sinaí hasta Canaán, 1: 6 a 3: 29.
B. Admoniciones y exhortaciones a guardar la ley, 4: 1-40.
C. Designación de ciudades de refugio, 4: 41-43.

III. Segundo discurso: Un repaso de la ley, 4: 44 a 26: 19.

A. Introducción, 4: 44-49.
B. El Decálogo, base del pacto, 5: 1-33.
C. Exhortaciones a la obediencia, 6: 1 a 11: 32.
D. El libro del pacto, 12: 1 a 26: 19.

IV. Tercer discurso: La bendición y la maldición, 27: 1 a 28: 68.

A. Introducción, 27: 1-13.
B. Las maldiciones, 27: 14-26.
C. Bendiciones y maldiciones, 28: 1-68.

V. Cuarto discurso: El pacto en Moab, 29: 1 a 30: 20.

A. Breve repaso de acontecimientos desde Egipto hasta Canaán, 29: 1-9.
B. Exhortación a guardar la ley, 29: 10-29.
C. Promesa de misericordia, 30: 1-10.
D. El pacto en el corazón, 30: 11-20.

VI. Terminan las responsabilidades de la dirección, 31: 1 a 34: 12.

26.04. DEUTERONOMIO - Tema

El libro es histórico, legislativo y exhortatorio. Está formado principalmente por cuatro discursos (o tres, según algunos especialistas), con notas que los unen.

El primer discurso anuncia la destitución de Moisés de su puesto directivo. Comienza con un resumen histórico y termina con una exhortación a guardar la ley.

El segundo discurso repasa el Decálogo como base del pacto entre Dios e Israel y amonesta a Israel a obedecer; el cuerpo del discurso está formado por una relación de los requerimientos de la legislación civil, social y religiosa.

El tercer discurso concierne al ritual de la bendición y la maldición. Aquí Moisés se eleva a alturas de conminación oratoria que no han sido superadas en la literatura.

El cuarto discurso nuevamente presenta, con un breve resumen histórico, una exhortación a guardar la ley, y explica el pacto en el corazón.

En la oratoria de Deuteronomio, Moisés hace un llamamiento a su pueblo a ordenar sus vidas de acuerdo con la voluntad revelada de Dios.

Obediencia significa vida; desobediencia significa muerte.

Moisés emplea hechos históricos como base de su exhortación, y refuerza su mensaje apelando al amor y gratitud de Israel hacia Dios y su dignidad como pueblo escogido. Consciente de los peligros de la idolatría y de la sustitución del espíritu esencial de la religión por las formas, Moisés pone énfasis en la supremacía de Jehová y de su ley, la naturaleza espiritual de su culto y servicio, y la fidelidad divina en cumplir el pacto con Israel y con todas las naciones.

Como pieza de gran oratoria, única en su género, Deuteronomio es la despedida de un hombre que amó tan profundamente a su pueblo, que rogó ser borrado del libro de la vida si el pecado de ellos no podía ser perdonado (Éxodo 32: 32).

La influencia de Deuteronomio, y su lugar en la vida religiosa de los hebreos, y del cristianismo, es grande.

El redescubrimiento del "libro de la ley" en tiempos del rey Josías produjo una de las mayores reformas religiosas de la historia (ver 2 Reyes 22, 23; 2 Crónicas 34, 35).

Deuteronomio llegó a ser la piedra angular de la devoción religiosa hebrea; todo verdadero hebreo recitaba uno de sus capítulos diariamente.

Jesús hizo frente a las tentaciones del maligno con tres citas de Deuteronomio (Mateo 4: 1-11; ver Deuteronomio 8: 3; 6: 16; 6: 13), y al contestar la pregunta del intérprete de la ley, dio como primer y gran mandamiento la sentencia central de Deuteronomio (Mateo 22: 35-38; ver Deuteronomio 6: 5; 10: 12; 30: 6).

Pablo empleó la fraseología de Deuteronomio (cap. 30: 11-14) para ilustrar la idea de la justicia por la fe (Romanos 10: 6-8).

26.03. DEUTERONOMIO - Marco histórico

Hacia el primer día del 11º mes del 40º año del éxodo, Israel había acampado en Sitim, frente a Jericó, en las llanuras de Moab al oriente del Jordán (Números 25:1; Deuteronomio 1: 1-3).

Durante los dos meses que permanecieron allí (Deuteronomio 1: 3; cf. Josué 3: 1, 2, 5, 7; 4: 19), se hicieron los preparativos para ocupar Canaán, y tal vez, lo que es más importante de todo, Moisés pronunció los discursos que constituyen la mayor parte del libro de Deuteronomio.

26.02. DEUTERONOMIO - Autor

Todo el peso del testimonio tradicional es abrumador en favor de Moisés como autor del libro de Deuteronomio. Por más que nos remontemos en el tiempo no encontramos que se sugiera otro nombre. Sólo algunos eruditos modernos lo han puesto en duda.

Se añade a este testimonio tradicional la autoridad de Jesucristo y los apóstoles:

(1) "Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa" (Deuteronomio 24: 1).

"Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así" (Mateo 19: 7, 8).

(2) "Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco" (Deuteronomio 25:5).

"Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano" (Marcos 12:19).

(3) "Esta, pues, es la ley que Moisés puso delante de los hijos de Israel" (Deuteronomio 4:44).

"Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo" (Juan 1:17).

"¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis matarme?" (Juan 7: 19).

(4) "Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis" (Deuteronomio 18:15)

"Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret" (Juan 1: 45).


"Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable" (Hechos 3: 22).

(5) "Cuando se hallare en medio de ti, en alguna de tus ciudades que Jehová tu Dios te da, hombre o mujer que haya hecho mal ante los ojos de Jehová tu Dios traspasando su pacto, que hubiere ido y servido a dioses ajenos, y se hubiere inclinado a ellos, ya sea al sol, o a la luna, o a todo el ejército del cielo, lo cual yo he prohibido; y te fuere dado aviso, y después que oyeres y hubieres indagado bien, la cosa pareciere de verdad cierta, que tal abominación ha sido hecha en Israel; entonces sacarás a tus puertas al hombre o a la mujer que hubiere hecho esta mala cosa, sea hombre o mujer, y los apedrearás, y así morirán. Por dicho de dos o de tres testigos morirá el que hubiere de morir; no morirá por el dicho de un solo testigo. La mano de los testigos caerá primero sobre él para matarlo, y después la mano de todo el pueblo; así quitarás el mal de en medio de ti" (Deuteronomio 17: 2-7).

"El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente" (Hebreos 10: 28).


La edad del libro se confirma por el tipo de expresiones hebreas usadas y por los hechos y marcos históricos presentados. Estos y otros hechos testifican en favor de Moisés como el autor.

26.01. DEUTERONOMIO - Título

El libro de Deuteronomio es el quinto y último libro del Pentateuco. Los judíos generalmente se refieren a él con la expresión "Estas palabras", que son las primeras dos palabras del libro en hebreo.

El título castellano del libro se deriva de la Septuaginta y significa "La segunda [o repetida] legislación", en relación con el libro del Éxodo, que a veces recibe el nombre de "La primera legislación".

25.05. NÚMEROS - Bosquejo

I. Preparación para la marcha, 1: 1 a 4: 49.

A. Organización del campamento, 1: 1 a 2: 34.

1. El censo de Israel, 1: 1-46.
2. Ordenes acerca de los levitas, 1: 47-54.
3. Ordenes para los campamentos de las tribus, 2: 1-34.

B. Organización levítica, 3: 1 a 4: 49.

1. La familia sacerdotal, 3: 1-4.
2. Dedicación de los levitas en lugar de los primogénitos, 3:5-51.
3. Deberes de los levitas al marchar, 4: 1-49.

II. Declaración de la legislación levítica, 5: 1 a 6: 27.

A. Reglamentos religiosos misceláneas, 5: 1 a 6: 21.

1. La exclusión de los inmundos, 5: 1-4.
2. Leyes sobre la restitución y las ofrendas, 5: 5-10.
3. El juicio sobre los celos, 5: 11-31.
4. El voto de los nazareos, 6: 1-21.

B. La bendición sacerdotal, 6: 22-27.

III. Construcción del tabernáculo. El incidente en Cades, 7: 1 a 14: 45.

A. Inauguración del servicio del santuario, 7: 1 a 9: 14.

1. Ofrendas de los príncipes en la dedicación, 7: 1-88.
2. La voz en el santuario, 7: 89.
3. Las lámparas en el tabernáculo, 8: 1-4.
4. Consagración de los levitas, 8: 5-26.
5. La segunda pascua, 9: 1-14.

B. Partida desde el Sinaí, 9: 15 a 10-36.

1. La nube sobre el tabernáculo, 9: 15-23.
2. Las trompetas de plata, 10: 1-10.
3. La orden de marcha, 10: 11-28.
4. La invitación a Hobab, 10: 29-32.
5. El primer viaje, 10: 33-36.

C. Murmuraciones y rebelión, 11: 1 a 14: 45.

1. Pecado en Tabera, 11: 1-3.
2. Pecado en Kibrot-hataava, 11:4-35.
3. Pecado de María y Aarón, 12:1-16.
4. Misión de los espías, 13: 1-33.
5. Rebelión del pueblo, 14: 1-45.


IV. Secciones de legislación levítica, 15:1-41.

A. Ofrendas, 15: 1-31.

1. Leyes sobre holocaustos, ofrendas voluntarias, primeros frutos, 15: 1-21.
2. Leyes sobre las ofrendas por transgresiones y pecados por yerro, 15: 22-31.

B. Reglamentos misceláneos, 15: 32-41.

1. El violador del sábado, 15: 32-36.
2. La ley de las franjas, 15: 37-41.


V. La revuelta contra el sacerdocio aarónico, 16: 1 a 17: 13.

A. La rebelión de Coré y su represión, 16: 1-50.

B. La vara de Aarón, que floreció, 17: 1-13.


VI. Adiciones a la ley, 18: 1 a 19: 22.

A. El cometido y las recompensas de sacerdotes y levitas, 18: 1-32.

B. Ley de la vaca alazana, y la contaminación provocada por la muerte, 19: 1-22.


VII. Sucesos del viaje final, 20: 1 a 22: 1.

A. Desde Cades a la Transjordania, 20: 1 a 21: 9.

1. El agua de la contienda, 20: 1-13.
2. La insolencia de Edom, 20: 14-21.
3. La muerte de Aarón, 20: 22-29.
4. El rey Arad, 21: 1-3.
5. La serpiente de bronce, 21: 4-9.

B. Acercándose a Canaán, 21: 10 a 22: 1.

1. Marchas finales y primeras victorias, 21: 10-32.
2. Victoria sobre Og, 21: 33 a 22: 1.

VIII. Sucesos en las estepas de Moab, 22: 2 a 27: 23.

A. La historia de Balaam, 22: 2 a 24: 25.

1. La llegada de Balaam, 22: 2-38.
2. Las profecías de Balaam, 22: 39 a 24: 25.

B. Sucesos finales de la vida de Moisés, 25: 1 a 27: 23.

1. Pecado y expiación en Sitim, 25: 1-18.
2. Segundo censo de Israel, 26: 1-65.
3. Petición de las hijas de Zelofehad, 27: 1-11.
4. Josué sucesor de Moisés, 27: 12-23.


IX. Adiciones a la ley, 28: 1 a 30:16.

A. La rutina anual de sacrificios, 28: 1 a 29: 40.

B. Ley de votos hechos por mujeres, 30: 1-16.


X. Victorias al oriente del jordán, 31 : 1 a 32: 42.

A. Derrota de Madián, 31: 1-54.

B. Ubicación de las dos tribus y media, 32: 1-42.


XI. El itinerario desde Ramesés hasta el jordán, 33: 1-49.


XII. Instrucciones finales, 33: 50 a 36: 13.

A. Arreglos relativos a la tierra de Canaán, 33: 50 a 34: 29.

1. La ley de posesión de la Tierra Santa, 33: 50-56.
2. Límites de la Tierra Santa, 34: 1-15.
3. La repartición de las heredades, 34: 16-29.

B. Arreglos relativos a ciudades, 35: 1-34.

1. Ciudades para los levitas, 35: 1-8.
2. Ciudades de refugio, 35: 9-34.

C. El matrimonio de herederas, 36: 1-13.

25.04. NÚMEROS - Tema

Los libros precedentes del Pentateuco presentan la narración de la historia de los antecesores de Israel, desde la creación, y continúan a través del cautiverio en Egipto y el éxodo, hasta la peregrinación en el Sinaí, donde el libro del Exodo deja a los israelitas.

Números comienza en el Sinaí con el censo de los varones adultos, añade reglamentos adicionales además de los enumerados en Levítico, traza la marcha desde el Sinaí, la peregrinación por el desierto, hasta la llegada a las estepas de Moab, y termina con un conjunto de reglamentos.

Es un libro viviente, una inspiración espiritual para los seres humanos através de la historia. Su objetivo principal es exaltar a Jehová como Dios supremo, en toda su santidad, majestad y cuidado por su pueblo escogido.

Juntamente con el progreso maravilloso de ese pueblo, está la rebelión de Coré, Datán y Abiram, con sus motivos y propósitos egoístas. En el marco de fondo está el pueblo murmurando y manifestando falta de paciencia. Se destacan Moisés, María y Aarón, Balaam, los hijos de Aarón, dirigentes religiosos con sus puntos fuertes y débiles. El registro termina con la supremacía de Moisés como dirigente escogido por Dios para Israel.

La morada de Jehová en medio de los israelitas, sus planes cuidadosos y minuciosos en favor de ellos, los conmovedores sucesos que afectaron a individuos destacados, sacerdotes y levitas, se desenvuelven como un cordón humano divinamente señalado para que no hubiera más "ira sobre la congregación".
Todo esto contribuye a dar una descripción espléndida en una narración vívida del más profundo valor religioso para la iglesia de hoy, relato que descansa sobre el hecho histórico de la morada de Dios entre su pueblo.

25.03. NÚMEROS - Marco histórico

El valor del libro de Números no disminuye debido a que registra detalladamente el período nómada de la historia de Israel, lo que constituye un relato que en la actualidad estimula la fe de todo fiel creyente.

Por medio de este registro imparcial llegamos a conocer la vida y las vicisitudes del pueblo hebreo bajo la conducción de Moisés. Este talentoso autor escogió su material y lo dispuso dirigido por la inspiración del Espíritu Santo.

Moisés fue un digno narrador de la historia y el carácter del pueblo hebreo, como también un dirigente capaz, que, conducido por Dios, lo llevó a una unidad religiosa coherente que el tiempo y las desgracias no pudieron disolver. Así tenemos en el libro de Números una narración inspirada, cuya verosimilitud histórica no puede desecharse livianamente.

Se ha uniformado el texto del libro. Fue escrito con verdaderos caracteres hebreos antiguos, y corresponde con el texto tal como existió alrededor de 330 AC. Parece haber sufrido relativamente poco por sencillos errores de transcripción.

Las variaciones en ciertos manuscritos son pocas, y de escasa importancia. Las fechas que pudieran asignar los eruditos a cualquiera de las fuentes que Moisés pudiera haber usado bajo la inspiración del Espíritu Santo, en el mejor de los casos podrían ser sólo provisorias y aproximadas.

25.02. NÚMEROS - Autor

La mayoría de los creyentes han aceptado, a través de todas las edades, que los libros del Pentateuco fueron obra de Moisés.

En el Éxodo tenemos el relato de los primeros años de la vida de Moisés, seguidos por su llamamiento, con la comisión divina que le fue dada, y cómo fue aceptado por el pueblo como dirigente.

En Números se lo presenta como un dirigente maduro. El esfuerzo y la tensión de las dificultades por las cuales pasó con su pueblo lo convirtieron en un instrumento especialmente adecuado para registrar la historia de esos sucesos.

No se ha descubierto ningún otro autor que pudiese haber escrito el Pentateuco. Debe permanecer en pie el nombre de Moisés como su autor.

25.01. NÚMEROS - Título

Números es el cuarto libro del Pentateuco, que es el nombre que reciben los cinco libros de Moisés.

El título "Números" se deriva del título Arithmoi, de la Septuaginta, luego del latín Numeri, del cual se ha traducido "Números".

Los hebreos llamaron al libro Bemidbar, "en el desierto".

24.05. LEVÍTICO - Bosquejo

I. Leyes relativas a los sacrificios y al culto público, 1: 1 a 10: 20.

A. Los principales sacrificios, 1: 1 a 7: 38.

1. Holocaustos, 1: 1-17.
2. Ofrendas de harina, 2: 1-16.
3. Ofrendas de paz, 3: 1-17.
4. Ofrendas por el pecado, 4: 1-35.
5. Ofrendas por las transgresiones, 5: 1 a 6: 7.
6. La ley de los holocaustos, 6: 8-13.
7. La ley de las ofrendas de harina, 6: 14-18.
8. Las ofrendas de harina del sumo sacerdote, 6: 19-23.
9. La ley de las ofrendas por el pecado, 6: 24-30.
10. La ley de las ofrendas por alguna culpa, 7: 1-7.
11. La porción para el sacerdote de los holocaustos y ofrendas de harina, 7:8-10.
12. La ley de las ofrendas de paz, 7: 11-21.
13. Prohibición de comer sangre y grasa, 7: 22-27.
14. Porción para el sacerdote de la ofrenda de paz, 7: 28-34.
15. Conclusión de esta sección, 7: 35-38.

B. La consagración del tabernáculo y de Aarón y sus hijos, y sus primeras ofrendas, 8: 1 a 9: 24.

1. Consagración de Aarón y sus hijos, 8: 1-9.
2. Ungimiento del tabernáculo, 8: 10, 11.
3. Ofrenda por el pecado de Aarón y sus hijos, 8: 12-17.
4. Holocaustos por Aarón y sus hijos, 8: 18-21.
5. El carnero de las consagraciones, 8: 22-30.
6. Aarón y sus hijos deben quedar siete días dentro del santuario, 8: 31-36.
7. Aarón y sus hijos traen su primera ofrenda por ellos mismos, 9: 1-14.
8. La ofrenda por el pueblo, 9: 15-23.
9. Aprobación de Dios enviando fuego, 9: 24.

C. La transgresión de los dos hijos de Aarón; instrucciones respecto al comer y el beber, 10: 1-20.

1. La transgresión de los hijos de Aarón y su muerte, 10: 1-7.
2. Prohibición de vino, sidra y cosas inmundas, 10: 8-11.
3. La ley para comer las cosas santas, 10: 12-15.
4. Moisés reprende a Aarón por no haber comido la expiación,10: 16-20.

II. La ley de santidad, 11: 1 a 15: 33.

A. Distinción entre animales limpios e inmundos, 11: 1- 47.

B. Ley de pureza de personas, ropas, casas, 12: 1 a 15: 33.

1. Impureza ocasionada por partos, 12: 1-8.
2. Impureza ocasionada por lepra, 13: 1 a 14: 57.
a. Lepra de personas, 13: 1-46.
b. Lepra de vestidos, 13: 47-59. 709
c. Purificación de un leproso, 14: 1- 32.
d. Lepra de casas, 14: 33-53.
3. Impureza personal, 15: 1-33.
a. Impureza de hombres, 15: 1-18.
b. Impureza de mujeres, 15: 18-33.

III. Purificación del santuario y leyes suplementarias, 16: 1 a 17: 16.

A. El día de la expiación, 16: 1-34.

1. Entrada de Aarón en el santuario, 16: 1-4.
2. Aarón ofrece ofrendas por el pecado y holocaustos por el pueblo y echa suertes sobre el macho cabrío, 16: 5-10.
3. Ofrece ofrenda por su pecado y por su casa y lleva la sangre e incienso al lugar santísimo, 16: 11-14.
4. Mata el macho cabrío del Señor y hace expiación por el lugar santo y santísimo, 16: 15-17.
5. Hace expiación por el altar del holocausto con la sangre mezclada del becerro y macho cabrío, 16: 18, 19.
6. Pone ambas manos sobre la víctima propiciatoria transfiriéndole todas las transgresiones de Israel, y la envía al desierto, 16:20-22.
7. Se cambia de vestiduras, se lava y ofrece sacrificio por él y por el pueblo, y quema el becerro fuera del campamento, 16: 23-28.
8. La observancia del décimo día del séptimo mes por estatuto perpetuo, como día de expiación, 16: 29-31.
9. Ese día, un sábado de sábados, cuando se hacía expiación por el santuario, el altar, los sacerdotes y el pueblo, 16: 32-34.

B. Reglamentos respecto al lugar de sacrificio, 17: 1-9.

C. Se prohibe comer sangre, 17: 10-14.

D. Leyes adicionales respecto a la pureza, 17: 15, 16.

IV. Leyes morales y civiles, 18: 1 a 20: 27.

A. Transgresiones en asuntos morales, 18: 1-30.

1. Israel no debía imitar a los cananeos sino debía guardar los estatutos de Dios, 18: 1-5.
2. Matrimonios ilícitos, 18: 6-18.
3. Concupiscencias ilícitas, 18: 19-30.

B. Diversos preceptos morales, intercalados con ordenanzas ceremoniales y propias de los sacrificios, 19: 1 a 20: 27.

V. Preceptos suplementarios respecto a los sacerdotes, sus cualidades, derechos y deberes, 21: 1 a 22: 33.

VI. Sábados y fiestas: pascua, Pentecostés, día de la expiación, fiesta de los tabernáculos (o de las cabañas), 23: 1-44.

VII. Leyes adicionales respecto al servicio del santuario, 24: 1-9.

VIII. El pecado de blasfemia, 24: 10-16, 23.

IX. Leyes respecto de la violencia contra personas y propiedades, 24: 17-22.

X. El año del jubileo, 25: 1-55.

XI. Bendición por guardar el sábado y los otros mandamientos de Dios, maldición sobre los desobedientes, 26: 1-46.

XII. Leyes suplementarias, 27: 1-34.

A. La formulación de votos, 27: 1-25.

1. Sobre personas consagradas por un voto, 27: 1-8.
2. No alterar lo dedicado, agregar un quinto, 27: 9-13.
3. Consagración de una casa o un campo, 27: 14-25.

B. Objetos dedicados, 27: 26-34.

1. El primogénito de los animales y objetos dedicados, 27: 26-29.
2. El diezmo, santo para el Señor, 27: 30-34.

24.04. LEVÍTICO - Tema

El libro de Levítico trata principalmente del sacerdocio y los servicios del santuario. No contiene toda la instrucción que Dios tenía para Israel sobre estos temas, pues se reserva mucho material importante para el libro de Números. Sin embargo, la mayoría de los principios fundamentales del culto son bosquejados en el libro de Levítico. Esto hace que sea importante y digno de un estudio especial.

Los sacrificios habían sido conocidos desde el tiempo de la caída en el Edén. Sin embargo, en los ritos levíticos se hizo una revelación más clara respecto del Salvador, a quien señalaban todos los sacrificios. El uso continuo y simbólico de la sangre aplicada a los cuernos del altar, asperjada delante del velo o usada según el ritual en el segundo departamento del santuario delante del arca, recalcaba ante el pueblo la estrecha relación entre el pecado y el sacrificio.

Los principios de la transferencia del pecado, de la mediación, la reconciliación y la expiación eran enseñados claramente por la ceremonia diaria en la cual el oferente ponía su mano sobre la cabeza de la víctima mientras confesaba su pecado; por la institución de un sacerdocio regular para ministrar entre Dios y el hombre; por el sacrificio vespertino y matutino; por los holocaustos y ofrendas individuales por el pecado; y por la entrada del sumo sacerdote, una vez al año, a la presencia de Dios en el lugar santísimo.

En todos estos reglamentos y preceptos los hombres veían la obra reconciliadora de Aquel que tomó sobre sí nuestros pecados, que murió por nosotros y por cuyas llagas nosotros somos sanados. Levítico es un preevangelio, y debiera hallar un lugar importante en el estudio de los que desean seguir al Cordero hasta el fin del camino.

El servicio del santuario era claramente simbólico y por lo tanto temporario, pues no hay relación necesaria entre la sangre de los toros y machos cabríos y el perdón de los pecados. Los sacrificios eran todos simbólicos y no tenían virtud en sí mismos. Pero eran la sombra de los bienes venideros, y servían así un propósito vital. Correctamente comprendidos, conducían a los hombres hacia Dios. Enseñaban lecciones acerca de la gravedad del pecado, de la necesidad de la confesión, de la majestad de la ley, de la santidad de Dios, de su gran amor hacia el hombre caído, y de la preparación necesaria para estar en su presencia.

Tal vez la santidad era la mayor lección de todas. Es el gran tema de cada capítulo del libro.

Los sacerdotes debían ser santos; sus vidas debían estar libres de oprobio; su alimento debía ser limpio; hasta sus vestiduras debían simbolizar la santidad. Los sacrificios ofrecidos debían ser perfectos; el santuario mismo era santo; los utensilios eran santos; la porción de las ofrendas para los sacerdotes era santa; hasta los terrenos del santuario eran sagrados y no debían ser contaminados.

Todo y todos los que tenían que ver con el tabernáculo debían estar escrupulosamente limpios físicamente, simbolizando así la limpieza espiritual que Dios requería. Dios ordenó repetidamente: "Seréis santos; porque yo soy santo" (caps. 11: 44, 45; 19: 2; 20: 7,26). Símbolo de esta santidad era "la lámina de la diadema santa de oro puro" que el Señor le ordenó a Moisés que hiciera, y que se fijaba en la mitra que llevaba el sumo sacerdote, y sobre el cual había "grabado de sello: SANTIDAD A JEHOVA" (Éxodo 39: 30).

Levítico ocupa un lugar central en los cinco libros de Moisés, flanqueado por Génesis y Exodo por un lado, y por Números y Deuteronomio por el otro. Así como el santuario era el centro del culto de Israel, también el libro de Levítico contiene el meollo de la instrucción dada respecto de aquel culto. Es el Evangelio en embrión. Con él, puede comprenderse mejor el Nuevo Testamento; sin él, algunas partes de los Evangelios y de las epístolas están envueltas en oscuridad y tinieblas.

Cristo como sacerdote y sumo sacerdote; como Cordero de Dios; como nuestra ofrenda por el pecado; como el sacrificio consumado, con su sangre rociada alrededor del altar y sobre él; como el pan que bajó del cielo; como la luz del mundo; como el incienso fragante, éstas y muchas otras alusiones serían muy poco entendidas sin la luz que Levítico arroja sobre ellas. Pablo citó numerosas veces este libro cuando escribió la epístola a los Hebreos y trató las doctrinas de la fe cristiana.

Huelga decir que hoy el Israel espiritual no puede permitirse descuidar este libro. Si la verdadera doctrina de la expiación, del día de la expiación, de la purificación del santuario, de Cristo como nuestro sumo sacerdote y abogado que ministra en el santuario celestial, del juicio y del pronto regreso de Cristo, de la ley en su marco debido; si todas estas doctrinas son claras contribuciones a la religión y la vida, y son mensajes que deben ser dados al mundo, entonces el libro de Levítico debe ocupar su lugar legítimo en la armazón de las verdades que deben predicarse.

A veces surge la pregunta: ¿por qué Dios instituyó el sistema de sacrificios y requirió derramamiento de sangre?

Dios aborrece el pecado porque conoce sus resultados; y uno de los principales propósitos de los sacrificios era hacer que Israel también lo aborreciera. El podría haber aconsejado simplemente a su pueblo que no pecase pues el pecado era malo y debía ser rehuido. Pero ¿no se haría en ellos una impresión mayor y más duradera mediante una demostración visual del resultado del pecado, de manera que en sus mentes apareciesen siempre asociados el pecado y la muerte, como la causa y el efecto? Esto fue lo que hizo Dios en el jardín del Edén, cuando fue sacrificado un cordero después del pecado de Adán. ¿Y no se recalcaría este efecto si el mismo pecador llevaba a cabo la sentencia de muerte? Dios podría entonces preguntar: ¿Qué más podría haber sido hecho que yo no he hecho para enseñar al hombre la gravedad del pecado? "¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?" (Isaías 5: 4).

Pero Israel pervirtió grandemente el plan de Dios. En vez de ver en la muerte de los animales sacrificados una evidencia de la excesiva pecaminosidad del pecado, y de la necesidad de rehuirlo, comenzaron a considerar los sacrificios como una especie de pago por el privilegio de pecar.

Por esto Dios les envió mensajes por medio de sus profetas anunciándoles que no deseaba ya más de sus sacrificios: "Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos" (Isaías 1: 11).

Por medio de Amós dijo: "Y si me ofrecierais vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados" (Amós 5: 22).

Y Miqueas pregunta: "¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?" Entonces él responde a sus propias preguntas: "Qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios" (Miqueas 6: 6-8).

Esta es una buena doctrina paleotestamentaria y también es buena doctrina neotestamentaria. Sin embargo, pueden aprenderse muchas preciosas lecciones del ritual según fue originalmente dispuesto. Un estudio de Levítico recompensará ampliamente el tiempo dedicado a él.

24.03. LEVÍTICO - Marco histórico

El libro de Levítico abarca un período de sólo treinta días. El relato del Exodo termina con la narración de la construcción del tabernáculo, y la preparación para su dedicación. Esta obra fue completada "en el día primero del primer mes, en el segundo año" (Éxodo 40: 17).

Puesto que el libro que sigue a Levítico, el libro de Números, comienza con el primer día del segundo mes del segundo año (Números 1: 1), el intervalo es exactamente de un mes. En ese mes Dios comunicó a Moisés las instrucciones contenidas en Levítico, y en ese mismo mes sucedieron los acontecimientos registrados en el libro.

La construcción del tabernáculo en el desierto se realizó inmediatamente después de la promulgación de la ley en el monte Sinaí. Los israelitas habían oído allí la voz de Dios que hablaba desde las oscuras nubes que coronaban la cima de la montaña, y habían sentido gran temor. "Y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando" (Hebreos 12: 21).

En Levítico, Israel oiría hablar nuevamente a Dios, no desde la montaña sino desde el santuario, donde se hallaban la ley y el propiciatorio. Entre los querubines, el lugar de la expiación, era desde donde Dios se haría conocer.

El santuario representaba tanto la misericordia como la ley. En el lugar santísimo se encontraban la ley y la misericordia, y allí llegaba a ser posible la expiación. Desde este lugar habla Dios en el libro de Levítico.

24.02. LEVÍTICO - Autor

No puede haber duda de que Moisés, el autor del Génesis, es también el autor de Levítico.

Las teorías que descartan a Moisés como autor de los libros que llevan su nombre, son demasiado contradictorias como para ser consideradas aquí. Desde los tiempos más antiguos, tanto judíos como cristianos han creído que el Levítico fue escrito por Moisés, y sólo en tiempos modernos se han levantado dudas respecto de su autor.

El libro de Levítico es una parte integral de lo que Jesús llamó "la ley de Moisés" (Lucas 24: 44).

En el relato del sanamiento del leproso, lo asocia de una forma muy clara con el gran legislador:

"Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos" (Mateo 8:4).

"Y él le mandó que no lo dijese a nadie; sino ve, le dijo, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación, según mandó Moisés, para testimonio a ellos" (Lucas 5: 14). Ver Levítico 14.

Son significativas sus palabras a los judíos incrédulos:

"Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?" (Juan 5: 46, 47).

Aquí se nos informa que Moisés "escribió", y que lo que escribió se llama "sus escritos". El plural "escritos" implica que escribió más de un libro.

Si este pasaje no se refiere a los libros comúnmente llamados "libros de Moisés", no sabemos dónde podríamos encontrarlos.

24.01. LEVÍTICO - Título

El libro de Levítico recibió su nombre porque trata mayormente del sacerdocio, oficio que pertenecía a la tribu de Leví.

Antiguos eruditos hebreos lo llamaron Wayiqra', que es la primera palabra del libro, y los judíos modernos han retenido el nombre.

El Talmud lo llamó "La ley de los sacerdotes", o "La ley del sacrificio".

El subtítulo, "Libro tercero de Moisés", no formaba parte del texto original hebreo, pero fue agregado siglos más tarde.

23.05. ÉXODO - Bosquejo

I. El éxodo de Egipto, 1: 1 a 19: 2.

A. La permanencia en Egipto, 1: 1-22.
1. Nombres de los hijos de Jacob, 1: 1-6.
2. Crecimiento y opresión de los hijos de Israel en Egipto, 1: 7-22.

B. La preparación de Moisés para el liderazgo, 2: 1 a 4: 31.
1. Nacimiento, preservación y juventud de Moisés, 2: 1-10.
2. Asesinato, huida, y estada en Madián, 2: 11-22.
3. Muerte de Faraón, tiempo oportuno para el éxodo, 2: 23-25.
4. El llamamiento de Moisés, 3: 1 a 4: 17.
5. Moisés vuelve a Egipto, 4: 18-31.

C. Las diez plagas y el éxodo, 5: 1 a 13: 16.
1. Moisés y Aarón aparecen por primera vez delante de Faraón, 5: 1-18.
2. Renovación de la promesa de Dios de libertar a Israel, 5: 19 a 6:12.
3. Genealogías de Rubén, Simeón y Leví, 6: 13-26.
4. Moisés y Aarón comparecen por segunda vez ante Faraón, 6: 27 a 7:13.
5. La primera plaga: el agua transformada en sangre, 7: 14-25.
6. La segunda plaga: ranas, 8: 1-15.
7. La tercera plaga: piojos, 8: 16-19.
8. La cuarta plaga: moscas, 8: 20-32.
9. La quinta plaga: enfermedad en el ganado, 9: 1-7.
10. La sexta plaga: úlceras, 9: 8-12.
11. La séptima plaga: granizo, 9: 13-35.
12. La octava plaga: langostas, 10: 1-20.
13. La novena plaga: tinieblas, 10: 21-29.
14. El anuncio de la décima plaga y la institución de la pascua, 11: 1 a 12: 28.
15. La décima plaga: todos los primogénitos son muertos, 12: 29, 30.
16. El éxodo, 12: 31-42.
17. Instrucciones referentes a la pascua y a los primogénitos, 12: 43 a 13: 16.

D. Desde Egipto hasta el Sinaí, 13: 17 a 19: 2.
1. Cruce del mar Rojo, 13: 17 a 14: 31.
2. El cántico de Moisés, 15: 1-21.
3. Mara y Elim, 15: 22-27.
4. Codornices y maná en el desierto de Sin, 16: 1-36.
5. Masah y Meriba, 17: 1-7.
6. La victoria sobre Amalec, en Refidim, 17: 8-16.
7. La visita de Jetro, 18: 1-27.
8. Llegada al Sinaí, 19: 1, 2.

II. Israel en el Sinaí, 19: 3 a 40: 38.

A. La promulgación del Decálogo, 19: 3 a 20: 21.
1. La manifestación divina, 19: 3-25.
2. El Decálogo, 20: 1-17.
3. Israel se llena de terror, 20: 18-21.

B. El libro del pacto, 20: 22 a 23: 33.
1. Leyes concernientes al altar, 20: 22-26.
2. Derechos de los esclavos hebreos, 21: 1-11.
3. Leyes concernientes a la v0ida y la propiedad, 21: 12 a 22: 17.
4. Leyes concernientes a diversos pecados, 22: 18-20.
5. Leyes concernientes a la ayuda al necesitado, 22: 21-27.
6. Leyes misceláneas, 22: 28 a 23: 33.

C. Ratificación del pacto, 24: 1-18.

D. Instrucciones respecto al tabernáculo y sus muebles, 25:1 a 31: 17.
1. La ofrenda para el tabernáculo, 25: 1-9.
2. El arca, 25: 10-22.
3. La mesa del pan de la proposición, 25: 23-30.
4. El candelero, 25: 31-40.
5. Las cortinas y tablas, 26: 1-37.
6. El altar del holocausto, 27: 1-8.
7. El atrio, 27: 9-19.
8. Aceite para las lámparas, 27: 20, 21.
9. Las vestiduras sagradas, 28: 1-43.
10. Reglamentos concernientes a la investidura de los sacerdotes, 29: 1-37.
11. Los sacrificios diarios de la mañana y de la tarde, 29: 38-46.
12. El altar del incienso, 30: 1-10.
13. Leyes concernientes al rescate de personas, 30: 11-16.
14. La fuente, 30: 17-21.
15. El aceite de la unción, 30: 22-33.
16. El incienso santo, 30: 34-38.
17. Llamamiento de Bezaleel y de Aholiab, 31: 1-11.
18. Exhortación a guardar el sábado, 31: 12-17.

E. Se le dan a Moisés las dos tablas de piedra, 31: 18.

F. La apostasía y la renovación del pacto, 32: 1 a 34: 35.
1. El becerro de oro, 32: 1 a 33: 11.
2. La súplica de Moisés y su éxito, 33: 12-23.
3. Las nuevas tablas de piedra, 34: 1-35.

G. La construcción del tabernáculo y de sus muebles, 35: 1 a 40: 38.
1. Nueva exhortación a guardar el sábado, 35: 1-3.
2. Ofrendas para el tabernáculo, 35: 4-29.
3. Son designados Bezaleel y Aholiab, 35: 30 a 36: 7.
4. Las cortinas y las cubiertas, 36: 8-38.
5. El arca, 37: 1-9.
6. La mesa del pan de la proposición, 37: 10-16.
7. El candelero, 37: 17-24.
8. El altar del incienso, 37: 25-28.
9. El aceite de la unción y el incienso, 37: 29.
10. El altar del holocausto, 38: 1-7.
11. La fuente, 38: 8.
12. El atrio, 38: 9-20.
13. Las cuentas de las ofrendas del pueblo, 38: 21-31.
14. Las vestiduras santas, 39: 1-31
15. Moisés inspecciona el trabajo y erige el tabernáculo, 39: 32 a 40:38.

23.04. ÉXODO - Tema

El propósito principal de Moisés al escribir el Éxodo fue describir la maravillosa intervención de Dios a favor de su pueblo escogido al librarlo de la esclavitud, y su bondadosa condescendencia al realizar un pacto con ellos.

El tema que atraviesa todo el libro como un hilo de oro es el propósito de demostrar que ni la repetida infidelidad del pueblo escogido ni la oposición de la mayor nación de la tierra podían desbaratar el plan de Dios para él.

Los relatos del Éxodo hablan a la imaginación de los jóvenes y fortalecen la fe de los mayores. Demandan confianza en la dirección de Dios hoy día, y nos ordenan seguir humildemente dondequiera él nos guíe.

23.03. ÉXODO - Marco histórico

El Génesis, primer libro de Moisés, presenta un breve bosquejo de la historia de los escogidos de Dios desde la creación del mundo hasta el fin de la era patriarcal, un período de muchos siglos. En cambio, en sus dos primeros capítulos, el Exodo, la continuación del Génesis, abarca sólo unos 80 años, y en el resto del libro sólo un año aproximadamente.

Aunque la ausencia de evidencias arqueológicas impide que dogmaticemos sobre diversos puntos de la historia de los israelitas en Egipto, parece haber evidencia suficiente para justificar la conclusión de que José y Jacob entraron en Egipto durante el tiempo de los hicsos. Esos gobernantes semíticos fueron amistosos con sus hermanos de raza, los hebreos, y bajo ellos José se elevó al honor y a la fama. Sin embargo, como invasores y gobernantes extranjeros, los hicsos eran aborrecidos por los egipcios autóctonos aunque los gobernaron con mano suave y trabajaron para el bien de sus súbditos.

Cuando los hicsos habían gobernado sobre Egipto durante unos 150 años (c. 1730-1580 AC), Sekenenre se sublevó. Era un príncipe egipcio de una jurisdicción del Alto Egipto y vasallo de los hicsos. La narración de esa rebelión aparece en un relato legendario de fecha posterior y no revela si tuvo buen éxito o fracasó la tentativa de restaurar la independencia de Egipto. Su momia muestra terribles heridas en la cabeza, quizá recibidas en el campo de batalla mientras luchaba contra los hicsos.

La verdadera lucha por la independencia comenzó con Kamosis, el hijo y sucesor de Sekenenre. El consiguió expulsar a los hicsos tanto del Alto como del Medio Egipto, y limitó el poder de ellos a la región oriental del delta del Nilo. Sin embargo, Kamosis no vivió para ver la expulsión final de los hicsos. Esta fue realizada por Amosis, su hermano menor, quien derrotó a los odiados enemigos y obligó a que se rindiera su ciudad capital, Avaris. Con la caída de Avaris, los hicsos perdieron su último baluarte en Egipto. Entonces se retiraron a Saruhen -en el sur de Palestina-, ciudad que, a su vez, fue conquistada por Amosis después de una campaña de tres años. La pérdida de Saruhen, y la consiguiente retirada de los hicsos hacia el norte, señaló el fin de su poder y su desaparición de la historia.

Habiendo derrotado a los hicsos, los gobernantes de Tebas se convirtieron en los indiscutibles monarcas de Egipto. Como reyes de la decimoctava dinastía, no sólo libraron a Egipto sino que también subyugaron a Nubia y a Palestina y formaron un imperio fuerte y rico. Resultó natural que esos nuevos reyes que no conocían "a José" (Éxodo 1: 8) vieran con desconfianza a esos extranjeros, los israelitas, que ocupaban la tierra de Gosén, en la parte oriental del delta. No podía esperarse que les tuvieran confianza los egipcios autóctonos, pues habían sido establecidos allí por los hicsos, estaban emparentados racialmente con ellos y habían sido favorecidos por ellos.

La cronología de los reyes de la decimoctava dinastía no ha sido fijada definidamente. Las fechas siguientes, aunque basadas sobre las mejores pruebas disponibles, tan sólo son aproximadamente correctas. Amosis fue seguido por Amenhotep I (1546-1525 AC), que emprendió campañas militares en el sur y en el oeste. Su hijo, Tutmosis I (1525-1508 AC), que llevó a cabo una campaña militar en Siria hasta el Eufrates, fue el primer rey en registrar el hecho de que empleó esclavos asiáticos en la construcción de sus templos. Es posible que se refiera a los hebreos. Fue seguido por su débil hijo, Tutmosis II (1508-1504 AC), después de cuya muerte, Hatshepsut, una hija de Tutmosis I, gobernó pacíficamente a Egipto durante 22 años (1504- 1482 AC). Es probable que ella fuera la que adoptó a Moisés como hijo, puesto que los primeros 40 años de la vida de él abarcaron los reinados de Tutmosis I, Tutmosis II y Hatshepsut. Moisés huyó de Egipto unos pocos años antes de que reinara Tutmosis III como único rey.

En los comienzos del reinado de Hatshepsut, una revolución de los sacerdotes la había obligado a aceptar la corregencia de su sobrino, Tutmosis III. Más tarde, la súbita desaparición de ella puede haberse debido a un acto de violencia o a causas naturales. Como parece verosímil que Hatshepsut fue la princesa que adoptó a Moisés, esta revuelta puede haberse producido como consecuencia del rechazo de Moisés de formar parte de la casta sacerdotal.

Tan pronto como Tutmosis III quedó como único gobernante (1482-1450 AC), marchó hacia Palestina en una campaña militar y derrotó a una coalición de príncipes sirios y palestinos en Meguido. Su imperio asiático se mantuvo unido gracias a una demostración de fuerza por medio de campañas anuales. Al igual que su abuelo, declara que empleó esclavos asiáticos en su programa de edificación de templos. Probablemente él fue el faraón de quien huyó Moisés.

Después de Tutmosis III, ocupó el trono su hijo Amenhotep II (1450-1425 AC). El comenzó a gobernar sus posesiones extranjeras con un despliegue de terror sistemático que concuerda notablemente bien con el papel del faraón del éxodo. Por alguna razón, que no se menciona en los registros extrabíblicos, no fue el príncipe heredero sino otro hijo de Amenhotep II, Tutmosis IV (1425-1412 AC), quien lo sucedió en el trono. La desaparición del príncipe heredero puede haberse debido a la muerte de todos los primogénitos durante la décima plaga de Egipto.

Tal es el marco histórico de los dramáticos acontecimientos tan vívidamente descritos en el libro del Exodo. No existe ningún registro contemporáneo del éxodo que no sea bíblico, pues los egipcios nunca registraban los acontecimientos que les eran desfavorables.

23.02. ÉXODO - Autor

La cuestión de quién es el autor del libro del Éxodo está estrechamente relacionada con la de todos los libros del Pentateuco, y del Génesis en particular, del cual es la continuación.

El libro del Éxodo es muy importante en el problema de identificar al autor del Pentateuco, dado que algunas de sus declaraciones designan a Moisés como el autor de partes específicas de él. Por ejemplo, Moisés debía registrar la batalla contra los amalecitas "en un libro" (cap. 17: 14). Esto, junto con Números 33: 2, demuestra que Moisés llevaba un diario.

Es evidente por Éxodo 24: 4 que él anotó los ritos contenidos en la parte comprendida entre Éxodo 20: 21 a 23: 33, o sea en "el libro del pacto" (cap. 24: 7). De acuerdo con cap. 34: 27, él es el autor de la revelación registrada en vers. 11-26.

De modo que la evidencia preservada en el mismo libro del Éxodo señala específicamente a Moisés como el autor de las informaciones históricas y de otra índole que se encuentran en él. Con la excepción de Moisés, no se menciona a ningún individuo en el Pentateuco como que hubiera escrito alguna parte de él.


El uso de muchas palabras egipcias y la descripción exacta de la vida y las costumbres egipcias que aparecen en la primera parte del libro sugieren con mucho énfasis que el autor había sido educado en Egipto y estaba íntimamente relacionado con el país y su cultura. Ningún otro hebreo conocido después del tiempo de José estuvo capacitado para escribir el relato del éxodo. Sólo Moisés parece haber sido "enseñado ... en toda la sabiduría de los egipcios"(Hechos 7: 22).

Sin embargo, la prueba más firme de que Moisés es el autor se encuentra en el Nuevo Testamento. En Marcos 12: 26, Cristo cita de Éxodo 3: 6 y se refiere a su fuente como "el libro de Moisés". Estas tres consideraciones - el testimonio directo del libro mismo, la evidencia indirecta de que el autor fue educado en Egipto y el testimonio de Cristo - garantizan en su conjunto la exactitud de la tradición judía de que Moisés escribió el libro del Exodo.

23.01. ÉXODO - Título

Como ocurre con cada uno de los otros cuatro libros del Pentateuco, el libro del Éxodo es llamado por los judíos de acuerdo con la primera frase del texto hebreo, We'eleh shemoth: "Y estos son los nombres".

El nombre Exodo está compuesto de dos palabras griegas que significan "camino de salida" o "salida" (de los israelitas de Egipto), y fue tomado de la Vulgata por los que hicieron la traducción de ella a los idiomas modernos. A su vez Jerónimo lo tomó de la LXX. Por supuesto, este término se refiere al tema central del libro. Las palabras "El segundo libro de Moisés" no aparecen en el texto hebreo, sino que fueron añadidas posteriormente.

22.05. GÉNESIS - Bosquejo

I. Desde la creación del mundo hasta Abrahán, 1: 1 a 11: 26.

A. La creación de los cielos y la tierra, 1: 1 a 2: 25.
1. Los seis días de la creación, 1: 1-31.
2. La institución del sábado, 2: 1-3.
3. Detalles de la creación del hombre y el huerto del Edén, 2:4-25.

B. La historia de la caída y sus resultados inmediatos, 3: 1 a 5: 32.
1. La tentación y la caída, 3: 1-8.
2. La expulsión del huerto, 3: 9-24.
3. Caín y Abel, 4: 1-15.
4. Los cainitas, 4: 16-24.
5. La generación desde Adán hasta Noé, 4: 25 a 5: 32.

C. El diluvio, 6: 1 a 9: 17.
1. La degeneración de los antediluvianos, 6: 1-13.
2. La construcción del arca, 6: 14-22.
3. La narración del diluvio, 7: 1 a 8: 14.
4. El pacto hecho con Noé, 8: 15 a 9: 17.

D. Desde Noé hasta Abrahán, 9: 18 a 11: 26.
1. El destino de los hijos de Noé, 9: 18-29.
2. El cuadro de las naciones, 10: 1-32.
3. La confusión de las lenguas en Babel, 11: 1-9.
4. Las generaciones desde Sem a Abrahán, 11: 10-26.


II. Los patriarcas Abrahán e Isaac, 11: 27 a 26: 35.

A. Abram, 11: 27 a 16: 16.
1. Llamado y viaje a Canaán, 11: 27 a 12: 9.
2. Experiencia en Egipto, 12: 10-20.
3. Separación de Lot, 13: 1-18.
4. Rescate de Lot, encuentro con Melquisedec, 14: 1-24.
5. Pacto con Dios, 15: 1-21.
6. Casamiento con Agar, nacimiento de Ismael, 16: 1-16.

B. Abrahán, 17: 1 a 25: 18.
1. Renovación del pacto, Abram se convierte en Abrahán, se introduce la circuncisión, 17: 1-27.
2. Abrahán y los ángeles, destrucción de Sodoma y ciudades vecinas, 18:1 a 19: 38.
3. Incidentes en Gerar, nacimiento de Isaac, expulsión de Ismael, 20:1 a 21:34.
4. La prueba suprema de Abrahán, 22: 1-24.
5. Muerte de Sara y su sepultura, 23: 1-20.
6. Casamiento de Isaac con Rebeca, 24: 1-67.
7. Descendientes de Abrahán, 25: 1-18.

C. Isaac, 25: 19 a 26: 35.
1. Hijos de Isaac, 25: 19-34.
2. Isaac y Abimelec de Gerar, 26: 1-35.


III. El patriarca Jacob, 27: 1 a 36: 43.

A. Jacob, el suplantador, 27: 1 a 31: 55.
1. Jacob recibe una bendición mediante un engaño, 27: 1-46.
2. Jacob huye y la visión en Bet-el, 28: 1-22.
3. Jacob trabaja por sus esposas y forma una familia, 29: 1 a 30: 43.
4. Jacob huye de Labán, 31: 1-55.

B. Israel, príncipe de Dios, 32: 1 a 36: 43.
1. Jacob vuelve a Canaán, incidente en Peniel, 32: 1 a 33: 20.
2. Deshonra de Siquem, problemas familiares, 34: 1 a 35: 29.
3. Descendientes de Esaú, 36: 1-43.


IV. José, un salvador, 37: 1 a 50: 26.

A. José y sus hermanos, 37: 1-36.

B. La caída de Judá, 38: 1-30.

C. José se mantiene fiel a sus principios, 39: 1 a 40: 23.

D. José llega a ser el salvador de Egipto, 41: 1-57.

E. José y sus hermanos, 42: 1 a 45: 28.

F. Jacob va a Egipto, 46: 1 a 47: 31.

G. Las bendiciones de Jacob, 48: 1 a 49: 33.

H. La muerte de Jacob y de José, 50: 1-26.

22.04. GÉNESIS - Tema

Todo estudiante atento del Génesis conoce el tema principal del libro: primero la narración del trato de Dios con los pocos fieles que lo amaron y sirvieron, y segundo, la profundidad de la depravación en la cual cayeron los que habían dejado a Dios y sus preceptos.

El libro del Génesis es el primer registro permanente de la revelación divina concedida a los hombres.

El libro tiene también importancia doctrinal:

Registra la creación de este mundo y de todas sus criaturas vivientes, la entrada del pecado y la promesa de Dios acerca de la salvación.

Enseña que el hombre es un ser moral libre, poseedor de una voluntad libre y que la transgresión de la ley de Dios es la fuente de toda la desgracia humana.

Da instrucción respecto a la observancia del santo sábado como día de descanso y adoración, la santidad del matrimonio y el establecimiento del hogar, la recompensa de la obediencia, y el castigo del pecado.

El libro está escrito en un estilo interesante que atrae la imaginación de los jóvenes. Sus elevados temas morales son alimento para los mayores, y sus enseñanzas son instructivas para todos.

Este es el libro del Génesis, cuyo estudio ningún cristiano puede darse el lujo de descuidar y cuyos brillantes héroes puede imitar todo hijo de Dios.

22.03. GÉNESIS - Marco histórico

El libro del Génesis fue escrito alrededor de 1.500 años AC, mientras los hebreos estaban aún en esclavitud en Egipto. Contiene un boceto de la historia de este mundo que abarca muchos siglos. Los primeros capítulos del Génesis no pueden ser colocados en un marco histórico, según la concepción corriente de lo que es historia. No tenemos historia del mundo antediluviano, salvo la que fue escrita por Moisés. No tenemos registros arqueológicos, sino sólo el testimonio mudo y a menudo oscuro de los fósiles.

Después del diluvio la situación es diferente. La pala del arqueólogo ha sacado a luz muchos registros de los pueblos, sus costumbres y formas de gobierno durante el período abarcado en los capítulos siguientes del Génesis.

El período de Abrahán, por ejemplo, puede ahora ser conocido bastante bien; y la historia de Egipto durante el período de la esclavitud de Israel puede ser reconstruida con bastante exactitud. Durante esta era, desde Abrahán hasta el éxodo, florecieron destacadas civilizaciones, particularmente en el valle de Mesopotamia y a lo largo de las márgenes del Nilo. Hacia el norte los hititas crecían en poder. En Palestina habitaban pueblos guerreros bajo la dirección de reyezuelos. Costumbres groseras reflejaban el oscuro paganismo de todos estos pueblos.

Fuertes vínculos raciales relacionaban a los patriarcas del Génesis con las tribus semitas de la baja y alta Mesopotamia. Se describe en detalle el papel de los patriarcas en algunos de los grandes sucesos de esos primeros tiempos, tales como la batalla de los reyes en el valle de Sidim (cap. 14), la destrucción de las ciudades de la llanura (caps. 18, 19), y la conservación de la población egipcia durante un hambre extraordinaria (cap. 41). Los hombres del Génesis son conocidos como pastores y guerreros, como moradores de la ciudad y nómadas, como estadistas y fugitivos. Los relatos acerca de sus experiencias ponen a los lectores del libro en contacto con algunas de las grandes naciones de venerable antigüedad, como también con algunos de los pueblos menos prominentes con los cuales se relacionaron los hebreos de tiempo en tiempo.

No son descritas en el Génesis las grandes civilizaciones que habían surgido en Egipto como también en Mesopotamia, pero su existencia se advierte claramente en las experiencias de los patriarcas. El pueblo de Dios no vivía en el magnífico aislamiento de un vacío político o social. Era parte de una sociedad de naciones, y su civilización y cultura no diferían marcadamente de las de los pueblos que lo rodeaban, salvo en lo que su religión crease una diferencia. Por cuanto era el remanente más importante de los verdaderos adoradores de Jehová, por tanto formaba el centro del mundo del autor inspirado. Esta observación obvia lleva naturalmente a la pregunta: ¿Cuál fue el propósito principal de Moisés al escribir el libro?

22.02. GÉNESIS - Autor

Judíos y cristianos por igual han considerado a Moisés, el gran legislador y dirigente de los hebreos en ocasión del éxodo, como el autor del libro de Génesis. Esta convicción fue disputada algunas veces por opositores paganos en el período inicial del cristianismo, pero nunca fue puesta en duda seriamente por ningún cristiano ni judío hasta mediados del siglo XVIII. Desde hace más de dos siglos, se han puesto en duda creencias y opiniones tradicionales en todo aspecto del pensamiento humano. El hombre fue llevado a realizar descubrimientos en esferas desconocidas y a inventar cosas que cambiaron mucho la vida de este mundo. Sin embargo, el mismo espíritu de investigación llevó a hombres de mentalidad crítica a poner en duda la autenticidad de las Escrituras como base de la creencia cristiana.

El libro del Génesis fue el primero que fuera sometido a un examen crítico en esta era moderna, y ese examen comenzó la etapa de la alta crítica de la Biblia. En 1753, un médico de la corte de Francia, Jean Astruc, publicó su libro Conjectures, en el cual pretendía que los diferentes nombres de la Deidad que aparecen en el Génesis muestran que el libro es una colección de materiales de diversas fuentes. Astruc siguió creyendo que Moisés fue el coleccionador de esas fuentes y recopilador del libro, pero sus seguidores pronto eliminaron a Moisés como el editor del Génesis.

Desde hace más de dos siglos, teólogos con mentalidad crítica han trabajado para separar las supuestas fuentes del Génesis y asignarlas a diferentes autores o, por lo menos, a períodos en los cuales se supone que fueron compuestas, reunidas, cambiadas, editadas y, finalmente, compiladas en un libro.

Aceptando esos puntos de vista críticos, algunos eruditos concordaron en un principio que consideraron importante, a saber que el libro consiste en muchos documentos de diferente valor, autor y tiempo de su origen. Sin embargo, difieren ampliamente en sus opiniones acerca de qué partes han de ser atribuidas a cierto período y cuáles a otro. La gran variedad de opiniones de las diferentes escuelas críticas muestra cuán defectuoso es el fundamento de sus hipótesis.

La falacia de muchos argumentos críticos ha quedado expuesta por los descubrimientos arqueológicos de los últimos siglos. Los críticos han tenido que cambiar continuamente sus teorías y declaraciones. Sin embargo, muchos de ellos mantienen su rechazo de que Moisés sea el autor del Génesis, por varias razones de las cuales enumeraremos unas pocas aquí:

a. El uso de tres diferentes nombres para Dios.
Con uno de ellos indudablemente preferido en una cierta sección y un nombre diferente en otra, se pretende que ello prueba que más de un autor es responsable por la composición del libro. De ahí que algunos eruditos críticos hayan sostenido que aquellas secciones donde Yahveh (Heb. YHWH o JHWH), "Jehová", se usa frecuentemente, fueron escritas por un autor que ellos llaman el Jehovista, abreviado J; las secciones donde se usa principalmente el nombre 'Elohim, "Dios", por un hombre que ellos denominan elohísta, abreviado E. Otros autores antiguos, que se supone que trabajaron con el Génesis, fueron un escritor sacerdotal (P, [de "priestly" en inglés]), un editor o redactor (R) y otros.

b. De acuerdo con las escuelas críticas, las muchas repeticiones de relatos contenidos en el libro muestran que se usaron fuentes paralelas y que fueron unidas sin mucho esmero por un editor posterior para que formaran una sola narración. Ese editor no pudo ocultar el hecho de que había usado materiales de diversos orígenes.

c. Se aduce que las condiciones reflejadas en el Génesis no concuerdan con los períodos descritos sino con tiempos muy posteriores.

d. Se dan nombres de lugares de un período muy posterior a localidades cuyos nombres anteriores habían sido diferentes.

e. Las tradiciones en cuanto a la creación, el diluvio y los patriarcas, tal como existen en la antigua Babilonia, son tan similares con el registro bíblico de ellas, que la mayoría de los teólogos modernos aseguran que los escritores hebreos tomaron esos relatos de los babilonios durante el exilio y los prepararon después con un estilo monoteísta para que no fueran chocantes para sus lectores hebreos.

El cristiano conservador no puede concordar con estos puntos de vista por las siguientes razones:

a. Ve que los nombres sagrados de Dios, el Señor y Jehová, se usan más o menos indiscriminadamente a través de toda la Biblia hebrea y no indican diferentes autores como sostienen los críticos. La LXX y los más antiguos manuscritos de la Biblia hebrea, incluyendo los rollos de Isaías descubiertos cerca del mar Muerto, muestran que el nombre "Dios" encontrado en cierto pasaje en una copia es presentado en otro manuscrito como "Señor" o "Jehová" y viceversa.

b. Las repeticiones frecuentemente halladas en los relatos no son una indicación segura de que haya diferentes fuentes para una obra literaria. Los defensores de la unidad de los libros mosaicos han demostrado, mediante muchos ejemplos que no son bíblicos, que repeticiones similares se encuentran en varias obras antiguas de uno y el mismo autor, así como en obras modernas.

c. Un mayor conocimiento de la historia antigua y de las condiciones de vida en la antigüedad ha revelado que el autor del Génesis estuvo bien informado en cuanto a los tiempos que describe y que el relato de los patriarcas encuadra exactamente en el marco del tiempo de ellos.

d. Los nombres de los lugares han sido modernizados en ciertos casos por los copistas para que sus lectores pudieran seguir el relato.

e. El hecho de que los babilonios tuvieran tradiciones similares en cierta medida con los registros hebreos no es una prueba de que una nación tomó la narración de la otra, sino que encuentra su explicación en un origen común de ambos registros. El libro inspirado del Génesis transmite información divinamente impartida en una forma pura y elevada, al paso que los registros babilonios narran los mismos acontecimientos dentro de un marco pagano envilecido.

No es el propósito de nuestro estudio refutar las muchas pretensiones de la alta crítica formuladas para sostener sus teorías. Más importante es mostrar la evidencia de que Moisés es el autor.

El autor del Exodo debe haber sido el autor del Génesis, porque el segundo libro del Pentateuco es una continuación del primero y evidentemente manifiesta el mismo espíritu y la misma intención. Puesto que la paternidad literaria del libro del Exodo está claramente afirmada por Cristo mismo, quien lo llamó "el libro de Moisés" (Mar. 12: 26), el volumen precedente, el Génesis, también debe haber sido escrito por Moisés. El uso de expresiones y palabras egipcias, y el minucioso conocimiento de la vida egipcia y sus costumbres desplegados en la historia de José, armonizan con la educación y experiencia de Moisés. Aunque la evidencia a favor del origen mosaico del Génesis es menos explícita y directa que la de los siguientes libros del Pentateuco, las peculiaridades lingüísticas comunes a todos los cinco libros de Moisés son una prueba de que la obra es de un solo autor y el testimonio del Nuevo Testamento indica que escribió bajo la inspiración del Espíritu Santo.

El testimonio de Jesucristo, que citó varios textos del Génesis, indica claramente que consideró el libro como una parte de las Sagradas Escrituras. Al citar Gén. 1: 27 y 2: 24, Jesús usó la fórmula introductoria "¿No habéis leído?" (Mat. 19: 4, 5) para indicar que esas citas contenían una verdad que todavía estaba en vigencia y era válida. El contexto de la narración (Mar. 10:2-9), que relata la disputa de Jesús con los fariseos en cuanto a la sanción del divorcio, aclara que él atribuyó a Moisés las citas tomadas del Génesis. Cuando sus antagonistas le preguntaron si tenían derecho a divorciarse de sus esposas, Jesús los rechazó con la pregunta: "¿Qué os mandó Moisés?" En su réplica, los fariseos se refirieron a una medida ordenada por Moisés, que se encuentra en Deut. 24: 1-4, un pasaje del quinto libro del Pentateuco. A esto repuso Jesús que Moisés les había dado ese precepto debido a la dureza del corazón de ellos, pero que las disposiciones anteriores habían sido diferentes,y afirmó su declaración con otras dos citas de Moisés (Gén. 1: 27; 2: 24).

En varias otras ocasiones, Cristo aludió a sucesos descritos sólo en el libro del Génesis, revelando que lo consideraba como un registro histórico fidedigno (Luc. 17: 26-29; Juan 8: 37; etc.).

Las numerosas citas del Génesis que se encuentran en los escritos de los apóstoles muestran claramente que estaban convencidos de que Moisés había escrito el libro y que era inspirado (Rom. 4: 17; Gál. 3: 8; 4: 30; Heb. 4: 4; Sant. 2: 23).

En vista de esta evidencia, el cristiano puede creer confiadamente que Moisés fue el autor del libro del Génesis.

22.01. GÉNESIS - Título

Los judíos designan el libro de Génesis según la primera palabra del texto hebreo, Bereshith, "en el principio".

Sin embargo, el Talmud judío lo llama el "Libro de la creación del mundo".

El nombre Génesis, que significa "origen" o"fuente", ha sido tomado de la LXX, donde este término fue usado por primera vez, para indicar el contenido del libro.

El subtítulo, "El primer libro de Moisés", no formaba parte del texto original hebreo, sino que fue agregado siglos más tarde.

21.00. En conclusión

Los libros apócrifos podrían editarse en un volumen aparte. La lectura de algunos de sus párrafos y de alguna de sus páginas puede ser provechosa. Como lo hemos comprobado repetidas veces, ese fue el parecer de diversos Padres de la iglesia y de otros expositores del cristianismo a través de los siglos.

En el siglo II d. C., Hermas, cristiano que habitaba en Roma, escribió una obra de carácter principalmente alegórico que, así lo afirmaba él, era fruto de una revelación proveniente de un ángel que decía llamarse "Pastor". El relato es una narración de las supuestas visiones sobrenaturales causadas por ese llamado mensajero celestial, así como una exposición de preceptos y parábolas. El propósito de ese libro, denominado El Pastor (y más comúnmente El Pastor de Hermas), es exponer la necesidad, la eficacia y los requisitos propios de la penitencia.

En el caso de este antiguo libro que no es divinamente inspirado, bien cabe aplicar la exhortación de Pablo: "Examinadlo todo; retened lo bueno" (1 Tes. 5: 21).

Los libros "apócrifos" pueden leerse como documentos interesantes que revelan ciertos aspectos de la vida y el pensamiento de los judíos del período intertestamentario; pero tales libros no deben incluirse en el canon hebreo del AT, y lo mejor sería que en caso de editárselos se lo hiciera en un libro aparte.

20.00. Biblias editadas por organizaciones protestantes

En 1827 la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, fundada en 1804, resolvió no incluir más los apócrifos en la Biblias que imprimía. La Sociedad Bíblica Americana, fundada en 1816, siguió esa misma norma de conducta desde 1828.

Es cierto que los libros cuestionados se incluyeron en antiguas Biblias de origen protestante, como la alemana de Lutero, de 1537, la inglesa de Miles Coverdale, de 1535, y la de Reina-Valera de 1602. Pero en las ediciones inglesas y alemanas se los colocó en sección aparte. Durante dos siglos, aproximadamente, en esas Biblias tenían el título general de "Apócrifos" (Apocrypha, en inglés; Apokryphische Bücher, en alemán).

Juan Wiclef (1324-1384) había declarado siglos antes que "cualquier libro que esté en el Antiguo Testamento, además de estos veinticinco [hebreos], sea puesto entre los apócrifos [Apocrypha]; esto es, sin autoridad para las creencias" (The Encyclopedia Britannica [La enciclopedia británica], [ed. de 1893], t. II, p.183). La cifra '25" empleada por Wiclef, depende de la forma de computar los 39 libros del AT hebreo: los 12 profetas menores considerados como un solo libro; el mismo criterio se aplica para los de Samuel, Reyes, etc.

Asimismo la Confesión Anglicana de Westminster declaró terminantemente en 1647 que estos libros controvertidos no "han de ser aprobados o usados sino como cualquier otro escrito de origen humano" (Ibíd., p.184).

El Dr. Justo C. Anderson, del Seminario Bautista de Buenos Aires, en su monografía titulada Los libros apócrifos (Buenos Aires, s/f, que debe corresponder a 1969 ó 1970) se refiere al tratamiento de Juan Calvino, Los decretos del Concilio de Trento con el antídoto, obra en la cual "niega la autoridad de los apócrifos y critica severamente a los Padres conciliares (Trento 1546) por declararlos canónicos. Dice: 'Se proveen de puntales nuevos cuando autorizan los apócrifos. En II Macabeos sostendrán el Purgatorio y el culto a los santos; con Tobit, la satisfacción, los exorcismos, y ¿qué sé yo? . . . No soy uno que desacredite la lectura de estos libros, pero al darles una autoridad que nunca antes poseían, ¿qué [cuál] es el fin de ellos sino querer usarlos como un esmalte espurio para hermosear sus errores?' '.

Andrés Bodenstein, colaborador de Lutero, en su obra que ya hemos citado, que también se publicó en alemán, sostenía que los "apócrifos" no son iguales a los "canónicos"; aunque algunos de los primeros puedan servir como una lectura interesante, pero sin darles la categoría de libros divinamente inspirados.

Juan Hausschein -Heussgen o Hussgen- (1482-1531), conocido con el nombre de Ecolampadio, teólogo suizo, uno de los principales personajes de la Reforma en su patria, afirmaba en 1530: "No despreciamos a Judit, Tobit, Eclesiástico, Baruc, los dos últimos libros de Esdras, los tres libros de los Macabeos, las adiciones a Daniel; pero no les concedemos autoridad divina con los otros".

Philip Schaff -reconocido erudito del mundo protestante- afirma en cuanto a este tema: "Para las iglesias griega y romana la cuestión del canon está cerrada, aunque ningún concilio estrictamente ecuménico, que represente a la iglesia entera, se ha pronunciado en cuanto a esto. Pero el protestantismo reclama la libertad de la era antenicena y el derecho de una investigación renovada en cuanto al origen y la historia de cada libro de la Biblia. Sin esta libertad no puede haber un verdadero progreso de la teología exegética" (History of the Christian Church [Historia de la iglesia cristiana], [Grand Rapids, Michigan: Eerdmans, 1962], t. II, p. 524).

En cuanto a la iglesia "griega" u ortodoxa, he aquí este comentario: "Los ortodoxos que conservaron durante siglos el canon completo [con los apócrifos], bajo la influencia de la crítica protestante se han ido inclinando por el canon corto que excluye los deuterocanónicos del Antiguo Testamento" (Profesores de Salamanca, Biblia Comentada [Madrid: BAC, 1962], t. IV, p. 977).

Respecto a la forma en que el Concilio de Trento (1545-1563) dio autoridad canónica a los libros que no están en el canon hebreo, este mismo autor llama "fatal" al decreto que se redactó con ese fin, y añade que esa decisión "fue ratificada por 53 prelados entre los cuales no había ningún alemán, ningún erudito que se distinguiera por su conocimiento de historia, nadie que estuviera capacitado por un estudio especial para el examen de un tema en el cual la verdad sólo podía ser determinada por la voz de la antigüedad" (loc. cit.).

El autor G. Douglas Young, en su obra Revelation and the Bible (Revelación y la Biblia), p. 109, al definir su posición adversa a la inclusión de los apócrifos en el AT, cita a Merril F. Unger, de esta manera: " 'Ciertamente, un libro que contiene lo que de hecho es falso, erróneo en doctrina o defectuoso en moral, es indigno de Dios y no puede ser inspirado por él, juzgados por este criterio, los libros apócrifos [Apocrypha] se condenan a sí mismos' " (Introductory Guide to the Old Testament [Guía introductoria al AT],[Grand Rapids, Michigan: Carl F. Henry, editor, Baker Book House, 1967], p. 172).

El mismo Young concluye con estas palabras: "La evidencia histórica es definida; la conclusión extraída de la historia es que los apócrifos [Apocrypha] no merecen un lugar en las Escrituras si hemos de limitar la Biblia a lo que Jesús, los judíos y la iglesia primitiva usaron y aprobaron como Escritura" (Id., pp. 184-185).

En su enumeración Young incluye a "los judíos", con lo que evidentemente se refiere a los que respetaban el canon hebreo del AT. En cuanto a los otros, eruditos en el tema de la helenización de los judíos del noreste de África nos explican que, en Egipto, esos hebreos "no eran tan estrictos como los judíos de Palestina. Los judíos egipcios tenían un templo propio en el cual se ofrecían sacrificios contrarios a la ley de Moisés; en ese templo oficiaban un sumo sacerdote y un sacerdote rivales [de los de Jerusalén]. Cuando la iglesia cristiana perdió su contacto con los judíos se hizo raro el conocimiento del hebreo, y por eso muchos de los padres llegaron a creer que todos los libros incluidos en la Septuaginta griega pertenecían a las Sagradas Escrituras. Sin embargo, nuestros reformadores pronto volvieron a la fe de la iglesia primitiva y rehusaron reconocer cualesquiera libros del AT que no hubieran sido reconocidos por Cristo y sus apóstoles " (A Protestant Dictionary [Un diccionario protestante], [Detroit: Charles H. H. Wright y Charles Neil, Gale Researcher Company, 1972], p. 30).

Todo lo que hasta aquí hemos expuesto en favor de los libros "protocanónicos" del AT concuerda con el veredicto de los escrituristas judíos de largos siglos (excepto los influidos por la cultura griega de Alejandría), con las listas canónicas cristianas de los siglos II a IV y con el fallo de los reformadores y de muy destacados portavoces del protestantismo.
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