DANIEL ALEJANDRO FLORES
35.01. JOB - Título
34.05. ESTER - Bosquejo
A. La fiesta oficial de 180 días, 1: 1-4.
B. La fiesta pública de 7 días, 1: 5-9.
C. Vasti rehúsa aparecer ante Asuero, 1: 10-12.
D. Destitución de Vasti 1: 13-22.
E. Búsqueda de una nueva reina, 2: 1-4.
F. Llegada de Ester al palacio, 2: 5-11.
G. Coronación de Ester, 2: 12-20.
II. Plan de Amán para exterminar a los judíos, 2: 21 a 3: 15.
A. Mardoqueo, un funcionario real, salva la vida de Asuero, 2: 21-23.
B. Ascenso de Amán; su resentimiento contra Mardoqueo, 3: 6-11.
D. Decreto de Amán para exterminar a los judíos, 3: 12-15.
III. Ester defiende la causa de su pueblo, 4: 1 a 5: 8.
A. Consternación de los judíos; ayunan frente al decreto de Amán, 4: 1-3.
B. Mardoqueo recurre a Ester, 4: 4-14.
C. Ester acepta el reto, 4: 15-17.
D. Ester invita al rey y a Amán a un banquete, 5: 1-8.
IV. Caída de Amán, 5: 9 a 7: 10.
A. Plan de Amán para ahorcar a Mardoqueo, 5: 9-14.
B. Asuero recuerda el leal servicio de Mardoqueo, 6: 1-3.
C. El rey ordena que Amán honre a Mardoqueo, 6: 4-11.
D. Amán recibe advertencias de sus amigos y su esposa, 6: 12-14.
E. Ester acusa a Amán delante de Asuero, 7: 1-8.
F. Ejecución de Amán, 7: 9-10.
V. Triunfo de los judíos sobre sus enemigos, 8: 1 a 10: 3.
A. Se invalida el decreto de Amán, 8: 1-14.
B. Mardoqueo asciende y su pueblo recupera buena voluntad del rey, 8: 15-17.
C. Liberación y gozo de los judíos, 9: 1-19.
D. Proclamación de la fiesta de Purim, 9: 20-32.
E. Nombramiento de Mardoqueo como ministro de Presia, 10: 1-3.
34.04. ESTER - Tema
Desde el punto de vista literario, el libro de Ester contiene elementos dramáticos, además de rasgos épicos y líricos. Narra una crisis histórica en la vida del pueblo de Dios, que estuvo a punto de ser aniquilado. El medio de liberación fue una judía que asciende desde una vida tranquila junto con su primo y padre adoptivo Mardoqueo, hasta ocupar el puesto de reina de un imperio mundial.
Cuando se le extendió el cetro en el momento crítico, no identificó inmediatamente al villano, sino que, con notable dominio propio y atención deliberada, colocó al rey y a Amán en la situación que había calculado como la más favorable para lograr su propósito. La ficción no podría concebir una serie más dramática y sorprendente de concidencias para desenmascarar y, finalmente llevar a la muerte a Amán.
El carácter religioso y la enseñanza moral del libro de Ester puede reunirse de la siguiente manera:
1. Aunque en este libro no aparece el nombre de Dios, su providencia es evidente en todas sus páginas. Ningún ateo podría haber escrito el libro, y ningún creyente puede leerlo sin que se fortalezca su fe. El autor presenta la liberación como resultado de una fe viva en Dios.
2. El libro de Ester relata el origen de una importante celebración nacional judía, la fiesta de Purim, que aún se observa como regocijo cada año.
3. Una lección vitalmente moral inpregna la narración. El veloz opacamiento de la popularidad de Amán que pone dolorosamente en evidencia la naturaleza transitoria del poder y la prosperidad terrenales. Dios humilla al soberbio y exalta a los que confían en él.
4. La providencia de Dios se manifiesta notablemente. El poder divino se une con el esfuerzo humano. Los medios usados son humanos, pero la liberación es esencialmente divina.
34.03. ESTER - Marco histórico
Durante los años finales del reinado de Darío Histaspes y la primera parte del reinado de su hijo sucesor, Jerjes (Asuero), el imperio Persa alcanzó la cúspide de su poderío. Según Ester 1: 1 el dominio de Asuero se extendía por el oeste desde el límite noroeste de la India hasta el límite norte de Etiopía. De este a oeste su longitud era de 4.800 Km. y en anchura variaba de 800 a 2. 400 Km. Su superficie era de 5,200.000 Km2 aproximadamente. Susán (Susa) era una de las capitales del imperio persa, honor que compartía con Ecbatana y Persépolis. Los persas eran una rama de la familia de raza indoeuropea, y fueron, sin duda, la primera de dicho grupo que gobernó el mundo.
Desde el punto de vista de la historia bíblica, el principal acontecimiento del reinado de Ciro (c. 553-530 AC), primer rey del Imperio Persa, fue el decreto del primer año de su reinado para autorizar a los judíos a que regresaran a Palestina en 536 y a reconstruir el templo ( Esdras 5: 13). En cumplimiento de este decreto, Zorobabel dirigió a unos 50.000 judíos de regreso a Judea y comenzó la reconstrucción del templo (Esdras 1: 5, 6; 3: 1-10). Sin embargo, después de un tiempo el trabajo se detuvo como resultado de varias dificultades y desánimos que surgieron (Esdras 4: 1-5, 24 cf. Hageo 1: 1-4). El reinado de Cambises (530-522), hijo y sucesor de Ciro, fue de poca importancia para los judíos, porque parece que aquel tuvo poco o ningún interés en el bienestar de ellos. Pero poco después de que Darío Histaspes (522-486) ascendiera al trono, promulgó un decreto para confirmar el que Ciro había expedido (Esdras 4: 24 ; 6: 1). Con este último decreto culminó la terminación del templo de Zorobabel en 515 AC (Esdras 6: 1, 15).
A principios del siglo V Atenas ayudó a los griegos que vivían en la costa occidental de Asia menor en su lucha por liberarse de la dominación persa. Darío hizo frente a este desafío a su poder, y llevó un ejército a Grecia para castigar a los atenienses. Estos hicieron frente a las poderosas huestes de Persia en la playa de Maratón, con un ejército mucho menor y propinaron a los invasores una derrota decisiva que obligó a Darío a retirarse inmediatamente a Asia (490 AC). Pero Darío murió (486 AC) mientras hacía preparativos para una nueva invasión contra Grecia. Su hijo y sucesor, Jerjes I, o Asuero (486-465 AC), regresó a Grecia, pero sufrió una derrota aun mayor en Salamina (480 AC. Después de esto Jerjes partió definitivamente al Asia y dejó encargado de la campaña a su general Mardonio. Este fue derrotado en Platea el año siguiente, y como resultado las fuerzas persas abandonaron Europa y no regresaron más.
El gran banquete del tercer año de Jerjes (Asuero) parece haberse celebrado poco antes de que éste partiera de Susán (Susa) para su desastrosa expedición a Grecia. Sin duda fue antes de su partida en 482/481 AC cuando se dio la orden de que juntaran a "todas las jóvenes vírgenes de buen parecer" (Ester 2: 3). El cumplimiento de este decreto requirió, seguramente, varios meses. Sin duda, poco después del regreso de Jerjes a Susa, Ester fue llevada delante de él y elegida reina.
Los sucesivos reveses que le causó la flota ateniense en las costas occidentales del Asia Menor, durante los años siguientes, más los disturbios producidos en otras partes del extenso imperio, pueden haber predispuesto al rey para que considerara favorablemente el plan, propuesto por- Amán, de exterminar a los judíos. Si este plan se hubiera puesto en ejecución, habría comenzado una política diametralmente opuesta a la anterior, que era amistosa y aun generosa de parte de los persas para con los judíos, durante los reinados de Ciro y Darío. La notable liberación de los judíos, gracias al valor de Ester, sirvió para restaurar a los judíos al favor real y preparó el camino para las labores de Esdras y Nehemías pocos años después, y particularmente para el importante decreto de Artajerjes I (465-423 AC), hijo y sucesor de Jerjes, en el año 457 AC.
34.02. ESTER - Autor
Se desconoce quien escribió el libro de Ester. La profunda preocupación del autor por el bienestar del pueblo judío en un momento de crisis nacional lo señala como a una de esa raza. El hecho de que el autor identifique a Mardoqueo como un benjamita (cap. 2 : 5) puede sugerir que él mismo fuera de la tribu de Benjamín. Y como solo menciona al pueblo judío que había sido "esparcido y dividido entre los pueblos" y nunca a los de Jerusalén y Judea, se infiere que él se preocupaba exclusivamente por los primeros y, por lo tanto, tal vez fuera uno de ellos.
Las muchas palabras persas que hay en el libro, además del conocimiento íntimo que el autor tiene de los asuntos y las costumbres persas, sugiere que él residía en la Persia propiamente dicha y no en una de las provincias remotas del imperio.
Las excavaciones realizadas en Susa (Susán) confirma el hecho de que el autor conocía íntimamente el palacio, y las costumbres y reglamentos de la corte persa. Impresionados por este conocimiento, varios eruditos se inclinan a pensar que el autor del libro tuvo que estar relacionado con la corte persa en ese tiempo o poco después, por lo menos como un funcionario subalterno, o bien que tenía acceso directo a esa información por alguien que era de esta nacionalidad.
Es posible que el autor fuese Esdras, quien presidió una expedición a Jerusalénen el 7.º año de Artajerjes I (457 AC). Esdras era una autoridad, un conocedor de la ley judía (ver Esdras 7: 1-14), y puede haber sido un empleado real quizá consejero legal del rey. Es evidente que Artajerjes tenía gran confianza en él, cualesquiera que fueran las circunstancias (ver Esdras 7: 25-28).
La crisis ocasionada por Amán quizá ocurrió en el año 474/473 AC, 16 ó 17 años antes de la partida de Esdras hacia Jerusalén. Por lo tanto, es razonable pensar que Esdras estaba suficientemente familiarizado con los detalles del relato para haberlo podido escribir.
Como celoso patriota (Esdras 7: 27, 28), consagrado sacerdote (vers. 1-5), piadoso reformador (caps. 9: 1 a 10: 14) (cap. 7: 6) y administrador capaz (vers. 6, 10, 21, 25, 26), Esdras debe haberse interesado profundamente en esta crisis, que ocurrió cuando aún era joven. No hay duda de que estaba capacitado para escribir el libro de Ester.
Pero también Nehemías pudo haber sido el autor. Del apéndice del libro de Ester (cap. 10) puede inferirse que cuando se escribió este libro Asuero (Jerjes) ya había muerto, porque "todos los actos de su poder y de su fortaleza" fueron " Escritos en el libro de las crónicas de los reyes de media y persia". De ser así, entonces el libro de Ester fue compuesto después del 465 AC, año en que Asuero fue asesinado por su cortesano Artabano.
Está implícito también que el imperio persa aún gobernaba al mundo, y por lo tanto, el libro de Ester habría sido escrito antes de la caída de Persia en 331 AC. Los numerosos detalles íntimos de la narración, muchos de los cuales han sido ahora confirmados por la arqueología, sugieren, sin embargo, que se lo escribió poco después de que ocurrieran los sucesos, quizá por alguien que conocía personalmente a una o más de las personas mencionadas en el relato.
Algunos han sugerido que Mardoqueo pudo haber sido el autor. El hecho de que se sepa que ejerció cargos secundarios en la corte (caps. 2: 11, 19, 21-23; 3: 2-5;4:1, 2, 6; 5: 13) antes de ser ascendido al puesto de primer ministro del reino (caps. 8: 1, 2, 7-10,15; 9: 3, 4, 20, 31; 10: 3), explicaría por qué el autor conocía tan bien el palacio, las costumbres y reglamentos de la corte. Además, Mardoqueo es la única persona mencionada específicamente en la Biblia que tenía este conocimiento íntimo y también acceso a los textos oficiales de los diversos decretos que se mencionan. Es, pues, probable que Mardoqueo pudo haber escrito el libro de Ester.
Una tablilla cuneiforme que se halla en el museo Berlín menciona a un encumbrado dignatario llamado Marduka (trasliteración babilónica de Mardoqueo), quien, con el título de sipir, sirvió como influyente consejero en la corte de Susán en tiempos de Jerjes. No se conoce a ninguna otra persona -ni en la Biblia ni en otros testimonios documentales- con ese nombre, ni que ocupase ese puesto en Susa durante el reino de Jerjes.
Por orden de Asuero, y en nombre del rey con el sello real, Ester y Mardoqueo enviaron decretos oficiales a todas partes del reino para explicar el repentino cambio de la política real y para autorizar a los judíos a defenderse (cap. 8: 9 -14; cf. cap. 9: 31, 32). Algunos han creído que lo que ahora se conoce como el libro de Ester pudo haber estar incluido en los mensajes enviados a los judíos por Ester y Mardoqueo; pero las referencias que hemos hecho notar, difícilmente puede justificar tal conclusión. Sin embargo, es enteramente posible que Mardoqueo hubiera escrito el libro de Ester y, además, los documentos mencionados en el libro. El hecho de que se lo mencione en tercera persona en todo el libro no afecta en nada la cuestión de que pudiera haber sido su autor.
Es de notar, sin embargo, que aun después de analizar todas esas posibilidades, sigue desconociéndose al autor del libro de Ester. Todo lo que puede decirse con certeza es que debe haber sido un judío que vivió en Susán en la época en que ocurrieron los sucesos narrados en el libro.