DANIEL ALEJANDRO FLORES

14.00. Episodios extraños

Son varios los episodios discordantes que se narran en estos libros; los que resaltan quizá sean los siguientes: En el libro de Tobit (o Tobías) figura un raro personaje: un demonio que recibe el nombre de Asmodeo, acerca de quien se informa que había dado muerte, sucesivamente, a siete esposos de Sara (cap. 3: 8), mujer judía, "hija de Ragüel, que vivía en la ciudad de Ecbatana, en el país de Media" (cap. 3: 7).

Esto es insólito en las Escrituras; que un demonio dé muerte a seres humanos, y nada menos que a siete.

En este libro también se describe la presencia de un "ángel" de nombre Rafael, que oculta su identidad haciéndose llamar "Azarías" y afirmando que es judío cuando se presenta en Nínive, ciudad donde se dice que está el hogar de Tobit, hijo de Tobiel, de la tribu de Neftalí. Este Rafael acompaña a Tobías, hijo de Tobit, que es enviado por su padre para que vaya a Ragues, localidad de Media. Durante el viaje, Tobías pesca un gran pez. En ese momento afirma Rafael:

"Cuando una persona es atacada por un demonio o espíritu malo, si se queman delante de esa persona el corazón y el hígado del pescado, cesa el ataque y no se repite jamás. Y cuando una persona tiene nubes en los ojos, si se untan con la hiel y se sopla en ellos, queda sana" (Tobit 6:8-9).

Esta declaración la comenta en esta forma la BJ: "La terapéutica se acomoda a las ideas comunes sobre la enfermedad, tal como aparecen también en otros textos paralelos de medicina antigua. Se ahuyenta al demonio con fumigaciones nauseabundas" (ed. 1967, p. 507).

Esta supuesta manera de ahuyentar demonios no se parece en nada a algo que enseñe la Biblia; resulta una afirmación singular que se podría llamar novelesca.

Ya para finalizar el libro, se narra que Tobit recuperó la vista al untársele los ojos con la hiel del pescado (cap. 11:11-13). En Ecbatana, según el relato, se concertó el casamiento de Tobías y Sara. Con ese motivo Rafael indicó a Tobías:

"Cuando entres en la habitación nupcial, toma el hígado y el corazón del pescado, y colócalos sobre las brasas en que se quema incienso. El olor se esparcirá; y cuando el demonio lo huela saldrá huyendo y nunca más volverá a su lado" (cap. 6: 17).

Tobías cumplió fielmente todas las indicaciones: "Sacó de su bolsa el hígado y el corazón del pescado, y los puso sobre las brasas en las que se quemaba el incienso. El olor del pescado no dejó acercar al demonio, y éste salió huyendo por el aire hasta la parte más lejana de Egipto. Rafael fue y lo encadenó allá, y volvió inmediatamente" (cap. 8:2-3).

Este relato es completamente diferente a lo que enseña la Biblia.

El feliz desenlace de todo este relato culmina cuando el ser presentado como un ángel se identifica: "Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están al servicio del Señor y que pueden entrar ante su presencia gloriosa" (cap. 12:15). Luego ordena a la familia del anciano Tobit: "Den gracias ahora al Señor de la tierra, alaben a Dios. Yo voy a subir a Dios, que me envió. Pongan por escrito todo lo que les ha sucedido" (cap. 12: 20). El versículo termina afirmando, "y se elevó".

En la Biblia se narran milagros y se refiere la benéfica intervención de ángeles que socorrieron y ayudaron a los hombres, pero nunca nada que se parezca a las andanzas de Tobías. Es interesante e ilustrativo el comentario de la versión Cantera-Iglesias (Madrid: BAC, 1975), p. 885, en cuanto a la relación de Tobit con varias narraciones populares antiguas:

"Se ha advertido el parecido de Tobit con narraciones noveladas extrabíblicas, sobre todo con la 'Sabiduría de Ahicar' y el 'Cuento del muerto agradecido'. También se puede apreciar el influjo de otros motivos frecuentes en la literatura de la antigüedad como el del justo sufriente, el ministro caído en desgracia, e incluso es posible que hayan influido las leyendas griegas de divinidades que viven por un tiempo disfrazadas al servicio del hombre (cf. Apolodoro, ix, 15). Sobre los alcances de estos influjos difieren los especialistas. Con todo, parece que la dependencia de la novela de Ahicar, el funcionario de la corte asiria, es más que probable. Su nombre aparece mencionado varias veces en el libro de Tobit (1:21; 2:10; 11:19; 14:10). Que es Tobit quien depende de él y no al revés, parece claro desde que se encontró en Elefantina, Egipto, una revisión en arameo de dicha novela, del siglo V a.C. Por otro lado, parece que esta novela influyó en el libro de Tobit, sobre todo en la forma de la narración literaria. El libro parece más bien estar influido por el 'Cuento del muerto agradecido'. La versión armenia de este cuento es la más próxima al libro de Tobit: Un viajero rescata a un muerto de la profanación dándole sepultura. El viajero cae en desgracia; pero a pesar de su miseria, un extraño se ofrece para servirle con la única condición de cobrar la mitad de las futuras posesiones de su señor. Además, le aconseja liberar a la mujer de un rico a la que se le han muerto cinco maridos en la noche de bodas. Esa misma noche el extranjero corta la cabeza de una serpiente que sale de la boca de la novia y quiere devorar a su señor. El señor le recompensa con la mitad de su fortuna y la mitad de la de su mujer. Por fin el extranjero explica que es el espíritu del muerto enterrado por su señor, y desaparece".

En la VP se lee "Ajicar"; en la BJ, "Ajikar" en vez de Ahicar.

En el libro de Baruc se afirma que éste escribió su libro "en Babilonia" (cap. 1:1). Esta afirmación no concuerda con el relato bíblico pues Baruc, Jeremías y los demás judíos que habían quedado en Palestina fueron llevados a la "tierra de Egipto" (Jeremías 43:5-7).

Más extraña es la predicción que se registra en el libro de Baruc, en la que se afirma que por haber "pecado contra Dios" los judíos serían llevados cautivos a Babilonia, donde permanecerían "muchos años, un tiempo muy largo, siete generaciones", después de lo cual Dios los sacaría "de allí en paz" (cap. 6:1-2).

Para evitar confusiones, debe aclararse que este pasaje no está en el libro de Baruc, en la nueva versión argentina de la Biblia, titulada El libro del pueblo de Dios, sino en la llamada Carta de Jeremías, que es el cap. 6 de Baruc sacado de los otros cinco y publicado por separado.

Ahora bien, la realidad bíblica es que, de acuerdo con la profecía, los judíos iban a estar cautivos en Babilonia durante 70 años (Jeremías 25:11-12). Este lapso se confirma en Daniel 9:2; la explicación de su cumplimiento histórico es relativamente fácil.

13.00. La "escoria" mencionada por Jerónimo

En estos libros hay diferentes clases de errores. Algunos de ellos son graves anacronismos, y otros son datos geográficos que no corresponden con la realidad.

Uno de esos notorios errores -quizá el más grave- se encuentra en el libro de Judit: "Cuando Nabucodonosor estaba en el año doce de su reinado sobre los asirios en Nínive, su capital, Arfaxad era rey de los medos en Ecbatana" (cap. 1: 1). El Nabucodonosor histórico gobernó en Babilonia de 605-562 a.C., y Nínive fue destruida por Nabopolasar (padre de Nabucodonosor) en 612 a.C., por lo tanto, nos encontramos frente a una afirmación completamente equivocada.

Y se afronta un problema histórico de igual magnitud cuando se intenta identificar a ese "Arfaxad . . . rey de los medos", pues para esta declaración no hay una solución aceptable.

Por esta razón Serafín de Ausejo, conocido escriturista contemporáneo, sacerdote católico autor de la versión de la Biblia que lleva su nombre, dice en su introducción al libro de Judit, 6.a edición (Barcelona: Herder, 1966), pp. 549-550:

"El difícil encuadramiento de la historia aquí narrada en la historia universal, la nada fácil identificación de sus personajes, y, por consiguiente, la historia misma de la heroína del libro, Judit, son cuestiones muy discutidas hoy entre los exégetas, incluso católicos . . .

"Otro problema es saber la época histórica a que se refiere el relato del libro. ¿Quién fue ese 'Nabucodonosor, rey de Asiria, que reinaba en Nínive (1: 5)'? Porque este célebre rey lo fue de Babilonia cuando ya no existía Nínive, destruida precisamente por su padre (año 612 a.C.) . . .

"La geografía y, sobre todo, la cronología presentan también serias dificultades. Israel ha vuelto ya del cautiverio y ha restaurado el templo de Jerusalén (la vuelta fue en el año 538 a.C.).¹ Si los hechos narrados en el libro sucedieron antes de la destrucción de Nínive, ¿cuántos años vivió Judit?. . . "No tendríamos, pues, aquí historia en sentido estricto. . . sino un fondo histórico, muy difícil de determinar hoy, revestido de ropaje novelesco".

En la BJ, ed. de 1967, p. 500, leemos en cuanto al libro de Judit: "Parece como si el autor hubiese multiplicado adrede los dislates de la historia para distraer la atención de cualquier contexto histórico concreto y llevarla por entero al drama religioso y a su desenlace".

En la Introducción del libro de Judit, presentada en La nueva Biblia Latinoamérica [no "Latinoamericana"], traducción del sacerdote Bernardo Hurault y colaboradores (Madrid: Ediciones Paulinas, 1972), p. 859, se afirma que "el libro de Judit es una corta novela".

En la Biblia, también de origen católico, titulada: El libro del pueblo de Dios, cuya traducción fue presidida por los presbíteros argentinos Armando J. Levoratti y Alfredo B. Trusso (Madrid: Ediciones Paulinas, 1980), p. 1681, se dice que el libro de Judit es "un relato didáctico, con un marco histórico completamente imaginario".

Es evidente que Jerónimo captó muy bien y hace mucho tiempo la magnitud de los errores que aquí exponemos, pues cuando tradujo al latín el libro de Judit, para la Vulgata, lo hizo, según sus mismas palabras, "en una sola noche" en que se sintió desvelado. Este último dato también lo presenta Ausejo.

El libro de Judit tiene 16 capítulos, con un total de 346 versículos. El hecho de que Jerónimo tradujera todo ese material en un tiempo tan breve, nos permite comprobar que él distinguía entre los libros realmente canónicos y los que no lo son.

En cuanto a Tobías (o Tobit), afirma Ausejo: "El problema principal en torno a este libro es saber si en él tenemos una verdadera historia o una especie de novela piadosa". Y añade: "Hay no pocos detalles literarios que delatan cómo esa historia ha sido novelada con fines didácticos. La geografía y la cronología no parecen ser sino relleno; porque tomadas al pie de la letra difícilmente se salvan. Tobías era ya hombre maduro cuando fue deportado de Israel a Nínive (hacia el año 734 a.C.), y aún vive cuando Nínive fue destruida (año 612 a. C.). Tendría, pues, más de ciento cincuenta años" (Id., p. 536).

Otro escritor católico observa en cuanto a este mismo libro:
"Llevado el autor por una preocupación didáctica, no se preocupa mayormente de la fidelidad con los detalles de la historia y de la geografía. Partiendo de un núcleo histórico, ha recurrido a su imaginación para elaborar una narración encaminada a lograr la finalidad didáctica que se propuso como fin. Sería tarea inútil querer trazar una línea de separación entre la historia verdadera y el relato ficticio. Incluso algunos autores católicos declaran que no sería impertinente plantearse la cuestión de si el autor quiso proponer sus enseñanzas bajo el velo de una ficción" (Luis Aldarnich, bibliotecario de la Pontificia Universidad de Salamanca, en Enciclopedia de la Biblia, [Barcelona: Ediciones Garriga, S. A.], t. VI, columnas 1039-1040).

En La nueva Biblia Latinoamérica se dice que "el libro de Tobías es una corta novela" (p. 851). En la Biblia titulada El libro del pueblo de Dios se afirma que Tobías "pertenece al género de los relatos 'edificantes' o narraciones elaboradas con el fin de transmitir una enseñanza de carácter moral y religioso" (p. 1705).

En cuanto al libro de Sabiduría, resulta claro que su autor procuró que se entendiera que la obra fue escrita por el rey Salomón, pues afirma: "Tú me has escogido por rey de tu pueblo y por juez de tus hijos y tus hijas; me ordenaste construir un templo en tu santo monte y un altar en la ciudad en donde vives" (cap. 9: 7-8); y añade más adelante: "Mis obras serán entonces de tu agrado, gobernaré a tu pueblo con justicia y seré digno del trono de mi padre" (cap. 9:12).

Refiriéndose a Salomón como el supuesto autor de este libro, comenta Ausejo que esa paternidad literaria "es imposible"; y prosigue: "Ya lo advirtieron algunos santos padres, particularmente San Agustín y San Jerónimo. El nombre de Salomón no es aquí sino simple artificio literario" (Sagrada Biblia [Barcelona: Editorial Herder, 1966], p. 793). En la introducción de la BJ que corresponde con este libro, también se emplea la frase "evidente artificio literario" cuando se describe el hecho de que el autor del libro de Sabiduría intentó que sus lectores creyeran que Salomón fue el que lo escribió.

Se añade en esa introducción:
"El autor es ciertamente un judío lleno de fe . . ., pero judío helenizado . . . que vivía en Alejandría" (ed. 1967, p. 877). Rolando E. O. Murphy, profesor de AT en la Catholic University of America, de Washington, D.C., define así al libro de Sabiduría: "Libro deuterocanónico, que escribió un judío alejandrino desconocido, en los alrededores del siglo I a.C." (op. cit. [Ediciones Garriga], tomo VI, columna 301).

Además, versiones católicas ya antiguas, como Torres Amat, y las más recientes: Straubinger, Nácar-Colunga, Bover-Cantera, Nieto, La nueva Biblia Latinoamérica, El libro del pueblo de Dios, unánimemente reconocen que el libro de Sabiduría fue escrito en griego, en Egipto, por algún judío helenizado desconocido, y quizá en el siglo I a.C. (aunque hay diferencias en la asignación de esta fecha).

Estamos, pues, ante un caso extraño que es difícil calificar como de un mero artificio literario" (como sería cuando legítimamente se usa un seudónimo reconocido como tal). Es evidente que se ha recurrido a un "artificio" para dar realce o mayor autoridad a una obra.

Tal fue el caso de la llamada Epístola de Bernabé, escrita entre 96-98 d.C, o entre 117-131 (d.C.), cuyo autor pretendió que se lo reconociera como al Bernabé, fiel compañero de actividades misioneras de Pablo. La autenticidad de esta epístola es unánimemente rechazada porque fue escrita décadas después de la muerte de Bernabé. Con mayor razón, es obvio que quien escribió en griego -y un griego no exento de "cierta elegancia", como se lee en Bover-Cantera-, no muy lejos del comienzo de la era cristiana, no pudo ser el Salomón del siglo X a. C.

En cuanto al libro de Baruc se afirma en la Versión de Ausejo: "Su origen es muy oscuro . . . Aun reconociendo que originalmente fue escrito en hebreo y que, después de la traducción al griego, se perdió el original, las ideas y la contextura de la obra delatan una época bastante más tardía que la de Jeremías y Baruc". Por eso reconoce Ausejo que "si bien algunos católicos, actualmente pocos, admiten aún su autenticidad, como obra de Baruc, y fijan su origen, por consiguiente, en el siglo VI [a.C.], hoy son más, siempre dentro del campo católico, los que lo retrasan hasta el siglo III, y algunos al siglo I a.C.".

Añade: "La atribución a Baruc se debería a la fuerte personalidad de aquellos dos grandes hombres, Jeremías y su secretario [Baruc], con quienes fácilmente relacionó el judaísmo todo lo referente a la ruina de Jerusalén y al comienzo de la cautividad babilónica" (ed. 1966, p. 997).

La BJ se refiere a la "colección heterogénea que lleva el nombre de Baruc" (ed. 1967, p. 990).

El escriturista autor de la versión llamada "Nieto" (su nombre completo es Evaristo Martín Nieto), consigna: "Resulta difícil determinar el autor del conjunto y de cada una de las partes del libro. Ni siquiera entre los críticos católicos son unánimes las opiniones: no pocos siguen la línea tradicional y atribuyen el libro a Baruc; otros, por motivo de examen interno de cada una de las partes, datos históricos, forma literaria, contenido doctrinal, etc., fijan su composición entre los siglos III-II antes de Cristo. No parece sostenible la opinión de varios acatólicos que retrasan la composición de algunas partes (II y III) hasta el siglo I de nuestra era" (ed. de 1966, p. 992).

Bover-Cantera afirma: "No se conserva el original hebreo [de Baruc]; la versión griega es algo imperfecta" (ed. 1957, p. 1033).

Todos estos hechos-reconocidos por autores católicos eruditos en el tema, como los citados- crean en torno a este libro la aureola de ser una obrita cuya "atribución a Baruc" (Ausejo) debe haberse hecho intencionalmente con el propósito de darle mayor autoridad debido a la "fuerte personalidad" -diríamos, prestigio- del secretario de Jeremías. Quizá no haya mucha distancia entre esto y una obra reconocida como pseudoepigráfica.

Hay una carta de Jeremías a los cautivos, registrada en el cap. 29 de su libro. Ella no tiene ninguna relación con otra "carta de Jeremías" que constituye el cap. 6 de Baruc en la Vulgata, que es como un apéndice, y que forma una parte separada en la LXX. Acerca de esta segunda "carta", Ausejo registra que "ya San Jerónimo no la consideraba auténtica" (loc. cit.).
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¹ El último decreto de los reyes persas para la restauración de Jerusalén corresponde, en realidad, al año 457 a.C. Se terminó de construir el templo en el año 408 a.C. Estas fechas fidedignas acentúan más el error del relato en cuestión.

12.08. Eclesiástico y Sabiduría

En Eclesiástico y Sabiduría hay pasajes en que se menciona a personajes de la historia hebrea o se hace alusión a episodios de ella. Eso no significa que estos dos libros puedan situarse en el mismo nivel de los que no son controvertidos.

Esto se aclara mediante una comparación con las obras del historiador judío Josefo (siglo I d. C.), en las cuales se menciona muchas veces a numerosos patriarcas, profetas, sacerdotes, reyes y otros personajes del antiguo Israel, así como a sus hechos, sin que esto sea un motivo para que se afirme que Josefo fue un autor cuyas extensas obras puedan formar parte del canon sagrado.

Es interesante destacar que Josefo empieza su amplia obra Antigüedades Judaicas (libro I, cap. 1) con las mismas palabras con que comenzó Moisés el Génesis. Es evidente que ese historiador se valió de los rollos del AT de sus días o de lo que había atesorado de ellos en su memoria.

También hay varios pasajes en Eclesiástico y Sabiduría que no son otra cosa sino un reflejo del pensamiento bíblico:

"En el reino de la muerte nadie puede alabar al Altísimo; sólo los que viven pueden darle gracias; el muerto, como si no existiera, no puede alabarlo" (Eclesiástico 17: 27-28).

Estas palabras son el eco de Salmos 6:5; 88:10-12; 115:17; 146:3-4; Isaías 38:18-19, donde se enseña que "en la muerte no hay memoria de ti [de Dios]"; que los muertos no alaban a Dios ni hablan "en el sepulcro" de la "misericordia" divina; que han perecido los "pensamientos" de los difuntos.

Esta enseñanza del AT también se refleja en Baruc 2:17-18: "No son, Señor, los que ya están en el reino de la muerte, cuyos cuerpos han quedado sin vida, quienes te honran y celebran tu justicia. Son, Señor, los que están vivos pero afligidos en extremo, los que caminan encorvados y sin fuerzas, con la mirada debilitada por el hambre, quienes te honran y celebran tu justicia".

No es de extrañarse que en Eclesiástico haya enseñanzas que son paralelas con las del AT. Su autor o mejor dicho, su traductor según la introducción del libro afirma en ella lo siguiente:

"La ley, los profetas y los demás libros que fueron escritos después, nos han transmitido muchas y grandes enseñanzas. Por eso hay que felicitar al pueblo de Israel por su instrucción y sabiduría. Los que leen las Escrituras tienen el deber no solamente de adquirir ellos mismos muchos conocimientos, sino que deben ser capaces de ayudar, tanto de palabra como por escrito, a quienes no han recibido esta instrucción. Así lo hizo mi abuelo Jesús. En primer lugar se dedicó de lleno a la lectura de la ley y los profetas, y de los demás libros recibidos de nuestros antepasados, y alcanzó un conocimiento muy grande de ellos; y luego él mismo se sintió movido a escribir un libro sobre la instrucción y la sabiduría, para que, practicando sus enseñanzas, las personas deseosas de aprender puedan hacer mayores progresos viviendo de acuerdo con la ley . . .

"Al traducirlo he puesto todo el empeño posible . . . para utilidad de aquellos que, residiendo en el extranjero, desean instruirse y están dispuestos a ordenar sus costumbres y vivir de acuerdo con la ley".

Es, pues, claro que el autor de este libro no fue objeto de ninguna revelación divina ni se sintió movido por la inspiración celestial. Sólo fue un comentador de "la ley, los profetas y los demás libros" que transmitieron "muchas y grandes enseñanzas" a Israel. Un nieto del autor, "con todo el empeño posible", tradujo la obra de su antepasado, quizá unos 50 años después de que fue escrita, nada más.

12.07. Otros escritores del AT citados en el NT

Jeremías (Mateo 2:17); se menciona otra vez a, Jeremías en Mateo 27: 9, aunque aquí la cita es de Zacarías 11:12-13;
Isaías (Mateo 13:14);
Daniel (Mateo 24: 15);
Oseas (Rom. 9: 25);Joel (Hech. 2: 16);
Jonás (Mateo 12: 39-41; 16: 4; Lucas 11:29-30);
Zacarías (Mateo 21: 4).

La minuciosidad, exactitud y abundancia de esta enumeración muestran cómo se entrelazan mutuamente el NT y el AT mediante repetidas citas y claras referencias, y sobre todo, cómo se destaca la excelsa jerarquía que los escritores neotestamentarios reconocen en el AT.

Debe destacarse esto último, porque puede haber referencias en el NT que no signifiquen que su autor reconociera que la fuente de que se está valiendo haya sido divinamente inspirada. Por ejemplo, en Hechos 17:28 Pablo citó a Epiménides de Creta (siglo VI a. C.), y en ese mismo versículo también citó palabras de Arato de Cilicia (siglo III a.C.), sin que esto signifique que el apóstol hubiera colocado a esos autores paganos como portavoces de la revelación de Dios.

Hay un abismo de diferencia entre las comprobaciones enumeradas en que se citan los libros canónicos y la ausencia en el NT de verdaderas citas de los libros apócrifos. Los autores neotestamentarios no acudían a pasajes de esos libros controvertidos para establecer alguna doctrina o para confirmar referencia histórica.

12.06. "David"

Se nombra a "David" para citar alguna porción de los Salmos:

Hechos 2:25-28
"Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, Y aun mi carne descansará en esperanza; Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia"
(ver: Salmos 16:8-11).

Hechos 4:25, 26
"Que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo" (ver: Salmos 2:1-2).

Romanos 11:9
"Y David dice: Sea vuelto su convite en trampa y en red, en tropezadero y en retribución; sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y agóbiales la espalda para siempre" (ver: Salmos 69:22-23).

Hebreos 4:7
"Otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones" (ver: Salmos 95:7-8).

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