DANIEL ALEJANDRO FLORES

12.02. "Los Salmos" en el NT

Se menciona:

(1) "El libro de los Salmos" para citar Sal. 110:1.

"Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies" (Luc. 20:42-43).

(2) "El salmo segundo" para citar Sal. 2:7.

"la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy" (Hechos 13:33).

(3) "Otro salmo" para citar Sal. 16:10.

"Por eso dice también en otro salmo: No permitirás que tu Santo vea corrupción" (Hechos 13: 35).


(4) "Los salmos" para notar una división del AT.

"Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos" (Lucas 24:44)

12.01. "La(s) Escritura(s)"

Pasajes en los cuales los autores del NT usaron la expresión "la(s) Escritura(s) para citar determinado pasaje del AT:

12.00. Los libros apócrifos y el Nuevo Testamento

Hay escrituristas que procuran demostrar que en el NT hay varias referencias, o por lo menos alusiones, a estos controvertidos libros.

Afirman, por ejemplo, que Efesios 6:13-17, en donde Pablo mediante una metáfora describe la armadura del cristiano, es un eco del libro de la Sabiduría, donde leemos:

"El Señor se vestirá de su ira, como de una armadura, y se armará de la creación, para castigar a sus enemigos; se revestirá de justicia, como de una coraza; se pondrá como casco el juicio sincero, tomará su santidad como escudo impenetrable, afilará como una espada su ira inflexible y el universo combatirá a su lado contra los insensatos. Desde las nubes saldrán certeros relámpagos y rayos, como de un arco bien templado, y volarán hacia el blanco; y con furor saldrá el granizo disparado como piedras. Las olas del mar se embravecerán contra ellos, y los ríos los arrollarán sin compasión" (Sabiduría 5:17-22 -Dios Habla Hoy).

No podemos saber si el apóstol imitó de alguna manera la comparación atribuida a Salomón; pero sí es evidente que no es una cita ni que tampoco el apóstol se refiere específicamente a ese libro.

En cambio hay numerosas citas y claras referencias a pasajes del AT que siempre corresponden con los 39 libros que los judíos tenían como divinamente inspirados.

Hay citas de varios de esos 39 libros que, en ocasiones, son llamados "las Escrituras", con lo cual se les reconoce la jerarquía de la Palabra inspirada por Dios.

Por ejemplo, las palabras de Jesús que dicen: "¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores... ?" (Mat. 21:42) son una cita de Sal. 118:22-23.

Cuando Marcos escribe: "Se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos" (Mar. 15:28), está citando a Isa. 53:12.

Hay varios otros casos cuando autores del NT usaron las expresiones "la Escritura" o "las Escrituras" para citar determinado pasaje del AT. Tales son los pasajes siguientes:

11.11. Otros testimonios representativos

El destacado personaje judío Filón de Alejandría (20 a. C.-50 d. C.), también conocido como Filón Hebreo, en toda su extensa producción literaria nunca citó ni mencionó los libros apócrifos como parte de las Sagradas Escrituras.

La importancia de este hecho se destaca si se toma en cuenta que este Filón (hay varios personajes griegos de esa época con el mismo nombre) era un judío helenizado que se esforzaba por armonizar las enseñanzas de Platón, Aristóteles y otros filósofos griegos paganos con las doctrinas religiosas de la Tora hebrea.

Los israelitas de la actualidad que se ocupan de cuestiones bíblicas han mantenido su posición de conservar el AT sin los libros llamados "deuterocanónicos" por los autores católicos.

Por ejemplo, la versión castellana de origen judío -que, como es obvio, sólo contiene el AT - efectuada por León Dujovne y Manasés y Moisés Konstantynowski, editada en 1961 por Editorial Sigal, Corrientes 2854, Buenos Aires, sólo tiene los 39 libros conocidos como "protocanónicos" en el ambiente católico.

En cuanto al Concilio de Hipona, a pesar de haber tenido una amplia influencia, fue sólo un sínodo local; no fue ecuménico. Además, para la zona del África del norte, donde estaba situada Hipona, "el canon judío era prácticamente desconocido" (Charles H. H. Wright y Charles Neil, A Protestant Dictionary [Un diccionario protestante], [Detroit: Gale Researcher Company, 1972], p. 264).

El de Cartago también fue sólo local; asistieron 44 obispos. "Su decreto sobre el canon de las Escrituras no fue confirmado hasta 692 por el Concilio Trullano de Constantinopla, cuando fue aceptado por la iglesia oriental" (Id., p. 150).

11.10. El testimonio de Agustín de Hipona

Las únicas voces de la antigüedad cristiana en favor de estos libros son las de Agustín de Hipona (356- 430) y las decisiones de los concilios de Hipona (393) y Cartago (397), que dominó Agustín.

Sin embargo, este teólogo y filósofo distinguía entre la canonicidad de los Macabeos al compararlos con los otros libros de las "Sagradas Escrituras que son llamados canónicos", y hacía destacar que los libros de los Macabeos no eran reconocidos como divinamente inspirados por los judíos, pero sí por la iglesia, "debido a los violentos y extraordinarios sufrimientos de ciertos mártires" (De Civitate Dei [La ciudad de Dios], XVIII, 36)*

Más aún, Agustín afirma:

(1) "Por este mismo tiempo también sucedió lo que se refiere en el libro de Judit, el cual dicen que los judíos no lo admiten entre las Escrituras canónicas" (Id., XVIII, 26)**

(2) "También está averiguado que Salomón profetizó en sus libros, de los cuales tres están admitidos por canónicos, a saber: los Proverbios, el Eclesiastés y el Cántico de los Cánticos; los otros dos, el de la Sabiduría y el Eclesiástico, por la semejanza del estilo, comúnmente se atribuyen también a Salomón. Y aunque no dudan los más doctos que no son suyos, con todo, los ha recibido desde los tiempos más remotos por canónicos, especialmente la Iglesia Occidental" (Id., XVII, 20)***

(3) "Cómo el Canon eclesiástico no recibió algunos libros. de muchos santos por su demasiada antigüedad, para que, con ocasión de ellos, no se mezclase lo falso con lo verdadero.

"Si quisiéramos echar mano de sucesos mucho más antiguos, antes de nuestro Diluvio universal, tenemos al patriarca Noé, a quien no sin especial motivo podré llamar también profeta, pues la misma Arca que labró, y en que se libertó del naufragio con los suyos, fue una profecía de nuestros tiempos.

"¿Y qué diremos de Enoch, que fue el séptimo patriarca después de Adán? ¿Acaso no se dice expresamente en la carta canónica del apóstol San Judas Tadeo que profetizo?

"Pero la causa primaria por que los libros de éstos no tengan autoridad canónica, ni entre los judíos ni entre nosotros, fue su demasiada antigüedad, por la cual parecía debían graduarse como sospechosos, para que no se publicasen algunas particularidades absolutamente falsas por verdaderas, puesto que se divulgan también algunas que dicen ser suyas, y se las atribuyen los que ordinariamente creen conforme a su sentido lo que les agrada. Estas obras no las admite la pureza e integridad del Canon, no porque repruebe la autoridad de sus autores, que fueron amigos v siervos de Dios, sino porque no se cree que sean suyas.

"No debe causarnos maravilla que se tenga por sospechoso lo que se publica bajo el nombre de tanta antigüedad, puesto que en la misma historia de los reyes de Judá y de los reyes de Israel, que contiene la memoria de los sucesos acaecidos, se refieren muchas cosas de que no hace mención la Escritura, y dice que se hallan en los otros libros que escriben los profetas, y en algunas partes cita también los nombres de estos profetas; y, sin embargo, no está dicha historia en el Canon que tiene admitido el pueblo de Dios. Confieso ignorar la causa de esto, aunque presumo que aquellos a quienes el Espíritu Santo reveló lo que había de estar en la autoridad y Canon de la religión, pudieron también escribir unas cosas, cómo hombres, con diligencia histórica, y otras, como profetas, con inspiración divina, y que éstas fueron distintas; de forma que pareció que las unas se les debían atribuir a ellos como suyas, y las otras, a Dios, como a quien hablaba por ellos. Así unas servían para mayor abundancia de noticia; las otras, para autoridad de la religión, en cuya autoridad se guarda el Canon.

"Fuera de éste se citan y alegan algunas particularidades escritas bajo el nombre de los verdaderos profetas; pero no valen ni aun para la copia de noticias, porque es incierto si son de los que se asegura ser; por eso no les damos crédito, especialmente a lo que se halla en ellos contra la fe de los libros canónicos, lo cual demuestra que de modo alguno sean suyos." (Id., XVIII, 38)****

Por lo tanto, Agustín reconoció la diferencia que hay entre los libros canónicos y los que no lo son. Aunque no fue tan categórico como Jerónimo, llegó a coincidir con él.
-------------------------------------------
*
Quid adiunxerint libri Esdrae, Esther et Macchabaeorum.
36. Post hos tres prophetas, Aggaeum, Zachariam, Malachiam, per idem tempus liberationis populi ex Babyloniae servitute scripsit etiam Esdras, qui magis rerum gestarum scriptor est habitus quam propheta: sicuti est et liber, qui appellatur Esther, cuius res gesta in laudem Dei non longe ab his temporibus invenitur; nisi forte Esdras in eo Christum prophetasse intellegendus est, quod inter quosdam iuvenes orta quaestione, quid amplius valeret in rebus, cum reges unus dixisset, alter vinum, tertius mulieres, quae plerumque regibus imperarent, idem tamen tertius veritatem super omnia demonstravit esse victricem. Consulto autem Evangelio Christum esse cognoscimus veritatem. Ab hoc tempore apud Iudaeos restituto templo non reges, sed principes fuerunt usque ad Aristobolum; quorum supputatio temporum non in Scripturis sanctis, quae appellantur canonicae, sed in aliis invenitur, in quibus sunt et Macchabaeorum libri, quos non Iudaei, sed Ecclesia pro canonicis habet propter quorumdam martyrum passiones vehementes atque mirabiles, qui, antequam Christus venisset in carne, usque ad mortem pro Dei lege certaverunt et mala gravissima atque horribilia pertulerunt.

** Per idem tempus etiam illa sunt gesta, quae conscripta sunt in libro Iudith; quem sane in canonem Scripturarum Iudaei non recepisse dicuntur.

*** Prophetasse etiam ipse reperitur in suis libris, qui tres recepti sunt in auctoritatem canonicam: Proverbia, Ecclesiastes et Canticum canticorum. Alii vero duo, quorum unus Sapientia, alter Ecclesiasticus dicitur, propter eloquii nonnullam similitudinem, ut Salomonis dicantur, obtinuit consuetudo; non autem esse ipsius non dubitant doctiores; eos tamen in auctoritatem maxime occidentalis antiquitus recepit Ecclesia.

**** Quid de scriptis dicendum quae castitas canonis non recepit.
38. Iam vero si longe antiquiora repetam, et ante illud grande diluvium noster erat utique Noe patriarcha, quem prophetam quoque non immerito dixerim; si quidem ipsa arca, quam fecit et in qua cum suis evasit, prophetia nostrorum temporum fuit. Quid Enoch septimus ab Adam, nonne etiam in canonica epistula apostoli Iudae prophetasse praedicatur? Quorum scripta ut apud Iudaeos et apud nos in auctoritate non essent, nimia fecit antiquitas, propter quam videbantur habenda esse suspecta, ne proferrentur falsa pro veris. Nam et proferuntur quaedam quae ipsorum esse dicantur ab eis, qui pro suo sensu passim quod volunt credunt. Sed ea castitas canonis non recepit, non quod eorum hominum, qui Deo placuerunt, reprobetur auctoritas, sed quod ista esse non credantur ipsorum. Nec mirum debet videri, quod suspecta habentur, quae sub tantae antiquitatis nomine proferuntur; quando quidem in ipsa historia regum Iuda et regum Israel, quae res gestas continet, de quibus eidem Scripturae canonicae credimus, commemorantur plurima, quae ibi non explicantur et in libris dicuntur aliis inveniri, quos Prophetae scripserunt, et alicubi eorum quoque Prophetarum nomina non tacentur; nec tamen inveniuntur in canone, quem recepit populus Dei. Cuius rei, fateor, causa me latet, nisi quod existimo etiam ipsos, quibus ea, quae in auctoritate religionis esse deberent, Sanctus utique Spiritus revelabat, alia sicut homines historica diligentia, alia sicut Prophetas inspiratione divina scribere potuisse, atque haec ita fuisse distincta, ut illa tamquam ipsis, ista vero tamquam Deo per ipsos loquenti iudicarentur esse tribuenda, ac sic illa pertinerent ad ubertatem cognitionis, haec ad religionis auctoritatem, in qua auctoritate custoditur canon, praeter quem iam si qua etiam sub nomine verorum Prophetarum scripta proferuntur, nec ad ipsam copiam scientiae valent, quoniam utrum eorum sint, quorum esse dicuntur, incertum est; et ob hoc eis non habetur fides, maxime his, in quibus etiam contra fidem librorum canonicorum quaedam leguntur, propter quod ea prorsus non esse apparet illorum.

El Texto Bíblico on Facebook